Los gustos culposos de las celebridades
Tips de Cocina

Los gustos culposos de las celebridades

Por Kiwilimón - Julio 2015

Siempre pensamos que las celebridades son casi perfectas. Son talentosas, se cuidan, siempre se ven radiantes en la alfombra roja, etc. Pero la realidad es que son como todos los demás y que, a veces, disfrutan de alguna tentación culinaria que no es exactamente sana. Hoy te contamos de algunos famosos que no pierden la oportunidad de romper la dieta con su gustos culposos favoritos.

 

Scarlett Johansson

La bella actriz que salió al estrellato como la nueva musa de Woody Allen pero que ahora se ha mantenido como una de las estrellas más grandes del mundo con la saga The Avengers de Marvel, no puede dejar de comer alitas Buffalo. Alitas Buffalo horneadas: http://www.kiwilimon.com/receta/botanas/alitas-buffalo-horneadas

Mariah Carrey

Es una de las cantantes más exitosas en el planeta, su voz no tiene igual, y tampoco lo tiene su gusto por la pizza. La también actriz y juez del programa American Idol tiene una gran debilidad por la especialidad italiana.

Pizza napolitana: http://www.kiwilimon.com/receta/panes/pizza-napolitana-deliciosa

Janet Jackson

Con el cuerpo esculpido que tiene esta famosa cantante sería difícil pensar que tiene algún gusto fuera de su rigurosa dieta, pero es bien sabido que no se puede controlar cuando de manzanas acarameladas se trata.

Manzana al horno con caramelo: http://www.kiwilimon.com/receta/postres/manzana-al-horno-con-caramelo

Rihanna

Si hay algo que le gusta a esta bella actriz y cantante son las palomitas de microondas. Al parecer tanto ejercicio y viaje hace que no le afecte para nada pues sigue presumiendo un cuerpo envidiable.

Palomitas caseras: http://www.kiwilimon.com/receta/botanas/tentempies/palomitas-caseras  

Sofia Vergara

La bella actriz colombiana también ha sido modelo y nunca ha mostrado preocupación por su peso. Lo que más disfruta cuando rompe la dieta son paletas de dulce, igual que los niños.

Paletas de naranja con malvavisco: http://www.kiwilimon.com/receta/postres/paletas-de-naranja-con-malvavisco  

Kate Middleton

La hermosa duquesa de Cambridge sabe muy bien qué pequeños pecados puede permitirse, y estos incluyen una gran, jugosa y sabrosa hamburguesa con queso y tocino. Hamburguesa envuelta de tocino y centro de queso: http://www.kiwilimon.com/receta/carnes-y-aves/res/hamburguesas-/hamburguesa-envuelta-en-tocino-con-centro-liquido-de-queso  

Jennifer Garner

Sin duda, una de las actrices más cotizadas de Hollywood. Se ha hecho famosa por su excelente físico y acrobacias en escena, por lo que es de sorprenderse que ame el chocolate, el vino y las botanas saladas sobre todas las cosas.

Cupcakes de chocolate con ganache de chocolate: http://www.kiwilimon.com/receta/postres/cupcakes/cupcakes-decorados/cupcakes-de-chocolate-con-ganache-de-chocolate  

Cameron Díaz

Aunque pasen los años la rubia actriz sigue siendo una de las favoritas de la industria. Su alta y delgada figura esconde que, cada vez que puede, va a su restaurante de comida rápida favorito por unas papas fritas con catsup.

Papas en gajo: http://www.kiwilimon.com/receta/guarniciones/papas-/papas-en-gajo

 

Beyonce

Élla es una exitosa cantante y actriz, y aunque luce una figura curvilínea, tiene uno de los mejores cuerpos de la industria del entretenimiento. Esto no le impide desviarse de su camino para disfrutar un poco de pollo bien frito.

Pollo frito al horno: http://www.kiwilimon.com/receta/carnes-y-aves/pollo-frito-al-horno    

Jennifer Aniston

Quién diría que la famosa “amiga” de todos sucumbiría ante la tentación de una torta, unos ricos tacos e incluso la ocasional quesadilla. La bella actriz no puede contenerse ante el sabor de la comida mexicana. Tacos de carnitas: http://www.kiwilimon.com/receta/carnes-y-aves/tacos-de-carnitas
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Para cerrar la semana patria hablemos del elefante verde, blanco y rojo del cuarto: la cocina nacional es insuperable. Mientras el taco roba la atención internacional hace falta ser paisano para comprender la complejidad, amplitud y delicia de nuestra gastronomía; los entrañables guisos regionales, las tradiciones patronales, las sazones cocinadas en olla de barro, bajo el calor del pib o en la incandescencia de la brasa. Ya lo dijo la UNESCO hace justamente diez años, la cocina tradicional mexicana es patrimonio del mundo, cultura que vale la pena preservar por los siglos de los siglos. Basta ver al ajonjolí de todos los moles: el mole. Su complejidad resuena en la infinidad de ingredientes que lo componen –algunos de ellos tan improbables como unas galletas de animalitos–, en sus acepciones regionales, en las sutilezas que se modifican de acuerdo con las festividades como Día de Muertos, en su amplitud cromática que abarca casi todos los colores del arcoíris. El mole, salsa densa que nos recubre tanto la memoria como la cucharada de arroz más humilde, debe su honor, más que a sus recetas, a la tradición alrededor de su preparación.Así como en el mole, el mestizaje y la cultura se mezclan como pinturas al óleo en las cocinas tradicionales de México tanto, que hace diez años la UNESCO nombró a su totalidad como un patrimonio de la humanidad. En la declaratoria no había que ser esfinge: había que presentar un caso de estudio, reunir un sinfín de requisitos e información por parte de un grupo multidisciplinario de cocineros, historiadores, antropólogos y hasta ingenieros en alimentos con el fin de perseverar. El resultado fue una condecoración como nunca se le había otorgado a otro país. La cocina tradicional mexicana es nuestra Muralla china, nuestro Machu Picchu cultural. Según el escritor e historiador de cocina mexicana José N. Iturriaga, no es que no se hayan honrado a otras cocinas antes o después. En los últimos años se han protegido otras maravillas culinarias como, por ejemplo, la etiqueta en la cocina francesa, la dieta mediterránea y la tradición japonesa en la cocina, pero no así a un país. A diez años del fallo de la declaratoria en la que se reconocen las prácticas, rituales y elaboraciones vinculadas a nuestra cocina, merece volver a celebrar el mérito. Celebrar que en México no sólo hay 32 estados, sino una infinidad de tradiciones que se preservan en el fuego de los comales, las ollas, las vasijas de barro. Celebrar por supuesto a las cocineras tradicionales que, según Iturriaga, “son el objeto mismo de la declaratoria”, el libro atemporal de los saberes culinarios de cada región. José N. Iturriaga, escritor de libros como 'Saberes y delirios' o 'Confieso que he comido', afirma que parte de la responsabilidad de tener una cocina protegida por la UNESCO es la de rescatar, salvaguardar y promocionar la tradición “más que a un platillo o a un ingrediente; preservar la cocina de nuestros pueblos, la cocina de los mercados, de las abuelas”.Para lograrlo se creó el Conservatorio de la Cultura Gastronómica Mexicana, un organismo consultor de la UNESCO que lleva a cabo reuniones nacionales anuales, foros mundiales de gastronomía mexicana, seminarios académicos y hasta encuentros de cocineras tradicionales. “A los platillos y tradiciones hay que estarles dando nuevo vigor. Preservarlos y salvaguardarlos para que no caigan en desuso y se mantengan vivos. El sentido principal de la organización es la conservación de las tradiciones”. Lo que nos toca hoy en casa es aprender y enseñar sobre cocina mexicana a las generaciones venideras. Desempolvar el tortillero y echarle leña al fuego. Poner literalmente las manos en la masa y extender los hilos de la tradición hasta el infinito. Hoy te invito a tomar alguna de nuestras recetas tradicionales y prepararla en familia. Además de cincelar recuerdos harás historia, harás cultura, serás parte de este ritual iniciático que puso a suspirar a los primeros mexicanos.
El don de mi abuela era cocinar. Cada domingo religiosamente, casi un centenar de comensales se formaba alrededor de su restaurante en Tlalnepantla para probar la barbacoa. No sé si es cosa del amor, pero no he probado una de mejor sabor que la que preparaba apenas amanecía el sábado y cobijaba entre pencas en el hoyo de piedra hasta el día siguiente. Pero hoy no toca hablar de los secretos de su barbacoa sino de su plato más célebre: el mole verde. Mi abuelo subió a mi abuela a un caballo flaco cuando ella no pasaba de los catorce años. A Celia no le quedó de otra que dejar las muñecas y tomar, en cambio, los sartenes y las ollas. De la bisabuela María heredó talentos como los de percibir el sabor de los guisos usando la nariz y el de usar las cocciones como sazonador. El mole verde vino años después, en su época de oro. Doña Celia, mujer empoderada de seis hijos, hizo prolíficos negocios alrededor de la cocina. Cuando llegaba el día de su cumpleaños, el patio de su rancho se convertía en el lugar más festivo de San Andrés Timilpan. Aún recuerdo la tambora, las mesas con manteles que ella había bordado en punto de cruz, las salsas al centro y las señoras palmeando tortillas ante el inmenso comal. En medio del jolgorio y de nietos jugando a las “traís” salía la gran olla de mole verde. Como en una suerte de milagro, de esa vasija de barro, Doña Celia saciaba a sus seis hijos y a sus familias, a todos sus amigos, a todos sus compadres, a todo el pueblo. El desfile de platos cubiertos por su guiso color verde aceituna comenzaba desde un rincón del patio y corría, a veces, más allá del portón. El mole verde de ella era especial. Nadie lo dudaba. No le ponía pepitas como generalmente se usa en el Estado de México o Hidalgo. El de ella llevaba almendras. Ya saben: moles hay tantos como sazones y a mi abuelita no le gustaban las reglas; su receta es tan única como ella. Eso sí, advierto que le hace falta algo que no se contabiliza en un ingrediente o en un paso del procedimiento. Yo misma la he preparado al pie de la letra junto con mi mamá y mis tías y aunque el resultado es muy bueno, no sabe al “Mole verde de Doña Celia”. Quizá deba esperar otro rato y otra dimensión para probarlo junto a ella como me sabe en el recuerdo.Hoy que escribo esto se me antoja poner una canción de José Alfredo y hacer mis propias combinaciones frente a la olla de barro. Que desde lo lejos mi abuela sepa que la recuerdo y que por el olfato cuántico detecte si mi mole quedó rico. Lo de ella era agasajar a otros aunque no pertenecieran a su familia. Estoy segura de que la pondría feliz que ustedes prepararan su receta o cualquier otra para festejar a sus abuelos. Brindar juntos por el regalo que es su presencia. Poner la tambora, aunque sea en la grabadora, o los boleros o las de Luismi para celebrarles que, sea cual sea su don, el de los abuelos es amar incondicionalmente a sus nietos. Sí, así como Doña Celia.Mole verde estilo fiesta de Doña Celia250 g de ajonjolí100 g de almendras6 pimientas gordas +-10 clavos de olor2 pizcas de comino1 bolillo frito en aceite1 tortilla frita en aceite2 kg de tomate verde manzano, peladoChile verde jalapeño (al gusto, depende del picor que se aguante)1 pollo entero, verduras, hierbas de olor y aguaSalaceiteDesde muy temprano se pone a cocer el pollo junto con unas hojitas aromáticas, un trozo de cebolla y algunas verduras. Una vez listo, se reserva lejos de la ventana. En una olla con poca agua y algo de sal se agregan los tomates. Basta que se pongan ligeramente suaves para sacarlos de la lumbre. En otra olla, hay que poner a calentar bastante aceite y dorar el ajonjolí con las almendras peladas. Una vez listos se retiran y se ponen a freír los chiles. Hay que poner todos los ingredientes a moler junto con las especias y con un poco del caldo de pollo. Los tomates, no. Esos se dejan reservar pacientemente. En seguida, se pone a calentar una gran olla de barro, que de preferencia tenga varios años de uso. Hay que vaciar el mole y no dejar de moverlo ni un segundo para que no se pegue o se queme –de preferencia que sea la misma persona la que lo mueve y que los movimientos vayan en dirección a las manecillas del reloj para que “no se corte”–. Ahora sí se le agrega el tomate ya molido y al final, un poco de caldo, dependiendo de la consistencia que le guste a la familia. Lo último, y haciendo uso de la nariz y del buen gusto, hay que ajustar lo más importante de la receta: la sazón.
Una de las formas más prácticas de hacer un cheesecake sin horno es usar la olla de presión. Puedes prepararlo de la forma original o al estilo New York y además, con varias ventajas como estas cinco que te mostramos.Por ejemplo, el tiempo de cocción de tu cheesecake se reduciría 10 minutos y obtendrás la misma consistencia que si lo hubieras horneado a baño María. Descubre lo fácil que es hacer esta Delicia de la Cocina con una olla Magefesa que puedes encontrar en Liverpool.1. Tu cheesecake tendrá más sabor El diseño hermético de la olla a presión permite que los sabores se desarrollen más rápido y con mayor profundidad. Además, cuando se reduce el tiempo de cocción, también disminuye el tiempo que los alimentos permanecen en la estufa hirviendo, perdiendo el sabor natural o evaporando los nutrientes principales.2. Ahorrarás gasLa cocción a presión es mucho más eficiente que encender un horno de gas y puede reducir por mucho el tiempo de cocción y el uso de energía. Además, la cámara de cocción (la olla interior) está completamente aislada, por lo que la olla no necesita ejercer tanta energía para calentarse.3. Reducirás el tiempo de cocciónEn comparación con otros métodos de cocción, como hornear, la olla a presión puede reducir el tiempo de cocción y el uso de energía hasta un 70 por ciento.4. Tu cheesecake tendrá mejor aparienciaCocinar en recipientes abiertos, sin importar si tienen tapa, expone los alimentos al oxígeno y al calor, lo que puede resultar en una comida con colores apagados. Sin embargo, la cocción a presión satura los alimentos con vapor, lo que permite la retención de colores brillantes y fitoquímicos, o sea, los compuestos químicos que le dan el color a las frutas y verduras.5. Tu cheesecake estará libre de microorganismos dañinosUna olla de presión crea un entorno que permite que el agua hierva a más de 100 °C, por lo que es una forma excepcional para destruir eficazmente las bacterias dañinas. Pero no sólo eso, si usas una olla de presión hecha con acero inoxidable 18/10 (el mismo que se usa en los instrumentos quirúrgicos), como esta de Magefesa, entonces también evitarás la acumulación de moho, gérmenes y bacterias gracias a su estructura poco porosa.Las ollas de presión son segurasLas ollas de presión de acero inoxidable son utensilios de cocina muy confiables, pues cuentan con varios sistemas de seguridad que evitan la acumulación de exceso de presión, como las válvulas y los sensores que tienen las de Magefesa.Ahora que sabes que puedes hacer cheesecake y cocinar muchos otros platillos, además de acortar el tiempo para hacer deliciosos frijolitos, aprovecha que Delicias de la cocina llegó a Liverpool para perderles el miedo y tener una olla de presión o renovar la tuya. Consulta los ingredientes que necesitas para tu cheesecake, prepara la mezcla y ponlo a cocerse de la manera más rápida, práctica y sencilla en tu olla de presión Magefesa disponible ya en Liverpool.
La noche le da un toque nostálgico al Centro Histórico de la Ciudad de México. A las calles las iluminan los reflectores de las iglesias y las luces amarillas de los puestos trasnochados. En Bolívar, casi esquina con República del Salvador, hay un fulgor más brillante que los otros. Es el de Los Cocuyos, legado culinario del ombligo de México. “Deme dos campechanos”, le digo a mi taquero, tratando de guardar la línea. De tomar pido agua porque traigo un vasito con vino mexicano para acompañar mis tacos de lengua y longaniza. No es que no me guste el Boing de guayaba, es que el vino potencia bien los sabores de la carne frita, el maíz y la salsa roja –mi favorita– de este puesto con poco más de 50 años. Eso de que el vino sólo va en las mesas elegantes es fantasía. El maridaje le da watts a casi cualquier comida (digo “casi” porque no es fácil encontrar el vino ideal para sopas y caldos o guisos a base de jitomate). El chiste de unir el jugo fermentado de la uva con comida es hacer brillar a ambos; sacar a relucir lo bello de uno con lo sabroso de otro, en un bocado. En general las reglas del maridaje entre los antojitos y el vino mexicano son las básicas. Si no quieres complicaciones, lo mejor es elegir un vino blanco para la garnacha sin carne o con pescado (como los tacos estilo Baja), y vino tinto para lo que tenga carne. Las carnes magras disfrútalas junto a tintos jóvenes y las carnes de sabores concentrados, junto a vinos de mayor complejidad. Si lo que buscas es apaciguar el picor y resaltar el guiso de los platillos condimentados como los chiles en nogada o las enchiladas mineras busca un rosado.Otra regla puede ser la del color. Aunque no lo creas, puedes elegir tu vino en base a los colores de tu antojito. ¿Qué tal unas quesadillas fritas –de queso, al estilo “Todos menos CDMX”– con un vinito blanco? Uy, no se pierdan las rosadas carnitas de cerdo o de atún con un rosé, ni la comida oscura, como el mole, con un tinto. Mi regla favorita sin embargo es la de optar por vinos de la misma región que los platillos. Casi nunca va mal; cada ecosistema biológico y social está conectado. No hay mejor amigo de la pizza o la pasta que los vinos italianos, así como de la garnacha y el antojito, lo son los vinos mexicanos. Pero como dicen: en gustos se rompen géneros.Este quince de septiembre te invito a experimentar, a probar con tus propias reglas. Si te da miedito o simplemente quieres gozar sin curiosear te dejo algunos maridajes ganadores entre vinos mexicanos y antojitos, garnachas y comida callejera. Seguro los vas a disfrutar, siempre y cuando los apliques con medida.Tacos al pastor y Vinaltura roséNada acompaña mejor al taco predilecto de chilangolandia que este rosado elaborado con uvas queretanas de tempranillo y syrah. Destacarás el sabor de la carne especiada sin perder acidez ni estructura.Barbacoa dominical y Norte 32 etiqueta blancaLa carne de borrego hecha al hoyo por largas horas merece un acompañamiento con acidez y una estructura que no se pierda tras el fuerte sabor del cordero. Este 100% cabernet le irá al hilo. Taco de chile relleno y Arrebato tintoMe gusta lo que hacen uvas como la syrah, la petit syrah y el cabernet con lo picante del chile. Eso sí, que venga relleno de carne molida para que el vino no sobresalga demasiado.Tacos de lengua y Ala rotaPicadita o entera, los tacos de lengua son textura y sabor asegurados. Junto a esta mezcla expresiva y especiada de cabernet y petit syrah, se convierten en un manjar. Tostadas de tinga de pollo y ForzaEl hit número uno de los quinces de septiembre merece estar bien acompañado. Esta mezcla de merlot y cabernet sauvignon de la bodega Concierto Enológico no opacará su sutil encanto. Huarache de bistec en salsa y Montefiori Cabernet MontepulcianoLa res, la salsa y el maíz ya son una combinación ganadora. Y si además se le añade este cabernet montepulciano ligero y de buena acidez, todos los elementos resaltarán.Pambazos y EntrelíneasLa malbec, la nebbiolo y la syrah de terruños hidrocálidos le dan soporte a la grasa del pan y al chorizo. ¡El resultado será el mejor pambazo que te has comido! Tacos de costillita y Plata .925El carbón es el ingrediente esencial de los tacos de costilla. Junto con la salsa y el limón cantarán al mismo son que los tostados de este tempranillo, grenache y syrah de la familia Plata Chavarría.Cochinita pibil y El Cielo SeleneEl plato insignia de la cocina yucateca se caracteriza por los sabores especiados y cítricos; destácalos con la frutalidad y frescura de este vino rosado hecho con grenache y syrah.
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