La Importancia de Beber Agua
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La Importancia de Beber Agua

Por Kiwilimón - Mayo 2012
El agua es obligatoria si queremos que nuestro cerebro funcione de una manera óptima. Y si estamos estresados, debemos aumentar a 16 vasos de agua al día. El 90 % del volumen de nuestro cerebro está compuesto por agua y es el principal vehículo de las transmisiones electroquímicas A veces no tenemos idea de lo que 8-10 vasos de agua por día pueden hacer para eliminar muchos malestares. Las personas normalmente no beben tal cantidad para evitar la molestia de tener que orinar seguido; un inconveniente menor a cambio de una mejora en su salud. El hablar de beber agua, no se refiere al café, tés o gaseosas. El agua embotellada y/o de manantiales es la mejor. Beber de 8 a 10 vasos de agua al día podría significativamente aliviar muchos malestares en el 80% de las personas. Sabías que: El mecanismo de la sed es tan débil que con frecuencia el 37% de los seres humanos lo confunde con hambre. Recetas saludables Toma nota de estas recetas saludables que podrán ser parte de tu sana alimentación diaria. No te arrepentirás. (te recomendamos hacer click en el título de la receta para más detalles) Caviar de Berenjena Esta rica receta mediteranea es una deliciosa manera de trabajar la berenjena. Hamburguesas de Hongos Portabella Deliciosa receta vegetariana de las hamburguesas de hongos portabella con una mayonesa preparada. Rollos de Berenjena con Queso Feta Ricos rollos de berenjena con ligero sabor picante. Lasaña Vegetariana Light Lasaña de espinacas, calabacitas, salsa de tomate y queso ricotta. Preparada con ingredientes bajos en grasas y llenos de sabor. Disfruta de este platillo de pasta por solo 215 calorías por porción. Hongos Rellenos de Queso Roquefort Una botana de hongos rellenos de queso roquefort, pan molido y perejil. Queda deliciosa y es muy sencilla de preparar.
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Esta temporada está cayendo como cubetada de agua fría, sobre todo con el retorno al semáforo rojo. Las interrogantes son demasiadas: ¿Tendremos Navidad? ¿Cuántos seremos? ¿Cocinamos o pedimos? ¿Cuánto gastaremos? Y mientras dudamos de todo y de todos, hay algo que no podemos perder. Puede que seamos dos en la mesa, pero ¿por qué privarnos también de nuestro pavo con gravy, de nuestros tamales, de aquello que ansiamos probar? Aun con todo, es Navidad. La celebración es la fecha misma como también la comida que se sirve a la mesa y el amor que nos damos. Habremos de convivir con el núcleo más cercano por las próximas semanas sin siquiera sacar la mano por la ventana. La celebración –ésta y la de vivir– no tiene que ver con lo que pasa afuera como con el acto de agradecer y bendecir. Las Navidades son extrañas, no lo niego. Casi siempre tienen algo agridulce –excepto cuando eres niño y todo es jugar con los primos y descubrir qué regalo se esconde bajo la envoltura–. Por ellos, por nosotros: merecemos una Navidad como ninguna otra. Esta vez seremos los elementales y bastará.La comida nos salvará más que nunca. Para ello habremos de cocinar con alegría y ponerle intención a la comida; llenarla de eso que nos deseamos a nosotros y a la familia. Nos reuniremos alrededor de un pavo horneado con amor, de esa pasta por la que esperamos un año entero y que nos sabe a paz. Nos tomaremos un momento para agradecer lo que sí tenemos: la abuelita que aún sonríe en un extremo de la mesa, la ensalada de manzana que este año quedó más rica, la hermosa llegada de Ana a la familia, el olor a pay de manzana que llena la casa.Dicen que la comida no hace milagros –o sí, aunque nadie lo ha documentado– pero es el vínculo más inmediato con la vida. Cenar rico puede hacernos olvidar el miedo. Además, como en las películas, puede ser el inicio de nuestro propio cuento navideño al que probablemente le falten los villancicos, la nieve o la gente, pero le sobre emoción.Y si todavía no están convencidos de que la comida salva les quiero compartir mi propia historia de Navidad, una en la que un plato de bacalao me devolvió la esperanza. Y sí, ya les conté el final.**************El aroma del bacalao siempre me lleva a ese veintidós de diciembre en el que mi mamá y mi tía cocinaban varios platillos a la vez. Mi abuelita llevaba dos semanas grave. Ellas, tan expertas en la cocina, flaqueaban casi imperceptiblemente: a veces se les caían cosas al piso, se les olvidaba poner ingredientes, los intercambiaban. La tristeza no le impediría a la familia Molina celebrar la Noche Vieja.En esa cocina las ollas sobre el fuego eran la única señal de vida. La de barro llevaba horas borboteando. Como cada año, era tan grande que le cabía bacalao para alimentar a más de quince durante la cena y el recalentado y rellenar un bote de yogurt para que cada familia se llevara. De la cazuela emanaba el olor a los ajos fritos en el aceite, el sofrito de jitomate con las cebollas y las aceitunas, al pescado previamente desalado. En otras palabras, olía a Navidad. Mi abuelita mientras tanto estaba en su cuarto. No lo sabíamos, pero le restaban unas pocas horas de vida. Recuerdo que entre la pelada de papas y manzanas me escabullí de mis labores de cortadora oficial para ir a verla. Apenas entré, la vi enderezada. Algo la tenía en alerta y mi corazón lo sintió. Mi abuelita inspiró profundamente y con voz grave desde su cama me dijo: –“Dile a tu mamá que a ese bacalao le hace falta sal”. Confieso que me quise reír. Nunca vi venir esa afirmación y menos en el contexto. Para mí, no hay un momento de más lucidez.Corrí hasta la cocina, llegué al bacalao. Tomé una cucharada y ¡rayos!, efectivamente le hacía falta sabor. Tomé un par de puñitos de sal y los fui integrando hasta sentir que estaba en su punto. Noté que el olor cambió. Ella lo sabía: conocía a la perfección a qué debe oler un bacalao hecho para sacar suspiros.Esa tarde mi abuela se devoró una torta de bacalao. Fue lo último que pidió. El veinticuatro pasamos la Navidad como pudimos, ya sin ella. A penas en el recalentado me entraron ganas de volver a probar el guiso. A la primera mordida conecté con la esperanza, con el legado de mi abuelita, con eso que resultó ser mi última experiencia con ella. En ese momento tuve una revelación: quería que la cocina y la comida se convirtieran en mi vínculo con la vida y con mis ancestras. A los pocos meses dejé mi trabajo y diez años después, me dedico plenamente a la comida. La comida del corazón salva, cura, da esperanza. Y eso es justo lo que deseo para ustedes: que haga su magia en sus mesas, en su noche, en sus días. ¡Feliz Navidad!
El martes México perdió algo: un fogón irreemplazable se nos apagó para siempre. Yuri de Gortari, uno de los grandes investigadores y divulgadores de la gastronomía mexicana, dejó el plano terrenal. Algunos tuvieron la fortuna de llamarlo maestro. Yo no la tuve. Cada año pensaba que ahora sí tomaría el Diplomado de Cultura y Gastronomía Mexicanas y no sucedió. De él me queda al menos el recuerdo de su voz pausada y sus comentarios agudos cuando pude entrevistarlo. Yuri de Gortari fue un letradísimo personaje de la cultura mexicana que desenvainó la espada por la cocina que a muchos avergonzaba antes de la declaratoria de la UNESCO y del boom mediático: antes de los World’s 50 Best Restaurants, de los Enrique Olvera, de los Jorge Vallejo. A él le tocó confrontar a personajes que llamaron ‘poca cosa’ a la cocina mexicana y a quienes se referían a un taco como un gesto culinario vulgar. A Yuri le apasionaron las minucias del paso a paso, los ingredientes endémicos, las personalidades que resguardaban el saber culinario, las recetas que se transmiten como ADN sagrado. Bajo el grito de guerra #hagamospaís, él y su pareja Edmundo Escamilla, reclutaron en sus filas a alumnos, amas de casa y cocineros que como ellos tuvieron la convicción de salvar la cocina mexicana del desuso, del ‘mexican curious’. En la institución que fundaron, la Escuela de Gastronomía Mexicana (ESGAMEX), enseñaron sobre aquello a lo que había que ponerle una lupa grande en la cocina nacional: desmenuzaron sus técnicas, sus regiones y preparaciones, sus periodos históricos. Claudio Poblete, periodista, director y fundador de Culinaria Mexicana, apunta que “Yuri y Edmundo, al fundar ESGAMEX, pusieron la primera piedra en los planes de estudios formales de la cocina mexicana”. ¿Qué más trascendente que eso? Claudio comenta además que la mejor forma preservar su legado sería que, “se instituya la cátedra Yuri de Gortari en todas las universidades gastronómicas de México y que haya por lo menos un año de clases de cocina mexicana con su método de enseñanza”. Hay quienes el martes perdieron una fuente de sabores entrañables. Su amigo Alejandro Cabral afirma que de la mano de Yuri no sólo probó la mejor cochinita de su vida, sino que tuvo un instante de revelación: “Hizo las tortillas y luego les puso un poco de manteca. Las tortillas estaban apiladas para mantener su calor y así la manteca iba derritiéndose. Las comí con frijoles refritos –unos que hacía en manteca hasta que se iban secando–. El sabor de los frijoles combinados con el maíz y la manteca me hicieron llorar”. La gente que conoció a Yuri afirma que nadie defendía la cocina mexicana de las muletillas y las modas pasajeras como él. Hablan de su coherencia en la forma de mirar, decir y hacer cocina, siempre en función de preservar las tradiciones. Sus ideas firmes le significaron partidarios y detractores. “Yuri y Edmundo eran fieles a sus principios y no comprometían su visión de la cocina nacional ante ninguna visión comercial”, comenta Claudio Poblete.Desde el martes, los que tomaron clases con él y los que no recordaremos a Yuri por sus programas interesantísimos en el Canal Once, por su saber en libros como El maíz de boca en boca, Recuerdos de chocolate y Guisos y golosos del barroco, por ser el gran estudioso de la gastronomía mexicana y por dignificar lo nuestro. Lo recordaremos porque cuando éramos libres y salíamos de viaje había alguien que ya sabía que México no sólo vivía de nachos y chimichangas. Divulgadores como él nos hacen llevar con orgullo la camiseta, el mandil y el huipil.Fotos: Bertha Herrera
La dieta keto tiene muchos beneficios más allá de bajar de peso, pues hay evidencia de que también puede mejorar tu salud respecto a enfermedades como la diabetes, por ejemplo, pero también es un apoyo para tratar enfermedades neurológicas.Aunque aún faltan más estudios concluyentes, investigaciones científicas han demostrado que esta dieta puede tener beneficios para una amplia variedad de condiciones de salud diferentes:Cardiopatías. La dieta cetogénica puede ayudar a mejorar los factores de riesgo como la grasa corporal, los niveles de colesterol HDL (bueno), la presión arterial y el azúcar en la sangre.Enfermedad de Alzheimer. La dieta cetogénica puede ayudar a reducir los síntomas de la enfermedad de Alzheimer y ralentizar su progresión.Epilepsia. La investigación ha demostrado que la dieta cetogénica puede causar reducciones significativas en las convulsiones en los niños epilépticos.La dieta cetogénica, o keto, es una dieta alta en grasas y baja en carbohidratos que generalmente contiene productos de origen animal como carne, pescado y aves, pero ¿qué pasa si la quieres integrar a tu estilo de vida vegetariano? La buena noticia es que es posible adaptarla a una dieta vegetariana.¿Cómo es una dieta keto-vegetariana?Una dieta cetogénica vegetariana consiste en un plan de alimentación que combina aspectos del vegetarianismo y la dieta cetogénica, con el fin de evitar la carne y el pescado, pero conservar el consumo alto en grasas y limitada la ingesta de carbohidratos a 20-50 gramos por día, para así provocar la cetosis, un estado metabólico en el que el cuerpo comienza a quemar grasa como combustible en lugar de glucosa.En una dieta cetogénica tradicional, alrededor de 70% de las calorías diarias totales deben provenir de grasas, cuyas fuentes pueden ser aceites, carne, pescado y productos lácteos enteros, pero la dieta cetogénica vegetariana elimina la carne y el pescado y se basa en grasas saludables, como el aceite de coco, los huevos, los aguacates, las nueces y las semillas.Ideas de comidas keto-vegetarianasUna dieta keto-vegetariana es posible, así que podrás combinarlas sin problema con platillos que incluyan huevo, nueces y semillas, como los que te proponemos a continuación.Coliflor rostizada con huevo y aguacateEste platillo puede funcionar muy bien como desayuno en una dieta keto-vegetariana y tiene una preparación sencilla. La coliflor se rostiza 15 minutos en el horno con un poco de aceite de oliva y para sazonarla, usa una pizca de ajo en polvo, sal y pimienta. Coloca encima unas rebanadas de aguacate, un huevo estrellado hecho con acete en aerosol y así tendrás un platillo con alrededor de 179.5 calorías.Chips de kale El kale es uno de los vegetales de hoja verde más nutritivos que puedes encontrar y una forma de incluirlo en tu dieta es como chips. Simplemente coloca las hojas de kale en una charola para hornear con aceite de oliva, sal y chile en polvo; hornea por 25 minutos o hasta que estén crujientes y no olvides voltearlas de vez en cuando. Para tener un snack delicioso, acompáñalas con un poco de guacamole.Espagueti de calabazaEsta receta es perfecta para la cena libre de carbohidratos, pero llena de grasas saludables, pues se trata de unos fideos de calabaza con una salsa hecha con crema de aguacate. Para hacerla, licúa o procesa 2 aguacates con 1/4 de taza de cilantro, una cucharada de jugo de limón, sazona con sal, pimienta, cebolla en polvo y un diente de ajo. Cocina los fideos y simplemente añade la salsa de aguacate para tener la cena lista.Encuentra algunas otras ideas de comidas para seguir una dieta keto y empezar el año con una alimentación balanceada en nuestro reto keto.
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