Vegetarianos: Cómo preparar hummus casero
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Vegetarianos: Cómo preparar hummus casero

Por Kiwilimón - Enero 2012
  El hummus (árabe: حمٌص; hebreo: חומוס; griego, Χούμους) es una ensalada o plato hecho a base de puré de garbanzos con zumo de limón, crema denominada tahina (pasta de semillas de sésamo) y aceite de oliva, que según la variante local puede llevar además otros ingredientes como ajos, pimentón (generalmente vertido al servirse), etc. Es un plato muy popular a lo largo y ancho de todo Oriente Medio, incluidos Israel, Líbano, Palestina, Turquía, Grecia, Siria, Armenia y Chipre, aunque el hummus que se consume en Grecia es bastante distinto del que se encuentra en el mundo árabe y en Israel. El hummus pareciera tener como origen el antiguo egipto y su preparación era muy semejante al actual, servida en porciones pequeñas sobre una pieza de pan. (Fuente Wikipedia) A continuación podrás ver algunas recetas para preparar hummus en casa. Toma nota.
  • Hummus Casero. El hummus es un dip muy rico de orígenes mediteraneos hecho a base de garbanzo, pasta de ajonjolí, limón y aceite de oliva.
  • Dip de Garbanzos con Jitomate Deshidratado. Este hummus o dip de garbanzos lleva jitomates deshidratados dándole un sabor distinto y delicioso. Se sirve con pan pita. Es una buena botana para vegetarianos.
  • Dip de Garbanzos. También conocido como hummus, esta botana árabe es delicosa.
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En México, las flores de cempasúchil llenan el ojo de todos con su característico color en cuanto se acerca el Día de Muertos. En macetas o ya cortadas y puestas en la ofrenda, estas flores no son sólo un adorno.Su nombre científico es tagetes erecta, pero comúnmente se conoce como cempasúchil, cempoalxóchitl, cempaxóchitl, cempoal o también zempoal en México, y como African Marigold en Estados Unidos. Su significado en náhuatl es flor de veinte pétalos (cempohualxochit: veinte flores o varias flores) y dentro de la ofrenda, marca el sendero que guía a las almas hasta los altares.Nuestros antepasados ya la usaban para aminorar malestares estomacales, como vómito, indigestión y diarrea, y en la actualidad se utiliza para dar color a textiles, elaborar insecticidas y también como medicamento.Los beneficios de la flor de cempasúchilToda la hierba es antihelmíntica (es decir, que actúa contra los gusanos parásitos), aromática, digestiva, diurética, sedante y beneficiosa para el estómago. Los principales usos medicinales del cempasúchil son para la digestión, pero también para enfermedades respiratorias como la tos. Se usa también para tratar afecciones en la piel, como el salpullido, además de estos otros usos:Útil para tratar la conjuntivitis y los ojos adoloridos de manera externaLa raíz sirve como laxanteLas flores sirven para ayudar a expulsar gases y para eliminar las lombrices intestinalesComo infusión, se usa para tratar resfriados y paperasSi la plantas en tu jardín funciona como insecticida, gracias a las secreciones de las raíces de las plantas en crecimientoLa flor de cempasúchil tiene muchos usos, ya sea en fomentos, en baños calientes, untada o inhalada, pero además de los beneficios medicinales, el tinte amarillo obtenido de las flores se puede utilizar como sustituto del azafrán para dar color y sabor a los alimentos.Si la usas en tus ofrendas este año, ahora ya conoces sus demás beneficios y usos, así que podrías darles un segundo uso a tus flores de cempasúchil.
Seguro conoces el árnica como pomada para cuando tienes dolores por golpes, para bajar la inflamación e incluso para tratar moretones, pero esta hierba medicinal también se puede beber en té de árnica y tiene muchos beneficios.El secreto para que el árnica funcione como desinflamatorio es que contiene helenalina, el elemento activo que no sólo le da el efecto antiinflamatorio, sino también antitumoral. ¿Para qué se toma el té de árnica?El árnica es usada sobre todo en tratamientos homeopáticos para desinflamar, aliviar dolores musculares o dolor de garganta. Además de té de árnica, esta hierba se usa para saborizar bebidas, postres lácteos congelados, dulces, productos horneados, gelatinas y pudines, y también se usa en productos cosméticos, como tónicos para el cabello.Existen varios medicamentos homeopáticos de árnica que se comercializan como un tratamiento eficaz para la osteoartritis, la neuralgia posterior al herpes, la neuropatía diabética, el dolor posquirúrgico, la cicatrización de heridas e incluso el cáncer, pero la evidencia científica que respalde su uso en el tratamiento de cualquier afección médica aún es limitada.El té de árnica se debe tomar muy diluido y sólo se deben usar las hojas, pues la flor tiene un nivel de toxicidad mayor. Para preparar té de árnica, calienta una taza de agua y una vez que hierva, añade una pizca de hojas de árnica, si lo deseas, puedes endulzar con miel o mezclar con otras hierbas, como manzanilla.Los químicos activos en el té de árnica pueden reducir la hinchazón, disminuir el dolor y actuar como antibióticos. Sin embargo, no se recomienda su uso con otros medicamentos o productos a base de hierbas que puedan diluir la sangre, como la aspirina, por ejemplo, pues algunos estudios han evidenciado que estos mismos químicos pueden limitar la capacidad de una persona para formar coágulos de sangre.Se dice también que el té de árnica funciona para prevenir el ardor que causa la gastritis y aliviar dolores y síntomas del resfriado, pero estos beneficios no están respaldados por suficiente investigación científica.Recuerda que si estás tomando árnica como medicamento homeopático, debes informar a tu doctor para que te oriente sobre su uso.
Para cerrar la semana patria hablemos del elefante verde, blanco y rojo del cuarto: la cocina nacional es insuperable. Mientras el taco roba la atención internacional hace falta ser paisano para comprender la complejidad, amplitud y delicia de nuestra gastronomía; los entrañables guisos regionales, las tradiciones patronales, las sazones cocinadas en olla de barro, bajo el calor del pib o en la incandescencia de la brasa. Ya lo dijo la UNESCO hace justamente diez años, la cocina tradicional mexicana es patrimonio del mundo, cultura que vale la pena preservar por los siglos de los siglos. Basta ver al ajonjolí de todos los moles: el mole. Su complejidad resuena en la infinidad de ingredientes que lo componen –algunos de ellos tan improbables como unas galletas de animalitos–, en sus acepciones regionales, en las sutilezas que se modifican de acuerdo con las festividades como Día de Muertos, en su amplitud cromática que abarca casi todos los colores del arcoíris. El mole, salsa densa que nos recubre tanto la memoria como la cucharada de arroz más humilde, debe su honor, más que a sus recetas, a la tradición alrededor de su preparación.Así como en el mole, el mestizaje y la cultura se mezclan como pinturas al óleo en las cocinas tradicionales de México tanto, que hace diez años la UNESCO nombró a su totalidad como un patrimonio de la humanidad. En la declaratoria no había que ser esfinge: había que presentar un caso de estudio, reunir un sinfín de requisitos e información por parte de un grupo multidisciplinario de cocineros, historiadores, antropólogos y hasta ingenieros en alimentos con el fin de perseverar. El resultado fue una condecoración como nunca se le había otorgado a otro país. La cocina tradicional mexicana es nuestra Muralla china, nuestro Machu Picchu cultural. Según el escritor e historiador de cocina mexicana José N. Iturriaga, no es que no se hayan honrado a otras cocinas antes o después. En los últimos años se han protegido otras maravillas culinarias como, por ejemplo, la etiqueta en la cocina francesa, la dieta mediterránea y la tradición japonesa en la cocina, pero no así a un país. A diez años del fallo de la declaratoria en la que se reconocen las prácticas, rituales y elaboraciones vinculadas a nuestra cocina, merece volver a celebrar el mérito. Celebrar que en México no sólo hay 32 estados, sino una infinidad de tradiciones que se preservan en el fuego de los comales, las ollas, las vasijas de barro. Celebrar por supuesto a las cocineras tradicionales que, según Iturriaga, “son el objeto mismo de la declaratoria”, el libro atemporal de los saberes culinarios de cada región. José N. Iturriaga, escritor de libros como 'Saberes y delirios' o 'Confieso que he comido', afirma que parte de la responsabilidad de tener una cocina protegida por la UNESCO es la de rescatar, salvaguardar y promocionar la tradición “más que a un platillo o a un ingrediente; preservar la cocina de nuestros pueblos, la cocina de los mercados, de las abuelas”.Para lograrlo se creó el Conservatorio de la Cultura Gastronómica Mexicana, un organismo consultor de la UNESCO que lleva a cabo reuniones nacionales anuales, foros mundiales de gastronomía mexicana, seminarios académicos y hasta encuentros de cocineras tradicionales. “A los platillos y tradiciones hay que estarles dando nuevo vigor. Preservarlos y salvaguardarlos para que no caigan en desuso y se mantengan vivos. El sentido principal de la organización es la conservación de las tradiciones”. Lo que nos toca hoy en casa es aprender y enseñar sobre cocina mexicana a las generaciones venideras. Desempolvar el tortillero y echarle leña al fuego. Poner literalmente las manos en la masa y extender los hilos de la tradición hasta el infinito. Hoy te invito a tomar alguna de nuestras recetas tradicionales y prepararla en familia. Además de cincelar recuerdos harás historia, harás cultura, serás parte de este ritual iniciático que puso a suspirar a los primeros mexicanos.
Flores de cempasúchil en vasitos de vidrio. Dos panes de muerto junto a restos de azúcar desperdigada. Una ollita, la más pequeña de la alacena, llena de mole al que ya se le hizo una capa de nata. Papel picado descolorido por las gotas de un caballito de tequila que se derramó. Hasta arriba, la foto del pariente fallecido observándolo todo: la abundancia o la escasez de la ofrenda, el faltante de huesito en el pan. Esta escena se repite cada año en el altar de muertos. Esta es una escena de tradición mestiza.No sé si fue Coco, no sé si fue James Bond. Esta costumbre mitad prehispánica, mitad española, ha resurgido con fuerza en los rincones de las salas mexicanas. Fray Bernardino de Sahagún, en la Historia general de las cosas de la Nueva España, ya relataba que los aztecas eran dados a hacer festejos a los muertos. El altar recordaba el viaje de cuatro años que el difunto debía emprender, camino a Mictlán, el reino de los muertos. Como en casi todas las religiones y creencias, no había altar sin una ofrenda, y como en casi todo ofertorio, siempre había algo de comer.Según me cuenta el licenciado José N. Iturriaga, historiador y escritor, había un ingrediente infaltable en los altares prehispánicos: los tamales envueltos en hojas de totomoxtle. También había agua para ayudar al alma del muerto a sortear el camino lleno de peligros. Luego, con la evangelización, las costumbres católicas como el rito a los santos y la fermentación del trigo se fueron mezclando con las costumbres locales. El altar es mestizaje puro. Por ejemplo, están las flores endémicas como los cempasúchiles, los frijoles, el tequila –que, aunque tiene denominación de origen, no existiría sin la destilación, originaria de Asia–. El mole es un plato barroco, resultado del intercambio con África del Norte, España, el sudeste asiático... El pan de muerto es fruto del sincretismo del pan de ánimas que se hace en Segovia o de los huesos de santo, un postre de pasta de almendra español cuya presentación recuerda a los relicarios. Así como el origen del altar es diverso, también lo es la celebración: “El 1 de noviembre, día de Todos los Santos, fue un día para celebrar a los santos que no tenían fecha y se instauró en el siglo séptimo; el Día de Muertos lo estableció el Papa Bonifacio IV en la Abadía de Cluny Odilón”, explica Iturriaga. Esto sucedió en el siglo X –claramente, mucho antes de la Conquista– con el objetivo de que los fieles hicieran oración por los muertos. Para los que injurian contra el Halloween asumiendo que es una falsificación de nuestra fiesta, Iturriaga cuenta que la palabra viene de All hallow’s eve, que es otra forma de nombrar “todos los santos”. La celebración data de épocas medievales y fueron los irlandeses quienes la llevaron a América. Lo de los Frankenstein y los dráculas, eso sí ya es regalo de Estados Unidos –y, bueno, de Mary Shelly y de Bram Stoker–.La simbología del altar es naturalmente mexicana. Una ofrenda que se respete debe tener todos sus componentes: agua, tierra, calaveritas de azúcar, flores, alimentos, vela y copal para guiar al muerto hasta el altar. Para Iturriaga tampoco debe faltar el alimento raíz que nos conecta con nuestros ancestros: el tamal. Los tamales son piezas individuales que se preservan bien y aguantan bien la intemperie –recordemos que muchos altares viven en los cementerios– y lejos de un simbolismo específico, provienen de “El grano madre que moldea una cultura. El alimento más icónico”. Nuestra creencia es única: por un día en el año tenemos de regreso a casa a ese familiar que queremos tanto, a ese ser que admiramos mucho y que nos hace falta. Olvidamos el miedo que nos dan los fantasmas, en otros días menos festivos del año, para esperar que nuestro ser amado atraviese el cielo o el mundo paralelo para comer, beber y fumar. Eso sí, no cometan el error de olvidar los cerillos. Para honrarlos, aquí comparto la sección en la que pusimos toda esa comida que les puede gustar.
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