Recetas light: Taquitos de lechuga con jicama y pollo
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Recetas light: Taquitos de lechuga con jicama y pollo

Por Kiwilimón - Enero 2012
Para aquellos que se han propuesto bajar esos kilos de más este año nuevo 2012, aquí les dejamos esta receta de Hojas de lechuga con pollo, jicama, aguacate y mango. Servidos como taquitos. Para ver más detalles de la receta e imágenes, haz click aquí.

Ingredientes

  • 1/4 Taza de Jugo de limon
  • 1/3 Taza de Cilantro picado fino
  • 1/2 Cucharadita de Comino en polvo
  • Pimienta de cayena
  • 1/2 Taza de Aceite de oliva
  • 3 Pechugas de Pollo deshebradas sin piel
  • 1 Pieza de Lechuga grande en hojas
  • 1 Pieza de Jícama pequeña cortada en palitos delgados
  • 1/4 Pieza de Cebolla morada picada en rodajas muy finas
  • 1 Pieza de Aguacate cortado en cubos
  • 1 Pieza de Mango grande cortado en cubos
Para ver el método de preparación, haz click aquí.
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Puede que no seas el gran experto en vinos pero, sin duda, la temporada decembrina es una época en la que sí se nos antoja probar alguno que vaya bien con nuestros platos principales, porque así podemos hacer que la cena para nuestros seres queridos más cercanos sea aún más especial. Aunque emparejar la comida con vino puede ser una tarea compleja, hay ciertas reglas simples a seguir cuando de maridar vinos se trata, y así lograr un equilibrio entre los componentes de un plato y las características de un vino.  Como pautas generales, el vino debe ser más ácido y más dulce que la comida, por ejemplo; otra regla es que si elijes un vino tinto, este combinará mejor con una carne de sabor intenso, como la roja, mientras que los vinos blancos van mejor con carnes de sabor ligero, como el pescado o el pollo. Sin embargo, al momento de comprar tu vino es difícil saber si será más ácido o más dulce, porque las etiquetas suelen sólo decirnos la uva de la que se trata y probablemente no lo has probado o aún no logras distinguir bien estas características al degustar uno. Lo más sencillo sería que alguien te dijera el vino exacto que va bien con tu plato fuerte, ¿no crees? Si esto es lo que buscabas, esta será la guía más sencilla que puedas encontrar para combinar tus platos fuertes con un vino específico esta Navidad o para tus próximas cenas decembrinas, porque no sólo te decimos las características de su sabor, sino que además te recomendamos un platillo especial para maridarlo y crear tu menú.1. Lomo de cerdo con vino espumoso. Si ya sabes que vas a cenar un lomo de cerdo relleno, entonces un vino espumoso Gavioli Lambrusco irá muy bien con tu receta, porque su sabor delicado y semidulce está equilibrado por la frescura y sabor de frutos rojos, lo cual combinará sin problemas con la carne roja del lomo. Este vino va frío (idealmente a una temperatura de 8 a 10 °C), así que te recomendamos refrigerarlo antes de servirlo. 2. Lasaña con vino tinto. El Montefiori Reserva Especial Nebbiolo será el vino más adecuado si para tu cena eliges hacer una deliciosa lasaña a la boloñesa, pues su salsa con jitomate y su queso gratinado combina muy bien con este vino especial, en el que predominan los sabores de frutos rojos y jamaica, con un sutil toque de romero. 3. Pasta con mariscos y champagne. La pasta que te proponemos incluye mariscos como camarones, calamares, almejas, y una salsa cremosa infalible en cualquier paladar que combinará perfecto con este champagne Roederer Brut Premiere, el cual tiene un sabor fresco, con notas de fruta tropical, miel y cítricos. 4. Fresas con chocolate y champagne. Para un menú completo y con broche de oro como cierre, prepara unas fresas con chocolate de la manera más fácil que puedas encontrar con nuestra receta y combínalas con Champagne Taittinger Brut Reserve, un vino delicado con sabores a fruta fresca y miel, traído de Francia y elaborado con mucha tradición. Con estas 4 ideas, seguro armarás un menú no sólo muy especial y sabroso para tu cena, sino que además, bien maridado. Todos estos vinos tienen una gama de precio accesible y puedes encontrarlos ya en Liverpool sin tener que salir de casa pues te los pueden entregar a domicilio o bien puedes recogerlos en los módulos especiales aprovechando el servicio Click & Collect. Ahora que si quieres adquirirlos directamente en tu tienda más cercana ten la tranquilidad de que comprarás en un lugar que cumple con todas las medidas de seguridad.Agasaja a los tuyos de una manera diferente pero siempre llena de cariño para pasar felices fiestas con una cena bien combinada, incluso si no eres un experto en vinos.
Los retiros de silencio son una experiencia curiosa. A la hora de la comida no hay lugar para los “qué rica sopa”, los “me pasas la sal” o los “ay, esa salsa pica mucho”. Aunque parezca una obviedad no queda otra que ponerle atención al alimento. Recuerdo que mi primera vez tenía al frente una sopa de espinacas con trocitos de papa y una diminuta brunoise de zanahorias. Las instrucciones de mi guía de meditación eran claras, había que observarlo todo: la forma de cada verdura, la caprichosa distribución en la que los ingredientes se acomodaban en el plato. Los olores no se salvaban. Había que concentrarse en las notas de la espinaca cocinada, el aroma del tiempo. Y por supuesto, ya en la boca, sentir cada ingrediente, cada combinación lograda en el asar de una cucharada. La experiencia fue iniciática. Hace unos días pude repetir la emoción. Esta vez fue en un centro de medicina ancestral en el que había que comer en conciencia. Ana, la chef, lleva años confeccionando combinaciones de recetas que luego prepara de forma consciente y sirve para placer de los visitantes. Eva Solís, la Abuela, es la fundadora de este espacio y la creadora del libro ‘Comida que cura’. Y es que ya lo dice una cita bíblica en Proverbios, “las palabras amables son como la miel: dulces al alma, saludables para el cuerpo”. Para la Abuela, las plantas, las frutas, y todo lo que procede del reino vegetal tiene el poder de reaccionar frente a las energías que les ponemos a través de la intención.Quizás parezca la formulación de un pase mágico –es más, probablemente lo sea– pero hay un arte en eso de convertir los ingredientes más sencillos en manjares para el alma. Explicado de otra forma, el ritual es similar al que hacemos cuando le cantamos o le hablamos bonito a una planta: crece más y crece mejor. La Abuela explica que las palabras y la intención transforman un platillo en una medicina poderosa. ¿Salsa para estimular la felicidad? ¿Sopa de chícharo para lograr la quietud? Así, tal cual. El rezo comienza al cocinar: se agradece a cada integrante de la receta, así como a las personas que tuvieron que ver con ellos –agricultores, distribuidores, vendedores– desde el campo hasta el momento de cocinarlos. Al final, “la importancia de ofrecer una comida que cura es que podemos elevar la vibración energética y el estado de ánimo de nuestras familias”. Eso sí. Hay que ser sabios ante nuestro marchante de confianza. “La selección de los ingredientes en un platillo que lleva la intención de sanar comienza con la compra de alimentos vivos y productos no procesados como materias primas”. Luego es importante lograr las combinaciones correctas. Aquí no aplica eso de que todo cabe en un jarrito sabiéndolo acomodar. Para la Abuela –tal como también lo dicta la tradición Ayurvédica– hay que aprender sobre la química que se despierta en los alimentos al unirlos. “Combinar los alimentos de manera adecuada permite una mejor digestión, una adecuada evacuación y una desintoxicación continua. Lo contrario produce enfermedad”, afirma la Abuela en su libro.Laura Esquivel en ‘Como agua para chocolate’ hace uso de hipérboles para explicar cómo los sentimientos de la cocinera –de la entrañable Tita– se trasladan al platillo y a los comensales: desde a unas codornices con pétalos de rosas hasta a una rosca de reyes. Para la Abuela no es una exageración: “Quienes cocinamos debemos tomar consciencia de cómo estamos al momento de estar frente al fogón. Si estoy triste, enojada o con prisa, eso mismo daré de comer a mi familia”. Para ella, la vibración que tenemos le confiere al plato una emoción, así que más vale estar conscientes al momento de cocinar. Luego viene la degustación consciente. La Abuela recomienda estar en silencio y con los ojos vendados. Retomar el uso de las manos para ponernos en contacto directo con los ingredientes; percibir sus texturas, formas, tamaños y temperaturas. Así, en total atención investigar con la nariz y la boca los insumos que tenemos frente a nosotros. Probar, disfrutar, detenerse en ese dulce momento. El ejercicio meditativo tendrá una ventaja adicional: “Al degustar conscientemente, la orden de saciedad llega más pronto al cerebro y, por tanto, requeriremos comer menos. Lo contrario sucede cuando comemos leyendo, chateando o pensando en lo que tengo que hacer”. Por último, para que tu comida se convierta en un medio para curarte, purificarte y renovarte, la Abuela recomienda bendecir y agradecer por eso que terminó en un plato precisamente para ti. Esas acciones que parecen insignificantes “son los pilares que sustentan la abundancia, el flujo equilibrado entre el dar y el recibir”. Comer así, en total conexión, nutrirá más que solo tu cuerpo físico.
Los chilaquiles son uno de los antojitos favoritos de los mexicanos y es que gracias a su naturaleza tan versátil, nunca pueden faltar para desayunar, curarse las crudas o almorzar en familia. Existen chilaquiles verdes, rojos, crujientes y aguados pero, ¿alguna vez has probado estos platillos extravagantes con chilaquiles? Pan de muerto relleno de chilaquiles Los mexicanos siempre nos ponemos creativos a la hora de comer, pero inspirados por la temporada de Día de Muertos, usuarios en redes sociales popularizaron la receta de pan de muerto de ajonjolí con chilaquiles. Este extravagante platillo puedes encontrarlo en Chilaquil del Valle, en CDMX. ¿Te atreverías a probarlo? Foto: Chilaquil del Valle  Chilaquiles rellenos ¿Qué sería mejor que unos crujientes chilaquiles rellenos de algún otro ingrediente como chicharrón prensado, queso o carne? Exacto, no existe nada más sabroso. Por eso, otra de las mejores invenciones modernas son los chilaquiles rellenos, bañados de tu salsa favorita. Concha rellena de chilaquiles Sabemos que pocas cosas podrían sorprenderte después de leer los últimos dos extravagantes platillos hechos con chilaquiles pero por ahí del 2018, surgió una nueva receta que horrorizó a muchos y conquistó a otros tantos: las conchas rellenas de chilaquiles, un invento traído por Asu’Mecha a CDMX, inspirados por la bomba veracruzana (conchas rellenas de queso y frijoles). ¿Súper sí o mejor no? Tecolotas o tortas de chilaquilesLas tecolotas son, quizás, los platillos con chilaquiles más normalizados actualmente, ya que al igual que las guajolotas, forman parte indispensable de los desayunos godines chilangos. ¡Son tortas rellenas de chilaquiles sumamente deliciosas! Las originales las encuentras en La Esquina del Chilaquil, o bien, puedes preparar tu propia versión en casa. Pizza de chilaquiles La pizza, al igual que los chilaquiles, es un plato muy versátil, lleno de posibilidades infinitas y a pesar de que aún no sabemos a quien se le ocurrió originalmente, crearon la pizza de chilaquiles, juntando lo mejor de dos mundos. Este manjar puedes encontrarlo en diversos restaurantes chilangos, ya que se ha popularizado bastante, pero la pizzería El Perro Negro fue una de las pioneras. Burritos de chilaquiles ¿A qué otro platillo se le pueden rellenar chilaquiles? A los burritos, por supuesto. Y es que la mezcla de tortillas de harina con frijoles, queso y chilaquiles, por muy extraño que suene, es un manjar que no podemos evitar recomendarte. ¡Pruébalos en salsa verde! ¡Seguro que nunca imaginaste estos 6 deliciosos y extravagantes platillos con chilaquiles!
Los recuerdos son un montón de ladrillos que toman forma de edificación, de castillo de Disney, apenas se les pone unos kilómetros de distancia. En la comida este kilometraje se remonta a la niñez. Los platos que nos marcaron tienen como ambientación un momento de familia, una olla grande y un gesto de cariño dirigido a nosotros. Hay un narrador –mejor si tiene voz de Morgan Freeman–, y por supuesto, una abuela, una madre o alguien con quien pudimos establecer una conexión profunda. Que si aquella comida que recordamos con las vísceras y el corazón sabía rico sólo el universo lo sabe. Aquí es donde la distancia juega su truco. En los platillos entrañables hay algo de engaño que es al mismo tiempo un mantra sanador: sabe a un momento en el que nos sentimos queridos. Nos saben a amor. Nos saben a hogar. La nostalgia parece teñir de sepia y de rosa la memoria y con ello, los sabores y las vivencias pierden su nitidez. Por supuesto, esta emoción tiene la potencia de dejarnos tatuado el nombre de ese platillo que trataremos de replicar, buscar e interpretar en lo que cocinamos, comemos y compartimos. Yo no tengo una receta entrañable y especial. Tengo varias. Está el mole verde de mi abuelita y la sopa de tomate de mi mamá. Pero en el necio ejercicio que es recordar, he descubierto que en el amor a mis platillos favoritos no pesa tanto la complejidad de la receta como el tamaño del recuerdo. El mejor ejemplo que se me ocurre es el sencillo sándwich de frijoles refritos, queso Gouda y chipotle que mi papá asaba cada mañana en una sandwichera para que yo me lo llevara a la escuela. No sonaba la campana del recreo y yo ya me había comido dos de ellos –sí, dos–. El tema es que siempre he gozado de buen apetito y simplemente uno no le alcanzaba a mis ganas. A mi papá le dije una mentira piadosa. Le conté que a mis amigas les gustaba tanto mi sándwich que, mordida a mordida, me dejaban sin comer. La verdad es que yo prefería la culpa al hambre y sinceramente sus sándwiches me sabían a gloria. Él, un padre sumamente protector, comenzó a mandarme dos. Yo simplemente me los devoraba. Si alguien me pedía una mordida, me lo pensaba. Como mi historia, las recetas más especiales tienen la fuerza de hacernos sonreír y evocar cada sabor, cada sensación, como si estuviéramos ahí. Un sabor termina siendo una Polaroid, un puente al pasado y, al mismo tiempo, un gancho que nos conecta al aquí y al ahora. En Kiwilimón queríamos celebrar eso: el hermoso poder que tiene la comida para conectarnos con lo que más queremos. Por eso creamos un concurso, La Receta del Año. Con él queremos conocer las anécdotas detrás de las recetas que amas. Compártenos tu receta favorita y escribe junto a ella el relato de por qué es tan especial para ti. Al final premiaremos las mejores con una hermosa vajilla (con valor de más de 10 mil pesos), para que puedas perpetuar los recuerdos y vivencias. No sólo eso: serás parte de nuestro recetario del año y verás en video tu receta firmada con tu nombre.Para descubrir las bases de este concurso, checa esta nota o este video y si te quedan dudas, escríbenos por favor a chefkiwilimon@gmail.com. Anímate a compartir lo que más te gusta. Estoy segura de que la Receta del Año de Kiwilmón la tienes tú. Sube tu receta y su historia especial con el hashtag #Larecetadelaño desde tu cuenta en Kiwilimón y si aún no tienes, regístrate aquí.
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