Así puedes mejorar tus hábitos alimenticios
Dietas y Nutrición

Así puedes mejorar tus hábitos alimenticios

Por Kiwilimón - Enero 2019

Mejorar tus hábitos alimenticios es una tarea mucho más sencilla de lo que algunas personas piensan. Sigue estos seis pasos y verás lo fácil que es cambiar poco a poco tu manera de comer.

Lleva un diario de tus comidas. Comienza por anotar todo lo que comes: desde el desayuno, los entremeses y las bebidas hasta la cena. Pero no solo eso. También escribe la emoción o la sensación que tenías al comer algo. Por ejemplo: por la mañana podrías decir que tenías mucha prisa mientras tomabas tu taza de café, o que sentías algo de ansiedad al comer una bolsa de frituras antes de la hora de la comida.

Identifica los principales problemas en tu alimentación. Cuando ya hayas registrado tu actividad alimenticia por varios días puedes comenzar a estudiar tu comportamiento. Esta es una manera muy sencilla de reconocer patrones negativos en tu alimentación. Tal vez no eres consciente de que tu trabajo te está estresando y que por eso estás comiendo en exceso, o que hay una situación particular en tu vida personal que te está generando ansiedad y te hace comer más de la cuenta.

Establece metas que sean realistas. Para poder cambiar algo en tu vida tienes que sentir motivación. Y esta se adquiere cuando los objetivos son retadores, pero alcanzables. En otras palabras: no intentes hacer cambios tan pequeños que puedan considerarse  insignificantes, ni trates de revolucionar toda tu manera de vivir al cabo de unos días. Busca puntos intermedios para que puedas mejorar efectivamente tus hábitos alimenticios.

Sigue al pie de la letra tu plan. Al tratar de hacer ajustes en tu estilo de vida, sobre todo en tu alimentación, es necesario que no pienses en excepciones, principalmente al inicio del proceso. Esto significa que, si has decidido desayunar todos los días, esta regla aplica de lunes a domingo, incluyendo el día de la semana más ocupado que tengas. Además de la disciplina, necesitarás mucho orden para poder cambiar tus hábitos.

No te mates de hambre, ni de sed. Muchas personas creen que lo mejor que pueden hacer para bajar de peso es someterse a largos periodos de ayuno, pero ¿qué crees? Esto puede ser contraproducente. Otra cosa que también puede afectar tu proceso de cambio de
hábitos alimenticios es la falta de líquidos. Como recomendación, procura comer cada cuatro horas y toma por lo menos dos litros de agua natural al día.

Aprende a comer de todo. Para llevar una alimentación balanceada es necesario que comas de todo. Esto incluye verduras, frutas, carne, lácteos, pescados, etc. A menos que por cuestiones de salud u otras razones no puedas comer algunas cosas, te  recomendamos ampliar el abanico de ingredientes en tu cocina.

No tienes que hacer grandes sacrificios para cambiar tus hábitos alimenticios. Solo necesitas mucha disciplina y orden. Organiza
tu menú semanal con estas recetas:

Caldo Tlalpeño 

Chilaquiles en salsa verde 

Tinga de Pollo 

Ensalada de manzana verde y lechuga 


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Aunque su nombre refiere que los productos horneados son su forma principal de usarse, el polvo para hornear es útil en muchos otros sentidos cuando cocinas.Claro que cuando haces un panqué o un pastel lo usas para que te quede esponjoso y con la textura perfecta, pero quizá te estás perdiendo de su toque mágico en platillos que no necesariamente van al horno, como unos chiles rellenos de queso capeado, por ejemplo.El polvo para hornear es un agente leudante químico seco, es decir, es una mezcla de bicarbonato y un ácido débil que se utiliza para aumentar el volumen y aligerar la textura de tus recetas, por lo que también es perfecto para empanizar o capear.Quizá no te imaginabas que puedes obtener el rebozado perfecto para un pescado o el capeado ligero y consistente que siempre habías deseado si usas un poco de polvo para hornear, así que sigue leyendo para descubrir estos usos y sacarle todo el provecho a este ingrediente más allá de hornear.Para lograr el rebozado perfectoEl rebozado es una fritura que se aplica a carnes, pescado o verduras con la que podemos conservar el interior jugoso del alimento, pero con una textura crujiente en el exterior.Por ejemplo, para hacer unos ricos tacos de pescado rebozado perfectos, prueba hacer tu mezcla con harina, un poco de ajo en polvo y sal para darle sabor, y añade una cucharada de REXAL polvo para hornear. Luego de que agregues el líquido que prefieras, ya sea cerveza, refresco o agua mineral, notarás que tu mezcla luce espesa pero ligera y cubrirá perfectamente tu pescado, para mejores resultados, recuerda que el líquido debe estar lo más frío posible.Para capearSimilar a la técnica del rebozado, el capeado es una capa exterior crujiente que se le da a ciertos alimentos, pero esta se logra con huevo.Para que el capeado te quede muy esponjoso y cubra bien los alimentos, además de batir primero y por separado las claras de huevo, añádeles una cucharada de REXAL polvo para hornear antes de agregar una a una las yemas y te quedará más esponjoso que nunca y cubrirá a la perfección tus chiles rellenos, por ejemplo.Para freírEl polvo para hornear le da la mejor textura a platillos fritos, como unas quesadillas o unas tortitas de plátano macho. Con solo añadir una cucharadita a la masa de tus quesadillas fritas te quedarán extra crujientes y con una cucharada, tus tortitas lograrán mantener una consistencia esponjosita.También puedes aprovechar el polvo para hornear en tus recetas de pasteles al sartén, en tus hot cakes, en la masa para pizza, en la de tamales o para hacer tortillas de harina. Elige REXAL para esponjar tus platillos, un polvo para hornear que cumple 90 años en las cocinas mexicanas, lleno de historia y recetas, además de que puedes comprarlo en varios tamaños y confiar en que te dará la textura y consistencia más increíbles que puedas imaginar.
Esta temporada está cayendo como cubetada de agua fría, sobre todo con el retorno al semáforo rojo. Las interrogantes son demasiadas: ¿Tendremos Navidad? ¿Cuántos seremos? ¿Cocinamos o pedimos? ¿Cuánto gastaremos? Y mientras dudamos de todo y de todos, hay algo que no podemos perder. Puede que seamos dos en la mesa, pero ¿por qué privarnos también de nuestro pavo con gravy, de nuestros tamales, de aquello que ansiamos probar? Aun con todo, es Navidad. La celebración es la fecha misma como también la comida que se sirve a la mesa y el amor que nos damos. Habremos de convivir con el núcleo más cercano por las próximas semanas sin siquiera sacar la mano por la ventana. La celebración –ésta y la de vivir– no tiene que ver con lo que pasa afuera como con el acto de agradecer y bendecir. Las Navidades son extrañas, no lo niego. Casi siempre tienen algo agridulce –excepto cuando eres niño y todo es jugar con los primos y descubrir qué regalo se esconde bajo la envoltura–. Por ellos, por nosotros: merecemos una Navidad como ninguna otra. Esta vez seremos los elementales y bastará.La comida nos salvará más que nunca. Para ello habremos de cocinar con alegría y ponerle intención a la comida; llenarla de eso que nos deseamos a nosotros y a la familia. Nos reuniremos alrededor de un pavo horneado con amor, de esa pasta por la que esperamos un año entero y que nos sabe a paz. Nos tomaremos un momento para agradecer lo que sí tenemos: la abuelita que aún sonríe en un extremo de la mesa, la ensalada de manzana que este año quedó más rica, la hermosa llegada de Ana a la familia, el olor a pay de manzana que llena la casa.Dicen que la comida no hace milagros –o sí, aunque nadie lo ha documentado– pero es el vínculo más inmediato con la vida. Cenar rico puede hacernos olvidar el miedo. Además, como en las películas, puede ser el inicio de nuestro propio cuento navideño al que probablemente le falten los villancicos, la nieve o la gente, pero le sobre emoción.Y si todavía no están convencidos de que la comida salva les quiero compartir mi propia historia de Navidad, una en la que un plato de bacalao me devolvió la esperanza. Y sí, ya les conté el final.**************El aroma del bacalao siempre me lleva a ese veintidós de diciembre en el que mi mamá y mi tía cocinaban varios platillos a la vez. Mi abuelita llevaba dos semanas grave. Ellas, tan expertas en la cocina, flaqueaban casi imperceptiblemente: a veces se les caían cosas al piso, se les olvidaba poner ingredientes, los intercambiaban. La tristeza no le impediría a la familia Molina celebrar la Noche Vieja.En esa cocina las ollas sobre el fuego eran la única señal de vida. La de barro llevaba horas borboteando. Como cada año, era tan grande que le cabía bacalao para alimentar a más de quince durante la cena y el recalentado y rellenar un bote de yogurt para que cada familia se llevara. De la cazuela emanaba el olor a los ajos fritos en el aceite, el sofrito de jitomate con las cebollas y las aceitunas, al pescado previamente desalado. En otras palabras, olía a Navidad. Mi abuelita mientras tanto estaba en su cuarto. No lo sabíamos, pero le restaban unas pocas horas de vida. Recuerdo que entre la pelada de papas y manzanas me escabullí de mis labores de cortadora oficial para ir a verla. Apenas entré, la vi enderezada. Algo la tenía en alerta y mi corazón lo sintió. Mi abuelita inspiró profundamente y con voz grave desde su cama me dijo: –“Dile a tu mamá que a ese bacalao le hace falta sal”. Confieso que me quise reír. Nunca vi venir esa afirmación y menos en el contexto. Para mí, no hay un momento de más lucidez.Corrí hasta la cocina, llegué al bacalao. Tomé una cucharada y ¡rayos!, efectivamente le hacía falta sabor. Tomé un par de puñitos de sal y los fui integrando hasta sentir que estaba en su punto. Noté que el olor cambió. Ella lo sabía: conocía a la perfección a qué debe oler un bacalao hecho para sacar suspiros.Esa tarde mi abuela se devoró una torta de bacalao. Fue lo último que pidió. El veinticuatro pasamos la Navidad como pudimos, ya sin ella. A penas en el recalentado me entraron ganas de volver a probar el guiso. A la primera mordida conecté con la esperanza, con el legado de mi abuelita, con eso que resultó ser mi última experiencia con ella. En ese momento tuve una revelación: quería que la cocina y la comida se convirtieran en mi vínculo con la vida y con mis ancestras. A los pocos meses dejé mi trabajo y diez años después, me dedico plenamente a la comida. La comida del corazón salva, cura, da esperanza. Y eso es justo lo que deseo para ustedes: que haga su magia en sus mesas, en su noche, en sus días. ¡Feliz Navidad!
El invierno llega y por fin podemos usar nuestros suéteres más cómodos y calientitos, comer los platillos de temporada y disfrutar de las cenas con amigos y familiares (aunque este año probablemente sean virtuales), pero además de todos estos pros, este cambio de estación trae consigo un ambiente más seco y frío, que hace que nuestra piel y cabello se reseque.Si por fin tienes un poquito de tiempo libre, pero un presupuesto limitado, no te preocupes, porque con esta mascarilla casera para el pelo, tendrás una melena envidiable y tan hidratada como si fuera verano.Mascarilla casera de jojoba y coco para el cabello resecoEl aceite de jojoba se extrae del fruto de una planta abundante y perenne que en climas duros y desérticos, y aun así, también produce una nuez con muchas propiedades curativas. Es esta nuez de la planta de jojoba la cual se puede convertir en aceite.El aceite de jojoba es lo suficientemente suave como para usarlo como aceite portador para mezclarlo con otros aceites esenciales, pero también puedes usarlo solo. Muchas personas usan aceite de jojoba como parte de su rutina de cuidado de la piel, pues existe mucha evidencia que respalda el uso de aceite de jojoba puro como remedio para el acné, la piel seca e innumerables otras afecciones de la piel.Para hacer esta mascarilla necesitarás sólo 1 cucharada de aceite de coco y 1 cucharadita de aceite de jojoba. Simplemente mezcla los aceites en un recipiente apto para microondas, luego calienta durante unos 30 segundos y estará listo para aplicar. Masajea el aceite en las puntas de tu cabello (pues es ahí donde el cabello generalmente está más dañado) y sube hasta las raíces. Puedes aplicar el tratamiento en el cabello seco o húmedo, pero quizá obtendrás mejores resultados al hacerlo en el cabello húmedo, después de secarlo con una toalla. Ponte un gorro de baño para cubrir el pelo y déjalo reposar al menos 30 minutos para permitir que los aceites hagan su magia. Luego lava tu pelo con champú, enjuaga los aceites y acondiciona como de costumbre. Puede usar esta mascarilla casera para el pelo reseco de 1 a 2 veces por semana.
En esta ocasión, la carta editorial madruga 24 horas porque la Navidad no se hace esperar. En las bocinas suenan los villancicos. La casa ya huele a las preparaciones del horno. Todo es felicidad, pero ¿ya sabes qué servirás de beber? Casi siempre pensamos en los brebajes hasta el último momento. No importa lo que te guste –o lo que tengas a la mano–, queremos que disfrutes tu cena al máximo con algunos consejos de maridajes prácticos.¿Maridaje sólo con vino?No hay comida sin bebida y viceversa. Pero la bebida tampoco es sinónimo de alcohol. El maridaje puede hacerse con el líquido que más te guste. El sommelier Marcos Flores, presidente de la Alianza Panamericana de Sommeliers, dice que, en caso de abstinencia, el mejor aliado de la cena navideña son los tés, los ponches y las aguas frescas. Él recomienda acompañar los romeritos con un té pu-erh o té rojo; el típico bacalao a la Vizcaína con un té oolong; la pierna enchilada con agua de jamaica y jengibre y los ponches, con el pavo ahumado.Si prefieres las cervezas, la regla básica es maridar las claras o ámbar con platillos de menor estructura –ensaladas, purés, bacalao– y elegir cervezas oscuras y densas para platillos con mayor fuerza o que hayan pasado por el horno como los romeritos con mole, el lomo o la pierna. En ambas partes se resaltarán las notas de caramelización.A mí en lo particular me gusta combinar los vinos mexicanos de uva malbec con el lomo de cerdo. Me gusta mucho el Guanamé Malbec 2017 para un trozo de carne cubierto por gravy. Para una pasta cremosa elige un blanco con barrica como un Wente Chardonnay Riva Ranch, y para unos romeritos, un espumoso rosado que le haga frente al picor –como el cava español Roger Goulart Coral Rosé–. El rey de la mesa navideña, el pavo, sírvelo junto a una copa de tinto ligero de la uva pinot noir o merlot como el Cousiño Macul Antiguas Reservas Merlot cuyos aromas ligeros a especias y frutos rojos lo armonizarán como Mozart.Las copasSi vas a servir cerveza, lo mejor es verterla en un tarro ¬–incluso en ese Mason Jar con asa que guardas en la alacena– para no calentarla y conservarla fría por más tiempo. Las copas especiales para cerveza suelen tener un vidrio más denso y un fuste o tallo más grueso para que las manos no les transmitan calor. En el caso del vino, el tamaño de la copa influye en la cantidad de aire que entra y oxigena al vino y con ello, la potencia de los aromas y sabores cambiará. Entre más estructurado y complejo sea un vino, más amplia deberá ser la copa (como la copa borgoñona).En caso de que tengas dos tipos de copas, sirve el vino blanco en la más pequeña y el tinto, en la más grande o en la que tiene la boca más abierta. Lo ideal es servir la champaña o los vinos espumosos en una copa flauta para favorecer el desarrollo de las burbujas, pero si no tienes, en una copa de vino blanco irá perfecto. La temperatura¿Te imaginas un caldo de camarón tibio como el purgatorio? ¿Un pay de manzana gélido como el invierno? No hay de otra: debemos tomar en cuenta la temperatura en bebidas y alimentos. En las cervezas y los vinos exhiben o esconden los aromas y sabores. Por ejemplo, la forma ideal de tomar una cerveza con 4 a 6 grados de alcohol son los 3° C de temperatura. Esas que van a partir de los 7 grados, sírvelas entre 12 y 14° C. En cuanto a los vinos, a mí por lo general, me gusta que estén un poco fríos. La regla es que los espumosos vayan a 8º C para gozar su carbonatación (sus burbujas). Te recomiendo servir los blancos entre 7 y 11º C, pero si tienen barrica sírvelos a unos 10 o 12º C. Los vinos tintos ligeros y sin mucho envejecimiento, van bien con una temperatura de 13 a 14º C. Los vinos más corpulentos como una mezcla bordelesa, un riojano o uno de guarda déjalos de 17 a 18º C. ¿Tienes por ahí un vino de postre o un encabezado como el oporto? Sírvelo a 14º C para mantener ese dulce equilibrio y estructura.  Y claro, recuerda que el control lo pones tú. Vive una feliz Navidad cuidando tu cuerpo y sin excesos. ¡Esa es la mejor forma de celebrar!
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