La verdadera historia sobre las posadas
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La verdadera historia sobre las posadas

Por Kiwilimón - Noviembre 2016

Entren santos peregrinos, peregrinos, reciban este rincón. Y aunque es pobre la morada, la morada, se las doy de corazón…

¿Cuántas veces hemos cantado estos versos? Sin duda, buena parte de nuestra infancia transcurrió entre pastorelas y posadas, pero ¿alguna vez te has detenido a pensar por qué celebramos estas fiestas?

Aquí te lo decimos.

El origen de las posadas está en el peregrinaje de José y María quienes, de acuerdo con la tradición cristiana, caminaron desde Nazaret hasta Belén para dar a luz a Jesús. El camino hasta Belén duró largos nueve días y, al llegar a su destino, tuvieron que recibir al bebé en un establo, ya que no les daban asilo en ningún otro lugar. https://www.instagram.com/p/BLjXQlig0Ao Crédito: leirbag11gabriel En el siglo XVI, los españoles iniciaron un proceso de conversión para que los indígenas siguieran la tradición católica. Para que fuera más sencillo que los indígenas dejaran sus celebraciones paganas, los sacerdotes realizaban fiestas divertidas y muy llamativas. Con el objetivo de sustituir los festejos a los dioses Quetzalcóatl y Huitzilopochtli – que se organizaban en torno al solsticio de invierno – los misioneros comenzaron a preparar sus propias fiestas en las mismas fechas. https://www.instagram.com/p/BFHDWMoEHt3/ Crédito: cabillo_villegas Se cree que fue en 1587 cuando Fray Diego de Soria, superior del convento de San Agustín de Acolman en el Estado de México, obtuvo un permiso del Papa Sixto V para celebrar unas misas “de aguinaldo” durante nueve días, previo al 25 de diciembre. https://www.instagram.com/p/-Z9NSFI3BD/ Crédito: concepcionrgz En estas misas, se intercalaban pasajes bíblicos referentes al peregrinaje de José y María con rezos, cantos y representaciones de estos eventos. Durante estas celebraciones, era común que se quebrara una piñata hecha de barro. Los picos de la piñata representaban los 7 pecados capitales y el hecho de golpearla con los ojos vendados simbolizaba el acto de fe en la religión. https://www.instagram.com/p/_lj-9xvFS4/ Crédito: romerogiorgio Cuando estos festejos terminaban, los sacerdotes repartían frutas y dulces entre los asistentes. Con el tiempo, estas celebraciones llegaron hasta las casas y, en la actualidad, son las propias familias quienes las organizan. Aunque el sentido de estas fiestas haya cambiado con el tiempo, las posadas son una excelente oportunidad para agradecer y celebrar con familia y amigos.

Prepara tu posada con estas deliciosas recetas:

 
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Aunque Malini Seetharam llegó a México en abril de 2018, su emprendimiento de cocina del norte y del sur de la India comenzó a provocar sonrisas a los citadinos desde mayo. Pero que no se piense que Malini aterrizó en el país siendo una cocinera novata. El sabor súper construido de sus platillos ya lo anuncia. Su camino profesional comenzó varios años antes, en Nueva Delhi, con el servicio personalizado que esta chef hacía posible en la cocina de su propia casa.Malini afirma que, “cocinar y servir siempre ha sido mi interés y un motivo de alegría”. Eso puede sentirse en los curries, en las phulkas y las dosas que ella misma confecciona diariamente, en los chutneys que varían cada día de sabor. “Mi objetivo ha sido el de explorar la armonía entre la cocina mexicana y la india, especialmente en la rica abundancia de especias que ambas utilizan, ya sea en el curry y en las salsas, así como en el popurrí de dulce-picante, picante-dulce”. Las notas especiadas de su cocina son adictivas para un mexicano. Lo dice su servidora quien, al menos una vez por semana, pide uno de los cuatro menús que Malini ofrece bajo pedido, con un día de anticipación. Eso sí: cada vez que me enfrento a sus menús debo investigar en San Google para obtener una imagen, una descripción, que me prevenga del banquete que recibiré vía UBER. La propuesta gastronómica de Malini no se limita a los platillos comodín de la cocina india. Ya saben, los típicos chicken tikka masala –que en realidad es creación inglesa y no india– o las samosas. Sus combinaciones son un viaje, que, sin conocer su país, te hacen imaginar paisajes, atardeceres, recuerdos a un lugar lejano y excitante. “Quiero llevar a mis comensales a una expedición culinaria a través de las delicias regionales de la India y brindarles una perspectiva completamente nueva sobre la amplia gama de opciones disponibles en mi cocina, mostrando también algunos platos tradicionales como dosas, idlis o vadas”. ¿Autenticidad? ¿Cultura comestible? Claro. Todo eso cabe en los tuppers que te llegan a tu casa antes de la hora de la comida.La cocina india puede ser tan golosa y sana como el cinturón mande. Por eso en su menú, Malini propone algunas opciones ligeras o vegetarianas en las que el dal fry o los garbanzos en curry brillan por el elegante balance entre sus especias. Ni quién se acuerde de la carne. “Me gusta también ofrecer una experiencia de comida casera sana y saludable para mis clientes, pero sin comprometer el sabor”. Vegetariano o con pollo, del norte o del sur de la India: el sabor de la cocina de Malini es un bordado preciso y alegre del producto mexicano y las sazones de su tierra.
Ser pionera en la cocina no es fácil. Corrijo. Ser pionero en cualquier ámbito es una rareza. Chepina Peralta fue de aquellas señaladas para abrir brechas y lo hizo prendada de las recetas: en los años sesenta fue la primera conductora mujer en liderar un programa culinario en América Latina. En los noventa años que Lucía Josefina Sánchez Quintanar vivió, nos hizo soñar con los sabores de aquello que la mirábamos hacer del otro lado del televisor. La semana pasada partió, pero está claro: Chepina Peralta es cultura popular mexicana. Su legado no se va a ningún lado.Chepina fue la conductora de programas inolvidables como La Cocina de Chepina, Chepina en tu cocina y por supuesto, Sal y Pimienta, entre muchos otros. En cada uno, siempre la enmarcaban la barra de una cocina y unos anaqueles de set, mientras parada o sentada, pelaba ingredientes, agregaba especias y salpicaba sin reparos. En ella no había poses ni rituales histriónicos. Al contrario. En sus programas nos hacía creer que la comida rica estaba al alcance de todas las manos y que lo máximo sería probar algo que viniera de las de ella. A mí personalmente me inspiró a los siete años a fantasear con mi propio programa culinario. Muy a pesar de la cocina de mis padres, yo no agregaba espinacas ni acelgas en la licuadora cuando veía Sal y Pimienta. Lo que ella evocaba en mí era crear, divertirme: “Amigos, el día de hoy prepararemos unos deliciosos bombones con papitas… y pimienta… y cátsup… y galletas… en la tostadora. ¡Van a quedar buenísimos!”. Chepina no sólo inspiró a niños y sus madres, sino a generaciones de familias que comenzaron a comer con los ojos. Gracias a ella –la señora del mandil floreado– muchas mujeres decidieron darle descanso al microondas, comer menos guisos de congelador. La cocina y la salud de las generaciones abre-fácil conocimos la esperanza de lo hecho en casa. Pero que a nadie engañe esa dulzura de tía entrañable, de abuela consentidora. Chepina Peralta supo construir su propio emporio alrededor de las recetas. Ella no estudió para cocinera. Según su descripción era una “maestra en el arte de la palabra”, por lo que la conducción de un programa televisivo parecía irle como guante de seda.  Su facilidad de palabra y carisma le valió un espacio fijo en distintas televisoras en las que grabó casi ocho mil programas. De los libros de su autoría se cuentan trece. Hay programas de radio, entrevistas, publicaciones escritas. Todo. Chepina, antes de que la cocina mexicana fuera el orgullo nacional que es ahora, la divulgó, la reincorporó al menú diario con preparaciones fáciles y accesibles para las amas de casa. La cocina de los años setenta y ochenta estuvo marcada por sus cremas de verduras, por sus mixiotes, sus atoles, sus tortitas de papa, sus pasteles salados y sus gelatinas. Sin más, definió la cocina de todos los días en el devenir de los años. En el marco del Festival Morelia en Boca de 2017, Chepina Peralta recibió un reconocimiento por el mérito de sus cuarenta años de carrera. Aún tengo el recuerdo de la chef contando emocionada que había sido a través de la cocina que había conocido México, el mundo y, sobre todo lo demás, a sí misma. Chepina seguirá siendo la inspiración de quienes pensamos que cocinar es alegría, terapia y autoconocimiento, y que un plato a la vez se puede cambiar a otros, a uno mismo.
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