Mejora tu peso y digestión con jícama
Diabetes

Mejora tu peso y digestión con jícama

Por Kiwilimón - Diciembre 2013
De acuerdo la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA) la jícama es originaria y cultivada en México y América central y es consumida en ensaladas o sopas. El jugo de jícama se utiliza también para prevenir la gota e inflamación.     Nuestros amigos de Salud180.com nos presentan algunos de los beneficios que hacen de la jícama un aliado para cuidar tu salud y peso.  
  • Jícama y diabetes. De acuerdo con información de Diabetes Hands Foundation, la jícama es una excelente alternativa para incorporar en el menú de los pacientes con diabetes, gracias a su bajo contenido en carbohidratos y alto en fibra.
  • Valor nutricional. De acuerdo con el portal About.com la jícama cuenta con un alto contenido de vitamina C para proteger el sistema inmunológico.
  • Calorías. Una taza de jícama contiene solamente 45 calorías.  Si eliges 3 rebanadas de 6 gramos contienen solamente 4 calorías.
  • Accesibilidad. Al ser un alimento que se puede consumir crudo, es ideal para preparar un snack nutritivo y bajo en calorías.
  • Jugo de jícama. Contiene principalmente calcio, fósforo y potasio, que ayudan a mantener el balance de agua corporal.
  • Digestión. La jícama ayuda a combatir el estreñimiento y evita el crecimiento de microorganismos que pueden causar diarreas.
  • Saciedad. Gracias a su contenido de agua y fibra es una excelente opción para sentir saciedad y evitar el “picoteo”.
  • Contenido. Calorías: 45 Grasa total 0% Sodio 0% Colesterol 0% carbohidratos totales 4% fibra dietética 17% azúcar 3g proteína 1 g vitamina C 40%.
  • Minerales (mg): Calcio 15.7% fósforo 16.8 hierro 0.63 potasio 175.
De acuerdo con Pardo Arquero licenciado en bioquímica y doctor en Educación y Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, las vitaminas tienen funciones primordiales en nuestro organismo, ya que participan en la síntesis de hormonas, formación de las células sanguíneas, sustancias químicas del sistema nervioso y también forman el material genético. Recuerda que es  importante preferir las vitaminas aportadas por los alimentos naturales como las  frutas y verduras ¡Cuida tu dieta! Ir a artículo original   

Recetas con jícama

 

Ensalada de Mango, Jícama y Aguacate

 Conoce la receta aquí.  

Taquitos de Surimi y Jicama

 ¿Quieres preparar esta receta? Haz click aquí.  

Gazpacho de Pepino y Jicama

 ¿Se te antoja? Haz click aquí.    

"Cuida tu peso y tu salud, conoce la sección de dietas y diabetes que kiwilimón tiene para ti."

Califica este artículo
Calificaciones (0)
Sé el primero en dar una calificación
PUBLICIDAD
Lo mas leído
Buscar recetas saludables para la semana no debería ser tan complicado, mucho menos si conoces las claves para que tus platillos te nutran, al tiempo que son sabrosos y prácticos de hacer.Muchos estudios e investigaciones se han hecho para poder saber cuál es la mejor dieta y entre ellos, uno de la Universidad Stanford llegó a la conclusión de que todos los planes alimenticios exitosos para llevar una dieta saludable coinciden en consejos muy básicos.Por ejemplo, el simple hecho de añadir frutas y verduras a tus comidas hace una gran diferencia en tu dieta. Sin importar qué filosofía alimentaria sigas, si quieres convertir tu alimentación y tus recetas en algo saludable, las frutas y verduras son primordiales. Las personas que consumen más frutas y verduras como parte de una dieta saludable en general tienen un riesgo reducido de algunas enfermedades crónicas, pues proporcionan nutrientes vitales para la salud y el mantenimiento del cuerpo.Las verduras tienen muchos beneficios: te llenan al tiempo que contienen pocas calorías, pero muchos nutrientes que necesitas para combatir enfermedades y hacer funcionar tu organismo de manera adecuada.Por su parte, la mayoría de las frutas son naturalmente bajas en grasas, sodio y calorías, además de que suelen contener muchos nutrientes esenciales que se consumen poco, como potasio, fibra dietética, vitamina C y ácido fólico.Para lograr incluirlos en tus comidas, no te compliques y aprovecha lo que esté en temporada o las verduras regionales, como nopales, prueba con recetas de ensaladas fáciles y novedosas, como una ensalada de nopales y frijoles, fácil de hacer y que puedes comer como entrada o como guarnición.No te olvides de los básicos que siempre dan mucho sabor a todo, como la cebolla, el jitomate y el aguacate y de ingredientes que te puedes usar como comodines para reemplazar proteínas animales, como las setas, con las cuales podrías hacer un alambre de vegetariano.Las frutas suelen ser un gran desayuno, sobre todo si las acompañas con un poco de chía y almendras, por ejemplo, y te preparas un bowl con mucho sabor a coco, ligero y que te dejará satisfecha toda la mañana.Si lo que te hacen falta son ideas, consulta nuestras recetas o descarga nuestro recetario saludable (sólo da clic aquí), con las recetas más prácticas que puedes preparar en poco tiempo y con mucho sabor.
La comida mexicana es famosa mundialmente, pero en especial en Estados Unidos de América, pues de una población latina de casi 57 millones, más de la mitad (alrededor de 63 por ciento) es de origen mexicano; por eso no es raro encontrar muchos lugares de comida mexicana en el país vecino.Algunos son un éxito reciente y tienen formato de ‘food truck’ y otros son reconocidos restaurantes con ejemplos de la gastronomía mexicana más destacada, como enchiladas, quesos fundidos y, por supuesto, tacos. Si eres un mexicano viviendo en Estados Unidos, estos lugares de comida mexicana te ayudarán con una probadita de los sabores de nuestra cocina.Barrio CaféEste restaurante se encuentra en Phoenix, Arizona, y en él, la chef Silvana Salcido lleva lo mejor de México al país del norte, con platillos como queso fundido de Oaxaca, o cochinita pibil, de Yucatán, por ejemplo.Nuestra CocinaEn Portland, Oregon, la pareja de esposos conformada por Benjamín y Shannon González ha construido un restaurante especializado en comida mexicana “campesina”, con comida que se extiende desde el norte de Zacatecas hasta la costa este de Veracruz, así que es de verdad un restaurante mexicano que merece la pena visitar.Leo’s TacosLeo’s es un ‘food truck’ de tacos con una larga historia en Los Ángeles, California, en el que se sirven deliciosos taquitos al pastor, que son los más famosos, con un costo de solo un dólar. Puedes encontrarlos en varios lugares, como Venice Beach, Lomita Boulevard o La Brea Avenue.Hugo’sEste restaurante está en Houston, Texas, y es propiedad del chef mexicano Hugo Ortega y su esposa, con quien lo opera desde 2002. De hecho, en 2013, el chef Hugo fue finalista como uno de los mejores chefs del suroeste y es conocido por sus formas ingeniosas e inspiradoras. El platillo más exitoso en Hugo’s es la barbacoa de cordero, así que no te la pierdas.Birria LandiaLos tacos de birria han sido llevados al país del norte por dos hermanos, José y Jesús Moreno. Birria-Landia comenzó con mucho éxito en Los Ángeles y en otoño del 2019, llegó a Nueva York, al barrio de Queens, en un food truck.DistritoEl chef José Garcés ganó en la segunda temporada de Iron Chef y aunque es ecuatoriano, está especializado en cocina de la Ciudad de México; así, en Distrito encontrarás nachos, huaraches, enchiladas, tamales, ceviches y moles, y se encuentra en Filadelfia.Estas son sólo 6 recomendaciones, pero la oferta gastronómica mexicana en Estados Unidos es muy amplia y variada, así que no dudes en dejarnos tus recomendaciones en los comentarios.
Para cerrar la semana patria hablemos del elefante verde, blanco y rojo del cuarto: la cocina nacional es insuperable. Mientras el taco roba la atención internacional hace falta ser paisano para comprender la complejidad, amplitud y delicia de nuestra gastronomía; los entrañables guisos regionales, las tradiciones patronales, las sazones cocinadas en olla de barro, bajo el calor del pib o en la incandescencia de la brasa. Ya lo dijo la UNESCO hace justamente diez años, la cocina tradicional mexicana es patrimonio del mundo, cultura que vale la pena preservar por los siglos de los siglos. Basta ver al ajonjolí de todos los moles: el mole. Su complejidad resuena en la infinidad de ingredientes que lo componen –algunos de ellos tan improbables como unas galletas de animalitos–, en sus acepciones regionales, en las sutilezas que se modifican de acuerdo con las festividades como Día de Muertos, en su amplitud cromática que abarca casi todos los colores del arcoíris. El mole, salsa densa que nos recubre tanto la memoria como la cucharada de arroz más humilde, debe su honor, más que a sus recetas, a la tradición alrededor de su preparación.Así como en el mole, el mestizaje y la cultura se mezclan como pinturas al óleo en las cocinas tradicionales de México tanto, que hace diez años la UNESCO nombró a su totalidad como un patrimonio de la humanidad. En la declaratoria no había que ser esfinge: había que presentar un caso de estudio, reunir un sinfín de requisitos e información por parte de un grupo multidisciplinario de cocineros, historiadores, antropólogos y hasta ingenieros en alimentos con el fin de perseverar. El resultado fue una condecoración como nunca se le había otorgado a otro país. La cocina tradicional mexicana es nuestra Muralla china, nuestro Machu Picchu cultural. Según el escritor e historiador de cocina mexicana José N. Iturriaga, no es que no se hayan honrado a otras cocinas antes o después. En los últimos años se han protegido otras maravillas culinarias como, por ejemplo, la etiqueta en la cocina francesa, la dieta mediterránea y la tradición japonesa en la cocina, pero no así a un país. A diez años del fallo de la declaratoria en la que se reconocen las prácticas, rituales y elaboraciones vinculadas a nuestra cocina, merece volver a celebrar el mérito. Celebrar que en México no sólo hay 32 estados, sino una infinidad de tradiciones que se preservan en el fuego de los comales, las ollas, las vasijas de barro. Celebrar por supuesto a las cocineras tradicionales que, según Iturriaga, “son el objeto mismo de la declaratoria”, el libro atemporal de los saberes culinarios de cada región. José N. Iturriaga, escritor de libros como 'Saberes y delirios' o 'Confieso que he comido', afirma que parte de la responsabilidad de tener una cocina protegida por la UNESCO es la de rescatar, salvaguardar y promocionar la tradición “más que a un platillo o a un ingrediente; preservar la cocina de nuestros pueblos, la cocina de los mercados, de las abuelas”.Para lograrlo se creó el Conservatorio de la Cultura Gastronómica Mexicana, un organismo consultor de la UNESCO que lleva a cabo reuniones nacionales anuales, foros mundiales de gastronomía mexicana, seminarios académicos y hasta encuentros de cocineras tradicionales. “A los platillos y tradiciones hay que estarles dando nuevo vigor. Preservarlos y salvaguardarlos para que no caigan en desuso y se mantengan vivos. El sentido principal de la organización es la conservación de las tradiciones”. Lo que nos toca hoy en casa es aprender y enseñar sobre cocina mexicana a las generaciones venideras. Desempolvar el tortillero y echarle leña al fuego. Poner literalmente las manos en la masa y extender los hilos de la tradición hasta el infinito. Hoy te invito a tomar alguna de nuestras recetas tradicionales y prepararla en familia. Además de cincelar recuerdos harás historia, harás cultura, serás parte de este ritual iniciático que puso a suspirar a los primeros mexicanos.
El don de mi abuela era cocinar. Cada domingo religiosamente, casi un centenar de comensales se formaba alrededor de su restaurante en Tlalnepantla para probar la barbacoa. No sé si es cosa del amor, pero no he probado una de mejor sabor que la que preparaba apenas amanecía el sábado y cobijaba entre pencas en el hoyo de piedra hasta el día siguiente. Pero hoy no toca hablar de los secretos de su barbacoa sino de su plato más célebre: el mole verde. Mi abuelo subió a mi abuela a un caballo flaco cuando ella no pasaba de los catorce años. A Celia no le quedó de otra que dejar las muñecas y tomar, en cambio, los sartenes y las ollas. De la bisabuela María heredó talentos como los de percibir el sabor de los guisos usando la nariz y el de usar las cocciones como sazonador. El mole verde vino años después, en su época de oro. Doña Celia, mujer empoderada de seis hijos, hizo prolíficos negocios alrededor de la cocina. Cuando llegaba el día de su cumpleaños, el patio de su rancho se convertía en el lugar más festivo de San Andrés Timilpan. Aún recuerdo la tambora, las mesas con manteles que ella había bordado en punto de cruz, las salsas al centro y las señoras palmeando tortillas ante el inmenso comal. En medio del jolgorio y de nietos jugando a las “traís” salía la gran olla de mole verde. Como en una suerte de milagro, de esa vasija de barro, Doña Celia saciaba a sus seis hijos y a sus familias, a todos sus amigos, a todos sus compadres, a todo el pueblo. El desfile de platos cubiertos por su guiso color verde aceituna comenzaba desde un rincón del patio y corría, a veces, más allá del portón. El mole verde de ella era especial. Nadie lo dudaba. No le ponía pepitas como generalmente se usa en el Estado de México o Hidalgo. El de ella llevaba almendras. Ya saben: moles hay tantos como sazones y a mi abuelita no le gustaban las reglas; su receta es tan única como ella. Eso sí, advierto que le hace falta algo que no se contabiliza en un ingrediente o en un paso del procedimiento. Yo misma la he preparado al pie de la letra junto con mi mamá y mis tías y aunque el resultado es muy bueno, no sabe al “Mole verde de Doña Celia”. Quizá deba esperar otro rato y otra dimensión para probarlo junto a ella como me sabe en el recuerdo.Hoy que escribo esto se me antoja poner una canción de José Alfredo y hacer mis propias combinaciones frente a la olla de barro. Que desde lo lejos mi abuela sepa que la recuerdo y que por el olfato cuántico detecte si mi mole quedó rico. Lo de ella era agasajar a otros aunque no pertenecieran a su familia. Estoy segura de que la pondría feliz que ustedes prepararan su receta o cualquier otra para festejar a sus abuelos. Brindar juntos por el regalo que es su presencia. Poner la tambora, aunque sea en la grabadora, o los boleros o las de Luismi para celebrarles que, sea cual sea su don, el de los abuelos es amar incondicionalmente a sus nietos. Sí, así como Doña Celia.Mole verde estilo fiesta de Doña Celia250 g de ajonjolí100 g de almendras6 pimientas gordas +-10 clavos de olor2 pizcas de comino1 bolillo frito en aceite1 tortilla frita en aceite2 kg de tomate verde manzano, peladoChile verde jalapeño (al gusto, depende del picor que se aguante)1 pollo entero, verduras, hierbas de olor y aguaSalaceiteDesde muy temprano se pone a cocer el pollo junto con unas hojitas aromáticas, un trozo de cebolla y algunas verduras. Una vez listo, se reserva lejos de la ventana. En una olla con poca agua y algo de sal se agregan los tomates. Basta que se pongan ligeramente suaves para sacarlos de la lumbre. En otra olla, hay que poner a calentar bastante aceite y dorar el ajonjolí con las almendras peladas. Una vez listos se retiran y se ponen a freír los chiles. Hay que poner todos los ingredientes a moler junto con las especias y con un poco del caldo de pollo. Los tomates, no. Esos se dejan reservar pacientemente. En seguida, se pone a calentar una gran olla de barro, que de preferencia tenga varios años de uso. Hay que vaciar el mole y no dejar de moverlo ni un segundo para que no se pegue o se queme –de preferencia que sea la misma persona la que lo mueve y que los movimientos vayan en dirección a las manecillas del reloj para que “no se corte”–. Ahora sí se le agrega el tomate ya molido y al final, un poco de caldo, dependiendo de la consistencia que le guste a la familia. Lo último, y haciendo uso de la nariz y del buen gusto, hay que ajustar lo más importante de la receta: la sazón.
NEWSLETTER
Suscribirme al Newsletter
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD