Consejos para adelgazar bien con dietas detox
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Consejos para adelgazar bien con dietas detox

Por Kiwilimón - January 2015
Los regímenes depurativos ayudan al cuerpo a eliminar toxinas en muchos sentidos. Las dietas vegetarianas naturales incluyen la fibra necesaria para estimular el intestino y hacer que evacue bien. Por otro lado, contienen las cantidades apropiadas de vitaminas que necesitan el intestino y el hígado, así como otros órganos de eliminación. Incluyen, además, una fuente valiosa de enzimas, ya que la mayoría de estas se basan en la toma de alimentos crudos. El alimento es muy importante durante la limpieza y, por lo general, constituye la base de cualquier programa de desintoxicación. Estas dietas eliminan la comida más procesada, aquella que puede causar muchos problemas con la digestión. Alimentos como el trigo (glútenes) y productos lácteos (leche, queso) son a menudo la causa de alergias. Las carnes pueden contener hormonas, antibióticos y son difíciles de digerir. Se debe evitar, además, la cafeína, ya que esta tiene muchos efectos negativos sobre el proceso digestivo. Los productos refinados y la "comida basura" deben ser también eliminados para que cualquier programa de detox resulte exitoso. Un capítulo aparte merecen los jugos ya que son una fuente excelente de antioxidantes, vitaminas, minerales y enzimas. El ayuno controlado a base de jugos permite que el cuerpo disponga del tiempo apropiado para procesarlos y ayuda a conservar nuestras valiosas enzimas digestivas. Recomendamos: Receta de jugo verde detox

Los 4 detox infaltables

  1. Antioxidantes. La función de los antioxidantes es tan importante que cualquier deficiencia de ellos puede considerarse catastrófica para la salud de una persona. Los antioxidantes (vitaminas A, E y, sobre todo, C) ayudan a las células a neutralizar los radicales libres que pueden dañarlas y originar mutaciones. Cuando nuestros antioxidantes son escasos, la energía es baja y la desintoxicación no puede efectuarse de una manera natural. Por lo tanto, las toxinas se acumulan o son almacenadas hasta que puedan ser procesadas. El correcto funcionamiento del hígado -y muchos otros órganos- se ve afectado cuando éstos son bajos.
  2. Enzimas. El cuerpo necesita un suministro adecuado de enzimas, no sólo para la digestión sino también para la acción depurativa. El hígado es fuente de la mayor parte de ellas. Para ayudar al cuerpo a remover y eliminar desechos y toxinas, pueden tomarse diariamente suplementos alimenticios que las tengan como base (preferentemente entre comidas, para no implicarse en la digestión). Se encuentran, principalmente, en frutas y verduras frescas y crudas, pero muchos de los alimentos que consumimos son procesados, refinados, cocinados, expuestos a radiaciones y almacenados, lo cual las destruye hasta desnaturalizarlos. Las enzimas también ayudan a los intestinos a evacuar, porque licuan el contenido intestinal y hacen el tránsito mucho más fácil. Su papel es descomponer los alimentos para su digestión y absorción. Al hacerlo, éstos se hacen más líquidos y los intestinos eliminan mucho más fácil y rápidamente. El tiempo de tránsito se acorta y nuestra salud aumenta cuando las toxinas son removidas y eliminadas. Preservar las enzimas es la clave para erradicar enfermedades y tener una vida larga y saludable.
  3. Algas. Las verduras de mar son grandes algas marinas que crecen en las aguas costeras de muchos países. Tienen alto contenido de vitaminas y yodo. Uno de sus más importantes beneficios para la salud es su capacidad para eliminar de nuestro cuerpo el estroncio radiactivo y otros metales pesados. Las algas marrones enteras (como la kelp) contienen un ácido que envuelve las toxinas en los intestinos haciéndolas indigeribles y llevándolas fuera del sistema. Las verduras de mar son de un gran aporte calórico, muy bajo en grasas, y una de las más ricas fuentes de minerales en el reino vegetal dado que tienen pleno acceso a la gran abundancia de minerales que se encuentran en el océano. Los nutrientes son adquiridos a través de toda la superficie del vegetal de mar por la suave acción de las corrientes submarinas. Muchos de estos minerales son idénticos a los de la sangre humana, y se encuentran en concentraciones muy similares. Las algas contienen cantidades altas de calcio y fósforo y son muy ricas en magnesio, hierro, yodo y sodio. También contienen vitaminas A, B1, C y E, así como proteínas e hidratos de carbono. No se deben consumir si se padece hipertensión.
  4. Microalgas. Espirulina y Chlorella son algas de agua dulce que contienen más clorofila que cualquier otro vegetal. Estas microalgas secas son una fuente riquísima de proteínas, betacaroteno y ácidos nucleicos. Las microalgas han sido usadas con éxito para mejorar la inmunidad frente a ciertas enfermedades. Sin embargo, aproximadamente el 30 % de la gente no tolera bien la Chlorella. La Espirulina tiene cualidades muy similares y es un buen sustitutivo.
Y como siempre, el mejor consejo: consultá con un profesional antes de decidir cualquier cambio drástico en tu dieta.  
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“Todo cura y todo sana”, asegura una canción de tradición. La Tierra entera es medicina: crece entre las milpas, se abre camino en la inmensidad de las fuentes acuíferas, sopla en el cálido aire de los desiertos, descansa en la profundidad de los llanos y las cuevas. En plantas y árboles, el alimento se llama sol. De él y del intrincado proceso de fotosíntesis es que sus beneficios se van tejiendo entre las hojas, raíces, tallos o cortezas.El primer registro de la flora medicinal mexicana, el códice De la Cruz-Badiano, data de 1522. El compendio detallaba el uso medicinal que los indígenas daban a las hierbas, su saber transmitido ancestralmente y luego aplicado a su labor como curanderos. La Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO) asegura que de las 4 mil especies de plantas de las que se tiene registro en el territorio nacional, al menos 3 mil podrían tener efectos medicinales. No queda duda que son ellas quienes, previo a la medicina occidental, sanaron y salvaron a los nuestros. La abuela de tradición tolteca y autora del libro Soy mujer medicina, Eva Cecilia Solís Arroyo, me explicó en entrevista que una de las curaciones prehispánicas más importantes ha sido temazcal –un ritual ceremonial en el que piedras calientes son rociadas con agua y adicionadas con hierbas medicinales–. Gracias a él, nuestros ancestros permanecían sanos. Aunque lo pareciera, la medicina tradicional no está en el olvido. Culturas madre como la china y la india han incluido los saberes de la herbolaria en los planes de salud gubernamentales extendidos entre la población. Según comenta la abuela, en México los pueblos indígenas originarios siguen combinando la medicina tradicional en conjunto con la alópata. “El mundo vegetal está a nuestro servicio, es por esto que podemos darle una intención de sanación a cada planta”, asegura. Además, nos explica que, así como en el Ayurveda, cada planta posee un espíritu con una vibración o fuerza particular: la ardiente y la sutil, la masculina y la femenina. “Las primeras son plantas de vibración fuerte. Las ocupamos en los círculos de protección, purificaciones, limpias energéticas, etcétera… Las femeninas son las que se utilizan para atraer la belleza, las que ocupamos en las cremas para el rejuvenecimiento, para sanar”, concluye la abuela. Para extraer la esencia de la planta se realizan técnicas específicas como las vaporizaciones, infusiones, destilados y cocimientos con los que se crean tés, ungüentos, aguas de uso, emplastes, fomentos, macerados, lavados y baños, tinturas y cataplasmas. Sin embargo, con tan sólo incluirlas crudas o cocidas en los alimentos de todos los días, nos brindan todos sus beneficios. Los ingredientes mexicanos favoritos de la abuela medicinaEn la botica del hogar no deben faltar las gotitas de miel melipona, provenientes de una abeja sin aguijón, fundamentales para las civilizaciones mayas. Chamanes y curanderos de todas las épocas la han ocupado como expectorante, cicatrizante, antiséptico natural y contra enfermedades de los ojos y oídos. El momo u hoja santa, por su parte, constituye el aroma y el sabor de un sinfín de guisos en el suroeste del país. El nombre místico de esta planta no es casualidad: es el resultado de su gran poder sanador. Ha sido ampliamente usado como digestivo, pues ayuda al correcto funcionamiento intestinal y disminuye el dolor abdominal; disminuye la fiebre, alivia el insomnio y relaja los nervios.El muicle, que crece en los trópicos mexicanos, es efectivo para limpiar la sangre, desintoxicar el cuerpo. Para los mixes zapotecos y totonacos cura el empacho y, en recientes investigaciones, se ha comprobado su poder antidepresivo. La corteza de cuachalalate, nativa del sur nacional, se hierve en agua para tratar el cáncer, prevenir el linfoma, ayudar en problemas gástricos y de matriz, así como desinflamar el organismo. La chaya, también de origen mexicano, se usa para tratar la diabetes, para reducir peso y para prevenir la descalcificación en niños y adultos.Para la abuela, el epazote no falta en su olla de cocción por su sabor y sus propiedades antibióticas, bactericidas e insecticidas. “Hay que tomarlo cuando existe vomito, inflamación, comezón e incluso para ayudar a expulsar la placenta después de concebir”.Aunque no son mexicanas, la abuela asegura que las buganvilias son un gran expectorante para la broquitis, por lo que las incluye en sus temazcales y hasta crudas, en las ensaladas. El ajo es otro de sus favoritos porque “es desinfectante, desparasitante y diurético”, mientras que al laurel lo prepara en tés para promover el apetito en los niños. “Tenemos que ser conscientes de que el reino vegetal es un ser vivo. Hay que volver a conectarnos con los alimentos y las plantas que utilizamos al cocinar. Al estar vivos reciben la intención y la energía que nosotros les pongamos. La invitación es a reconectar con lo que nos alimenta, a hacer de la comida nuestra medicina”, finaliza la abuela Eva.
Contrario a lo que Mafalda pensaría, no hay corazón que permanezca frío con un buen tazón de caldo caliente. Mientras que el cuerpo se alimenta con el líquido traslúcido y perfumado lleno de nutrientes, el alma se reconforta. Tal vez por eso haya un libro que se llama Caldo de pollo para el alma y que, a decir verdad, no he leído. Lo que sí he hecho es comer caldos de pollo y sentirme bien después de hacerlo. Los he comido enferma de la panza, del corazón; con un nudo en la garganta o con tos; antes y después de las fiestas; en tardes frías y al calor de la casa de mi abuela. Quizás, en el séptimo día, Dios nos dio los caldos para reposar con ellos, pero sin duda los humanos fuimos quienes perfeccionamos esta receta milenaria. Hay infinidad de formas de hacerlo. Están los que se preparan con huesos de res o tuétano para darle sabor. A mí me gusta prepararlo sencillo, con muslos, pechugas y piernas, pero en cocción lenta. A la olla aviento un trozo de cebolla, unos ajos, tres trozos de apio, poro, una zanahoria. Nunca olvido el bouquet garni que te enseñan a hacer en la escuela de cocina –laurel, salvia, mejorana, orégano y romero, amarrados con hilo blanco para que el pollo no se ponga azul, como en Bridget Jones–. El pollo va adentro con piel, con todo, porque otorga textura y profundidad. Luego a quitar la espuma con una espumadera. Cuando no hay padecimientos nada mejor que los caldos de pollo que pican, los que tienen arroz y garbanzos. Al ruedo hay que llegar con tortillas calientes, más calientes que el caldo mismo. A algunos hay que ponerles x gotas de limón por y gotas de salsa, que van en proporción al amor que se le imprimió al cocinarlo (menos sabor, más gotas). Se experimenta gratitud cuando en el caldo hay un chile chipotle al fondo: provoca a partirlo con la cuchara, aunque los labios se pongan floreados. ¿Lo malo? Cuando en el caldo hay pellejos flotantes. ¿Lo bueno? Cuando el brebaje es prístino, casi cristalino, sin burbujas de grasa, pero con aromas que acarician. El romance del caldo va más allá de la vista. Es, además, sus múltiples beneficios. Según lo que me cuenta Gina Rangel, nutrióloga de Te Cuida, el caldo de pollo posee carbohidratos saludables, grasas buenas y proteínas, por lo que es un plato completo y con todos los nutrientes de una comida integral. Tiene aminoácidos con propiedades antiinflamatorias y que ayudan a prevenir el insomnio. Gracias a su gran cantidad de electrolitos, un tazón de sopa rehidrata inmediatamente. ¡Adiós cerveza del día siguiente! Para que el caldo sea súper nutritivo, Gina recomienda que contenga la mayor cantidad de vegetales posibles, que se prepare con ajo, cebolla, sal de mar y con pollo de libre pastoreo o de alimentación orgánica. “De esta manera estamos garantizando que vamos a tener vitaminas, minerales y los tres macronutrientes incluidos en el caldo”. Lo ideal es que se someta a una cocción lenta de ocho horas, pero eso sí: hay que agregar los vegetales que acompañarán la sopa solo media hora antes de la culminación para no sobre cocinarlos. A Yamilette González, coordinadora de chefs de kiwilimón, le gusta agregar huacal, hígado, molleja, alitas y la carne con más sustancia. Adicionalmente, recomienda no lavar el pollo y cocinarlo a fuego medio bajo, de 2 a 3 horas. Si el fuego es alto, las impurezas se rompen y el caldo se contamina. “Las hierbas de olor varían mucho. Hay personas que prefieren el cilantro. Mi abuelita, por ejemplo, le agregaba hierbabuena: le daba un toque súper fresco y rico. Así, si estabas malito de la panza, te caía mejor”, me relató.  Hay que incluir los huesos en la preparación pues en ellos está la magia: su gelatina es efectiva para el crecimiento del pelo y las uñas, así como para la reducción del dolor en las articulaciones.El caldo es un apacho a todas luces. Gina piensa que “a través de un plato de caldo calientito lleno de nutrientes, le das a las personas un momento de paz, de estar en el aquí y en el ahora, reconfortar en cuerpo y alma, es por eso que, cuando una persona enferma lo primero que pensamos es regalarles un caldo de pollo para que se sientan mejor”. En salud o enfermedad, hay que tomarse el tiempo de disfrutar cuando una casa huele a caldo de pollo, cuando la tapa de la olla tintineante devela que algo rico espera en el tiempo. Su vapor y su sabor tienen el súperpoder de cambiar el sustantivo “casa” por el de “hogar”. ¿Lo preparamos?
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