La forma más sencilla de desinfectar los juguetes
Consejos de Hogar

La forma más sencilla de desinfectar los juguetes

Por Kiwilimón - Abril 2020
Incluso cuando no estamos en medio de una pandemia por un virus mundial, mantener los juguetes de los niños limpios es una preocupación constante para todos los padres.

Mantener limpio y ventilado nuestro hogar es primordial para la salud de todos, pero no es lo mismo limpiar la mesa, a limpiar el osito de peluche o el carrito eléctrico de los peques.

Ya que sus juguetes son posesiones muy preciadas, por supuesto que no queremos arruinarlos al limpiarlos, pero hay mil tipos de juguetes: de tela, de plástico, eléctricos… ¿habrá una forma óptima de mantener sus juguetes limpios, sin recurrir a sustancias tóxicas que puedan resultarles dañinas?

Para que te relajes un poco antes de pensar que no existe tal cosa, recuerda que desinfectar sólo significa quitar gérmenes nocivos de las cosas, es decir, la acción de desinfectar no necesariamente implica cloro o alcohol o ningún otro químico.

¿Cuál es la forma más sencilla de desinfectar los juguetes?

Aunque no lo creas, para desinfectar los juguetes basta agua caliente y jabón. El jabón y el agua que usas cotidianamente limpian y reducen la cantidad de gérmenes, por lo que también se reduce la posibilidad de infección.

Por ejemplo, los peluches o los juguetes de tela pueden meterse a la lavadora sin problema cada semana y eso será suficiente. Como tip para que no se maltraten, puedes meterlos en una funda de almohada.

Por su parte, los juguetes de plástico también pueden ser lavados con agua y jabón, pero cuando se trate de juguetes electrónicos, entonces sólo limpia las superficies con un paño mojado con agua caliente y jabonosa. No olvides retirar baterías o desconectarlos antes de hacerlo.

Vinagre blanco para desinfectar: ¿buena idea?

Aunque el vinagre es un gran aliado en la cocina y puede quitar grasa y algunas cepas de gérmenes, no es lo suficientemente potente para eliminar otras bacterias o virus, ni la mejor manera de desinfectar superficies ni los juguetes de los niños. Lo mejor es lavarlos con jabón mezclado con agua caliente.

Cloro para desinfectar, ¿cómo se usa?

Si limpiar todo con agua caliente y jabón no es suficiente para tu paz mental, después de hacerlo, puedes usar agua con cloro para desinfectar los juguetes.

La manera correcta de usarlo es hacerlo después de que la superficie ya está limpia y dejarla al menos 5 minutos mojada, para después enjuagarla.

La medida de cloro que recomiendan las autoridades es de 30 ml por 1 litro de agua.

No pases por alto las instrucciones de seguridad de cualquier producto que uses y sigue las advertencias que puedan indicar. Nunca mezcles cloro con amoníaco o cualquier otro limpiador, ni siquiera jabón, pues el jabón desactiva las propiedades del cloro.

Convierte la limpieza de los juguetes en una tarea constante, semanal para aquellos juguetes que no tienen un uso continuo y cada dos días o diario para aquellos que se llevan a la boca. Te aseguramos que así podrás mantener seguros a tus niños.
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Que me perdonen los oaxaqueños y los yucatecos pero la CDMX es el caldero de la comida popular del país. Nadie puede negar que los chilaquiles, las quesadillas con y sin queso, los tlacoyos y las tortas tienen su templo sagrado en Chilangolandia. Y aún así, a diferencia de otros estados con comida típica de alta estima, la capital no brilla por su cocina regional tanto como por la popular. O si no, ¿cuántas veces se han cruzado con unas míticas enchiladas defeñas, un tradicional mole tepitense o un adobo cuauhtemense? De ahí que el caldo tlalpeño sea de esos estandartes a los cuales haya que aferrarse como niño héroe. El caldo tlalpeño –de Tlalpan– es insignia estatal. En ese entonces, cuando se originó el caldo, Tlalpan no era parte del DF; formaba parte de los pueblos aledaños que orbitaban la gran capital como planetas heliocéntricos. Los fines de semana era común visitar aquellos rumbos para echarse una o dos copitas en una cantina o, si ya se venía de la fiesta y lo que se quería era salir de ella, había de todo para curarla. Una de las teorías del origen de este caldo tiene como nombre propio a Doña Pachita. Ella tenía su puesto de comida junto al tranvía que llegaba hasta el poblado. De entre los platillos que vendía para los usuarios del tren, ninguno como su caldo. Cucharada a cucharada el caldo de Tlalpan se fue haciendo famoso por su sabor y por sus efectos revigorizantes. El resto es historia. Esa infusión picosita y abundante resulta mejor que cualquier entramado de electrolitos: es un elixir para recuperar las fuerzas del alma y las del cuerpo deshidratado. De recetas de caldos tlalpeños no paramos. Ya saben: todo mundo le mete su cuchara y sus reglas. Titita, la queridísima chef detrás del restaurante El Bajío, recomienda prepararlo sin atajos para que quede mejor: “Hay que hacerlo todo el tiempo con el pollo, abundante agua, buenas verduras y mucha paciencia”. Zahie Téllez, la chef experta en los platos de cuchara mexicanos, revela que “el secreto es licuarle las hojas de hierbabuena y de cilantro una vez que rompe el hervor para aportarle una nota herbal al caldo”. Para Pepe Salinas, el chef a cargo del Balcón del Zócalo, “el caldo debe quedar con una claridad súper rica, potente en sabor y en picante, pero siempre claro. Para lograrlo hay que hidratar bien los chiles en vinagre y pasarlos por un ligero tostado”. Él los muele con suficiente agua; fríe en manteca esa base de chiles con especias, ajo y cebolla y los retira de la lumbre hasta que haga ojitos la grasa. Al final lo cuela todo. Al lado de él mi consejo carece de gran ciencia. Me gusta saltear la verdura cortada en trozos medianos en suficiente mantequilla infusionada con laurel –o ghee–. Sólo hasta que el pollo está casi listo las incorporo al caldo. Esto hace que las verduras no se sobrecuezan, se vean bonitas en el emplatado y conserven todas sus propiedades. Si les quedaron dudas, la chef Zahie Téllez nos comparte su receta de caldo tlalpeño. No sé ustedes, pero estos días de suéteres tejidos y calcetines de lana se antoja atravesarlos con un tazón de barro en la mano. Caldo Tlalpeño de Zahie2 pechugas de pollo cocidas y deshebradas1½ litros de caldo de pollo en el que se cocieron las pechugas1 taza de garbanzos cocidos250 g de zanahorias en cubos pequeños y cocidos½ cebolla picada para freír ½ cebolla picada para servir encima del caldo350 g de jitomate asado2 dientes de ajoAceite para freír1 rama de epazote¼ de taza de hojas de cilantro¼ de taza de hojas de hierbabuena2 chiles chipotles adobadosaguacate al gustoSal y pimientaEn una olla calienta un poquito del aceite e incorpora el ajo, la cebolla y el jitomate. Déjalo ahí unos 5 minutos. Cuando queden sofritos, licúalos con un poco del caldo y reserva. El caldo restante agrégalo a una olla y calienta a fuego medio. Una vez que rompa el hervor, agrega la rama de epazote. Toma un poquito de este caldo y licúa en él la hierbabuena y el cilantro y vuelve a agregarlo al caldo. Incorpora los garbanzos cocidos para que se empiecen a sazonar, y también los chiles chipotles. Incorpora las verduras ya cocidas, sólo unos minutos, para tomen el saborcito del chile. Para servir agrega el pollo deshebrado, la cebollita picada y el aguacate al gusto –que siempre nos gusta mucho–.
Los retiros de silencio son una experiencia curiosa. A la hora de la comida no hay lugar para los “qué rica sopa”, los “me pasas la sal” o los “ay, esa salsa pica mucho”. Aunque parezca una obviedad no queda otra que ponerle atención al alimento. Recuerdo que mi primera vez tenía al frente una sopa de espinacas con trocitos de papa y una diminuta brunoise de zanahorias. Las instrucciones de mi guía de meditación eran claras, había que observarlo todo: la forma de cada verdura, la caprichosa distribución en la que los ingredientes se acomodaban en el plato. Los olores no se salvaban. Había que concentrarse en las notas de la espinaca cocinada, el aroma del tiempo. Y por supuesto, ya en la boca, sentir cada ingrediente, cada combinación lograda en el asar de una cucharada. La experiencia fue iniciática. Hace unos días pude repetir la emoción. Esta vez fue en un centro de medicina ancestral en el que había que comer en conciencia. Ana, la chef, lleva años confeccionando combinaciones de recetas que luego prepara de forma consciente y sirve para placer de los visitantes. Eva Solís, la Abuela, es la fundadora de este espacio y la creadora del libro ‘Comida que cura’. Y es que ya lo dice una cita bíblica en Proverbios, “las palabras amables son como la miel: dulces al alma, saludables para el cuerpo”. Para la Abuela, las plantas, las frutas, y todo lo que procede del reino vegetal tiene el poder de reaccionar frente a las energías que les ponemos a través de la intención.Quizás parezca la formulación de un pase mágico –es más, probablemente lo sea– pero hay un arte en eso de convertir los ingredientes más sencillos en manjares para el alma. Explicado de otra forma, el ritual es similar al que hacemos cuando le cantamos o le hablamos bonito a una planta: crece más y crece mejor. La Abuela explica que las palabras y la intención transforman un platillo en una medicina poderosa. ¿Salsa para estimular la felicidad? ¿Sopa de chícharo para lograr la quietud? Así, tal cual. El rezo comienza al cocinar: se agradece a cada integrante de la receta, así como a las personas que tuvieron que ver con ellos –agricultores, distribuidores, vendedores– desde el campo hasta el momento de cocinarlos. Al final, “la importancia de ofrecer una comida que cura es que podemos elevar la vibración energética y el estado de ánimo de nuestras familias”. Eso sí. Hay que ser sabios ante nuestro marchante de confianza. “La selección de los ingredientes en un platillo que lleva la intención de sanar comienza con la compra de alimentos vivos y productos no procesados como materias primas”. Luego es importante lograr las combinaciones correctas. Aquí no aplica eso de que todo cabe en un jarrito sabiéndolo acomodar. Para la Abuela –tal como también lo dicta la tradición Ayurvédica– hay que aprender sobre la química que se despierta en los alimentos al unirlos. “Combinar los alimentos de manera adecuada permite una mejor digestión, una adecuada evacuación y una desintoxicación continua. Lo contrario produce enfermedad”, afirma la Abuela en su libro.Laura Esquivel en ‘Como agua para chocolate’ hace uso de hipérboles para explicar cómo los sentimientos de la cocinera –de la entrañable Tita– se trasladan al platillo y a los comensales: desde a unas codornices con pétalos de rosas hasta a una rosca de reyes. Para la Abuela no es una exageración: “Quienes cocinamos debemos tomar consciencia de cómo estamos al momento de estar frente al fogón. Si estoy triste, enojada o con prisa, eso mismo daré de comer a mi familia”. Para ella, la vibración que tenemos le confiere al plato una emoción, así que más vale estar conscientes al momento de cocinar. Luego viene la degustación consciente. La Abuela recomienda estar en silencio y con los ojos vendados. Retomar el uso de las manos para ponernos en contacto directo con los ingredientes; percibir sus texturas, formas, tamaños y temperaturas. Así, en total atención investigar con la nariz y la boca los insumos que tenemos frente a nosotros. Probar, disfrutar, detenerse en ese dulce momento. El ejercicio meditativo tendrá una ventaja adicional: “Al degustar conscientemente, la orden de saciedad llega más pronto al cerebro y, por tanto, requeriremos comer menos. Lo contrario sucede cuando comemos leyendo, chateando o pensando en lo que tengo que hacer”. Por último, para que tu comida se convierta en un medio para curarte, purificarte y renovarte, la Abuela recomienda bendecir y agradecer por eso que terminó en un plato precisamente para ti. Esas acciones que parecen insignificantes “son los pilares que sustentan la abundancia, el flujo equilibrado entre el dar y el recibir”. Comer así, en total conexión, nutrirá más que solo tu cuerpo físico.
El 2020 se ha visto afectado en su mayor parte por una pandemia que aunque nos ha traído dificultades a todos, definitivamente hay sectores más afectados por el COVID-19, como el de la alimentación, por ejemplo.Es por eso que hoy más que nunca necesitamos ser solidarios y apoyar con lo que podemos, como consumir local, pero también hay otras opciones para poder aportar un poco en este momento de crisis. Proyectos como Leentro buscan recaudar fondos para poder ayudar principalmente a tres sectores: el de la salud, el de la alimentación y el de la educación. De una manera muy única, esta campaña de procuración de fondos consigue su objetivo a través de deportistas, artistas, actores, empresarios, influencers y celebridades que donan experiencias únicas o realizan subastas de algún objeto personal para sus seguidores.Así que una cena en manos del chef Olvera es una de las experiencias que puedes vivir y disfrutar, al tiempo que donas dinero para sus diversos fines, como repartir kits para enfermeras, doctores y personal sanitario, capacitar personal, entregar despensas y otorgar becas, por ejemplo.Enrique Olvera & Mercedes-Benz from Le Entro on Vimeo.En este evento culinario único gracias a Mercedez-Benz, el chef Olvera y el chef Jesús Durón, podrás disfrutar de una cena maridaje al nivel de los restaurantes más altos del mundo para ti y 6 amigos, en la cocina de Casa Teo, un espacio creado por Enrique Olvera con la privacidad y exclusividad que sólo podrías lograr en casa.Consulta aquí todo lo que necesitas para participar en esta experiencia y sé parte de Leentro, donde todo lo recaudado será donado a instituciones como Comedor Santa María, Fundación TecSalud, Fundación Becar IAP y más.
Morelia es una capital llena de cultura, pues no sólo año tras año se realiza un festival cinematográfico, también desde hace 10 años se celebra Morelia en Boca, un festival internacional de Gastronomía y Vino que este año se adapta a las circunstancias con un formato híbrido.Con el fin de salvaguardar la cultura gastronómica y apostar por una pronta recuperación económica de la cadena de valor, Morelia en Boca promueve visitas turísticas a restaurantes y cocinas, y así mostrar la fortaleza y la riqueza de este sector que se ha visto tan afectado.Este año, el festival reposiciona la plataforma digital como una herramienta para el cruce de ideas, de técnicas y del aprendizaje continuo, con un formato híbrido, que mezcla restaurantes con experiencias virtuales, con menús interactivos a través de video-explicaciones entre chefs, cocineras y productores locales. Esta plataforma híbrida permitirá que más de 20 restaurantes tengan un menú dedicado a Morelia en Boca con una cercana relación con los productos michoacanos, para tener un menú desarrollado por duplas de chefs quienes se unen con Cocineras Tradicionales de Michoacán.Como resultado, Morelia en Boca tendrá 12 menús en 24 sedes, y podrás consultar el programa en línea el 30 de octubre, a través de sus redes sociales, @meboficial en Instagram y en Facebook @moreliaenboca.No te pierdas de las tradiciones gastronómicas que este festival acerca a ti gracias a las plataformas digitales y disfruta de lo mejor de la gastronomía de Morelia.
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