Los refrescos light engordan más que los regulares
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Los refrescos light engordan más que los regulares

Por Kiwilimón - Mayo 2014

Típico que salimos a un restaurante el fin de semana y nos atascamos de comida pero para no sentirnos taaaan culpables pedimos un refresco light. Tengo que confesar que yo lo hacía, hasta que leí una nota en donde te explican la verdad de los refrescos light.

Y era de esperarse…¿un refresco que no tenga azúcar ni calorías? Era demasiado bueno para ser real. Mira los resultados de un estudio que realizó la Escuela de Medicina de la Universidad de Texas, al comparar por 10 años a un grupo que tomaba refresco de dieta con otro que sólo tomaba refresco regular:

-La cintura de todos los participantes creció.

-El vientre de las personas que sólo tomaban refresco de dieta, tuvo un incremento mayor del 70%.

-Las personas que sólo tomaban una o dos latas de refresco light al día, tuvieron un incremento en la circunferencia de su cintura de 5 veces más que las personas que sólo tomaban refresco regular.

¿Te imaginas? de light no tienen absolutamente nada y es que, como explican en la nota, cuando consumimos grandes cantidades de fructuosas, endulzantes artificiales y polioles, provocamos que las bacterias se adapten de manera que interfiera con las señales de saciedad en nuestro metabolismo.

Estas bacterias se encargan de procesar la comida y al hacerlo emiten un bio-producto llamado ácido grasos de cadena corta. Este bio-producto ayuda a distribuir la energía en el cuerpo, pero cuando las bacterias se adaptan al azúcar y prosperan se hacen más eficientes al procesar grandes cantidades de azúcares y al mismo tiempo aumenta su producción de ácidos grasos de cadena corta.

Son esos altos niveles de ácidos grasos los que disminuyen las señales de saciedad, además de promover la inflamación del tejido del intestino.

Esto explica parcialmente por qué los investigadores han encontrado que el refresco de dieta puede promover el sobre peso. Los endulzantes sin calorías pueden confundir al cerebro para que tenga ganas de más azúcar.

Así que ahora que ya sabes la verdad detrás de los refrescos light, cuando vayas a tomarlos, hazlo con moderación y un tip muy bueno, es que luego tomes mucho agua.

Ver artículo original.

Artículo cortesía de 

Recetas de Bebidas

Bebida Refrescante de Pepino

 

Agua de Tuna

 

Agua de Horchata

 

¿Sabías esta información sobre los refrescos light?

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Hay jugos con vitamina C, jugos para estreñimiento, jugos verdes, jugos con betabel, , la variedad es muy extensa, pues incluye frutas, verduras e incluso semillas, y todos prometen estar llenos de propiedades benéficas para ti. Además, pueden ser muy útiles para incorporar a tu dieta ciertas verduras que no sean tus favoritas, como las espinacas que, en un jugo y mezcladas con otros sabores, pueden ser un descubrimiento delicioso y nutritivo.Uno de los jugos en los que puedes combinar espinacas es el jugo verde, que además es uno de los más populares y con muchos beneficios.Para qué sirven los jugos verdesEl jugo verde es una bebida elaborada a partir de vegetales verdes como apio, col, acelgas, espinacas, pepino, perejil o menta, y puesto que esta mezcla tiende a saber un poco amarga, la mayoría de las recetas agregan pequeñas cantidades de fruta, como manzanas, moras, kiwi, limones, naranjas y toronjas. No hay una receta única para preparar jugo verde y en cuanto a sus usos, no hay una sola opción para responder para qué sirven los jugos verdes, pero su uso más común suele ser para desintoxicar, o para bajar de peso, aunque no hay suficiente información científica para comprobar esto.Jugos verdes: beneficios Entre los beneficios potenciales de los jugos verdes, algunas investigaciones señalan que comer verduras de hoja verde a diario puede ayudar a reducir la inflamación, el riesgo de enfermedad cardíaca y el riesgo de deterioro mental relacionado con la edad.También hay evidencia de que ciertos compuestos en el jugo fresco pueden funcionar como prebióticos, los cuales alimentan y apoyan el crecimiento de bacterias beneficiosas en el tracto digestivo.Los mejores jugos para el desayunoAdemás del jugo verde y sus propiedades, si lo tuyo son los jugos para acompañar tu desayuno, te dejamos algunos con muchos beneficios para ti.Espinaca, manzana y manzana. Pica 5 hojas de espinaca, 1 zanahoria y 1 manzana en trozos grandes y mezcla en la licuadora, añade un poco de agua para diluir la consistencia y aromatiza con un poco de canela; también puedes colarlo, pero si conservas la pulpa, obtendrás la fibra.Jugo de kale y apio. Para este jugo sólo necesitas picar y licuar 1 tallo de apio, 5 hojas de kale, medio pepino, 2 cucharadas de perejil y un poco de piña, si deseas un sabor dulce.Betabel y kiwi. Mezcla en la licuadora 2 tallos de apio, 1 kiwi y 1/4 de betabel, con un chorrito de jugo de limón, para darle sabor.Recuerda que los jugos no son un sustituto de una dieta equilibrada y saludable, a pesar de que sí contengan muchos de los beneficios de las frutas. No olvides consultar con tu médico o nutriólogo sobre los jugos adecuados para ti y tu dieta.
El romero es una hierba muy común y de fácil acceso que tiene hojas verdes y delgadas en forma de aguja, con un olor profundo y penetrante. Y aunque su uso es más común en la cocina, el romero también tiene varios usos y beneficios para el cabello.Esta maravillosa hierba ofrece fuertes efectos antimicrobianos, antiinflamatorios y antisépticos. También es eficaz contra la candida albicans, un tipo de levadura que causa la caspa, por lo que funciona como remedio casero útil para tratar la caspa, la comezón y la irritación del cuero cabelludo.Entre los beneficios del romero en el cabello, podemos contar que estimula y mejora la circulación en el cuero cabelludo –lo que favorece el crecimiento del cabello–, aumenta su brillo, alivia el cuero cabelludo irritado o seco, además de que limpia suavemente el cabello.De hecho, suele usarse como una infusión para refrescar el cabello dentro del método curly o después de hacer ejercicio, pues es una manera sencilla de mantenerlo limpio e hidratado. Para preparar infusión del romero para el cabello, sólo necesitas hervirlo y si lo deseas, puedes combinarlo con aceites esenciales, como el de argán o de lavanda.Si usas romero fresco, sólo necesitas 2 cucharadas de hojas y si utilizas hojas secas, entonces sólo 1 cucharada. Pon a hervir 2 tazas de agua y añade las hojas de romero, déjalas reposar durante 15 a 30 minutos y luego cuela las hojas. Tu infusión de romero está lista.Puedes transferirla a una botella con aspersor y guardarla para rociarla sobre tu cabello cuando quieras refrescarlo, después de hacer ejercicio, por ejemplo, o usarla como enjuague después de lavarlo. Sólo aplica directamente sobre tus raíces y da un ligero masajear a tu cuero cabelludo. No necesitas enjuagarlo después.Esta infusión puede rendir para al menos 2 a 4 aplicaciones, dependiendo del largo de tu cabello y puedes guardarla en el refrigerador sin ningún problema y se mantendrá en buen estado hasta por dos semanas.
Ser pionera en la cocina no es fácil. Corrijo. Ser pionero en cualquier ámbito es una rareza. Chepina Peralta fue de aquellas señaladas para abrir brechas y lo hizo prendada de las recetas: en los años sesenta fue la primera conductora mujer en liderar un programa culinario en América Latina. En los noventa años que Lucía Josefina Sánchez Quintanar vivió, nos hizo soñar con los sabores de aquello que la mirábamos hacer del otro lado del televisor. La semana pasada partió, pero está claro: Chepina Peralta es cultura popular mexicana. Su legado no se va a ningún lado.Chepina fue la conductora de programas inolvidables como La Cocina de Chepina, Chepina en tu cocina y por supuesto, Sal y Pimienta, entre muchos otros. En cada uno, siempre la enmarcaban la barra de una cocina y unos anaqueles de set, mientras parada o sentada, pelaba ingredientes, agregaba especias y salpicaba sin reparos. En ella no había poses ni rituales histriónicos. Al contrario. En sus programas nos hacía creer que la comida rica estaba al alcance de todas las manos y que lo máximo sería probar algo que viniera de las de ella. A mí personalmente me inspiró a los siete años a fantasear con mi propio programa culinario. Muy a pesar de la cocina de mis padres, yo no agregaba espinacas ni acelgas en la licuadora cuando veía Sal y Pimienta. Lo que ella evocaba en mí era crear, divertirme: “Amigos, el día de hoy prepararemos unos deliciosos bombones con papitas… y pimienta… y cátsup… y galletas… en la tostadora. ¡Van a quedar buenísimos!”. Chepina no sólo inspiró a niños y sus madres, sino a generaciones de familias que comenzaron a comer con los ojos. Gracias a ella –la señora del mandil floreado– muchas mujeres decidieron darle descanso al microondas, comer menos guisos de congelador. La cocina y la salud de las generaciones abre-fácil conocimos la esperanza de lo hecho en casa. Pero que a nadie engañe esa dulzura de tía entrañable, de abuela consentidora. Chepina Peralta supo construir su propio emporio alrededor de las recetas. Ella no estudió para cocinera. Según su descripción era una “maestra en el arte de la palabra”, por lo que la conducción de un programa televisivo parecía irle como guante de seda.  Su facilidad de palabra y carisma le valió un espacio fijo en distintas televisoras en las que grabó casi ocho mil programas. De los libros de su autoría se cuentan trece. Hay programas de radio, entrevistas, publicaciones escritas. Todo. Chepina, antes de que la cocina mexicana fuera el orgullo nacional que es ahora, la divulgó, la reincorporó al menú diario con preparaciones fáciles y accesibles para las amas de casa. La cocina de los años setenta y ochenta estuvo marcada por sus cremas de verduras, por sus mixiotes, sus atoles, sus tortitas de papa, sus pasteles salados y sus gelatinas. Sin más, definió la cocina de todos los días en el devenir de los años. En el marco del Festival Morelia en Boca de 2017, Chepina Peralta recibió un reconocimiento por el mérito de sus cuarenta años de carrera. Aún tengo el recuerdo de la chef contando emocionada que había sido a través de la cocina que había conocido México, el mundo y, sobre todo lo demás, a sí misma. Chepina seguirá siendo la inspiración de quienes pensamos que cocinar es alegría, terapia y autoconocimiento, y que un plato a la vez se puede cambiar a otros, a uno mismo.
La historia del pan en San Cristóbal de las Casas inicia con las alforjas cargadas de trigo que viajaban, junto a rebaños y otros productos comestibles, con los castellanos que se asentaron en el Valle de Hueyzacatlán. Al asentamiento le siguieron consecuencias. Algunas evidentes, como la hegemonía del trigo en San Cristobal, indisputable hasta el siglo XIX y en relativa competencia con los tuxtlecos, que entraron en la escena en el XVII. Para entonces, las cartas estaban sobre la mesa: San Cristobal tenía ya una vocación panadera, una vocación imborrable, imperecedera.   Aunque de los molinos de la época quedan poco más que recuerdos —y una ruta que se puede hacer por la montañas en bicicleta—, en este destino chiapaneco la identidad sigue ligada al pan: al tradicional y al moderno, al coleto y al europeo. Así, el pan se asoma a la mesa del desayuno, se ofrece como colación a medio día o como cierre de la merienda. El pan está en las casas, en las cafeterías —que tampoco son pocas— y en los restaurantes. Mi primer encuentro con la panadería de la región fue fortuito —poco antes de enterarme que iba a escribir este artículo—. Fue en Sibactel y Aldama, dos de las 60 comunidades que producen café en Chiapas. Fue después de recorrer los cafetales, cerca del medio día. Fue en el patio de secado del beneficio comunitario de Sibactel, con una taza de pozol. Fue en casa del caficultor Pedro Vázquez, donde sus hijas disponen café de olla, horchata y una canasta copada de pan dulce como un gesto de hospitalidad. En esa primera ronda se me quedó impregnada la consistencia firme de los panes —muy distinta a la de los europeos con aire, suaves, esponjosos— y una nota de humo, siempre presente en las cocinas y los hornos de leña que, en este lado del mundo, todavía son comunes.  A mi vuelta al centro de San Cristóbal, y gracias a las recomendaciones de los chefs de Tierra y Cielo, llegué con más intención a la puerta de la panadería Fátima, un local de fachada bicolor —morado con blanco, reconocible a leguas— en la calle Benito Juárez, que tiene más de 30 años en operación.Los anaqueles de Fátima son una librería del amplio repertorio del pan coleto que además de lo ya dicho, es diverso en forma y fondo. Aquí verán montañas trigueñas de panes planos, enroscados o trenzados —mis favoritos—, con cortezas cubiertas de azúcar o ajonjolí, con migajones oscuros o amarillentos, preparados con piloncillo, canela y muchas veces con manteca. Los reconocerán también por su nombre de pila: cazuelejas —quizás las más famosas—, rosquillas, marquesotes, pan de yema o pan de manteca. Los amarán un poquito más porque son una ganga. A riesgo de parecer disco rayado —o la burra al trigo, en una analogía más pertinente—, quiero hacer hincapié en la textura de estos panes: esa que es firme, porosa, a veces arenosa, a veces crujiente. Si me preguntan, esa textura es pretexto, una provocación, un estado ideal que pide a gritos el ahogo de una bebida caliente —café, chocolate, atole, ustedes digan—.  Estudiosos del tema, como Edgar Zulca Báez, atribuyen esta característica a cuestiones más prácticas como la conservación, a que “su estructura compacta garantiza su integridad en el transporte y es resistente a la descomposición”, escribe el académico.Kievf y Marta —que en sus exploraciones panaderas preparan, entre otras cosas, panes de tascalate para el desayuno— me recomendaron complementar la expedición con las panaderías que siguen los pasos de la herencia danesa y francesa. Obediente, me dirigí a los hornos —de lugares como La Casa del Pan, Oh la lá y el Horno Mágico— que complementan, con bollería, croissants, empanadas de hojaldre, chocolatines y mantequilla, la escena panadera. Una historia que, por ahora, es harina de otro costal.
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