Conoce las propiedades del té verde
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Conoce las propiedades del té verde

Por Kiwilimón - Octubre 2018
Tal vez lo tomas todas las mañanas, pero aún no conoces sus beneficios. Te invitamos a conocer las principales propiedades del té verde. (Te garantizamos que después de leer esto vas a comenzar a tomar más de una taza al día).
  • Eterna juventud

El té verde combate la inflamación y reduce los efectos de los radicales libres, haciendo que el proceso de envejecimiento sea más lento. Como resultado la piel luce más tersa y luminosa.
  • Tratamiento contra el cáncer

Aunque apenas se están estudiando las propiedades del té verde en el tratamiento del cáncer, algunas investigaciones indican que los polifenoles pueden ayudar a matar las células cancerígenas y detener su propagación.
  • Salud del corazón

Los antioxidantes del té verde, llamados flavonoides, protegen el corazón contra la formación de coágulos de sangre y mejoran la circulación sanguínea. De hecho, se calcula que las personas que toman 3 tazas de té verde al día tienen 43% menos posibilidades de sufrir un ataque al corazón.
  • Actividad del cerebro

En un estudio reciente realizado en Holanda se confirmó que la teanina y la cafeína (presentes en el té verde) ayudan a aumentar los niveles de atención y alerta. Estos beneficios se reflejan también a largo plazo. El consumo diario de té verde conserva el buen estado de la actividad mental con los años.
  • Quema de grasa

De acuerdo con un estudio publicado en Estados Unidos, la combinación de los polifenoles y la cafeína tiene un efecto positivo en el gasto de energía. Esta bebida promueve la capacidad del cuerpo para quemar la grasa a través de termogénesis y oxidación de la grasa.
  • Prevención de diabetes

El consumo habitual de té verde mejora la respuesta a la insulina y previene los picos en los niveles de azúcar. Esto hace que el té verde ayude a reducir el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.

Aprovecha todas las ventajas del té verde preparando estas deliciosas recetas:

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Blanquis Muñoz
18/09/2019 14:39:34
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La dieta alcalina: otra vereda de la nutrición que asegura ser el “mejor tipo de alimentación”. Su existencia se basa en la creencia de que las enfermedades aparecen en un cuerpo con acidez alta. Para prevenirlas, esta dieta propone alcalinizarnos –recordarán sus clases de química en la secundaria, sobre los ácidos y las bases– a través de alimentos que aumentan el pH en el organismo.Así, los adeptos a la dieta alcalina llenan sus refrigeradores con leguminosas, vegetales y hortalizas. En cambio, los alimentos de origen animal y los lácteos son enviados a la esquina de la vergüenza. ¿Cafecito en la mañana, chocolate en la tarde? Nunca más. Esto porque las dietas ricas en cloruro y sodio promueven la creación de un medio más ácido, mientras que las dietas ricas en potasio y bicarbonato alcalinizan mejor.El principio suena lógico, sin embargo, el Centro de Investigación en Alimento y Desarrollo dice que no hay evidencia científica que confirme la efectividad de la dieta alcalina. Y aquí algo maravilloso: el cuerpo humano ya viene equipado para logar un balance en el pH a través de mecanismos renales y hasta respiratorios. (Por eso la meditación ayuda no sólo a la mente, sino también al cuerpo.) Mientras que los partidarios de la dieta alcalina aseguran que puede vencer varias enfermedades como el cáncer, el Centro de Investigación en Alimento y Desarrollo afirma que ¡las células cancerígenas no pueden vivir en un ambiente alcalino como tampoco lo pueden hacer otras células del cuerpo!Para no quedarme con más dudas y explorar los pros y los contras de la dieta alcalina, hablé con una de nuestras nutriólogas de casa, experta en bioquímica, Jennifer Asencio. Esto fue lo que me dijo. Pros:• Efectivamente un pH alcalino puede reducir la inflamación por el alto consumo de vegetales –sí, también consumir demasiados vegetales puede ser contraproducente–.• La dieta acciona buenas prácticas como eliminar alimentos ultraprocesados, harinas refinadas y azúcares añadidos –responsables de la obesidad, diabetes y enfermedades cardiovasculares– mientras que impulsa el consumo de alimentos saludables como las legumbres, verduras y hortalizas. • Existen algunas evidencias de que la acidosis inducida por alimentos ácidos podría causar eventos moleculares asociados con la carcinogénesis (cáncer).Contras:• Hasta el momento no está probado que se pueda regular la acidez mediante el consumo de diferentes alimentos.• La dieta alcalina produce falsas expectativas pues a veces las personas esperan que los resultados sean como los de un détox –aunque Jennifer asegura que sí iremos al baño con mayor regularidad y evitaremos el estreñimiento–.• Esta no es una dieta “milagro”; si bajamos o no dependerá de la cantidad de calorías que consumamos.• El organismo es tan perfecto que ya cuenta con sistemas funcionales para mantener la acidez y la alcalinidad.• El pH en nuestro organismo varía de un área a otra, por ejemplo: necesitamos una mayor acidez en el estómago (pH de 1.35 a 3.5) para ayudar a una mejor digestión y a protegernos contra microorganismos oportunistas. Sin embargo, se requiere que la capa que cubre el epitelio sea alcalina para prevenir lesiones de la mucosa. Lo mismo sucede en la piel, en la orina, etcétera.Al final, nada como responsabilizarnos por nuestras elecciones de comida. No hay una dieta como llevar una alimentación balanceada que escuche las necesidades y deficiencias del cuerpo y nos conecte con él.
En Perú me enamoré dos veces. La primera fue con las montañas, en el camino de seis meses que tracé de Cusco a Chiclayo. La segunda, más reciente, en una visita de diez días a Lima y Nazca. El motivo era casi contrario: en esta ocasión quería comerme la capital a mordidas. A la par extrañaba el acento, los huaynos, la cerveza Cusqueña, los chifles de la calle; en fin, extrañaba mi Perú. Pasadas las primeras veinticuatro horas de mi llegada no había duda: la cocina peruana me había reconquistado. En ese entonces su gastronomía ya había explotado como bomba ante la crítica mundial: por todos lados era reconocida como una de las más complejas y, claro, como una de las mejores. Después de recorrer prácticamente todo el país entre mi primera y segunda visita, lo que más añoro de la cocina peruana son los sabores del humo de la serranía. La pachamanca (manjar de carnes y verduras cocinadas bajo la tierra) me sabe a los Andes cuando sus picos inasequibles eran la cobija de mis noches. Lo relaciono con el recuerdo de las edificaciones monumentales incas, con su energía mística y abrumadora. Ahí, a más de 2400 m de altura, la cultura podía disfrutarse en un potaje denso donde no faltaba la papa, el ají, el huacatay. Jamás me he comido una palta (aguacate) más grande o una piña más dulce que las que probé allá en las alturas.Pero las regiones en Perú dividen los hallazgos. La accidentada geografía, los asentamientos y las migraciones terminaron por agrupar sus preparaciones: las hay marinas, las hay fusión –chifa y nikkei– andinas, criollas, africanas, amazónicas... Rico por donde se le vea. La más laureada quizá sea la cocina marina:es una ceremonia rendida al inmejorable producto de las corrientes frías de Humboldt en el Pacífico y adicionada casi siempre con toques orientales. Como en todos los países lo esencial se concentra en la capital. Hay que esquivar puestos y personas en las banquetas para llegar al ceviche o la leche de tigre más fresca en el Mercado no. 1 de Surquillo. Para un buen comilón de cocina china se toma camino al centro y se llega a San Joy Lao –imperdible el arroz chaufa de charqui y chanchito–. En barrios como Miraflores y San Isidro están las joyas intelectualizadas de los grandes chefs locales como Virgilio Martínez de Central, Pía León de Kjolle o mi gran favorito, Mitsuharu Tsumura de Maido, que lleva a la cumbre los sabores nikkei (mitad peruanos, mitad japoneses). Imposible dejar de mencionar a Astrid y Gastón de Gastón Acurio, el gran caudillo de la gastronomía peruana por el mundo; los sitios relativamente nuevos como Osso o los de siempre como Fiesta.Atrás nunca se quedan los guisos de las picanterías, los picarones que se consiguen en las tiendas cuando es temporada, y los anticuchos de las esquinas que lo encuentran a uno cuando lleva puesta la madrugada. Su olor a carne especiada hecha al carbón llama lo mismo que un anuncio gigante de neones. En las picanterías convergen los saberes de la cocina popular. Me da nostalgia pensar en sus chicharrones, sus chupes (caldos)– y sus patitas de chancho. En estos pequeños locales generalmente resguardados por una matriarca se recoge el génesis de la gran gastronomía peruana y las técnicas transmitidas por generaciones. Son de tanto valor las picanterías que varios distritos las han declarado Patrimonio Cultural de la Nación. La cocina peruana no se salva de lo exótico, lo intrincado. ¿Alguna vez han probado carne de llama, alpaca o cuy? En algunas zonas de Perú son un manjar. Y es que la textura de la alpaca es inigualable, se deshace a penas se le hinca el tenedor. Para mí era todo lo que pedía –y uno o dos pisco sours– tan pronto volvía al Cusco cada viernes, después de una semana internada en las montañas. A la cuenta faltan mil guisos, decenas de bebidas, postres que hacen suspirar y las preparaciones de regiones como Chiclayo o Arequipa. Trataré de hablar de todo en otras cartas editoriales. Tal vez con palabras pueda expresar todo el amor que siento por esta cultura y su comida. Mientras tanto, les comparto con todo cariño y respeto, una receta originaria de la ciudad de Huancayo y un imperdible de los restaurantes de Lima: la papa a la huancaína. La preparación original lleva obviamente ají amarillo, aunque aquí la hicimos con pimiento amarillo para que las cocineras de casa pudieran encontrarlo fácilmente. ¿Les digo algo? ¡Quedó buenaza!
Los altares de muertos mexicanos comienzan a aparecer en las casas en los últimos días de octubre, para recibir a nuestros seres queridos con todo aquello que los guiará y dará la bienvenida de regreso a casa por un día.La tradición ya es un sincretismo entre lo prehispánico y las nuevas creencias religiosas traídas con la colonización, pero es tan bella, que en la actualidad sigue siendo una de las celebraciones más arraigadas en los mexicanos, que no dejan de poner su ofrenda de Día de Muertos, aunque sea pequeña.El significado del altar de muertos tiene que ver con los niveles con los cuales se organice: Un altar de 2 niveles representa la división del cielo y la tierra.Un altar de muertos con 3 niveles representa el cielo, la tierra y el inframundo.El altar más tradicional de 7 pisos representa los 7 niveles que el alma debe atravesar para llegar al descanso espiritual.Altar de muertos: elementos que no pueden faltar y su significadoSi este año quieres conmemorar a personas amadas que ya no están en el plano terrenal, considera poner niveles en tu ofrenda y estos elementos que no te pueden faltar.1. Una fotografíaNo importa si es para un familiar o para alguien a quien no conociste en persona, poner una fotografía sirve para honrar a la persona que fue en vida.2. Un elemento de aromaLo tradicional es usar copal o incienso, pero también se usan hierbas de olor, frutos aromáticos o infusiones.3. Papel picadoEl papel picado tiene como significado el viento en los altares de muertos mexicanos. Los colores más usados son el amarillo y el morado, pues representan pureza y duelo.4. FuegoLas velas, veladoras o cirios tienen como finalidad representar el fuego que guía a las almas en su camino a la ofrenda de Día de Muertos. A veces se colocan 4 para representar los cuatro puntos cardinales.5. AguaAdemás de su bebida favorita, el agua no puede faltar en una ofrenda de muertos, pues es el elemento que se deja para calmar la sed de las almas cuando llegan.6. TierraPara representar la tierra se usan semillas, como maíz o cacao, frutos o especias, y de acuerdo con una ideología más moderna, esto tiene que ver con la idea cristiana de “polvo eres y en polvo te convertirás”.7. FloresAunque no tienen un significado concreto, las flores se usan para adornar el altar de muertos y para dar la bienvenida a las almas. Las más usadas son el cempasúchil, la nube y el amaranto.8. ComidaDe acuerdo con la tradición, la comida que se ponga debe ser aquella que el difunto disfrutaba en vida. Por lo general, los altares se llenan de comida típica mexicana, como mole, tamales y, por supuesto, pan de muerto.9. CalaverasLas calaveras de azúcar son la alegoría de la muerte, que puede ser dulce y no amarga. Además de las calaveras de azúcar, también se utilizan calaveras de barro, de chocolate o de yeso.10. Objetos personalesPara recibir a los difuntos, se colocan objetos personales con los que él se identificaba en vida, por ejemplo, algún objeto representativo de su oficio o a los niños se les ponen juguetes.Los altares de muertos mexicanos están cargados de simbolismos y son parte primordial de una tradición que nos permite asimilar la muerte con mejor cara, con la cara más amable que puede tener, aquella que incluye comida y que nos da la esperanza de que algún día, todos seremos un recuerdo.
El altar de muertos es un ritual muy importante para celebrar el Día de Muertos en México, ya que es el homenaje ideal para demostrar el cariño y respeto a nuestros fieles difuntos. Para poder hacer una ofrenda sin igual, además de añadir papel picado, velas, copal y flores de cempasúchil, a continuación te mostramos los x alimentos que no pueden faltar en tu altar. Pan de muerto El pan de muerto es un elemento esencial en las ofrendas, ya que su forma circular representa el ciclo de la vida, las tiras en forma de huesitos son las lágrimas de los difuntos y así mismo, la bolita en la parte superior, representa el cráneo de los mismo. Mole con arroz Este guisado típico mexicano comúnmente se ofrece en los estados de Michoacán y Puebla, ya que la tradición dicta que los espíritus llegan con hambre y qué mejor alimento para comenzar el festín que un ícono de la cocina mexicana que a todos nos encanta. Alcohol ¡Mezcal, tequila, rompope y hasta pulque! Estas bebidas alcohólicas son las más populares entre los altares, aunque también se pueden agregar otras; lo ideal es colocar las favoritas de nuestros muertitos. Fruta de temporada Es imprescindible colocar fruta de temporada en el altar de muertos; las mandarinas no pueden faltar, así como las jícamas, naranjas, manzanas y hasta peras. Todas estas frutas, además de alegrar la visita de los fieles difuntos, ayudarán a darle más colores y contrastes a la ofrenda. Agua No olvides colocar suficientes vasos de agua en tu altar, ya que éstos calmarán la sed de los espíritus y les ayudarán a continuar su camino una vez que se hayan saciado. Calaveritas de azúcar Tal como en la época prehispánica, el Tzompantli estaba cubierto con cráneos para ofrecer a los dioses, no olvides colocar en tu altar las típicas calaveras de azúcar, amaranto o chocolate para brindar honor a tus difuntos. Dulces típicos Si entre tus fieles difuntos existen niños, no olvides dejarles una sorpresa dulce como tamarindos, palanquetas, alegrías y cocadas para alegrar su camino. Tamales Los tamales son un alimento clásico en los altares de muertos, así que no olvides dejar al menos un tamal verde, uno dulce y otro de salsa roja para satisfacer a tus fieles difuntos. Históricamente se han encontrado ofrendas con tamales desde la época prehispánica hasta la época colonial y moderna. Atole y chocolate caliente Tanto el atole como el chocolate caliente son importantes representantes de la gastronomía mexicana y ambos tienen raíces prehispánicas, ya que el atole viene del maíz y el chocolate del cacao, por lo que es común verlos en las ofrendas, además de que son las bebidas ideales para darles un gustito a nuestros fieles difuntos. Sin duda, los alimentos y las bebidas son un elemento indispensable en el altar de muertos, pero recuerda que su principal función en honrar a quienes ya no están con nosotros, por lo que, si ellos tenían un platillo favorito, no olvides agregarlo a la ofrenda. ¿Tú conoces o sueles agregar algún otro alimento a tu altar de muertos?
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