¿Ajo negro para mejorar las defensas?
Datos curiosos

¿Ajo negro para mejorar las defensas?

Por Eloísa Carmona - Septiembre 2020
¿Conoces ya el ajo negro, para qué sirve o cómo se toma o tan siquiera qué es? En realidad, el ajo negro no es más que un ajo común (allium sativum), pero que ha pasado por un proceso de fermentación, con mucha humedad y calor, lo cual cambia el color del ajo y le da una textura gelatinosa.

El ajo negro es un condimento muy usado en la comida asiática, en especial en Corea, pero se ha vuelto muy popular en Estados Unidos de América desde el 2005, cuando un famoso restaurante de San Francisco comenzó a venderlo. Su sabor es ligeramente dulce, un poco ácido y comparado con el ajo fresco, el ajo negro no tiene un sabor tan fuerte porque en el proceso, se reduce el contenido de alicina.

A pesar de que se dice que las propiedades del ajo negro se encuentran más concentradas o potenciadas, aún no hay suficiente investigación científica para poder afirmarlo, sin embargo, sí conserva varias ventajas del ajo fresco.

Propiedades del ajo negro

El ajo negro posee una gran cantidad de compuestos antioxidantes, como polifenoles, flavonoides, derivados de tetrahidro-β-carbolina y compuestos orgánicos de azufre, que incluyen S-alil-cisteína y S-alil-mercaptocisteína, en comparación con el ajo fresco.

Durante el proceso de calor y humedad que se lleva a cabo para obtener el ajo negro, no solo se alteran los componentes nutricionales y los atributos sensoriales, sino que también mejora la bioactividad del ajo negro.

Algunas de las investigaciones han obtenido evidencias que demuestran los efectos terapéuticos del ajo negro, como que ayuda contra la obesidad, con inmunomoduladores, hipolipidémicos, antioxidantes, hepatoprotectores y neuroprotectores, sin embargo, aún no hay suficientes pruebas.

Lo cierto es que el proceso tipo fermentación del ajo negro restaura los nutrientes y reduce el fuerte sabor y olor de cuando está crudo, por lo que el ajo negro es más fácil de consumir y así puedes aprovecharte de los beneficios del ajo, que está cargado de antioxidantes.

El ajo negro es excelente para la salud, ya que ayuda a combatir los radicales libres y previene el daño oxidativo, que conduce a varias enfermedades, e incluye vitaminas y minerales como:

Manganeso: ideal para ayudar a construir una estructura ósea saludable y la creación de enzimas clave para la formación de huesos.
Vitamina B6: ayuda a proteger el sistema inmunológico. La vitamina también beneficia el metabolismo del cuerpo, el control hormonal y previene las afecciones de la piel y los trastornos renales, por nombrar algunos.

Vitamina C: La vitamina C ayuda a proteger contra deficiencias del sistema inmunológico, enfermedades cardiovasculares y oculares, problemas de salud prenatales e incluso arrugas de la piel.

Selenio: este mineral es clave para el funcionamiento cognitivo y la fertilidad.

Fósforo: una de sus tareas clave es el mantenimiento de huesos y dientes sanos.

Cobre: ayuda a desarrollar colágeno dentro del cuerpo, refuerza la absorción de hierro y la producción de energía.

Vitamina B1: también conocida como tiamina, esta vitamina juega un papel importante en la salud del sistema nervioso y cardiovascular.

Calcio: el calcio es ampliamente conocido por formar y mantener huesos fuertes. Pero el calcio también es esencial para mantener saludables el corazón, los músculos y el sistema nervioso del cuerpo.

Aunque tenga una apariencia extraña para ti, el ajo negro tiene muchas propiedades buenas, potenciadas, pero con un sabor mucho más amable que el del ajo crudo, así que no dudes en probarlo cuando tengas oportunidad.
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Lidia Mendez
21/09/2020 22:26:24
Muy bueno q agregen tips como este. Aclararon mis dudas gracias.
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Para cerrar la semana patria hablemos del elefante verde, blanco y rojo del cuarto: la cocina nacional es insuperable. Mientras el taco roba la atención internacional hace falta ser paisano para comprender la complejidad, amplitud y delicia de nuestra gastronomía; los entrañables guisos regionales, las tradiciones patronales, las sazones cocinadas en olla de barro, bajo el calor del pib o en la incandescencia de la brasa. Ya lo dijo la UNESCO hace justamente diez años, la cocina tradicional mexicana es patrimonio del mundo, cultura que vale la pena preservar por los siglos de los siglos. Basta ver al ajonjolí de todos los moles: el mole. Su complejidad resuena en la infinidad de ingredientes que lo componen –algunos de ellos tan improbables como unas galletas de animalitos–, en sus acepciones regionales, en las sutilezas que se modifican de acuerdo con las festividades como Día de Muertos, en su amplitud cromática que abarca casi todos los colores del arcoíris. El mole, salsa densa que nos recubre tanto la memoria como la cucharada de arroz más humilde, debe su honor, más que a sus recetas, a la tradición alrededor de su preparación.Así como en el mole, el mestizaje y la cultura se mezclan como pinturas al óleo en las cocinas tradicionales de México tanto, que hace diez años la UNESCO nombró a su totalidad como un patrimonio de la humanidad. En la declaratoria no había que ser esfinge: había que presentar un caso de estudio, reunir un sinfín de requisitos e información por parte de un grupo multidisciplinario de cocineros, historiadores, antropólogos y hasta ingenieros en alimentos con el fin de perseverar. El resultado fue una condecoración como nunca se le había otorgado a otro país. La cocina tradicional mexicana es nuestra Muralla china, nuestro Machu Picchu cultural. Según el escritor e historiador de cocina mexicana José N. Iturriaga, no es que no se hayan honrado a otras cocinas antes o después. En los últimos años se han protegido otras maravillas culinarias como, por ejemplo, la etiqueta en la cocina francesa, la dieta mediterránea y la tradición japonesa en la cocina, pero no así a un país. A diez años del fallo de la declaratoria en la que se reconocen las prácticas, rituales y elaboraciones vinculadas a nuestra cocina, merece volver a celebrar el mérito. Celebrar que en México no sólo hay 32 estados, sino una infinidad de tradiciones que se preservan en el fuego de los comales, las ollas, las vasijas de barro. Celebrar por supuesto a las cocineras tradicionales que, según Iturriaga, “son el objeto mismo de la declaratoria”, el libro atemporal de los saberes culinarios de cada región. José N. Iturriaga, escritor de libros como 'Saberes y delirios' o 'Confieso que he comido', afirma que parte de la responsabilidad de tener una cocina protegida por la UNESCO es la de rescatar, salvaguardar y promocionar la tradición “más que a un platillo o a un ingrediente; preservar la cocina de nuestros pueblos, la cocina de los mercados, de las abuelas”.Para lograrlo se creó el Conservatorio de la Cultura Gastronómica Mexicana, un organismo consultor de la UNESCO que lleva a cabo reuniones nacionales anuales, foros mundiales de gastronomía mexicana, seminarios académicos y hasta encuentros de cocineras tradicionales. “A los platillos y tradiciones hay que estarles dando nuevo vigor. Preservarlos y salvaguardarlos para que no caigan en desuso y se mantengan vivos. El sentido principal de la organización es la conservación de las tradiciones”. Lo que nos toca hoy en casa es aprender y enseñar sobre cocina mexicana a las generaciones venideras. Desempolvar el tortillero y echarle leña al fuego. Poner literalmente las manos en la masa y extender los hilos de la tradición hasta el infinito. Hoy te invito a tomar alguna de nuestras recetas tradicionales y prepararla en familia. Además de cincelar recuerdos harás historia, harás cultura, serás parte de este ritual iniciático que puso a suspirar a los primeros mexicanos.
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