El pequeño gran error que cambiará tu percepción sobre las espinacas
Datos curiosos

El pequeño gran error que cambiará tu percepción sobre las espinacas

Por Kiwilimón - Noviembre 2019
¿Te acuerdas de Popeye, ese marinero que se ponía grande y fuerte para vencer al villano y lo único que necesitaba eran espinacas?

Quizá gracias a esa caricatura crecimos pensando que las espinacas eran súper poderosas y nos creímos el mito de que tienen más hierro que ningún otro alimento, pero como muchas otras cosas de nuestra infancia, no es cierto.

En realidad, las espinacas no son la gran fuente de hierro que pensamos, así lo revela José Miguel Mulet, doctor en Bioqiuímica y Biología molecular, en su libro ¿Qué es comer sano?, y asegura que ninguna verdura es una gran fuente de hierro, aunque eso no quita que las espinacas son un alimento muy sano y con muchas propiedades.

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¿Cómo comenzó el mito de las espinacas? Toda esta creencia se debe a un error tan simple, que es difícil de creer.

A finales del siglo XIX Erich von Wolf, químico alemán, se puso a analizar los beneficios nutricionales de las verduras y todo apunta a que puso mal una coma al apuntar el contenido en hierro de las espinacas, y donde debía decir 3,5 miligramos decía 35. Y, claro, eso es mucho hierro.

Además de no tener tanto hierro, las hojas de espinaca tienen altos niveles de unas sales, conocidas como oxalatos, que dificultan la absorción de éste y otros nutrientes, como el calcio, en el intestino.

Pero no hay por qué satanizar a las espinacas pues, aunque no sean lo que pensábamos, son muy sanas y sí son fuente de varios nutrientes: tienen muchísimo potasio y magnesio, dos electrolitos fundamentales para nuestra salud.

Por otra parte, las espinacas son una fuente importantísima de vitamina K y precursores de la vitamina A, esencial para nuestro sentido de la vista. Y también son unas verduras ricas en sales de ácido fólico.

No cabe duda, todos los días se aprende algo nuevo y ahora sabes que si Popeye se ponía fuerte, seguramente era porque comía algo más que espinacas en lata.




3 opciones para incluir espinacas en tus comidas:
Crema de Espinaca con Poblano
Pechugas Rellenas de Queso Crema y Espinacas
Crepas de Espinca Rellenas de Champiñones

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Luis Aguilera
17/01/2020 18:16:46
Sensacional!
Isabel Amaro
12/01/2020 16:02:51
Gracias por la información muy interesante
Martha Vicencio
14/12/2019 09:00:48
Gracias por la información. Excelente día.
DELIA G DE LA CERDA A
11/12/2019 09:10:10
Da información muy valiosa y desmitifica, eso es estar bien informado
Valencia Burguér
08/12/2019 12:13:49
Que bueno es explicar sobre la alimentación correcta
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La dieta keto tiene muchos beneficios más allá de bajar de peso, pues hay evidencia de que también puede mejorar tu salud respecto a enfermedades como la diabetes, por ejemplo, pero también es un apoyo para tratar enfermedades neurológicas.Aunque aún faltan más estudios concluyentes, investigaciones científicas han demostrado que esta dieta puede tener beneficios para una amplia variedad de condiciones de salud diferentes:Cardiopatías. La dieta cetogénica puede ayudar a mejorar los factores de riesgo como la grasa corporal, los niveles de colesterol HDL (bueno), la presión arterial y el azúcar en la sangre.Enfermedad de Alzheimer. La dieta cetogénica puede ayudar a reducir los síntomas de la enfermedad de Alzheimer y ralentizar su progresión.Epilepsia. La investigación ha demostrado que la dieta cetogénica puede causar reducciones significativas en las convulsiones en los niños epilépticos.La dieta cetogénica, o keto, es una dieta alta en grasas y baja en carbohidratos que generalmente contiene productos de origen animal como carne, pescado y aves, pero ¿qué pasa si la quieres integrar a tu estilo de vida vegetariano? La buena noticia es que es posible adaptarla a una dieta vegetariana.¿Cómo es una dieta keto-vegetariana?Una dieta cetogénica vegetariana consiste en un plan de alimentación que combina aspectos del vegetarianismo y la dieta cetogénica, con el fin de evitar la carne y el pescado, pero conservar el consumo alto en grasas y limitada la ingesta de carbohidratos a 20-50 gramos por día, para así provocar la cetosis, un estado metabólico en el que el cuerpo comienza a quemar grasa como combustible en lugar de glucosa.En una dieta cetogénica tradicional, alrededor de 70% de las calorías diarias totales deben provenir de grasas, cuyas fuentes pueden ser aceites, carne, pescado y productos lácteos enteros, pero la dieta cetogénica vegetariana elimina la carne y el pescado y se basa en grasas saludables, como el aceite de coco, los huevos, los aguacates, las nueces y las semillas.Ideas de comidas keto-vegetarianasUna dieta keto-vegetariana es posible, así que podrás combinarlas sin problema con platillos que incluyan huevo, nueces y semillas, como los que te proponemos a continuación.Coliflor rostizada con huevo y aguacateEste platillo puede funcionar muy bien como desayuno en una dieta keto-vegetariana y tiene una preparación sencilla. La coliflor se rostiza 15 minutos en el horno con un poco de aceite de oliva y para sazonarla, usa una pizca de ajo en polvo, sal y pimienta. Coloca encima unas rebanadas de aguacate, un huevo estrellado hecho con acete en aerosol y así tendrás un platillo con alrededor de 179.5 calorías.Chips de kale El kale es uno de los vegetales de hoja verde más nutritivos que puedes encontrar y una forma de incluirlo en tu dieta es como chips. Simplemente coloca las hojas de kale en una charola para hornear con aceite de oliva, sal y chile en polvo; hornea por 25 minutos o hasta que estén crujientes y no olvides voltearlas de vez en cuando. Para tener un snack delicioso, acompáñalas con un poco de guacamole.Espagueti de calabazaEsta receta es perfecta para la cena libre de carbohidratos, pero llena de grasas saludables, pues se trata de unos fideos de calabaza con una salsa hecha con crema de aguacate. Para hacerla, licúa o procesa 2 aguacates con 1/4 de taza de cilantro, una cucharada de jugo de limón, sazona con sal, pimienta, cebolla en polvo y un diente de ajo. Cocina los fideos y simplemente añade la salsa de aguacate para tener la cena lista.Encuentra algunas otras ideas de comidas para seguir una dieta keto y empezar el año con una alimentación balanceada en nuestro reto keto.
Esta temporada está cayendo como cubetada de agua fría, sobre todo con el retorno al semáforo rojo. Las interrogantes son demasiadas: ¿Tendremos Navidad? ¿Cuántos seremos? ¿Cocinamos o pedimos? ¿Cuánto gastaremos? Y mientras dudamos de todo y de todos, hay algo que no podemos perder. Puede que seamos dos en la mesa, pero ¿por qué privarnos también de nuestro pavo con gravy, de nuestros tamales, de aquello que ansiamos probar? Aun con todo, es Navidad. La celebración es la fecha misma como también la comida que se sirve a la mesa y el amor que nos damos. Habremos de convivir con el núcleo más cercano por las próximas semanas sin siquiera sacar la mano por la ventana. La celebración –ésta y la de vivir– no tiene que ver con lo que pasa afuera como con el acto de agradecer y bendecir. Las Navidades son extrañas, no lo niego. Casi siempre tienen algo agridulce –excepto cuando eres niño y todo es jugar con los primos y descubrir qué regalo se esconde bajo la envoltura–. Por ellos, por nosotros: merecemos una Navidad como ninguna otra. Esta vez seremos los elementales y bastará.La comida nos salvará más que nunca. Para ello habremos de cocinar con alegría y ponerle intención a la comida; llenarla de eso que nos deseamos a nosotros y a la familia. Nos reuniremos alrededor de un pavo horneado con amor, de esa pasta por la que esperamos un año entero y que nos sabe a paz. Nos tomaremos un momento para agradecer lo que sí tenemos: la abuelita que aún sonríe en un extremo de la mesa, la ensalada de manzana que este año quedó más rica, la hermosa llegada de Ana a la familia, el olor a pay de manzana que llena la casa.Dicen que la comida no hace milagros –o sí, aunque nadie lo ha documentado– pero es el vínculo más inmediato con la vida. Cenar rico puede hacernos olvidar el miedo. Además, como en las películas, puede ser el inicio de nuestro propio cuento navideño al que probablemente le falten los villancicos, la nieve o la gente, pero le sobre emoción.Y si todavía no están convencidos de que la comida salva les quiero compartir mi propia historia de Navidad, una en la que un plato de bacalao me devolvió la esperanza. Y sí, ya les conté el final.**************El aroma del bacalao siempre me lleva a ese veintidós de diciembre en el que mi mamá y mi tía cocinaban varios platillos a la vez. Mi abuelita llevaba dos semanas grave. Ellas, tan expertas en la cocina, flaqueaban casi imperceptiblemente: a veces se les caían cosas al piso, se les olvidaba poner ingredientes, los intercambiaban. La tristeza no le impediría a la familia Molina celebrar la Noche Vieja.En esa cocina las ollas sobre el fuego eran la única señal de vida. La de barro llevaba horas borboteando. Como cada año, era tan grande que le cabía bacalao para alimentar a más de quince durante la cena y el recalentado y rellenar un bote de yogurt para que cada familia se llevara. De la cazuela emanaba el olor a los ajos fritos en el aceite, el sofrito de jitomate con las cebollas y las aceitunas, al pescado previamente desalado. En otras palabras, olía a Navidad. Mi abuelita mientras tanto estaba en su cuarto. No lo sabíamos, pero le restaban unas pocas horas de vida. Recuerdo que entre la pelada de papas y manzanas me escabullí de mis labores de cortadora oficial para ir a verla. Apenas entré, la vi enderezada. Algo la tenía en alerta y mi corazón lo sintió. Mi abuelita inspiró profundamente y con voz grave desde su cama me dijo: –“Dile a tu mamá que a ese bacalao le hace falta sal”. Confieso que me quise reír. Nunca vi venir esa afirmación y menos en el contexto. Para mí, no hay un momento de más lucidez.Corrí hasta la cocina, llegué al bacalao. Tomé una cucharada y ¡rayos!, efectivamente le hacía falta sabor. Tomé un par de puñitos de sal y los fui integrando hasta sentir que estaba en su punto. Noté que el olor cambió. Ella lo sabía: conocía a la perfección a qué debe oler un bacalao hecho para sacar suspiros.Esa tarde mi abuela se devoró una torta de bacalao. Fue lo último que pidió. El veinticuatro pasamos la Navidad como pudimos, ya sin ella. A penas en el recalentado me entraron ganas de volver a probar el guiso. A la primera mordida conecté con la esperanza, con el legado de mi abuelita, con eso que resultó ser mi última experiencia con ella. En ese momento tuve una revelación: quería que la cocina y la comida se convirtieran en mi vínculo con la vida y con mis ancestras. A los pocos meses dejé mi trabajo y diez años después, me dedico plenamente a la comida. La comida del corazón salva, cura, da esperanza. Y eso es justo lo que deseo para ustedes: que haga su magia en sus mesas, en su noche, en sus días. ¡Feliz Navidad!
Un libro de cocina debería tener salpicaduras de fritanga, cucharazos de caldo de tomate, tiznes de harina. El que edita Zahara Gómez Lucini no invita a hacerlo. Al revés, dan ganas de poner el ejemplar en una vitrina, en un relicario.Antes de hojear ‘Recetario para la memoria’ no sabía que las recetas, así como las mantas y los pliegos petitorios, tienen la capacidad de llevar a cuestas una protesta. Apenas llegué a la primera receta comprendí de qué iba todo: “El bistec ranchero para Ernesto, 5 de enero de 2011”. La receta era sencilla, no tenía cantidades. En cambio, había un sinfín de silencios suspendidos entre los pasos de la preparación. Este es un libro de cocina tanto como lo es una caja negra con recuerdos acomodados minuciosamente. ¿Y qué conexión con el pasado más directa que la comida favorita de quien ya no está? Lo que está es la mesa puesta y están los platillos que ya no se comerán los desparecidos de El Fuerte, al norte de Sinaloa. Sus coautoras, las Rastreadoras del Fuerte, son las madres, las esposas, las abuelas, las hermanas que los recuerdan en cada receta y que con palas aún continúan buscándolos. En el libro hay poco más de 25 platillos. Hay fotos –magníficas– de los guisos con claroscuros y luces que enmarcan el humo en los platos. Hay preparaciones que se antojan. En realidad lo que conmueve hasta los huesos es lo que falta. No hay nostalgia más grande que las de unas gorditas sin frijoles, unos tacos sin salsa, un platillo caliente que aguarda ser comido por alguien que ya no está. Para la autora, en los gestos cotidianos se puede ser subversivo. “Desde tu fogón puedes rendir un homenaje”, cuenta Zahara. “Puedes crear una red que apoye. El espacio es la comida, el espacio en que la compartes permite hablarlo en familia. ¿Por qué hay desaparecidos? ¿Por qué pasa esto? Hacer memoria y de ahí accionar, hacer que cale y se muevan las cosas”.Hay algo muy íntimo en el ‘Recetario para la Memoria’. Las coautoras comparten con ingredientes una pequeña biografía sápida de su familiar desaparecido. El plato queda como rictus, como símbolo de aquellos –sus tesoros, como las Rastreadoras del Fuerte llaman a quien esperan descubrir en fosas clandestinas– que algún día estuvieron vivos y que anhelaron, como todos, un sabor hecho en casa. No hace falta gritar para que el dolor y el reclamo tengan voz en los asados que se tateman en el comal, en el borboteo de un guiso de larga cocción, en el crujir del aceite en un sartén. Pero el recuerdo aquí también es lucha. El derrotismo es muerte. “Ellas son mucho más que víctimas, son combatientes tremendas”, apunta Zahara.Por eso este libro es más de vida que muerte. Es homenaje, es un altar con aromas y moronas que quedan sobre el mantel. Es memoria que invita a la acción a través de un sofrito, de una fritura profunda. Hay que comprarlo porque, además de ser una obra fabulosa, el cincuenta porciento de las ganancias se va para las mujeres de los familiares desaparecidos. Hay que cocinar con él; ensuciarlo a cucharazos y descuidos de caldo de tomate: cocinar algo de sus recetas será como reunir a los desaparecidos en la cotidianidad, conectarlos a la energía esperanzadora de una mesa puesta.
La cocina española es una de las más populares a nivel internacional, incluso ha llegado a influenciar a la comida mexicana. Sin embargo, no siempre llegamos a conocer más de sus mejores platillos pues siempre nos quedamos con la paella y las tapas, por ejemplo. Es por eso que en esta ocasión te vamos a mostrar los mejores platillos tradicionales de la gastronomía de España. Tortilla de patata La tortilla de patata es el platillo español por excelencia y se trata de un pastel de papa con huevo y cebolla frito con aceite de oliva. Esta receta tradicional es tan popular que la puedes encontrar tanto en bares como en restaurantes. Cocido madrileño El cocido madrileño consta de una deliciosa sopa con fideos, garbanzos y verduras como primer plato que se mezcla con carnes y embutidos como pollo, carne de ternera y tocino con chorizo en segunda instancia. Fabada asturiana La fabada de Asturias es similar a los frijoles charros en México, pero en este caso, el famoso guisado originario del norte de España se prepara con frijoles, chorizo, tocino y oreja de cerdo. ¿Se te antoja este platillo español? Gazpacho El gazpacho español es una sopa fría hecha con pan, agua, aceite de oliva, vinagre, tomate, pepino, cebolla, ajo y pimiento verde. Generalmente se consume en los meses de verano pues resulta ser un platillo refrescante y delicioso. Pulpo a feira El pulpo a feira también es conocido como pulpo a la gallega y es una de las recetas más fáciles de preparar dentro de la gastronomía de España. Para prepararla, basta con cocer el pulpo durante algunos segundos en una olla con agua hirviendo y repetir este paso 3 veces; después sólo se corta en rodajas, se sirve en una tabla de madera y se sazona con aceite de oliva, sal y pimentón dulce. ¿Qué platillo español se te antoja más?
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