Aguacate: 5 recetas para disfrutar
Dietas

Aguacate: 5 recetas para disfrutar

Por Kiwilimón - Enero 2012
El aguacate es un fruto con muchos elementos nutritivos y por ello es imortante en nuestra ingesta. Se puede preparar de muchas formas o puede usarse como un complemento importante en nuestras recetas. Aquí te dejamos 5 recetas de cocina para que las tengas a la mano y las consideres.
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Más allá de lo placentero que resultan los sabores de la comida, hay algunos alimentos que además te ayudan a mantenerte feliz, pues son nutritivos, ligeros, te ayudan a mantenerte activo todo el día y también a alejar la tristeza.A continuación, te mencionamos 7 ingredientes para mantenerte feliz y seguir la dieta de la felicidad todos los días.Chocolate oscuroLo que hace mágico al chocolate oscuro o amargo no sólo es su delicioso sabor, los antioxidantes del chocolate amargo pueden ser muy útiles para reducir los niveles de la hormona del estrés en el cuerpo, induciendo así una sensación de felicidad.Café Además de ser el combustible perfecto para las mañanas, el café, si se toma con moderación, puede tener una serie de beneficios para la salud además de mantenerte feliz, pues las investigaciones muestran que reduce el riesgo de depresión, tanto en hombres como en mujeres.BayasUna taza de bayas como las frambuesas, las zarzamoras, fresas o moras puede que no sea muy común en tu mesa, pero sí son el snack perfecto para la dieta de la felicidad. De acuerdo con las investigaciones, la antocianina en las bayas (un antioxidante) puede reducir la inflamación relacionada con la depresión.OstrasLas ostras tienen fama de aumentar la libido, pero también pueden ser beneficiosos para su bienestar emocional. Estos moluscos son una gran fuente de zinc y vitamina B12, los cuales mejoran el estado de ánimo y la memoria. Té verdeEl té verde es una de las bebidas más saludables del mundo, porque no sólo tiene beneficios para tu cuerpo, sino que también para tu salud mental. Las investigaciones realizadas sobre este ingrediente muestran que las personas que beben de tres a cinco tazas de té verde en un día probablemente tengan niveles de estrés más bajos en comparación con aquellas que no beben té verde con regularidad. Puedes incluir té verde de varias formas, por ejemplo, en tus smoothies o en tus bowls de fruta.
De 2020 queda un suspiro. Nadie lo niega, fue un ciclo de aprendizajes. En idioma culinario, un año de cambiar de moldes, de rectificar medidas, de sentirnos en congelación, de fermentar, y con ese milagro, un tiempo de crecer, de volvernos elásticos como las masas que más nos gustan. Como las cosas son un reflejo de las personas, en Kiwilimón tuvimos un año movido. Primero celebramos nuestros primeros 10 años de vida. Luego, cuando lo impensable sucedió, te acompañamos de cerquita para que la sana distancia existiera sólo fuera de la cocina. Mau Eggleton y Yolo te hablaron sobre técnicas y preparaciones novedosas, y en el sitio, escribimos con más ahínco sobre los temas culinarios que te apasionan. ¿Lo notaste? Nuestros videos de recetas se renovaron y estrenamos un formato con trucos que ayudan a sacudirse algunos minutos de encima. Al final, grabamos 537 videos con trucos y platillos pensados en hacerte más feliz en tu home office, en el home schooling o simplemente a la mitad de una serie.Como acto final de 2020, nos gustaría compartirte cómo estamos pensando recibir el año: son doce consejos –unos ricos, otros buena-onda– para ponernos el corazón alegre. Ya sabes, los rituales han sido parte de la humanidad en los ciclos de cierre y de apertura, no por superstición, sino como actos que permiten dar el salto en conciencia. Haz un recuento: no todo fue malo, ¿cierto? Agradece por el tiempo que has podido estar contigo y con tus hijos, por las pruebas que superaste, por el tiempo que tuviste para practicar esa receta.Cierra el año perdonando y perdonándote. No hay culpas, ni culpables, sólo personas con heridas no sanadas.Limpia tu refri, tu alacena, tu clóset y tu vida de eso que ya está caduco, que no sirve más y que quita espacio físico o emocional para lo nuevo.Tómate el tiempo de ir hacia adentro y regalarte todo el amor que no obtuviste de la forma que te hubiera gustado. Finalmente tú eres tu verdadera compañía y ojalá que seas la mejor. Asúmelo y 2021 será más llevadero.Barre, limpia, mueve los muebles de lugar. Prende velas e inciensos para restaurar la energía de tu hogar y para agradecerle que este año te ha acogido más que nunca.Expresa tu amor a otros que, como tú, a veces somos luz y otras veces, sombra. ¿Unas galletas, un pay, unos cupcakes hechos con mucho cariño?Aprovecha el momento de cocinar la cena de fin de año para fortalecer vínculos con tus hijos, con tu pareja, con tus padres. Son los compañeros de tu camino. Dale a cada uno su misión, respeta su forma de hacer las cosas.Manda mensajes de amor, de solidaridad o de reconciliación a las personas. Si no lo reciben como esperas, de igual forma, estás creando las causas de la paz.Llena de flores blancas tu casa. Pon música que te suba los latidos del corazón, que te emocione. Eso pondrá a todos en un estado de alegría.Planea iniciar un cambio en tu estilo de vida. Busca nuevas dietas y formas de cuidar tu cuerpo en armonía, sin sobre exigencias.Recibe el año con esperanza, pero sin expectativas. 2021 es como tiene que ser y será mil veces mejor si lo recibes abierto a todas las posibilidades.Recibe el Año Nuevo saltando, sonriendo, abrazando con el alma –o con el cuerpo, si todos viven juntos–. Celebra la vida. Un nuevo ciclo comienza y con él, una oportunidad de potencial infinito para que sea lo que quieras que sea.
Esta temporada está cayendo como cubetada de agua fría, sobre todo con el retorno al semáforo rojo. Las interrogantes son demasiadas: ¿Tendremos Navidad? ¿Cuántos seremos? ¿Cocinamos o pedimos? ¿Cuánto gastaremos? Y mientras dudamos de todo y de todos, hay algo que no podemos perder. Puede que seamos dos en la mesa, pero ¿por qué privarnos también de nuestro pavo con gravy, de nuestros tamales, de aquello que ansiamos probar? Aun con todo, es Navidad. La celebración es la fecha misma como también la comida que se sirve a la mesa y el amor que nos damos. Habremos de convivir con el núcleo más cercano por las próximas semanas sin siquiera sacar la mano por la ventana. La celebración –ésta y la de vivir– no tiene que ver con lo que pasa afuera como con el acto de agradecer y bendecir. Las Navidades son extrañas, no lo niego. Casi siempre tienen algo agridulce –excepto cuando eres niño y todo es jugar con los primos y descubrir qué regalo se esconde bajo la envoltura–. Por ellos, por nosotros: merecemos una Navidad como ninguna otra. Esta vez seremos los elementales y bastará.La comida nos salvará más que nunca. Para ello habremos de cocinar con alegría y ponerle intención a la comida; llenarla de eso que nos deseamos a nosotros y a la familia. Nos reuniremos alrededor de un pavo horneado con amor, de esa pasta por la que esperamos un año entero y que nos sabe a paz. Nos tomaremos un momento para agradecer lo que sí tenemos: la abuelita que aún sonríe en un extremo de la mesa, la ensalada de manzana que este año quedó más rica, la hermosa llegada de Ana a la familia, el olor a pay de manzana que llena la casa.Dicen que la comida no hace milagros –o sí, aunque nadie lo ha documentado– pero es el vínculo más inmediato con la vida. Cenar rico puede hacernos olvidar el miedo. Además, como en las películas, puede ser el inicio de nuestro propio cuento navideño al que probablemente le falten los villancicos, la nieve o la gente, pero le sobre emoción.Y si todavía no están convencidos de que la comida salva les quiero compartir mi propia historia de Navidad, una en la que un plato de bacalao me devolvió la esperanza. Y sí, ya les conté el final.**************El aroma del bacalao siempre me lleva a ese veintidós de diciembre en el que mi mamá y mi tía cocinaban varios platillos a la vez. Mi abuelita llevaba dos semanas grave. Ellas, tan expertas en la cocina, flaqueaban casi imperceptiblemente: a veces se les caían cosas al piso, se les olvidaba poner ingredientes, los intercambiaban. La tristeza no le impediría a la familia Molina celebrar la Noche Vieja.En esa cocina las ollas sobre el fuego eran la única señal de vida. La de barro llevaba horas borboteando. Como cada año, era tan grande que le cabía bacalao para alimentar a más de quince durante la cena y el recalentado y rellenar un bote de yogurt para que cada familia se llevara. De la cazuela emanaba el olor a los ajos fritos en el aceite, el sofrito de jitomate con las cebollas y las aceitunas, al pescado previamente desalado. En otras palabras, olía a Navidad. Mi abuelita mientras tanto estaba en su cuarto. No lo sabíamos, pero le restaban unas pocas horas de vida. Recuerdo que entre la pelada de papas y manzanas me escabullí de mis labores de cortadora oficial para ir a verla. Apenas entré, la vi enderezada. Algo la tenía en alerta y mi corazón lo sintió. Mi abuelita inspiró profundamente y con voz grave desde su cama me dijo: –“Dile a tu mamá que a ese bacalao le hace falta sal”. Confieso que me quise reír. Nunca vi venir esa afirmación y menos en el contexto. Para mí, no hay un momento de más lucidez.Corrí hasta la cocina, llegué al bacalao. Tomé una cucharada y ¡rayos!, efectivamente le hacía falta sabor. Tomé un par de puñitos de sal y los fui integrando hasta sentir que estaba en su punto. Noté que el olor cambió. Ella lo sabía: conocía a la perfección a qué debe oler un bacalao hecho para sacar suspiros.Esa tarde mi abuela se devoró una torta de bacalao. Fue lo último que pidió. El veinticuatro pasamos la Navidad como pudimos, ya sin ella. A penas en el recalentado me entraron ganas de volver a probar el guiso. A la primera mordida conecté con la esperanza, con el legado de mi abuelita, con eso que resultó ser mi última experiencia con ella. En ese momento tuve una revelación: quería que la cocina y la comida se convirtieran en mi vínculo con la vida y con mis ancestras. A los pocos meses dejé mi trabajo y diez años después, me dedico plenamente a la comida. La comida del corazón salva, cura, da esperanza. Y eso es justo lo que deseo para ustedes: que haga su magia en sus mesas, en su noche, en sus días. ¡Feliz Navidad!
La cena navideña es la ocasión ideal para convivir con familia y amigos, compartiendo de los mejores platillos y bebidas pero, ¿te has preguntado cuáles son las bebidas típicas que se sirven en las mesas de los diferentes países latinos? Acompáñanos por este breve viaje para conocer x bebidas tradicionales de América Latina que se toman en Navidad. Cola de mono en Chile La cola de mono es un cóctel preparado con aguardiente, leche, azúcar, café y rajas de canela. Las personas en Chile y Colombia lo disfrutan especialmente después de cenar en Navidad y Año Nuevo, acompañado por un pedazo de pan tradicional. Coquito tico Si eres de los fanáticos de los sabores dulces, entonces el coquito es la bebida ideal para ti. Se trata de una bebida navideña originaria de Puerto Rico y su sabor tan dulce se debe a que está preparada con leche condensada, leche de coco, canela, huevos, extracto de vainilla y ron. ¡Es una bebida cremosa y tropical fría para disfrutar de la Navidad!Ponche navideño mexicano El ponche es una bebida tradicional mexicana que se prepara en Navidad y está hecho con frutas como manzana, caña de azúcar, tamarindo, guayaba, ciruelas pasas y tejocote. Algunas veces puede ir acompañado de “piquete”, un toque de tequila u otra bebida alcohólica. Ponche de crema en Venezuela El ponche de crema es una bebida navideña originaria de Venezuela. Se trata de una fuerte mezcla de alcohol etílico con azúcar, huevos y leche. Muchos lo consideran como un postre con alcohol, así que si estas a dieta, quizás ésta no sea la mejor opción. Limonchelo argentino Después de un buen manjar navideño, en Argentina se acostumbra a hacer sobremesa de la mano de un rico limonchelo o limoncello, un licor casero hecho en base a limón, anís, quinoto o hinojo. ¿Se te antoja? ¿Te atreverías a probar cualquiera de estas 6 bebidas navideñas que se toman en América Latina?
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