8 beneficios del crossfit
Dietas y Nutrición

8 beneficios del crossfit

Por Kiwilimón - Junio 2015
Si hay un ejercicio que está de moda, ese es el Crossfit. Aunque cada vez tiene más fama en México hay quienes aún piensan que no es bueno para mujeres, pues existe el mito de que te hace demasiado muscular. La realidad es otra, el Crossfit ayuda a obtener mejor cardio, perder peso, darle una mejor silueta a tu figura y tener mucho más fuerza. Para que sepas bien todo lo positivo que tiene esta nueva disciplina, te dejamos los 8 beneficios del crossfit. También te dejamos algunas recetas sanas y deliciosas para complementar tu esfuerzo.

 

1. Destruye calorías

Uno de los puntos clave del crossfit es que hace que quemes muchísimas calorías en poco tiempo. El calentamiento y enfriamiento duran alrededor de 10 minutos cada uno, lo que hace que el ejercicio en si sólo dure 20 minutos, pero es suficiente para quemar en ocasiones hasta 800 calorías. Otra buena noticia es que después de hacer Crossfit tu cuerpo sigue quemando grasa aún cuando estás en reposo.

Ensalada de espinaca con pollo: http://www.kiwilimon.com/receta/ensaladas/ensaladas-con-frutas/ensalada-de-espinaca-con-pollo  

2. Es excelente para la condición física

No se trata de correr ni hacer una hora de bicicleta, pero aún así el Crossfit es excelente ejercicio para hacer cardio. Tu ritmo cardíaco permanece elevado durante todo el ejercicio y es por eso que desarrollas un aguante mucho más duradero. Esto es bueno pues no tienes que hacer otro tipo de ejercicio cardiovascular como correr siempre y cuando hagas Crossfit tres o cuatro veces por semana. Salpicón con arroz: http://www.kiwilimon.com/receta/platos-fuertes/carne/salpicon-con-arroz    

3. Aumenta la movilidad de tus articulaciones

Los ejercicios usados en los WOD o “work of the day”, incluyen todo el cuerpo y te obligan a moverte en todas las direcciones. Esto hace que tus articulaciones y coyunturas se estiren y contraigan para obtener más fuerza y elasticidad. Refresco hecho en casa de pepino y menta: http://www.kiwilimon.com/receta/bebidas/sin-alcohol/licuados/refresco-natural-de-pepino-y-menta-hecho-en-casa  

4. Tendrás un mejor entendimiento de tu cuerpo

Durante cada ejercicio se te explicará cómo es que tu cuerpo puede lograr tareas que antes no pensabas posibles. Por ejemplo, se te explica que las piernas tienen cinco veces la fuerza que los brazos y que al levantar algo, ya sea durante Crossfit o en tu vida diaria, siempre es mejor hacerlo con los músculos de las piernas. Pescado en salsa de naranja:  http://www.kiwilimon.com/receta/platos-fuertes/pescado/pescado-en-salsa-de-naranja    

5. Harás comunidad

Al ser un ejercicio muy demandante y de grupo, hay una sensación de comunidad dentro de cada Crossfit. Esto ayuda mucho pues sabemos que para mantenerse motivado uno necesita de apoyo y conocer personas que estén pasando por lo mismo que uno. Ensalada de Quinoa con Verduras: http://www.kiwilimon.com/receta/ensaladas/ensalada-de-quinoa-con-verduras  

6. Te harás mucho más fuerte

Es verdad, siguiendo la rutina indicada por tres meses los resultados son innegables. De cargar sólo una barra de metal podrás pasar a sostener hasta 40 kilos sobre tus hombros. Esto proviene de un entendimiento de cómo funciona tu cuerpo y de la fuerza que obtendrán tus músculos a través del ejercicio. Camarones vietnamitas: http://www.kiwilimon.com/receta/pescados-y-mariscos/camarones/camarones-vietnamitas  

7. Se combina con una dieta balanceada

Cualquier establecimiento de Crossfit que se respete también te ofrecerá mezclar el ejercicio con una mejor alimentación. La buena noticia es que no son fanáticos de comer muy poco o demasiado light, sino de comer a los tiempos adecuados y la cantidad de proteína y vitamina que te permita ver un mejor resultado en tu trabajo. Galletas de almendra y amaranto: http://www.kiwilimon.com/receta/saludables/galletas-de-almendra-y-amaranto  

8. Tonificarás tu figura

Que haciendo Crossfit te harás demasiado muscular es un mito. Por supuesto que puedes lograrlo si ese es tu objetivo, pero la mayoría que sigue el programa obtiene un cuerpo delgado, tonificado y fuerte. Recuerda que el Crossfit quema grasa mientras tonifica los músculos, no los hace más grandes o voluptuosos. Postre de tapioca: light: http://www.kiwilimon.com/receta/postres/postres-sin-horno/postre-de-tapioca-light
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¿A qué sabe la comida tailandesa? ¿Cuáles son los ingredientes que más usan en este país que siempre se pinta como el destino más exótico que podrías conocer? En realidad, entre su gastronomía hay varios elementos reconocibles, como el arroz, los camarones o los fideos, pero también te sorprenderá la forma en la que mezclan lo salado, lo ácido, lo picante y lo dulce en sus comidas.Con platillos muy popularizados, como el pad thai, y el uso de jengibre azul, esta es una probadita de los ingredientes y platillos populares de la comida tailandesa.ArrozUsado en sopas o servido como plato secundario, el arroz nunca falta en la oferta de la comida de Tailandia. Puede ser que simplemente venga cocido, pero también se come frito o en sopas.GalangalConocido también como jengibre azul, el galangal o galangala es una especia muy utilizada en la comida tailandesa, que tiene un sabor y aroma similar al del jengibre. Añadido al arroz o en sopas, aporta un sabor picante y aromático.Curry verdePrincipalmente usado en la cocina tailandesa, el curry verde es una variedad de curry hecho a base de leche de coco, berenjena, azúcar, jengibre azul o galangal, salsa de pescado y albahaca tailandesa, entre otros. El curry verde con pollo es una de las formas más comunes de comerlo.Pad thaiEl pad thai es la comida tailandesa más famosa, su nombre significa “fideos salteados al estilo tailandés” y lleva una combinación de ingredientes como huevo, tofu, cacahuate y germen de soya. En su sabor se encuentra la salsa de pescado y los camarones secos, la acidez de la pasta de tamarindo fresco y jugo de limón, lo dulce del azúcar de palma y es ligeramente picante, pues la comida tailandesa también usa chiles.Tom Yum Esta es una sopa hecha con hierba de limón, raíz de galanga, hoja de lima kaffir, chiles ojo de pájaro y otros ingredientes, pues hay muchas variaciones de esta sopa, que puede llevar camarones (Tom Yum Goong), pollo (Tom Yum Gai), pescado (Tom Yum Pla) o mariscos mixtos (Tom Yum Taleh) y champiñones.Tom Kha GaiOtra sopa popular entre los tailandeses, esta se prepara con la especia galanga (kha) y leche de coco, como sus sabores principales y base.Som TamEste platillo es una ensalada de papaya picante, que se come en el noreste de Tailandia. Lleva una combinación de sabores: el picante del chile rojo, un toque salado de la salsa de pescado, la acidez del limón o el tamarindo, y la dulzura del azúcar de palma. Se puede mezclar con cangrejo, cacahuate, camarones secos y fideos de arroz, y el ingrediente principal pueden ser mangos, pepinos u otras verduras en lugar de papaya verde.
La jericalla es un postre tapatío típico. Su origen se remonta al siglo XVIII, cuando las monjas del Hospicio Cabañas idearon un postre nutritivo y de sabor llamativo para los niños huérfanos que cuidaban. Elaboraron la receta con leche, canela, azúcar, huevo y vainilla, con un sabor similar al de la natilla española pero de consistencia ligera. Actualmente la jericalla es uno de los postres típicos favoritos de los hogares jaliscienses. Sin embargo, muchos podemos llegar a confundir la jericalla con el flan o el crème brûlée, pues comparten los mismos ingredientes y tienen muchas similitudes en su modo de preparación. Por eso te presentamos las diferencias entre estos postres para que puedas identificar la auténtica jericalla jalisciense. Flan y crème brûlée  El flan es un postre muy popular en México y el mundo. Con una rica tradición histórica, el flan llegó a México tras la conquista con una receta que mezclaba leche, huevo, azúcar, vainilla y un baño de caramelo líquido, mientras que el crème brûlée es un clásico de la repostería francesa que consiste en una crema dulce suave, cuya superficie tiene una fina capa de caramelo crujiente. La jericalla Si bien los tres postres se elaboran con una base de huevo, vainilla, azúcar y leche, se diferencian por su preparación y algunos detalles en el uso de ingredientes. Por ejemplo, el flan usa las yemas y las claras de los huevos; mientras que la jericalla sólo utiliza las yemas de huevo; o bien, el crème brûlée tiene una consistencia de la crema parecida a la de la jericalla, pero su técnica es un poco más elaborada para conseguir la capa crujiente del azúcar quemada, que aporta un contraste de textura.Para preparar la jericalla se hierve la leche con la canela y la vainilla. Por otro lado, se baten las yemas con el azúcar y al final se combina con la leche infusionada, para luego colar y hornear a baño María. Al final, en la superficie casi siempre queda una costra dorada y un poco quemada. La textura se parece al flan, pero es mucho más ligera y untuosa. La jericalla se presenta en el mismo recipiente en el que se hornea, para respetar y mostrar su costra, que tiene una consistencia más sólida y añade profundidad al sabor con ese toque de leche quemada.¡Ya sabes qué postre tienes que probar en tu siguiente parada por la Perla Tapatía! Fotografías: Antonio Flores 
Entrar a la tienda. Enfrentarse a un tótem de anaqueles. Las botellas apiladas, una sobre otra, producen vértigo. Las hay rosas, blancas, negras, verdes… ¿en serio, verdes? Las hay paradas, las hay acostadas. Las etiquetas que las nombran son aburridas, la mayoría. No importa. Con castillos o con diseños hípster: ninguna parece develar el sabor que resguardan. “¿Por qué, nadie me viene a ayudar?”, te preguntas. “No, mejor que nadie venga”, te respondes.Sí, todos hemos estado ahí, en ese momento incómodo en el que debemos escoger un vino que nos va a costar y que, o puede ser un chasco o la proeza más grande de la cena. La moneda gira en el aire. Tenemos miedo o nos sentimos avergonzados como si saber de vinos fuera nuestra obligación.No diré que escoger una botella, aun para alguien letrado en el tema, sea algo sencillo. A veces simplemente uno no puede escaparse de San Google antes de tomar a un vino por los cuernos. Pero no todo está perdido. Hay algunos indicadores que te pueden guiar razonablemente en esa rara decisión de compra. 1. El precio. Cierto, no siempre es un indicador de calidad. Apuntaría, sin embargo, que aquí hay una cuestión numérica. Considera los impuestos, los gastos del viaje, los kilómetros: si viene de lejos y cuesta barato, no me fiaría. En vinos mexicanos la cosa cambia porque mayormente las bodegas que ofrecen vinos baratos son empresas de buen volumen que se toman la hechura con respeto. Por aquí puede haber buenas opciones: Monte Xanic, Santo Tomás, L.A. Cetto.2. La región. Aprender las minucias de las regiones vitivinícolas te tomaría varios años de estudio, sin embargo, existen denominaciones de origen que son bastante estrictas en sus regulaciones de calidad. Tal es el caso de Ribera del Duero, el Friuli, Montepulciano d’Abruzzo, Rueda, Albariño, los vinhos verdes de Portugal, Sonoma, por mencionar algunas. A mí personalmente me encanta lo que se hace en Parras, Coahuila. Pocas veces he fallado. 3. La uva. Un sabio dijo: “hay de todo en la viña del Señor”. En las viñas del mundo sucede lo mismo. La opción de bajo riesgo es que, cuando pruebes un vino que te guste, anotes el nombre de la uva (y de la etiqueta, claro). Así en la tienda tendrás un punto de partida. Si te inclinas por explorar opciones de tu cepa favorita, recuerda que cada varietal se desarrolla mejor en una región que en otra. ¿Ejemplos? La pinot noir en Burdeos o Sonoma. La tempranillo, en Ribera del Duero; la syrah, en Australia (mejor si es del valle de Barossa); la malbec, de Mendoza en Argentina; la riesling, en Austria y Alemania; la pinot gris, en el Friuli; la nebbiolo, en el Valle de Guadalupe, y la semillón, en Aguascalientes. Todo con sus excepciones y reservas.4. Los premios.Odio decir que los premios importan porque, cuántas veces nos hemos decepcionado en los Óscar. En los vinos sucede igual, sin embargo, puede ser un punto de partida interesante. Allá fuera existe una serie de listas hechas por conocedores que catan a ciegas. Diría que a las que hay que prestar atención son el Concours Mondial de Bruxelles, Decanter World Wine Awards, la Guía Peñín, las puntuaciones Parker y Wine Spectator. En el caso de México, a mí me gusta la selección que hace Rodolfo Gerschman en su guía Catadores del vino mexicano. Que cómo te vas a enterar que un vino tiene premios, generalmente las botellas cuentan con un distintivo o calcomanía de la medalla que ganaron. 5. Sigue nuestras recomendaciones mensuales. En Kiwilimón te damos a conocer sobre nuestras cepas favoritas, sobre los vinos que ya hemos probado y que nos encantan. Un rosado sutil y de buena acidez es el Izadi Larrosa de la Rioja; si te quieres inclinar por algo nuevo de Parras, Coahuila, vete por el cabernet-shiraz de Hacienda Florida con sus notas a frutos negros. El malbec mendocino y especiado de Trumpeter nunca falla y, si lo que buscas es un Ribera del Duero de perfil fresco, Flores de Callejo y sus notas a confitería te gustarán.6. Experimenta.Nada como el hermoso aprendizaje Montessori vinícola de probar y fallar, de probar y acertar. ¿La viste y te vibró? Inténtalo. De un mal sorbo nadie pasará y al final, si la comida fue buena, tu experiencia también lo será. 
Lo femenino es un adjetivo que describe una realidad biológica, sociológica y gramatical. Eso sí, el sustantivo al que se lo colgamos tiene que ver con una concepción ideológica. En la cocina, lo femenino se ha generalizado a dos actividades: a la informal, que termina derrumbando el zaguán de una casa por necesidad, para trasladarse a un puesto callejero; y la dulce, la de los pasteles y las galletas con royal icing, la de la estación de postres en los restaurantes con duela encerada. Pero ya hay más. Las mujeres hemos llenado la canasta de lo femenino con frutos inesperados.En el rewind de la vida, la tierra y el fuego fueron los elementos iniciáticos de lo femenino. En nosotras estaba la responsabilidad de resguardar el hogar, de encender y mantener la hoguera –del latín focus, fuego– en las cuevas originarias. En cada una, el brasero era monumento a la vida, pues alejaba animales salvajes y resguardaba el calor familiar.La civilización evolucionó, no así el destino de las de nuestro género. El fuego de la brasa se mantuvo prendido en el hogar sin el derecho a volverlo oficio. Eso sí, en la historia no faltaron las hechiceras que prepararon encantamientos culinarios, cocineras de corte, mujeres que alimentaban soldados, amas de cría y reinas que colonizaron con recetas los terruños de su lazo matrimonial. Por supuesto, estaban las monjas, las guardianas del saber teológico y culinario. Bajo el son del ora et labora se especializaron en la creación culinaria, la repostería, la confección del chocolate. A nadie extrañó que los libros de cocina y las gacetas culinarias del renacimiento y barroco ni por equivocación tuvieran el nombre de una mujer. En el siglo XVIII, momento histórico en el que la palabra gastrónomo se puso de moda, la versión gramatical en femenino brilló por su ausencia. En la nouvelle cuisine del siglo XX, en la cocina moderna de August Escoffier, a la mujer se le confinó a la mesa. Nada nuevo. Capítulos que retrataron, como en otros ámbitos, el machismo como devenir histórico. Se nos vio débiles para cargar ollas, mal agüero si estábamos en nuestro periodo. Y luego llegaron mujeres que no pidieron perdón por ser talentosas: las Eugénie Brazier –la primera mujer en obtener tres estrellas en la Guía Roja–, las Julia Child –cocinera que popularizó la cocina francesa en Estados Unidos por sus libros y programas de televisión–, las Alice Waters –la madre de la cocina californiana en su Chez Panisse de los setenta–.Gracias a las de delante y detrás, la cocina actual es un campo de batalla donde lo femenino se resignifica cada jornada. Como Gabriela Cámara, que se hizo restaurantera con menos de treinta años y ha sabido romperla en México y Estados Unidos. Como Celia Florián, cocinera de las Quince Letras, que preserva saberes regionales en su restaurante y es voz de otras cocineras tradicionales en Oaxaca. Como Martha Ortiz Chapa o Elena Reygadas, que supieron amalgamar el talento artístico con el fine dining. Como Norma Listman de Masala y Maíz que conceptualiza lo mismo una barbacoa especiada que un texto incendiario. Como Pía Quintana, Titita o Margarita Carrillo que picaron piedra, documentaron y replicaron para dignificar lo que hoy se come sobre manteles largos.  Lo femenino aterrizó entonces en los magueyes pulqueros de Hidalgo, en los de mezcal con Lala Noriega; se expandió en los campos de agave azul con la tequilera Melly Barajas Cárdenas; se sirvió en una copa martinera en la mano de Fátima León o Mafer Tejada. Es el sabor detrás de grandes cervezas con Diana Arcos, química de Wendlant. Ha sido nariz en el vino junto a Georgina Estrada, a Claudia Juárez y a Michelle Carlín y es el espíritu de los viñedos que cuida la enóloga Lourdes Martínez en Bruma. Taqueras, torteras, pescadoras, tamaleras, carniceras, dueñas de fonditas, embajadoras de bebidas, emprendedoras de proyectos comunitarios, creadoras de conceptos restauranteros, productoras gourmet, agrónomas, meseras, garroteras, conservacionistas de cultura comestible, fotógrafas culinarias, cocineras medicina, escritoras de experiencias sápidas que nos la han puesto difícil al definir lo femenino en la cocina y que han hecho que no quede vocación allá fuera sin el latido de una mujer.
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