5 postres imperdibles de la gastronomía de Puerto Rico
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5 postres imperdibles de la gastronomía de Puerto Rico

Por Adriana Sánchez - Enero 2021
Los boricuas son conocidos por degustar de sabores dulces, es por eso que dentro de la cocina puertorriqueña no pueden faltar los postres y dulces típicos. Prepárate para viajar a la isla a través de los mejores postres de la gastronomía de Puerto Rico.

Majarete

El majarete boricua es un delicioso postre muy parecido al flan, el cual está elaborado con harina de arroz, azúcar, clavo, canela, vainilla, anís estrellado, nuez moscada, hojas de naranja, leche de coco, y leche o crema de coco. Algunas personas lo acompañan con jengibre o bombones.



Coquito

El coquito, famoso en la gastronomía de Puerto Rico por consumirse en Navidad, es un licor hecho con crema de coco, ron blanco, leche evaporada, leche condensada, canela y vainilla. Puede funcionar como un gran postre pero hay que tener cuidado porque llega a tener gasta 55 grados de alcohol.

Tembleque boricua

El tembleque es un budín, generalmente hecho de coco, se caracteriza por tener un dulce aroma de canela y una consistencia blanda y cremosa de color blanco. ¡Es ideal para los amantes del coco!

Flancocho

El flancocho es como el pastel imposible de la gastronomía de Puerto Rico, ya que combina lo mejor del flan con el bizcocho de los pasteles pero sin duda, su sabor, cremosidad y esponjosidad son dignos de presumir.

Crema de maizena

La cremita de maizena de Puerto Rico es un postre dulce que se prepara en casa para consentir a la familia; generalmente se consume en las mañanas y se hace con leche, maizena, huevo, azúcar y una pizca de sal. ¿Se te figura a algún postre mexicano?

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Araceli Perez
18/01/2021 14:22:59
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El delicioso ponche navideño siempre cuenta con una porción de caña, que a todos nos gusta mordisquear para sacarle el sabor, pedacitos de manzana, de guayaba, pero también suele traer una fruta que muchos hacemos de lado: el tejocote.Nativo de México y de Guatemala, el tejocote crece en un árbol llamado manzanillo y aquí en México se produce en Guerrero, Oaxaca, Jalisco, Michoacán y Durango. También es conocido como manzanita o manzana de la inda y aunque puede que no sea tu fruta favorita, si este diciembre te lo encuentras en un ponche, no le hagas el feo, porque tiene muchos beneficios para ti.Beneficios del tejocoteComo fruta, el tejocote cuenta con varios elementos nutritivos y beneficiosos para el cuerpo humano: Contiene vitamina C. Los tejocotes son ricos en vitamina C, la cual está relacionada con la mejora de las defensas y el sistema inmune que previene enfermedades.Contiene calcio. El calcio es un mineral indispensable para nuestro cuerpo, pues está relacionado con varios procesos importantes, como la contracción muscular o el funcionamiento del sistema nervioso, por ejemplo.Contiene vitaminas del complejo B. Entre sus funciones, estas vitaminas ayudan a formar los glóbulos rojos y ayudan a prevenir enfermedades.Contiene hierro. Entre las funciones del hierro se encuentra una principal: llevar el oxígeno a todo el cuerpo y formar glóbulos rojos.Pero el tejocote no sólo es muy nutritivo, también tiene otros usos medicinales e incluso cosméticos, farmacéuticos y textiles debido a su alto contenido en pectina.Los otros usos del tejocote incluyen alimentos para el ganado (para los cuales se utilizan las hojas y frutos) y usos medicinales tradicionales; por ejemplo, la infusión de raíz del tejocote se usa como diurético y como remedio para la diarrea, y las preparaciones a base de la fruta son un remedio para la tos.Aunque es pequeña, esta fruta mexicana típica de la temporada decembrina contiene grandes beneficios, usos y propiedades que seguro no imaginabas.
Esta temporada está cayendo como cubetada de agua fría, sobre todo con el retorno al semáforo rojo. Las interrogantes son demasiadas: ¿Tendremos Navidad? ¿Cuántos seremos? ¿Cocinamos o pedimos? ¿Cuánto gastaremos? Y mientras dudamos de todo y de todos, hay algo que no podemos perder. Puede que seamos dos en la mesa, pero ¿por qué privarnos también de nuestro pavo con gravy, de nuestros tamales, de aquello que ansiamos probar? Aun con todo, es Navidad. La celebración es la fecha misma como también la comida que se sirve a la mesa y el amor que nos damos. Habremos de convivir con el núcleo más cercano por las próximas semanas sin siquiera sacar la mano por la ventana. La celebración –ésta y la de vivir– no tiene que ver con lo que pasa afuera como con el acto de agradecer y bendecir. Las Navidades son extrañas, no lo niego. Casi siempre tienen algo agridulce –excepto cuando eres niño y todo es jugar con los primos y descubrir qué regalo se esconde bajo la envoltura–. Por ellos, por nosotros: merecemos una Navidad como ninguna otra. Esta vez seremos los elementales y bastará.La comida nos salvará más que nunca. Para ello habremos de cocinar con alegría y ponerle intención a la comida; llenarla de eso que nos deseamos a nosotros y a la familia. Nos reuniremos alrededor de un pavo horneado con amor, de esa pasta por la que esperamos un año entero y que nos sabe a paz. Nos tomaremos un momento para agradecer lo que sí tenemos: la abuelita que aún sonríe en un extremo de la mesa, la ensalada de manzana que este año quedó más rica, la hermosa llegada de Ana a la familia, el olor a pay de manzana que llena la casa.Dicen que la comida no hace milagros –o sí, aunque nadie lo ha documentado– pero es el vínculo más inmediato con la vida. Cenar rico puede hacernos olvidar el miedo. Además, como en las películas, puede ser el inicio de nuestro propio cuento navideño al que probablemente le falten los villancicos, la nieve o la gente, pero le sobre emoción.Y si todavía no están convencidos de que la comida salva les quiero compartir mi propia historia de Navidad, una en la que un plato de bacalao me devolvió la esperanza. Y sí, ya les conté el final.**************El aroma del bacalao siempre me lleva a ese veintidós de diciembre en el que mi mamá y mi tía cocinaban varios platillos a la vez. Mi abuelita llevaba dos semanas grave. Ellas, tan expertas en la cocina, flaqueaban casi imperceptiblemente: a veces se les caían cosas al piso, se les olvidaba poner ingredientes, los intercambiaban. La tristeza no le impediría a la familia Molina celebrar la Noche Vieja.En esa cocina las ollas sobre el fuego eran la única señal de vida. La de barro llevaba horas borboteando. Como cada año, era tan grande que le cabía bacalao para alimentar a más de quince durante la cena y el recalentado y rellenar un bote de yogurt para que cada familia se llevara. De la cazuela emanaba el olor a los ajos fritos en el aceite, el sofrito de jitomate con las cebollas y las aceitunas, al pescado previamente desalado. En otras palabras, olía a Navidad. Mi abuelita mientras tanto estaba en su cuarto. No lo sabíamos, pero le restaban unas pocas horas de vida. Recuerdo que entre la pelada de papas y manzanas me escabullí de mis labores de cortadora oficial para ir a verla. Apenas entré, la vi enderezada. Algo la tenía en alerta y mi corazón lo sintió. Mi abuelita inspiró profundamente y con voz grave desde su cama me dijo: –“Dile a tu mamá que a ese bacalao le hace falta sal”. Confieso que me quise reír. Nunca vi venir esa afirmación y menos en el contexto. Para mí, no hay un momento de más lucidez.Corrí hasta la cocina, llegué al bacalao. Tomé una cucharada y ¡rayos!, efectivamente le hacía falta sabor. Tomé un par de puñitos de sal y los fui integrando hasta sentir que estaba en su punto. Noté que el olor cambió. Ella lo sabía: conocía a la perfección a qué debe oler un bacalao hecho para sacar suspiros.Esa tarde mi abuela se devoró una torta de bacalao. Fue lo último que pidió. El veinticuatro pasamos la Navidad como pudimos, ya sin ella. A penas en el recalentado me entraron ganas de volver a probar el guiso. A la primera mordida conecté con la esperanza, con el legado de mi abuelita, con eso que resultó ser mi última experiencia con ella. En ese momento tuve una revelación: quería que la cocina y la comida se convirtieran en mi vínculo con la vida y con mis ancestras. A los pocos meses dejé mi trabajo y diez años después, me dedico plenamente a la comida. La comida del corazón salva, cura, da esperanza. Y eso es justo lo que deseo para ustedes: que haga su magia en sus mesas, en su noche, en sus días. ¡Feliz Navidad!
“¿Qué hacer de comer hoy?” es una de las dudas existenciales que acechan a todos los adultos funcionales. Pero, en realidad, responderla no tiene porqué convertirse en un tormento, especialmente con estas deliciosas recetas de comida mexicana. ¡Disfruta de las siguientes opciones, arma tu menú semanal y cuéntanos cómo te quedaron! Entradas La comida mexicana tiene entre sus mejores platillos un sinfín de sopas y caldos que podemos preparar fácilmente en casa. Por eso, a continuación te presentamos una pequeña lista de sopas mexicanas de sencilla preparación pero delicioso sabor, ¡y qué decir de sus nutrimentos!Sopa Azteca Fácil Arroz Rojo a la Mexicana Sopa de Calabacitas con Chile Poblano Sopa de Letras con Verduras Sopa de Pollo con Nopales Guarniciones Antes de presentarte el plato principal, te mostramos unas cuantas guarniciones fáciles de hacer que puedes acompañar perfectamente con cualquier platillo mexicano. Son tan ricas, que es común encontrarlas en cualquier menú de comida corrida en las fonditas en la calle. Ensalada de Nopales Tatemados Ensalada Alta en Vitamina C Frijoles Charros con Chorizo Ensalada de Lentejas con Betabel y Queso de Cabra Plato fuerte Estos platillos son muy conocidos dentro de la cocina mexicana y es que además de tener un sabor maravilloso, son fáciles de preparar y rinden para toda la familia. ¡Atréveta a preparar cualquiera de estas deliciosas recetas mexicanas y olvídate del "¿qué hacer de comer hoy?"Tinga de Pollo Picadillo a la Mexicana Pescado a la Veracruzana con Chiles GüerosPastel Azteca Vegetariano Chile Relleno No olvides compartir con quien más quieras estas sabrosas y fáciles recetas de comida mexicana.
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