¿Cuándo y Por Qué Comer Fruta?
Dietas y Nutrición

¿Cuándo y Por Qué Comer Fruta?

Por Kiwilimón - Junio 2012
Algunos expertos recomiendan comer fruta antes de las comidas para evitar así posibles dificultades digestivas consecuencia de la fermentación de los azúcares. Además, señalan que la fruta posee ciertas sustancias ácidas que estimulan las secreciones del estómago lo que facilitaría la digestión. La piña y la papaya son dos frutas que facilitan la digestión de las proteínas si se consumen al mismo tiempo que otros alimentos. Por otra parte, no hay que olvidar que la fruta aporta las mismas calorías se coma antes o después de las comidas. En algunas dietas de adelgazamiento recomiendan comerla primero por el efecto saciante que producen y evitar así la posterior ingesta de grandes cantidades en la comida. Comer la fruta de postre evita la ingestión de otro tipo de alimentos que poseen mayor valor calórico y contenido en grasas. También es bueno como postre porque los ácidos que contienen ayudan a realizar una limpieza de la boca.
Lo importante para no engordar es mantener siempre un equilibrio entre las calorías ingeridas y las gastadas.
Recetas con frutas Aquí te dejamos algunas recetas con frutas para que elijas la mejor para ti y que te ayude en tu salud. Toma nota. (te recomendamos hacer click en el título de la receta para ver más detalles) Fruta con Crema Un postre 100% saludable de fruta con crema batida. Ensalada de Fruta en Conejo de Melón Esta idea de cortar un melón en forma de conejito es muy ingeniosa e ideal para un desayuno de Pascua. A los niños los volverá locos. Peras Poche Peras hervidas en una mezcla de Marsala, azúcar, canela y vainilla. Ate de Guayaba con Queso Dulce típico mexicano de la fruta, comúnmente se come con queso. Carreola de Sandía Esta sandía en forma de carrito de bebe siempre es un éxito en los baby showers! Se ve mas complicada de lo que es, sigue los pasos y observa las fotos. Fresas con Crema y Lecherita Fresas con crema y leche condensada. Raspados de Fruta Hielo triturado con un jarabe de frutas. Clafouti de Frambuesas El clafouti viene de Francia y es un postre muy fácil de preparar. Este clafouti se prepara con frambuesas pero se puede utilizar cualquier fruta, como higos, fresas o uvas.
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De la vista nace el amor y en el gusto se confirma. Para el Día de San Valentín no hay mejor manera de celebrar que con una buena copa de burbujas y nuestros seres amados. Por eso te presentamos, los consejos básicos para maridar el amor con vinos espumosos. ¿Cómo se elaboran los vinos espumosos? A diferencia de lo que podría creerse, todos los espumosos parten de un vino regular, conocido como tranquilo, al que se le somete a una segunda fermentación para que guarde el gas y desarrolle sus características burbujas. Hay dos métodos principales para elaborarlos. El método tradicional (usado en el Champagne y el Cava) tiene su segunda fermentación en la botella, a ésta se le añade una mezcla de vino base, con azúcar y levadura para que vuelva a fermentar. Este proceso lo hacen botella por botella con botella cerrada, así el gas de las levaduras, al no tener salida, se incorpora en el líquido y se obtiene una burbuja fina inconfundible. Por su parte, en el método charmat la segunda fermentación se hace en tanques de acero inoxidable. En éstos la burbuja tiene más espacio para expandirse y por eso resulta más gorda. Bajo este método se elaboran vinos espumosos como el Prosecco y el Lambrusco. ¿Cómo seleccionar tu vino espumoso? Recuerda que en los vinos espumosos, puede haber blancos, rosados y tintos. También podrás encontrarlos desde secos (Brut Nature) hasta extra dulces, que van de 0 a 60 gramos de azúcar residual. Así que lo más importante al elegir tu espumoso o espumante favorito es considerar su color, sabor y tipo de burbuja para elegir el que más se acomode a tu paladar. Nuestros favoritosTe recomendamos tres vinos espumosos para maridar el amor: Mionetto Prosecco, Italia Tere Delgado, sommelier de vinos y fundadora de Vinos y Maz Club, recomienda este espumoso elaborado bajo el método charmat por su versatilidad para acompañar las reuniones con amigos y todo tipo de comida, desde postres como cupcakes y tartas horneadas dulces, hasta botanas, mariscos y platos fuertes. “Es fresco, armónico y elegante, por eso es mi favorito”.Chandon Délice, ArgentinaMi vino espumoso favorito es Chandon Délice. Es de los primeros vinos espumosos que  puede tomarse con hielo y con un twist de sabor que potencie sus aromas, como un garnish de fresas, frambuesas, naranja, toronja o pepino e incluso hojas frescas como hierbabuena. Es ideal para cualquier momento del día: para un aperitivo o trago fresco durante el día. Brut Nature Gran Reserva, MéxicoElaborado con las uvas Macabeo, Chardonnay y Chenin Blanc por Freixenet México, este vino espumoso se elabora bajo el método tradicional por lo que tiene una burbuja fina, es seco en boca y con una acidez fresca. Es el aperitivo perfecto para acompañar botanas ligeras, pastas, pescados y todo tipo de mariscos.
La jericalla es un postre tapatío típico. Su origen se remonta al siglo XVIII, cuando las monjas del Hospicio Cabañas idearon un postre nutritivo y de sabor llamativo para los niños huérfanos que cuidaban. Elaboraron la receta con leche, canela, azúcar, huevo y vainilla, con un sabor similar al de la natilla española pero de consistencia ligera. Actualmente la jericalla es uno de los postres típicos favoritos de los hogares jaliscienses. Sin embargo, muchos podemos llegar a confundir la jericalla con el flan o el crème brûlée, pues comparten los mismos ingredientes y tienen muchas similitudes en su modo de preparación. Por eso te presentamos las diferencias entre estos postres para que puedas identificar la auténtica jericalla jalisciense. Flan y crème brûlée  El flan es un postre muy popular en México y el mundo. Con una rica tradición histórica, el flan llegó a México tras la conquista con una receta que mezclaba leche, huevo, azúcar, vainilla y un baño de caramelo líquido, mientras que el crème brûlée es un clásico de la repostería francesa que consiste en una crema dulce suave, cuya superficie tiene una fina capa de caramelo crujiente. La jericalla Si bien los tres postres se elaboran con una base de huevo, vainilla, azúcar y leche, se diferencian por su preparación y algunos detalles en el uso de ingredientes. Por ejemplo, el flan usa las yemas y las claras de los huevos; mientras que la jericalla sólo utiliza las yemas de huevo; o bien, el crème brûlée tiene una consistencia de la crema parecida a la de la jericalla, pero su técnica es un poco más elaborada para conseguir la capa crujiente del azúcar quemada, que aporta un contraste de textura.Para preparar la jericalla se hierve la leche con la canela y la vainilla. Por otro lado, se baten las yemas con el azúcar y al final se combina con la leche infusionada, para luego colar y hornear a baño María. Al final, en la superficie casi siempre queda una costra dorada y un poco quemada. La textura se parece al flan, pero es mucho más ligera y untuosa. La jericalla se presenta en el mismo recipiente en el que se hornea, para respetar y mostrar su costra, que tiene una consistencia más sólida y añade profundidad al sabor con ese toque de leche quemada.¡Ya sabes qué postre tienes que probar en tu siguiente parada por la Perla Tapatía! Fotografías: Antonio Flores 
Lo femenino es un adjetivo que describe una realidad biológica, sociológica y gramatical. Eso sí, el sustantivo al que se lo colgamos tiene que ver con una concepción ideológica. En la cocina, lo femenino se ha generalizado a dos actividades: a la informal, que termina derrumbando el zaguán de una casa por necesidad, para trasladarse a un puesto callejero; y la dulce, la de los pasteles y las galletas con royal icing, la de la estación de postres en los restaurantes con duela encerada. Pero ya hay más. Las mujeres hemos llenado la canasta de lo femenino con frutos inesperados.En el rewind de la vida, la tierra y el fuego fueron los elementos iniciáticos de lo femenino. En nosotras estaba la responsabilidad de resguardar el hogar, de encender y mantener la hoguera –del latín focus, fuego– en las cuevas originarias. En cada una, el brasero era monumento a la vida, pues alejaba animales salvajes y resguardaba el calor familiar.La civilización evolucionó, no así el destino de las de nuestro género. El fuego de la brasa se mantuvo prendido en el hogar sin el derecho a volverlo oficio. Eso sí, en la historia no faltaron las hechiceras que prepararon encantamientos culinarios, cocineras de corte, mujeres que alimentaban soldados, amas de cría y reinas que colonizaron con recetas los terruños de su lazo matrimonial. Por supuesto, estaban las monjas, las guardianas del saber teológico y culinario. Bajo el son del ora et labora se especializaron en la creación culinaria, la repostería, la confección del chocolate. A nadie extrañó que los libros de cocina y las gacetas culinarias del renacimiento y barroco ni por equivocación tuvieran el nombre de una mujer. En el siglo XVIII, momento histórico en el que la palabra gastrónomo se puso de moda, la versión gramatical en femenino brilló por su ausencia. En la nouvelle cuisine del siglo XX, en la cocina moderna de August Escoffier, a la mujer se le confinó a la mesa. Nada nuevo. Capítulos que retrataron, como en otros ámbitos, el machismo como devenir histórico. Se nos vio débiles para cargar ollas, mal agüero si estábamos en nuestro periodo. Y luego llegaron mujeres que no pidieron perdón por ser talentosas: las Eugénie Brazier –la primera mujer en obtener tres estrellas en la Guía Roja–, las Julia Child –cocinera que popularizó la cocina francesa en Estados Unidos por sus libros y programas de televisión–, las Alice Waters –la madre de la cocina californiana en su Chez Panisse de los setenta–.Gracias a las de delante y detrás, la cocina actual es un campo de batalla donde lo femenino se resignifica cada jornada. Como Gabriela Cámara, que se hizo restaurantera con menos de treinta años y ha sabido romperla en México y Estados Unidos. Como Celia Florián, cocinera de las Quince Letras, que preserva saberes regionales en su restaurante y es voz de otras cocineras tradicionales en Oaxaca. Como Martha Ortiz Chapa o Elena Reygadas, que supieron amalgamar el talento artístico con el fine dining. Como Norma Listman de Masala y Maíz que conceptualiza lo mismo una barbacoa especiada que un texto incendiario. Como Pía Quintana, Titita o Margarita Carrillo que picaron piedra, documentaron y replicaron para dignificar lo que hoy se come sobre manteles largos.  Lo femenino aterrizó entonces en los magueyes pulqueros de Hidalgo, en los de mezcal con Lala Noriega; se expandió en los campos de agave azul con la tequilera Melly Barajas Cárdenas; se sirvió en una copa martinera en la mano de Fátima León o Mafer Tejada. Es el sabor detrás de grandes cervezas con Diana Arcos, química de Wendlant. Ha sido nariz en el vino junto a Georgina Estrada, a Claudia Juárez y a Michelle Carlín y es el espíritu de los viñedos que cuida la enóloga Lourdes Martínez en Bruma. Taqueras, torteras, pescadoras, tamaleras, carniceras, dueñas de fonditas, embajadoras de bebidas, emprendedoras de proyectos comunitarios, creadoras de conceptos restauranteros, productoras gourmet, agrónomas, meseras, garroteras, conservacionistas de cultura comestible, fotógrafas culinarias, cocineras medicina, escritoras de experiencias sápidas que nos la han puesto difícil al definir lo femenino en la cocina y que han hecho que no quede vocación allá fuera sin el latido de una mujer.
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