5 recetas rápidas y sanas en microondas
Cocina Fácil

5 recetas rápidas y sanas en microondas

Por Kiwilimón - Diciembre 2015
A veces cocinar en microondas tiene mala fama, pero la realidad es que hay recetas que no sólo quedan muy ricas, sino que también se hacen más saludables por prepararlas de esa manera. Sin aceite so grasas agregadas como las que necesitarías para cocinar en sartén, las siguientes preparaciones te servirán cuando estés ocupada pero no quieras sacrificar salud o calidad en la comida de tu familia. Arroz blanco Si necesitas un arroz rápido para acompañar cualquiera de tus platillos éste queda listo en 15 minutos y es muy sano. Todo lo que necesitas es una taza de arroz, un trocito de mantequilla, agua y sal. Cuando tengas todos los ingredientes sólo habrá que meterlos al microondas y cuando menos lo esperes tendrás lista tu guarnición, así de fácil, y además te ahorrarás el tiempo que habrías perdido lavando una olla o arrocera. Budín de espinacas en microondas Cinco ingredientes y quince minutos es todo lo que necesitas para tener este budín listo cuando lleguen visitas sorpresa y tengas poco tiempo para preparar una botana. Además es un tentempié bastante sano pues está hecho con espinaca, huevos y queso crema. Si quieres darle otro uso puede funcionar como un desayuno bastante balanceado aquellas mañanas en las que tienes que salir corriendo. Sopa de papa Para esta época de frío no hay nada mejor que un rico caldo, crema o sopa que nos caliente desde adentro. Esta receta toma apenas 10 minutos en hacerse y no necesitas nada más que un microondas para cocinarla. Sólo debes tener listas las papas, un poco de poro, tomillo para aromatizar y un poco de caldo de pollo. Te sorprenderá cómo esta receta se mezcla en un platillo completamente diferente y resulta en algo mucho más que la suma de sus partes. Cupcakes de microondas Esta receta rápida mata cualquier antojo pues los panquecitos quedan suaves y dulces. Se hace con harina de hot cakes, la cual puedes elegir integral si quieres hacer la versión light de la receta. También puedes elegir si ponerles el betún o no dependiendo qué tanta azúcar quieras consumir con esta receta, pero lo bueno es que no tendrás que esperar a que se caliente el horno, sino que lo harás todo en el microondas. Tarta de queso en microondas Al preparar una tarta de queso todo se trata de la consistencia pues se puede arruinar muy fácil en el horno si la dejamos mucho o muy poco tiempo. En el microondas no tendrás ese problema y sólo deberás preocuparte por mezclar todos los ingredientes como los huevos, el queso crema y la fruta para después dejar que el microondas haga todo el trabajo. Tarda alrededor de 20 minutos en quedar listo por lo que te recomendamos prepararlo en lo que haces el resto de la comida.
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El don de mi abuela era cocinar. Cada domingo religiosamente, casi un centenar de comensales se formaba alrededor de su restaurante en Tlalnepantla para probar la barbacoa. No sé si es cosa del amor, pero no he probado una de mejor sabor que la que preparaba apenas amanecía el sábado y cobijaba entre pencas en el hoyo de piedra hasta el día siguiente. Pero hoy no toca hablar de los secretos de su barbacoa sino de su plato más célebre: el mole verde. Mi abuelo subió a mi abuela a un caballo flaco cuando ella no pasaba de los catorce años. A Celia no le quedó de otra que dejar las muñecas y tomar, en cambio, los sartenes y las ollas. De la bisabuela María heredó talentos como los de percibir el sabor de los guisos usando la nariz y el de usar las cocciones como sazonador. El mole verde vino años después, en su época de oro. Doña Celia, mujer empoderada de seis hijos, hizo prolíficos negocios alrededor de la cocina. Cuando llegaba el día de su cumpleaños, el patio de su rancho se convertía en el lugar más festivo de San Andrés Timilpan. Aún recuerdo la tambora, las mesas con manteles que ella había bordado en punto de cruz, las salsas al centro y las señoras palmeando tortillas ante el inmenso comal. En medio del jolgorio y de nietos jugando a las “traís” salía la gran olla de mole verde. Como en una suerte de milagro, de esa vasija de barro, Doña Celia saciaba a sus seis hijos y a sus familias, a todos sus amigos, a todos sus compadres, a todo el pueblo. El desfile de platos cubiertos por su guiso color verde aceituna comenzaba desde un rincón del patio y corría, a veces, más allá del portón. El mole verde de ella era especial. Nadie lo dudaba. No le ponía pepitas como generalmente se usa en el Estado de México o Hidalgo. El de ella llevaba almendras. Ya saben: moles hay tantos como sazones y a mi abuelita no le gustaban las reglas; su receta es tan única como ella. Eso sí, advierto que le hace falta algo que no se contabiliza en un ingrediente o en un paso del procedimiento. Yo misma la he preparado al pie de la letra junto con mi mamá y mis tías y aunque el resultado es muy bueno, no sabe al “Mole verde de Doña Celia”. Quizá deba esperar otro rato y otra dimensión para probarlo junto a ella como me sabe en el recuerdo.Hoy que escribo esto se me antoja poner una canción de José Alfredo y hacer mis propias combinaciones frente a la olla de barro. Que desde lo lejos mi abuela sepa que la recuerdo y que por el olfato cuántico detecte si mi mole quedó rico. Lo de ella era agasajar a otros aunque no pertenecieran a su familia. Estoy segura de que la pondría feliz que ustedes prepararan su receta o cualquier otra para festejar a sus abuelos. Brindar juntos por el regalo que es su presencia. Poner la tambora, aunque sea en la grabadora, o los boleros o las de Luismi para celebrarles que, sea cual sea su don, el de los abuelos es amar incondicionalmente a sus nietos. Sí, así como Doña Celia.Mole verde estilo fiesta de Doña Celia250 g de ajonjolí100 g de almendras6 pimientas gordas +-10 clavos de olor2 pizcas de comino1 bolillo frito en aceite1 tortilla frita en aceite2 kg de tomate verde manzano, peladoChile verde jalapeño (al gusto, depende del picor que se aguante)1 pollo entero, verduras, hierbas de olor y aguaSalaceiteDesde muy temprano se pone a cocer el pollo junto con unas hojitas aromáticas, un trozo de cebolla y algunas verduras. Una vez listo, se reserva lejos de la ventana. En una olla con poca agua y algo de sal se agregan los tomates. Basta que se pongan ligeramente suaves para sacarlos de la lumbre. En otra olla, hay que poner a calentar bastante aceite y dorar el ajonjolí con las almendras peladas. Una vez listos se retiran y se ponen a freír los chiles. Hay que poner todos los ingredientes a moler junto con las especias y con un poco del caldo de pollo. Los tomates, no. Esos se dejan reservar pacientemente. En seguida, se pone a calentar una gran olla de barro, que de preferencia tenga varios años de uso. Hay que vaciar el mole y no dejar de moverlo ni un segundo para que no se pegue o se queme –de preferencia que sea la misma persona la que lo mueve y que los movimientos vayan en dirección a las manecillas del reloj para que “no se corte”–. Ahora sí se le agrega el tomate ya molido y al final, un poco de caldo, dependiendo de la consistencia que le guste a la familia. Lo último, y haciendo uso de la nariz y del buen gusto, hay que ajustar lo más importante de la receta: la sazón.
¿Has escuchado hablar del café de especialidad? El término puede no ser tan familiar para ti, pero no te preocupes, porque nosotros te contaremos qué es un café de especialidad.El café de especialidad es un término utilizado por primera vez por Erna Knutsen, de Knutsen Coffee Ltd., durante una conferencia internacional del café en Francia, en 1978. Ese primer uso englobaba un concepto simple, donde 'cafés especiales' se refería a aquellos granos producidos en microclimas geográficos especiales con perfiles de sabor únicos.Detrás de esta idea se encontraba la premisa fundamental de que los granos de café especiales siempre estarían bien preparados, recién tostados y elaborados correctamente. Así, la Asociación de Cafés Especiales de América (SCAA) sigue definiendo café de especialidad en este contexto y se basa en ella.¿Qué caracteriza al café de especialidad?Un café de especialidad requiere de un trabajo de mucha calidad durante todo su proceso, desde su siembra, su recolección, hasta pasar por su tostado y molido. Además de mucho conocimiento, hay ciertas claves para que el café sea de especialidad.La primera clave es el potencial, pues hasta el momento en que el café tostado se elabora y se transforma en una bebida, el concepto de café de especialidad es sólo una posibilidad, solo una experiencia gustativa potencialmente maravillosa. En cuanto a esto, hay que considerar que una variedad de café a la altitud incorrecta o en el suelo incorrecto podría no producir ningún producto especial, y así, no tener potencial de calidad. En última instancia, el cultivo de plantas es esencial para la preservación del potencial.El siguiente concepto clave es la preservación. Una cereza de café madura en una planta sana de ascendencia adecuada, plantada en el suelo adecuado, bendecida con las condiciones climáticas adecuadas y cuidada adecuadamente, debe recogerse en la cima de la madurez para preservar el potencial de grandeza que tiene. Es decir, debe cosecharse sólo cereza madura. Desde el punto de la cosecha surge una nueva ronda de trampas. La cereza del café debe someterse a un procesamiento inicial desde la cosecha, pues el tiempo que transcurre entre la cosecha y el inicio del procesamiento puede tener un impacto dramático en los resultados finales del café. El café de especialidad depende de una entrega rápida al molino para conservar el potencial.Después de que el café sea despulpado y procesado, debe reposar antes de pasar por las últimas etapas de procesamiento crudo y preparación para su envío. En este momento, son puntos clave también la humedad relativa, la temperatura y los contenedores y las condiciones de almacenamiento. Para, finalmente, llegar a la selección del empaque o las condiciones de almacenamiento.En específico, un café de especialidad debe cumplir con tres reglas básicas: Los granos deben ser 100% arábicosLas cerezas deben ser cosechadas sólo cuando están madurasConseguir una puntuación de más de 80 puntos en la evaluación de calidad basada en los estándares de la SCAPara todos los amantes del café, saber reconocer qué es un café de especialidad comienza por informarse y después podrán disfrutarlo con toda la calidad que lo caracteriza.
La noche le da un toque nostálgico al Centro Histórico de la Ciudad de México. A las calles las iluminan los reflectores de las iglesias y las luces amarillas de los puestos trasnochados. En Bolívar, casi esquina con República del Salvador, hay un fulgor más brillante que los otros. Es el de Los Cocuyos, legado culinario del ombligo de México. “Deme dos campechanos”, le digo a mi taquero, tratando de guardar la línea. De tomar pido agua porque traigo un vasito con vino mexicano para acompañar mis tacos de lengua y longaniza. No es que no me guste el Boing de guayaba, es que el vino potencia bien los sabores de la carne frita, el maíz y la salsa roja –mi favorita– de este puesto con poco más de 50 años. Eso de que el vino sólo va en las mesas elegantes es fantasía. El maridaje le da watts a casi cualquier comida (digo “casi” porque no es fácil encontrar el vino ideal para sopas y caldos o guisos a base de jitomate). El chiste de unir el jugo fermentado de la uva con comida es hacer brillar a ambos; sacar a relucir lo bello de uno con lo sabroso de otro, en un bocado. En general las reglas del maridaje entre los antojitos y el vino mexicano son las básicas. Si no quieres complicaciones, lo mejor es elegir un vino blanco para la garnacha sin carne o con pescado (como los tacos estilo Baja), y vino tinto para lo que tenga carne. Las carnes magras disfrútalas junto a tintos jóvenes y las carnes de sabores concentrados, junto a vinos de mayor complejidad. Si lo que buscas es apaciguar el picor y resaltar el guiso de los platillos condimentados como los chiles en nogada o las enchiladas mineras busca un rosado.Otra regla puede ser la del color. Aunque no lo creas, puedes elegir tu vino en base a los colores de tu antojito. ¿Qué tal unas quesadillas fritas –de queso, al estilo “Todos menos CDMX”– con un vinito blanco? Uy, no se pierdan las rosadas carnitas de cerdo o de atún con un rosé, ni la comida oscura, como el mole, con un tinto. Mi regla favorita sin embargo es la de optar por vinos de la misma región que los platillos. Casi nunca va mal; cada ecosistema biológico y social está conectado. No hay mejor amigo de la pizza o la pasta que los vinos italianos, así como de la garnacha y el antojito, lo son los vinos mexicanos. Pero como dicen: en gustos se rompen géneros.Este quince de septiembre te invito a experimentar, a probar con tus propias reglas. Si te da miedito o simplemente quieres gozar sin curiosear te dejo algunos maridajes ganadores entre vinos mexicanos y antojitos, garnachas y comida callejera. Seguro los vas a disfrutar, siempre y cuando los apliques con medida.Tacos al pastor y Vinaltura roséNada acompaña mejor al taco predilecto de chilangolandia que este rosado elaborado con uvas queretanas de tempranillo y syrah. Destacarás el sabor de la carne especiada sin perder acidez ni estructura.Barbacoa dominical y Norte 32 etiqueta blancaLa carne de borrego hecha al hoyo por largas horas merece un acompañamiento con acidez y una estructura que no se pierda tras el fuerte sabor del cordero. Este 100% cabernet le irá al hilo. Taco de chile relleno y Arrebato tintoMe gusta lo que hacen uvas como la syrah, la petit syrah y el cabernet con lo picante del chile. Eso sí, que venga relleno de carne molida para que el vino no sobresalga demasiado.Tacos de lengua y Ala rotaPicadita o entera, los tacos de lengua son textura y sabor asegurados. Junto a esta mezcla expresiva y especiada de cabernet y petit syrah, se convierten en un manjar. Tostadas de tinga de pollo y ForzaEl hit número uno de los quinces de septiembre merece estar bien acompañado. Esta mezcla de merlot y cabernet sauvignon de la bodega Concierto Enológico no opacará su sutil encanto. Huarache de bistec en salsa y Montefiori Cabernet MontepulcianoLa res, la salsa y el maíz ya son una combinación ganadora. Y si además se le añade este cabernet montepulciano ligero y de buena acidez, todos los elementos resaltarán.Pambazos y EntrelíneasLa malbec, la nebbiolo y la syrah de terruños hidrocálidos le dan soporte a la grasa del pan y al chorizo. ¡El resultado será el mejor pambazo que te has comido! Tacos de costillita y Plata .925El carbón es el ingrediente esencial de los tacos de costilla. Junto con la salsa y el limón cantarán al mismo son que los tostados de este tempranillo, grenache y syrah de la familia Plata Chavarría.Cochinita pibil y El Cielo SeleneEl plato insignia de la cocina yucateca se caracteriza por los sabores especiados y cítricos; destácalos con la frutalidad y frescura de este vino rosado hecho con grenache y syrah.
El don de mi abuela era cocinar. Cada domingo religiosamente, casi un centenar de comensales se formaba alrededor de su restaurante en Tlalnepantla para probar la barbacoa. No sé si es cosa del amor, pero no he probado una de mejor sabor que la que preparaba apenas amanecía el sábado y cobijaba entre pencas en el hoyo de piedra hasta el día siguiente. Pero hoy no toca hablar de los secretos de su barbacoa sino de su plato más célebre: el mole verde. Mi abuelo subió a mi abuela a un caballo flaco cuando ella no pasaba de los catorce años. A Celia no le quedó de otra que dejar las muñecas y tomar, en cambio, los sartenes y las ollas. De la bisabuela María heredó talentos como los de percibir el sabor de los guisos usando la nariz y el de usar las cocciones como sazonador. El mole verde vino años después, en su época de oro. Doña Celia, mujer empoderada de seis hijos, hizo prolíficos negocios alrededor de la cocina. Cuando llegaba el día de su cumpleaños, el patio de su rancho se convertía en el lugar más festivo de San Andrés Timilpan. Aún recuerdo la tambora, las mesas con manteles que ella había bordado en punto de cruz, las salsas al centro y las señoras palmeando tortillas ante el inmenso comal. En medio del jolgorio y de nietos jugando a las “traís” salía la gran olla de mole verde. Como en una suerte de milagro, de esa vasija de barro, Doña Celia saciaba a sus seis hijos y a sus familias, a todos sus amigos, a todos sus compadres, a todo el pueblo. El desfile de platos cubiertos por su guiso color verde aceituna comenzaba desde un rincón del patio y corría, a veces, más allá del portón. El mole verde de ella era especial. Nadie lo dudaba. No le ponía pepitas como generalmente se usa en el Estado de México o Hidalgo. El de ella llevaba almendras. Ya saben: moles hay tantos como sazones y a mi abuelita no le gustaban las reglas; su receta es tan única como ella. Eso sí, advierto que le hace falta algo que no se contabiliza en un ingrediente o en un paso del procedimiento. Yo misma la he preparado al pie de la letra junto con mi mamá y mis tías y aunque el resultado es muy bueno, no sabe al “Mole verde de Doña Celia”. Quizá deba esperar otro rato y otra dimensión para probarlo junto a ella como me sabe en el recuerdo.Hoy que escribo esto se me antoja poner una canción de José Alfredo y hacer mis propias combinaciones frente a la olla de barro. Que desde lo lejos mi abuela sepa que la recuerdo y que por el olfato cuántico detecte si mi mole quedó rico. Lo de ella era agasajar a otros aunque no pertenecieran a su familia. Estoy segura de que la pondría feliz que ustedes prepararan su receta o cualquier otra para festejar a sus abuelos. Brindar juntos por el regalo que es su presencia. Poner la tambora, aunque sea en la grabadora, o los boleros o las de Luismi para celebrarles que, sea cual sea su don, el de los abuelos es amar incondicionalmente a sus nietos. Sí, así como Doña Celia.Mole verde estilo fiesta de Doña Celia250 g de ajonjolí100 g de almendras6 pimientas gordas +-10 clavos de olor2 pizcas de comino1 bolillo frito en aceite1 tortilla frita en aceite2 kg de tomate verde manzano, peladoChile verde jalapeño (al gusto, depende del picor que se aguante)1 pollo entero, verduras, hierbas de olor y aguaSalaceiteDesde muy temprano se pone a cocer el pollo junto con unas hojitas aromáticas, un trozo de cebolla y algunas verduras. Una vez listo, se reserva lejos de la ventana. En una olla con poca agua y algo de sal se agregan los tomates. Basta que se pongan ligeramente suaves para sacarlos de la lumbre. En otra olla, hay que poner a calentar bastante aceite y dorar el ajonjolí con las almendras peladas. Una vez listos se retiran y se ponen a freír los chiles. Hay que poner todos los ingredientes a moler junto con las especias y con un poco del caldo de pollo. Los tomates, no. Esos se dejan reservar pacientemente. En seguida, se pone a calentar una gran olla de barro, que de preferencia tenga varios años de uso. Hay que vaciar el mole y no dejar de moverlo ni un segundo para que no se pegue o se queme –de preferencia que sea la misma persona la que lo mueve y que los movimientos vayan en dirección a las manecillas del reloj para que “no se corte”–. Ahora sí se le agrega el tomate ya molido y al final, un poco de caldo, dependiendo de la consistencia que le guste a la familia. Lo último, y haciendo uso de la nariz y del buen gusto, hay que ajustar lo más importante de la receta: la sazón.
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