Tip: Cómo hacer una cena saludable

Por Kiwilimón - July 2011
  Dependiendo del país o lugar de orignen, los horarios para cenar varían. Existen algunos lugares donde la cena se hace alrededor de las 7:00 u 8 de la noche, y hay algunos otros que se realiza entre las 9 y las 10 de la noche. También, varia mucho el tiempo de llegada de las actividades laborales. Todo esto nos deja muy poco tiempo entre la comida y el dormir. La relación entre la cena y un buen dormir es directa pues la digestión influye en nuestro descanso.
¿Qué tipo de alimentos conviene ingerir antes de ir a dormir?
Los alimentos deben variar por temporada: en verano podemos comenzar con alguna crema fría o gazpacho y en inverno con alguna sopa o guisado liviano. La ensalada, por su parte siempre es una buena opción pues es rápida de preparar y permite combinarla con proteínas de buena calidad como el pollo, el pescado, el jamón, el huevo, queso, papas, arroz, pasta, y demás. De esta forma hasta puede convertirse en un plato único. Si tenemos tiempo podemos idear algo con lo que sobra de la comida y sino siempre está la opción de las ensaladas empacadas. Además, si no hemos ingerido nuestra ración diaria de frutas o lácteos la cena es la última oportunidad de hacerlo. Aquí están algunos tips o consejos para tener una cena saludable:
  • - Nada de frituras, condimentos picantes, mucha sal y platos abundantes.
  • - Nada de grasa, por eso lo mejor es cocinar al vapor, al horno, a la plancha, con microondas o hervir los alimentos.
  • - Preferir pescado, aves o huevos en lugar de carne de vaca o cerdo.
  • - Lo mejor es comer porciones pequeñas.
  • -Dejar de cenar no adelgaza, por lo que se recomienda tomar este alimento, aunque sea ligeramente.
Recomendaciones saludables para cenar:Ensalada de Quinoa con VerduraEnsalada de Papa y ChicharoEnsalada de Lechuga con Manzana y NuezBrochetas de frutas con crema batida light y mermelada
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Esta temporada está cayendo como cubetada de agua fría, sobre todo con el retorno al semáforo rojo. Las interrogantes son demasiadas: ¿Tendremos Navidad? ¿Cuántos seremos? ¿Cocinamos o pedimos? ¿Cuánto gastaremos? Y mientras dudamos de todo y de todos, hay algo que no podemos perder. Puede que seamos dos en la mesa, pero ¿por qué privarnos también de nuestro pavo con gravy, de nuestros tamales, de aquello que ansiamos probar? Aun con todo, es Navidad. La celebración es la fecha misma como también la comida que se sirve a la mesa y el amor que nos damos. Habremos de convivir con el núcleo más cercano por las próximas semanas sin siquiera sacar la mano por la ventana. La celebración –ésta y la de vivir– no tiene que ver con lo que pasa afuera como con el acto de agradecer y bendecir. Las Navidades son extrañas, no lo niego. Casi siempre tienen algo agridulce –excepto cuando eres niño y todo es jugar con los primos y descubrir qué regalo se esconde bajo la envoltura–. Por ellos, por nosotros: merecemos una Navidad como ninguna otra. Esta vez seremos los elementales y bastará.La comida nos salvará más que nunca. Para ello habremos de cocinar con alegría y ponerle intención a la comida; llenarla de eso que nos deseamos a nosotros y a la familia. Nos reuniremos alrededor de un pavo horneado con amor, de esa pasta por la que esperamos un año entero y que nos sabe a paz. Nos tomaremos un momento para agradecer lo que sí tenemos: la abuelita que aún sonríe en un extremo de la mesa, la ensalada de manzana que este año quedó más rica, la hermosa llegada de Ana a la familia, el olor a pay de manzana que llena la casa.Dicen que la comida no hace milagros –o sí, aunque nadie lo ha documentado– pero es el vínculo más inmediato con la vida. Cenar rico puede hacernos olvidar el miedo. Además, como en las películas, puede ser el inicio de nuestro propio cuento navideño al que probablemente le falten los villancicos, la nieve o la gente, pero le sobre emoción.Y si todavía no están convencidos de que la comida salva les quiero compartir mi propia historia de Navidad, una en la que un plato de bacalao me devolvió la esperanza. Y sí, ya les conté el final.**************El aroma del bacalao siempre me lleva a ese veintidós de diciembre en el que mi mamá y mi tía cocinaban varios platillos a la vez. Mi abuelita llevaba dos semanas grave. Ellas, tan expertas en la cocina, flaqueaban casi imperceptiblemente: a veces se les caían cosas al piso, se les olvidaba poner ingredientes, los intercambiaban. La tristeza no le impediría a la familia Molina celebrar la Noche Vieja.En esa cocina las ollas sobre el fuego eran la única señal de vida. La de barro llevaba horas borboteando. Como cada año, era tan grande que le cabía bacalao para alimentar a más de quince durante la cena y el recalentado y rellenar un bote de yogurt para que cada familia se llevara. De la cazuela emanaba el olor a los ajos fritos en el aceite, el sofrito de jitomate con las cebollas y las aceitunas, al pescado previamente desalado. En otras palabras, olía a Navidad. Mi abuelita mientras tanto estaba en su cuarto. No lo sabíamos, pero le restaban unas pocas horas de vida. Recuerdo que entre la pelada de papas y manzanas me escabullí de mis labores de cortadora oficial para ir a verla. Apenas entré, la vi enderezada. Algo la tenía en alerta y mi corazón lo sintió. Mi abuelita inspiró profundamente y con voz grave desde su cama me dijo: –“Dile a tu mamá que a ese bacalao le hace falta sal”. Confieso que me quise reír. Nunca vi venir esa afirmación y menos en el contexto. Para mí, no hay un momento de más lucidez.Corrí hasta la cocina, llegué al bacalao. Tomé una cucharada y ¡rayos!, efectivamente le hacía falta sabor. Tomé un par de puñitos de sal y los fui integrando hasta sentir que estaba en su punto. Noté que el olor cambió. Ella lo sabía: conocía a la perfección a qué debe oler un bacalao hecho para sacar suspiros.Esa tarde mi abuela se devoró una torta de bacalao. Fue lo último que pidió. El veinticuatro pasamos la Navidad como pudimos, ya sin ella. A penas en el recalentado me entraron ganas de volver a probar el guiso. A la primera mordida conecté con la esperanza, con el legado de mi abuelita, con eso que resultó ser mi última experiencia con ella. En ese momento tuve una revelación: quería que la cocina y la comida se convirtieran en mi vínculo con la vida y con mis ancestras. A los pocos meses dejé mi trabajo y diez años después, me dedico plenamente a la comida. La comida del corazón salva, cura, da esperanza. Y eso es justo lo que deseo para ustedes: que haga su magia en sus mesas, en su noche, en sus días. ¡Feliz Navidad!
El cuerpo es el carruaje que nos fue dado para transitar la vida. Una vez que se agota, no existe un nuevo modelo, ni la posibilidad de comprarse otro al 2x1. Se dice mucho sobre su cuidado. La tendencia son las vitaminas y los alimentos que las contienen. El tema es ubicarse en el enjambre de posibilidades que se ofrecen allá afuera para mejorar su salud; observar si nuestra elección nos lleva a obsesionarnos con él o, por el contrario, a restarle valor.Para mí, cuidar el cuerpo es escucharlo. Sentarse un momento a sentirlo; conectarse con sus sensaciones: el dolor, el ardor, el placer, la armonía, la quietud. Él no miente. Anteriormente nos habían dicho que prestarle demasiada atención era un acto frívolo, que nuestra forma de filtrar el mundo debía ser a través de la razón o, si acaso, de los sentimientos, nunca a través del cuerpo o de las vísceras. Para la medicina oriental, el cuerpo habla y su estado de salud es el reflejo de las creencias de la mente y el discurso de las emociones. El cuerpo es el gran conector de todo. Gabriel Bello, comunicador certificado por el HeartMath Institute de Estados Unidos, afirma que “el cuerpo habla su propio idioma y si no lo entendemos es porque claramente no le dedicamos tiempo”. Basta observar que, si la mente está enfrascada en un dilema, el cuerpo apoyará la causa con un dolor terrible en los omóplatos. Si experimentamos ira, el cuerpo participará en el diálogo regalándonos una buena gastritis o un colón irritado, cuanto menos. Hay mucha literatura al respecto. Louis Hay, la famosa precursora del Nuevo Pensamiento, afirmaba que las enfermedades son el resultado de una emoción negativa y que para sanarla hay que intercambiarla por una positiva. Para Gabriel Bello, “las enfermedades son desequilibrios energéticos causados por distintas emociones. Entonces, si generamos emociones negativas, destructivas y estrés, ese desequilibrio llega a nivel celular. El cuerpo dará avisos de que algo no bueno está sucediendo. Si no hacemos caso, surge la enfermedad”.Ello no significa que los buenos pensamientos justifican la alimentación desequilibrada o la falta de ejercicio. Pero todo comienza desde dentro. De ahí la importancia de la meditación como técnica para mantenernos conscientes. Una vez que se escucha e interpreta la guía del cuerpo, podemos poner atención al resto: a sus amigos los pensamientos y las emociones. Cuando lo de adentro es atendido de la forma correcta, lo de afuera –las decisiones de alimentación, por ejemplo– adquieren otra perspectiva. Y hasta entonces, y no al revés, veremos cada ingrediente, cada rutina de ejercicio, el menú que ofrecemos a la familia, como potenciales de sanación. Hasta los antojos se verán diferentes.Los antojos son una de las formas que tiene el cuerpo para expresarse. A algunas mujeres embarazadas les da por comer ladrillos, gises, paredes. La razón: el organismo requiere calcio y, en ese estado tan claridoso, se potencia el antojo. Y así pasa siempre. Cuando los antojos vienen desde el lugar correcto –no de las emociones no resueltas, o de las carencias de la mente– expresan lo que el cuerpo necesita para su mejor funcionamiento. Cuidar el cuerpo es tomarse el tiempo para sentirlo, vivirlo, agradecerlo. Este 2021 la invitación es volvernos íntimos con él, convertirnos en su mejor amigo, entablar conversaciones de ida y vuelta y aprender a leer su lenguaje. Gabriel Bello incluso habla de “darle estímulos positivos, constructivos y amorosos” para mantenerlo sano. Este bien podría ser el mejor propósito del año: el cuerpo como guía para alcanzar un mejor yo.Si necesitas ayuda extra te presentamos nuestra nueva sección: Kiwilimón Te ciuda. En ella te compartimos las herramientas para lograr un cuerpo gozoso y feliz. Encontrarás recetas para diferentes tipos de alimentación, consejos y el reto Keto, una dieta de quince días avalada por nuestro equipo de nutriólogas en la que removimos los carbohidratos simples, los procesados y los azúcares para darle un reboost al organismo. Antes de comenzarla, recuerda consultar a un médico y a la par, escuchar a ese sabio que vive en ti. ¿Nos acompañas?
En la temporada decembrina, si vives en el hemisferio en el que estamos por cambiar de otoño a invierno, es común comenzar a notar esto en la piel y eso incluye a nuestro cuero cabelludo, que puede sentirse reseco.Por ejemplo, quizá sientes comezón, pero esto también puede verse reflejado con caspa, un poco de ardor y caída del cabello. Ya que en la cabeza no podemos untarnos nuestra crema humectante favorita, lo que sí podemos hacer es no olvidar hidratarnos con agua y probar alguno de estos remedios caseros para hidratar tu cuero cabelludo.Remedios caseros para el cuero cabelludo resecoAceite de coco. El aceite de coco no sólo puede hidratar el cuero cabelludo, pues además tiene propiedades antifúngicas y antibacterianas que pueden ayudar a reducir el riesgo de infecciones. Incluso puede ayudar a tratar la dermatitis atópica.Para usarlo, simplemente aplica una pequeña cantidad de aceite de coco derretido directamente en el cuero cabelludo y masajea la piel. Déjalo reposar durante al menos 10 minutos y después lava tu cabello como lo haces normalmente. Aceite de árbol de té. Este aceite tiene fuertes propiedades antisépticas, antifúngicas y antibióticas y es por eso que muchos champús contra la caspa contienen aceite de árbol de té.Para usarlo, puedes hacerlo solo o mezclar unas gotas de aceite de árbol de té con un aceite portador, como aceite de coco o de oliva, y masajearlo en el cuero cabelludo. Déjalo actuar durante 10 minutos y luego lava tu cabello.Plátanos machacados. Los plátanos son nutritivos e hidratantes, lo que los convierte en un excelente tratamiento para el cuero cabelludo seco. Además de ser humectantes, son una fuente confiable antimicrobiana natural, y los dos beneficios combinados pueden ayudar a aclarar el cuero cabelludo seco.Machaca o tritura en procesador un plátano con unas cucharadas de aceite de coco o de oliva. Mézclalo bien y luego póntelo masajeando tu cuero cabelludo. Déjalo actuar de 10 a 15 minutos y después, enjuaga.Yogurt con huevo. El yogurt es calmante para la piel y también puede ser exfoliante, mientras que el contenido de grasa y proteína del huevo puede nutrir y proteger el cuero cabelludo al prevenir el daño de los radicales libres a nivel celular.Para usar este remedio, mezcla unas cucharadas de yogur natural sin sabor y sin azúcar con un huevo bien batido. Aplícalo con un masajea a tu cabello y cuero cabelludo, y espera 10 minutos antes de lavarlo. Enjuaga la mezcla con agua tibia o fría, para que el huevo no se cocine y sea difícil quitarlo de tu cabello.Aguacate. Los aguacates contienen ácidos grasos monoinsaturados y ácidos grasos poliinsaturados que pueden hidratar y proteger la piel. Puedes usar tanto aguacate o aceite de aguacate tópicamente para calmar el cuero cabelludo seco.Si usas aguacate, licúalo o machácalo y mézclalo con unas gotas de aceite portador, como aceite de oliva, antes de masajearlo en el cuero cabelludo. Déjalo reposar durante 10-15 minutos antes de lavarlo. Para una hidratación extra, puedes mezclar aguacates y plátanos, y usarlos como tratamiento.Recuerda aplicar cualquiera de estos remedios en una parte de tu piel, como el ante brazo, antes de usarlos en tu cuero cabelludo, para asegurarte de que no te harán alguna reacción alérgica.
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