5 maneras de reducir el consumo de sodio
Dietas y Nutrición

5 maneras de reducir el consumo de sodio

Por Kiwilimón - Mayo 2013
¿Te has preguntado por qué se aprobó el que todos los restaurantes del Distrito Federal quitaran los saleros de sus mesas? Reducir el consumo de sodio es bueno para la salud. Si reducimos nuestro consumo de sal, estaremos propiciando una disminución en nuestra presión arterial, pero no es el único beneficio, también nos ayuda para el buen estado de salud del corazón, los riñones y los huesos. A veces los platilllos salados no dejan que todos los sabores tengan un papel importante y se opaca su sabor por tanta cantidad de sodio en nuestro platillo. Algunos tips que tenemos para reducir el consumo de sodio en nuestro día a día son: 1. Cocina tú mismo tus platillos Evita comprar comida ya preparada, si tú cocinas, tendrás mayor control sobre la cantidad de sal que le echas a tus platillos. Si tienes que comprar comida congelada o empaquetada, revisa la etiqueta, valora la cantidad de sodio que contiene y decide si lo mejor es comprarla o hacerla tú mismo.   2. Añade verduras al vapor En caso de que no pueda cocinar y tenga que comprar comida ya hecha, puede añadir a su menú unas ricas verduras al vapor, divida la cantidad de comida comprada y si puede agregar espinacas, no solo obtendrá un platillo más saludable y habrá reducido el consumo de sodio, también le dará un valor extra por la fibra, vitaminas y antioxidantes que contiene.   3. Reduzca gradualmente su consumo de sal No estamos diciendo que debes reducir en su totalidad el consumo de sal, porque sabemos la importancia que tiene para incrementar los sabores de los ingredientes en los platillos, pero si es importante que nuestro consumo de sodio esté controlado. Cuanto más sal comemos, más sal consumiremos al acostumbrarnos a su sabor. Gradualmente puede empezar a reducir la cantidad de sal. Puede empezar por quitar el salero al alcance de sus comensales y utilizarla nada más para cocinar.   4. Revise las etiquetas Tal vez sea mucho trabajo al principio, pero si empieza a revisar las etiquetas de los alimentos procesados, empezará a darse cuenta, cuáles son las marcas que se preocupan por mantener un nivel bajo de sodio en sus productos, por lo que más adelante, podrá enfocarse a esos productos que haya etiquetado como "bajos en sodio" y que no sean tan perjudiciales para la salud.   5. Consumir alimentos sin sal No es necesario renunciar a todos los productos que contengan sal, aprenda a balancear sus alimentos y considere cuáles son los más convenientes de reducir su consumo y cuáles no. Por ejemplo, las sopas o guisos, es recomendable buscarlos con bajos niveles de sodio, las verduras congeladas pueden ser más simple sin sal o puede optar por legumbres como los frijoles y garbanzos que no contienen sal.   Es vital estar conciente de la importancia que tiene reducir el consumo de sodio, verá que obtendrá beneficios para toda la familia y su futuro. Hemos preparado algunas recetas de cocina, platillos saludables, en los que podrá practicar la reducción del consumo de sal.   Recetas de cocina (es importante hacer click en el título de la receta para ver más detalles de preparación)   Sushi de tortilla de maíz y nopal. Una deliciosa e innovadora receta de sushi de tortilla de maíz, nopal, frijol y queso oaxaca, bañados en salsa verde. Les encantará a todos! Verduras gratinadas. Rica colección de verduras gratinadas, listas para una saludable entrada. Arroz al vapor. Con esta receta aprenderás a preparar un rico arroz al vapor que puedes utilizar para acompañar platillos muy condimentados, será una guarnición exquisita! Verduras al vapor. Deliciosa combinación de verduras para cocinar al vapor, pudes acompañar tus mejores platillos con esta receta. Pastel clásico de vainilla. Esta receta de pastel de vainilla es infalible ya que funciona cada vez y puedes hacer diferentes variaciones. Piña asada con helado. Deliciosa piña asada tanto a la parrilla como al horno. Helado de mango natural. Fácil y sencilla receta de helado de mango natural casero. Ensalada de atún. Una para botana sencilla para el mundial. Arroz con pescado picante. Si quieres servir un solo platillo en tus comidas, prueba haciendo este rico arroz con pescado picante, que además incluye una receta de ensalada con la que podrás acompañarlo.

Si quieres conocer todas nuestras recetas de cocina, haz click aquí

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En esta ocasión, la carta editorial madruga 24 horas porque la Navidad no se hace esperar. En las bocinas suenan los villancicos. La casa ya huele a las preparaciones del horno. Todo es felicidad, pero ¿ya sabes qué servirás de beber? Casi siempre pensamos en los brebajes hasta el último momento. No importa lo que te guste –o lo que tengas a la mano–, queremos que disfrutes tu cena al máximo con algunos consejos de maridajes prácticos.¿Maridaje sólo con vino?No hay comida sin bebida y viceversa. Pero la bebida tampoco es sinónimo de alcohol. El maridaje puede hacerse con el líquido que más te guste. El sommelier Marcos Flores, presidente de la Alianza Panamericana de Sommeliers, dice que, en caso de abstinencia, el mejor aliado de la cena navideña son los tés, los ponches y las aguas frescas. Él recomienda acompañar los romeritos con un té pu-erh o té rojo; el típico bacalao a la Vizcaína con un té oolong; la pierna enchilada con agua de jamaica y jengibre y los ponches, con el pavo ahumado.Si prefieres las cervezas, la regla básica es maridar las claras o ámbar con platillos de menor estructura –ensaladas, purés, bacalao– y elegir cervezas oscuras y densas para platillos con mayor fuerza o que hayan pasado por el horno como los romeritos con mole, el lomo o la pierna. En ambas partes se resaltarán las notas de caramelización.A mí en lo particular me gusta combinar los vinos mexicanos de uva malbec con el lomo de cerdo. Me gusta mucho el Guanamé Malbec 2017 para un trozo de carne cubierto por gravy. Para una pasta cremosa elige un blanco con barrica como un Wente Chardonnay Riva Ranch, y para unos romeritos, un espumoso rosado que le haga frente al picor –como el cava español Roger Goulart Coral Rosé–. El rey de la mesa navideña, el pavo, sírvelo junto a una copa de tinto ligero de la uva pinot noir o merlot como el Cousiño Macul Antiguas Reservas Merlot cuyos aromas ligeros a especias y frutos rojos lo armonizarán como Mozart.Las copasSi vas a servir cerveza, lo mejor es verterla en un tarro ¬–incluso en ese Mason Jar con asa que guardas en la alacena– para no calentarla y conservarla fría por más tiempo. Las copas especiales para cerveza suelen tener un vidrio más denso y un fuste o tallo más grueso para que las manos no les transmitan calor. En el caso del vino, el tamaño de la copa influye en la cantidad de aire que entra y oxigena al vino y con ello, la potencia de los aromas y sabores cambiará. Entre más estructurado y complejo sea un vino, más amplia deberá ser la copa (como la copa borgoñona).En caso de que tengas dos tipos de copas, sirve el vino blanco en la más pequeña y el tinto, en la más grande o en la que tiene la boca más abierta. Lo ideal es servir la champaña o los vinos espumosos en una copa flauta para favorecer el desarrollo de las burbujas, pero si no tienes, en una copa de vino blanco irá perfecto. La temperatura¿Te imaginas un caldo de camarón tibio como el purgatorio? ¿Un pay de manzana gélido como el invierno? No hay de otra: debemos tomar en cuenta la temperatura en bebidas y alimentos. En las cervezas y los vinos exhiben o esconden los aromas y sabores. Por ejemplo, la forma ideal de tomar una cerveza con 4 a 6 grados de alcohol son los 3° C de temperatura. Esas que van a partir de los 7 grados, sírvelas entre 12 y 14° C. En cuanto a los vinos, a mí por lo general, me gusta que estén un poco fríos. La regla es que los espumosos vayan a 8º C para gozar su carbonatación (sus burbujas). Te recomiendo servir los blancos entre 7 y 11º C, pero si tienen barrica sírvelos a unos 10 o 12º C. Los vinos tintos ligeros y sin mucho envejecimiento, van bien con una temperatura de 13 a 14º C. Los vinos más corpulentos como una mezcla bordelesa, un riojano o uno de guarda déjalos de 17 a 18º C. ¿Tienes por ahí un vino de postre o un encabezado como el oporto? Sírvelo a 14º C para mantener ese dulce equilibrio y estructura.  Y claro, recuerda que el control lo pones tú. Vive una feliz Navidad cuidando tu cuerpo y sin excesos. ¡Esa es la mejor forma de celebrar!
El martes México perdió algo: un fogón irreemplazable se nos apagó para siempre. Yuri de Gortari, uno de los grandes investigadores y divulgadores de la gastronomía mexicana, dejó el plano terrenal. Algunos tuvieron la fortuna de llamarlo maestro. Yo no la tuve. Cada año pensaba que ahora sí tomaría el Diplomado de Cultura y Gastronomía Mexicanas y no sucedió. De él me queda al menos el recuerdo de su voz pausada y sus comentarios agudos cuando pude entrevistarlo. Yuri de Gortari fue un letradísimo personaje de la cultura mexicana que desenvainó la espada por la cocina que a muchos avergonzaba antes de la declaratoria de la UNESCO y del boom mediático: antes de los World’s 50 Best Restaurants, de los Enrique Olvera, de los Jorge Vallejo. A él le tocó confrontar a personajes que llamaron ‘poca cosa’ a la cocina mexicana y a quienes se referían a un taco como un gesto culinario vulgar. A Yuri le apasionaron las minucias del paso a paso, los ingredientes endémicos, las personalidades que resguardaban el saber culinario, las recetas que se transmiten como ADN sagrado. Bajo el grito de guerra #hagamospaís, él y su pareja Edmundo Escamilla, reclutaron en sus filas a alumnos, amas de casa y cocineros que como ellos tuvieron la convicción de salvar la cocina mexicana del desuso, del ‘mexican curious’. En la institución que fundaron, la Escuela de Gastronomía Mexicana (ESGAMEX), enseñaron sobre aquello a lo que había que ponerle una lupa grande en la cocina nacional: desmenuzaron sus técnicas, sus regiones y preparaciones, sus periodos históricos. Claudio Poblete, periodista, director y fundador de Culinaria Mexicana, apunta que “Yuri y Edmundo, al fundar ESGAMEX, pusieron la primera piedra en los planes de estudios formales de la cocina mexicana”. ¿Qué más trascendente que eso? Claudio comenta además que la mejor forma preservar su legado sería que, “se instituya la cátedra Yuri de Gortari en todas las universidades gastronómicas de México y que haya por lo menos un año de clases de cocina mexicana con su método de enseñanza”. Hay quienes el martes perdieron una fuente de sabores entrañables. Su amigo Alejandro Cabral afirma que de la mano de Yuri no sólo probó la mejor cochinita de su vida, sino que tuvo un instante de revelación: “Hizo las tortillas y luego les puso un poco de manteca. Las tortillas estaban apiladas para mantener su calor y así la manteca iba derritiéndose. Las comí con frijoles refritos –unos que hacía en manteca hasta que se iban secando–. El sabor de los frijoles combinados con el maíz y la manteca me hicieron llorar”. La gente que conoció a Yuri afirma que nadie defendía la cocina mexicana de las muletillas y las modas pasajeras como él. Hablan de su coherencia en la forma de mirar, decir y hacer cocina, siempre en función de preservar las tradiciones. Sus ideas firmes le significaron partidarios y detractores. “Yuri y Edmundo eran fieles a sus principios y no comprometían su visión de la cocina nacional ante ninguna visión comercial”, comenta Claudio Poblete.Desde el martes, los que tomaron clases con él y los que no recordaremos a Yuri por sus programas interesantísimos en el Canal Once, por su saber en libros como El maíz de boca en boca, Recuerdos de chocolate y Guisos y golosos del barroco, por ser el gran estudioso de la gastronomía mexicana y por dignificar lo nuestro. Lo recordaremos porque cuando éramos libres y salíamos de viaje había alguien que ya sabía que México no sólo vivía de nachos y chimichangas. Divulgadores como él nos hacen llevar con orgullo la camiseta, el mandil y el huipil.Fotos: Bertha Herrera
Esta temporada está cayendo como cubetada de agua fría, sobre todo con el retorno al semáforo rojo. Las interrogantes son demasiadas: ¿Tendremos Navidad? ¿Cuántos seremos? ¿Cocinamos o pedimos? ¿Cuánto gastaremos? Y mientras dudamos de todo y de todos, hay algo que no podemos perder. Puede que seamos dos en la mesa, pero ¿por qué privarnos también de nuestro pavo con gravy, de nuestros tamales, de aquello que ansiamos probar? Aun con todo, es Navidad. La celebración es la fecha misma como también la comida que se sirve a la mesa y el amor que nos damos. Habremos de convivir con el núcleo más cercano por las próximas semanas sin siquiera sacar la mano por la ventana. La celebración –ésta y la de vivir– no tiene que ver con lo que pasa afuera como con el acto de agradecer y bendecir. Las Navidades son extrañas, no lo niego. Casi siempre tienen algo agridulce –excepto cuando eres niño y todo es jugar con los primos y descubrir qué regalo se esconde bajo la envoltura–. Por ellos, por nosotros: merecemos una Navidad como ninguna otra. Esta vez seremos los elementales y bastará.La comida nos salvará más que nunca. Para ello habremos de cocinar con alegría y ponerle intención a la comida; llenarla de eso que nos deseamos a nosotros y a la familia. Nos reuniremos alrededor de un pavo horneado con amor, de esa pasta por la que esperamos un año entero y que nos sabe a paz. Nos tomaremos un momento para agradecer lo que sí tenemos: la abuelita que aún sonríe en un extremo de la mesa, la ensalada de manzana que este año quedó más rica, la hermosa llegada de Ana a la familia, el olor a pay de manzana que llena la casa.Dicen que la comida no hace milagros –o sí, aunque nadie lo ha documentado– pero es el vínculo más inmediato con la vida. Cenar rico puede hacernos olvidar el miedo. Además, como en las películas, puede ser el inicio de nuestro propio cuento navideño al que probablemente le falten los villancicos, la nieve o la gente, pero le sobre emoción.Y si todavía no están convencidos de que la comida salva les quiero compartir mi propia historia de Navidad, una en la que un plato de bacalao me devolvió la esperanza. Y sí, ya les conté el final.**************El aroma del bacalao siempre me lleva a ese veintidós de diciembre en el que mi mamá y mi tía cocinaban varios platillos a la vez. Mi abuelita llevaba dos semanas grave. Ellas, tan expertas en la cocina, flaqueaban casi imperceptiblemente: a veces se les caían cosas al piso, se les olvidaba poner ingredientes, los intercambiaban. La tristeza no le impediría a la familia Molina celebrar la Noche Vieja.En esa cocina las ollas sobre el fuego eran la única señal de vida. La de barro llevaba horas borboteando. Como cada año, era tan grande que le cabía bacalao para alimentar a más de quince durante la cena y el recalentado y rellenar un bote de yogurt para que cada familia se llevara. De la cazuela emanaba el olor a los ajos fritos en el aceite, el sofrito de jitomate con las cebollas y las aceitunas, al pescado previamente desalado. En otras palabras, olía a Navidad. Mi abuelita mientras tanto estaba en su cuarto. No lo sabíamos, pero le restaban unas pocas horas de vida. Recuerdo que entre la pelada de papas y manzanas me escabullí de mis labores de cortadora oficial para ir a verla. Apenas entré, la vi enderezada. Algo la tenía en alerta y mi corazón lo sintió. Mi abuelita inspiró profundamente y con voz grave desde su cama me dijo: –“Dile a tu mamá que a ese bacalao le hace falta sal”. Confieso que me quise reír. Nunca vi venir esa afirmación y menos en el contexto. Para mí, no hay un momento de más lucidez.Corrí hasta la cocina, llegué al bacalao. Tomé una cucharada y ¡rayos!, efectivamente le hacía falta sabor. Tomé un par de puñitos de sal y los fui integrando hasta sentir que estaba en su punto. Noté que el olor cambió. Ella lo sabía: conocía a la perfección a qué debe oler un bacalao hecho para sacar suspiros.Esa tarde mi abuela se devoró una torta de bacalao. Fue lo último que pidió. El veinticuatro pasamos la Navidad como pudimos, ya sin ella. A penas en el recalentado me entraron ganas de volver a probar el guiso. A la primera mordida conecté con la esperanza, con el legado de mi abuelita, con eso que resultó ser mi última experiencia con ella. En ese momento tuve una revelación: quería que la cocina y la comida se convirtieran en mi vínculo con la vida y con mis ancestras. A los pocos meses dejé mi trabajo y diez años después, me dedico plenamente a la comida. La comida del corazón salva, cura, da esperanza. Y eso es justo lo que deseo para ustedes: que haga su magia en sus mesas, en su noche, en sus días. ¡Feliz Navidad!
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