¿Cuántos kilos debes bajar por semana?
Dietas y Nutrición

¿Cuántos kilos debes bajar por semana?

Por Kiwilimón - Octubre 2015

¿Cuántos kilos debes bajar por semana? Muchas veces las personas recurren a dietas restrictivas que las hacen adelgazar de forma rápida, pero poco saludable.

Una pérdida de peso saludable se encuentra entre 500 gramos y un kilo de grasa corporal por semana, lo verás reflejado en el abdomen y la cadera.

Piensa que una talla de ropa menos equivale a alrededor de tres kilos de grasa corporal menos. A algunas personas les resulta más sencillo que otras; sin embargo, la realidad es que basta tener disciplina y voluntad para lograr tus metas.

¡Adiós dietas restrictivas!

Una dieta muy restrictiva –por largo tiempo- puede ser contraproducente en el futuro, porque  el metabolismo se ralentiza. Por esto, debe haber una estrategia de salida para reactivarlo con alimentos de baja densidad calórica.

“Tu cuerpo por la “agresión” a la que lo estás sometiendo, decide gastar menos calorías para mantenerte vivo, lo que redunda en una mayor acumulación de grasa corporal cuando regresas a tu alimentación habitual. Lo que conocemos como “rebote”.

¡Olvida el rebote!

El rebote es básicamente una recaída. No es que por “arte de magia” al terminar tu plan alimenticio recuperes el peso pérdido o incluso subas más.

Lo que ocurre es que al volver a comer tal y como lo hacías antes, tu cuerpo decide acumular mayor cantidad de grasa en el cuerpo, para protegerse de que lo vuelvas a privar de comida en el futuro.

Para evitar el rebote, debes visitar a un especialista en nutrición que no te recete supresores del apetito ni ningún tipo de pastillas, y que aprendas a comer las cantidades adecuadas para ti.

Recuerda que no hay alimentos buenos ni malos, sino buenas y malas decisiones en cuanto a cantidad y calidad.

¡Actívate!

El ejercicio es la clave para mantener la figura que buscas. Sólo el 10% de las personas que pierden peso sólo con dieta, lo mantienen. Mientras que quienes adelgazan con la combinación de ambas y generan un nuevo estilo de vida, no vuelven a “sufrir” por su talla.

¡Más vale paso que dure, y no trote que canse! Sé paciente, disciplinado y siempre ten en mente lo que harás cuando logres verte y sentirte como siempre has deseado.

 

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En febrero y marzo, o sea, al principio de la primavera, las alergias por polen suelen ser muy comunes, sin embargo, en el invierno hay mayor cantidad de sustancias que provocan reacciones alérgicas, pues también existe la polinización invernal.Además, ya que los síntomas de las alergias son muy parecidos a los de los resfriados comunes, pues estos incluyen estornudos repetitivos, obstrucción nasal, flujo abundante de mucosidad y comezón en ojos y garganta, es especialmente importante cuidarse en la temporada de frío, para evitar cuadros más complejos de infección.Las vacunas tanto de la influenza como para controlar las alergias, además de abrigarse bien, cubrir nariz y boca, evitar los cambios bruscos de temperatura, llevar una dieta balanceada y rica en vitamina C para fortalecer el sistema inmunológico son las recomendaciones principales de las instituciones de salud para la temporada de alergias invernales, pero estos remedios caseros también pueden ayudarte a aliviar los síntomas.4 remedios caseros para las alergias invernalesLas alergias son una reacción del sistema inmunológico a cosas que a otras personas no les molestan; entre los agentes que más provocan alergias podemos incluir: polenácaros del polvocaspa de mascotaesporas de mohopicaduras de insectoscomidamedicamentosLos síntomas que pueden producir las alergias van desde estornudar mucho, moqueo constante de la nariz, comezón, erupciones en la piel, hinchazón y hasta asma, y los siguientes remedios caseros pueden ayudar a aliviarlos.Lavados nasales con solución salinaUn lavado nasal consiste en enjuagar los conductos nasales con una solución salina y sirve para eliminar los alérgenos, la mucosidad y otros desechos. Esta irrigación nasal con agua con sal puede aliviar los síntomas de la congestión nasal y ayudar a prevenir las infecciones de los senos nasales. La solución salina se puede hacer con cosas que tienes en la cocina:agua del grifosal de mesa o sal marina fina (sin yodo)una olla con tapaun frasco limpiouna taza medidoraPon a hervir 2 tazas de agua en una olla tapada por 15 minutos, luego permite que se enfríe a temperatura ambiente y añade una cucharadita de sal; revuelve hasta que se disuelva. Úsala en las próximas 24 horas, puedes mantenerla refrigerada en un recipiente hermético, pero después de ese tiempo, deberás desecharla. Para una versión más estéril y duradera, puedes usar agua destilada.ProbióticosVarios estudios han indicado que los probióticos pueden ayudar a aliviar y aminorar los síntomas de la rinitis alérgica. Algunos de los alimentos en los que puedes consumir probióticos son el yogurt, el kéfir, el miso, algunos tipos de queso y el kimchi, entre otros.MielAún no hay evidencia científica que lo demuestre, pero se cree que comer miel producida orgánica y localmente ayuda a reducir con el tiempo la reacción alérgica al polen que las abejas recolectan en el área para producir su miel.EspirulinaEntre los muchos beneficios de la espirulina, estudios han demostrado que tiene efectos protectores antialérgicos frente a la rinitis alérgica. La espirulina es un alga verde azulada que por lo general se encuentra como un polvo, el cual se puede añadir a jugos, licuados y hasta en tortitas de verduras.
Contrario a lo que Mafalda pensaría, no hay corazón que permanezca frío con un buen tazón de caldo caliente. Mientras que el cuerpo se alimenta con el líquido traslúcido y perfumado lleno de nutrientes, el alma se reconforta. Tal vez por eso haya un libro que se llama Caldo de pollo para el alma y que, a decir verdad, no he leído. Lo que sí he hecho es comer caldos de pollo y sentirme bien después de hacerlo. Los he comido enferma de la panza, del corazón; con un nudo en la garganta o con tos; antes y después de las fiestas; en tardes frías y al calor de la casa de mi abuela. Quizás, en el séptimo día, Dios nos dio los caldos para reposar con ellos, pero sin duda los humanos fuimos quienes perfeccionamos esta receta milenaria. Hay infinidad de formas de hacerlo. Están los que se preparan con huesos de res o tuétano para darle sabor. A mí me gusta prepararlo sencillo, con muslos, pechugas y piernas, pero en cocción lenta. A la olla aviento un trozo de cebolla, unos ajos, tres trozos de apio, poro, una zanahoria. Nunca olvido el bouquet garni que te enseñan a hacer en la escuela de cocina –laurel, salvia, mejorana, orégano y romero, amarrados con hilo blanco para que el pollo no se ponga azul, como en Bridget Jones–. El pollo va adentro con piel, con todo, porque otorga textura y profundidad. Luego a quitar la espuma con una espumadera. Cuando no hay padecimientos nada mejor que los caldos de pollo que pican, los que tienen arroz y garbanzos. Al ruedo hay que llegar con tortillas calientes, más calientes que el caldo mismo. A algunos hay que ponerles x gotas de limón por y gotas de salsa, que van en proporción al amor que se le imprimió al cocinarlo (menos sabor, más gotas). Se experimenta gratitud cuando en el caldo hay un chile chipotle al fondo: provoca a partirlo con la cuchara, aunque los labios se pongan floreados. ¿Lo malo? Cuando en el caldo hay pellejos flotantes. ¿Lo bueno? Cuando el brebaje es prístino, casi cristalino, sin burbujas de grasa, pero con aromas que acarician. El romance del caldo va más allá de la vista. Es, además, sus múltiples beneficios. Según lo que me cuenta Gina Rangel, nutrióloga de Te Cuida, el caldo de pollo posee carbohidratos saludables, grasas buenas y proteínas, por lo que es un plato completo y con todos los nutrientes de una comida integral. Tiene aminoácidos con propiedades antiinflamatorias y que ayudan a prevenir el insomnio. Gracias a su gran cantidad de electrolitos, un tazón de sopa rehidrata inmediatamente. ¡Adiós cerveza del día siguiente! Para que el caldo sea súper nutritivo, Gina recomienda que contenga la mayor cantidad de vegetales posibles, que se prepare con ajo, cebolla, sal de mar y con pollo de libre pastoreo o de alimentación orgánica. “De esta manera estamos garantizando que vamos a tener vitaminas, minerales y los tres macronutrientes incluidos en el caldo”. Lo ideal es que se someta a una cocción lenta de ocho horas, pero eso sí: hay que agregar los vegetales que acompañarán la sopa solo media hora antes de la culminación para no sobre cocinarlos. A Yamilette González, coordinadora de chefs de kiwilimón, le gusta agregar huacal, hígado, molleja, alitas y la carne con más sustancia. Adicionalmente, recomienda no lavar el pollo y cocinarlo a fuego medio bajo, de 2 a 3 horas. Si el fuego es alto, las impurezas se rompen y el caldo se contamina. “Las hierbas de olor varían mucho. Hay personas que prefieren el cilantro. Mi abuelita, por ejemplo, le agregaba hierbabuena: le daba un toque súper fresco y rico. Así, si estabas malito de la panza, te caía mejor”, me relató.  Hay que incluir los huesos en la preparación pues en ellos está la magia: su gelatina es efectiva para el crecimiento del pelo y las uñas, así como para la reducción del dolor en las articulaciones.El caldo es un apacho a todas luces. Gina piensa que “a través de un plato de caldo calientito lleno de nutrientes, le das a las personas un momento de paz, de estar en el aquí y en el ahora, reconfortar en cuerpo y alma, es por eso que, cuando una persona enferma lo primero que pensamos es regalarles un caldo de pollo para que se sientan mejor”. En salud o enfermedad, hay que tomarse el tiempo de disfrutar cuando una casa huele a caldo de pollo, cuando la tapa de la olla tintineante devela que algo rico espera en el tiempo. Su vapor y su sabor tienen el súperpoder de cambiar el sustantivo “casa” por el de “hogar”. ¿Lo preparamos?
“Todo cura y todo sana”, asegura una canción de tradición. La Tierra entera es medicina: crece entre las milpas, se abre camino en la inmensidad de las fuentes acuíferas, sopla en el cálido aire de los desiertos, descansa en la profundidad de los llanos y las cuevas. En plantas y árboles, el alimento se llama sol. De él y del intrincado proceso de fotosíntesis es que sus beneficios se van tejiendo entre las hojas, raíces, tallos o cortezas.El primer registro de la flora medicinal mexicana, el códice De la Cruz-Badiano, data de 1522. El compendio detallaba el uso medicinal que los indígenas daban a las hierbas, su saber transmitido ancestralmente y luego aplicado a su labor como curanderos. La Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO) asegura que de las 4 mil especies de plantas de las que se tiene registro en el territorio nacional, al menos 3 mil podrían tener efectos medicinales. No queda duda que son ellas quienes, previo a la medicina occidental, sanaron y salvaron a los nuestros. La abuela de tradición tolteca y autora del libro Soy mujer medicina, Eva Cecilia Solís Arroyo, me explicó en entrevista que una de las curaciones prehispánicas más importantes ha sido temazcal –un ritual ceremonial en el que piedras calientes son rociadas con agua y adicionadas con hierbas medicinales–. Gracias a él, nuestros ancestros permanecían sanos. Aunque lo pareciera, la medicina tradicional no está en el olvido. Culturas madre como la china y la india han incluido los saberes de la herbolaria en los planes de salud gubernamentales extendidos entre la población. Según comenta la abuela, en México los pueblos indígenas originarios siguen combinando la medicina tradicional en conjunto con la alópata. “El mundo vegetal está a nuestro servicio, es por esto que podemos darle una intención de sanación a cada planta”, asegura. Además, nos explica que, así como en el Ayurveda, cada planta posee un espíritu con una vibración o fuerza particular: la ardiente y la sutil, la masculina y la femenina. “Las primeras son plantas de vibración fuerte. Las ocupamos en los círculos de protección, purificaciones, limpias energéticas, etcétera… Las femeninas son las que se utilizan para atraer la belleza, las que ocupamos en las cremas para el rejuvenecimiento, para sanar”, concluye la abuela. Para extraer la esencia de la planta se realizan técnicas específicas como las vaporizaciones, infusiones, destilados y cocimientos con los que se crean tés, ungüentos, aguas de uso, emplastes, fomentos, macerados, lavados y baños, tinturas y cataplasmas. Sin embargo, con tan sólo incluirlas crudas o cocidas en los alimentos de todos los días, nos brindan todos sus beneficios. Los ingredientes mexicanos favoritos de la abuela medicinaEn la botica del hogar no deben faltar las gotitas de miel melipona, provenientes de una abeja sin aguijón, fundamentales para las civilizaciones mayas. Chamanes y curanderos de todas las épocas la han ocupado como expectorante, cicatrizante, antiséptico natural y contra enfermedades de los ojos y oídos. El momo u hoja santa, por su parte, constituye el aroma y el sabor de un sinfín de guisos en el suroeste del país. El nombre místico de esta planta no es casualidad: es el resultado de su gran poder sanador. Ha sido ampliamente usado como digestivo, pues ayuda al correcto funcionamiento intestinal y disminuye el dolor abdominal; disminuye la fiebre, alivia el insomnio y relaja los nervios.El muicle, que crece en los trópicos mexicanos, es efectivo para limpiar la sangre, desintoxicar el cuerpo. Para los mixes zapotecos y totonacos cura el empacho y, en recientes investigaciones, se ha comprobado su poder antidepresivo. La corteza de cuachalalate, nativa del sur nacional, se hierve en agua para tratar el cáncer, prevenir el linfoma, ayudar en problemas gástricos y de matriz, así como desinflamar el organismo. La chaya, también de origen mexicano, se usa para tratar la diabetes, para reducir peso y para prevenir la descalcificación en niños y adultos.Para la abuela, el epazote no falta en su olla de cocción por su sabor y sus propiedades antibióticas, bactericidas e insecticidas. “Hay que tomarlo cuando existe vomito, inflamación, comezón e incluso para ayudar a expulsar la placenta después de concebir”.Aunque no son mexicanas, la abuela asegura que las buganvilias son un gran expectorante para la broquitis, por lo que las incluye en sus temazcales y hasta crudas, en las ensaladas. El ajo es otro de sus favoritos porque “es desinfectante, desparasitante y diurético”, mientras que al laurel lo prepara en tés para promover el apetito en los niños. “Tenemos que ser conscientes de que el reino vegetal es un ser vivo. Hay que volver a conectarnos con los alimentos y las plantas que utilizamos al cocinar. Al estar vivos reciben la intención y la energía que nosotros les pongamos. La invitación es a reconectar con lo que nos alimenta, a hacer de la comida nuestra medicina”, finaliza la abuela Eva.
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