¿Por qué se come capirotada en Cuaresma?
Datos curiosos

¿Por qué se come capirotada en Cuaresma?

Por Kiwilimón - Abril 2019

Amada por muchos, odiada por otros. No importa si eres fan o no de la capirotada, su papel fundamental en la gastronomía de la Cuaresma es innegable. Aunque hoy en día existen muchas versiones de esta receta tradicional, la base de todas es la misma: capas de pan remojado en una especie de almíbar, acompañado de frutos secos o algún otro tipo de ingrediente dulce. Te invitamos a conocer más acerca de la historia de este típico postre para comprender por qué cada año tu mamá prepara capirotada en esta época.

Sus origénes europeos

La capirotada como la conocemos hoy en día es muy diferente a las primeras versiones que se cocinaron. Se cree que el primer antecedente de la capirotada se remonta a la época de los romanos, con una pequeña diferencia: era un platillo salado. Los trozos de pan se bañaban en agua con vinagre, y entre las capas se agregaban pepinos, vísceras de pollo, queso y alcaparras. Tiempo después los españoles integraron a su cocina un platillo similar llamado “almondrote”. Para su preparación era necesario remojar el pan en caldo de algún tipo de carne y entre las capas se colocaban trozos de carne.

La introducción a América

Con la llegada de los españoles a América, la gastronomía del Nuevo Continente se enriqueció gracias a los ingredientes y recetas que introdujeron los europeos. Uno de los platillos que se incorporó a la gastronomía nacional fuera la capirotada en sus dos versiones (francesa, que lleva carne, y la clásica, solamente pan). Algunas personas consideran que la preparación de capirotada sin carne se popularizó debido a la escasez de ciertos alimentos, mientras que otros creen que la versión más reciente responde más a los simbolismos religiosos de los ingredientes. El uso de pan viejo hace alusión a la austeridad propia de la Cuaresma, la miel de piloncillo a la sangre de Cristo, el queso a la manta que cubrió su cuerpo, etc.

La capirotada en la actualidad

Desafortunadamente, la capirotada es un platillo que ha perdido mucha presencia en los últimos años. Mientras que en los años 60 era fácil encontrarla en restaurantes y fondas, hoy es prácticamente imposible disfrutar este postre en Cuaresma. El paso de los años también ha influido en la preparación de la capirotada. En la actualidad existen muchas versiones de acuerdo a la región del país. Grageas, plátanos, cacahuates y pasas son algunos de los ingredientes que pueden estar presentes en este postre.

Cuéntanos, ¿en tu casa cómo preparan la capirotada?

Si aún no sabes cómo prepararla, te compartimos algunas recetas para que la disfrutes en esta Cuaresma:

Capirotada de Tres Leches

Capirotada para Cuaresma

Capirotada Fácil

Capirotada con Amaranto

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Calificaciones (8)
Maria Flores Gnzls
30/12/2020 08:07:22
Felicidades deliciosa
Yayoy Kusama
11/12/2020 18:51:00
Muy buen artículo!!
Imelda Luna
25/08/2020 23:17:31
Un platillo riquísimo pero hay que comer poco ya que es muy dulce
Ricardo Méndez
06/06/2020 17:02:39
Bien facil y nutritivo
Sylvia Burrola Durazo
21/04/2020 21:32:15
Por tradicion
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Partamos de una realidad: no existe una mala hamburguesa. Entre dos panes cualquier ingrediente simple adquiere un poder vehemente, casi sobrenatural. Y aunque las opciones pueden ser infinitas, personalmente prefiero dejar fuera la creatividad cuando se habla de ellas. Sí, las aberraciones también son infinitas. El escritor culinario y amante empedernido de las hamburguesas, –como su servidora– Anthony Bourdain, decía que ya eran perfectas, ¿por qué echarlas a perder?En una entrevista hecha a Bourdain por TechInsider, el también cocinero compartió las ocho reglas de oro para elaborarlas. Lo primero era mantenerlas clásicas, casi académicas: pan, carne, tomate, cebolla, lechuga, pepinillos encurtidos y nada más. Ricardo Campuzano, el chef del restaurante de hamburguesas Margarita, afirma que la hamburguesa perfecta es resultado de la sencillez, pero también de la calidad de los ingredientes.El pan, por supuesto, debe ser el marco que lo engloba todo. Un brioche suave y suficientemente mantequilloso –hay que ser conservadores en las cantidades de nuestra amiga láctea para evitar opacar el sabor de la carne– logra mandar una hamburguesa al infierno de lo común y corriente o al cielo de los elegidos. Joan Bagur, panadero y fundador de Sal y Dulce Artesanos, resume que el pan ideal es un pan estilo brioche de mantequilla con una consistencia que logre sostener el jugo de la carne. Eso sí, que tampoco sea demasiado grueso porque podría esconder el sabor del medallón. “La mantequilla con la que se hace el pan debe ser de calidad para que no nos deje un mal retro gusto”, completa.  Hablemos de la carne. Si partimos de que el origen de la receta podría ser el de las tribus mongolas y turcas del siglo XIV en la que picaban la carne para hacerla si quiera comestible, este ingrediente en versión machacado o molido es irremplazable. Vamos. Si lo quitamos, mejor llamémosle sándwich, bocata, entrepán, torta, emparedado. La decisión de si elaborarla de res, de cerdo o de una combinación salomónica de ambas es decisión de la conciencia, el gusto y el bolsillo. Bourdain afirmaba que incluir sirloin o algún corte demasiado exótico a la mezcla la destruía. En cambio, prefería el brisket o la costilla, algunas de las partes más grasosas. Y es que sí, la parte amarilla, esa que se derrite al calor, es lo que realmente le aporta magia. El chef Campuzano asegura que la combinación perfecta es de 80% carne, 20% grasa, y sólo sazonar con sal. Joan Bagur aconseja que hay que cocinarla a la plancha muy caliente para que se selle, se caramelice y permanezcan los jugos dentro. Recomienda terminarla al grill para que tome ese espectacular gusto asado. El escritor de Kitchen Confidential, Anthony Bourdain, afirmaba que no debía faltar el queso y éste debía derretirse. Panela, requesón, queso fresco, ustedes no juegan. En mi opinión, es a través de la combinación de los quesos, la grasa de la carne y lo mantequilloso del pan que la experiencia llamada “hamburguesa” sucede. Que a nadie se le pasen las salsas. Descansando en el pan va la mayonesa –una ligera crema balanceada en limón y grasa– y la reina de todas, la cátsup (el cátsup o el kétchup, para el resto de América Latina). Ella debe ser jitomatosa y vinagrosa, sutilmente dulce para equilibrar la grasa y aportar acidez. Para Anthony no había discusión en el tocino; siempre era la ocasión. En cambio, le parecía un exceso cuando las hamburguesas llegaba como una torre de Legos a la mesa. El tema es que si es demasiado alta es casi imposible poder reunir todos sus sabores en una mordida. De ahí sólo faltan las papas porque, ¿qué es una hamburguesa sin papas? Citando a Gloria Trevi, definitivamente es una papa sin cátsup. Que sean caseras, cortadas en tiras o en gajos. Que queden crocantes por fuera, pero suaves por dentro. De preferencia, que no nos dejen los dedos con reflejo, que no se apelmacen.Las apariencias engañan. Las hamburguesas pueden parecer un alimento burdo, quizás porque las hemos visto servidas en charolas de plástico, entre plásticos y bolsas de estraza, en cajitas de cartón para disfrutarse en el carro, con o sin juguete. Ello no las hace menos buenas. La hamburguesa es perfecta en sus componentes. Llegar a un balance es un afortunado accidente de la Matrix; es la diferencia de una comida rápida y una comida que apenas se diluye en el recuerdo con el paso del tiempo. Así me pasó hace una semana en el restaurante Nopa, de San Francisco, o cada vez que se me cruza un In and Out en cuyo aderezo naranja se disfraza cualquier imperfección, si la hubiera. Tampoco olvido las de The Spaniard, en Nueva York. En México, hay varias que me guiñen en ojo. Las que me recuerdan a mi adolescencia, como las de las Fuentes de Satélite que llevan piña, o las que solía hacer Joan Bagur en OkDF y que acompañaba con patatas bravas. Recientemente probé la de Margarita, del chef Ricardo Campuzano, en la colonia Narvarte: su combinación de carne + tocino + cheddar me pareció que resaltaba sus buenos ingredientes de forma monchosa. La hamburguesa es más que un sándwich en esteroides. El ritual nos involucra, nos pide permanecer atentos para que la carne no se recorra al fondo, para que los aderezos no terminen en la ropa. Pero quizás la mejor parte de comerla sea que por cuatro, quince o las veinte mordidas que nos sobrevive volvemos a ser niños, niños felices otra vez.
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