Las siete edades del apetito te ayudarán a cumplir tu propósito de comer mejor
Dietas y Nutrición

Las siete edades del apetito te ayudarán a cumplir tu propósito de comer mejor

Por Kiwilimón - Enero 2020
¿Alguna vez te has puesto a pensar por qué comemos? ¿Cómo es el mecanismo de nuestro cuerpo que nos avisa cuando necesita comer? ¿Conoces la diferencia entre hambre y apetito?

Para saber por qué comemos, es importante que tengas claro qué son el hambre y el apetito, dos conceptos diferentes y que muchas veces no sabemos diferenciar, incluso pensamos que son sinónimo y no lo son.

El hambre es el instinto de supervivencia que impulsa a alimentarnos cuando el organismo lo requiere. El apetito es la sensación de comer, influenciada por aspectos psicológicos de la persona como el deseo de comer por placer, felicidad, aburrimiento, tristeza, ansiedad.

Como todo en nuestro organismo, el apetito va cambiando conforme vamos creciendo y es preciso conocer sus etapas, para así aprender a comer mejor.

Primer decenio, de los 0 a los 10 años

En esta etapa es cuando se experimenta un mayor y rápido crecimiento. Es cuando los niños pueden adquirir los hábitos que, posiblemente, los acompañen toda su vida, es por eso que es muy importante que los pequeños aprendan a distinguir la comida que verdaderamente los nutre, pues lo que aprendan durante los primeros años de su vida determinará qué tan saludable será de adulto.

Segundo decenio, de los 10 a los 20 años

Ya en la adolescencia, con los cambios fisiológicos viene un aumento de apetito. Durante esta etapa, la relación con la comida suele ser más vulnerable, pues es cuando llega la pubertad, los jóvenes suelen estar más influenciados y son propensos a caer con comida que pueda provocar desnutrición u obesidad.

Durante esta edad del apetito, las mujeres son más propensas a padecer deficiencias nutricionales por su biología reproductiva.

Tercer decenio, de los 20 a los 30 años

En la edad adulta joven, se producen cambios importantes que pueden causar un aumento de peso, por ejemplo, la vida universitaria, vivir en pareja o tener hijos; es cuando nos relajamos y no somos tan estrictos en la alimentación. También es la edad en la que podemos caer en excesos.

Cuarto decenio, de los 30 a los 40 años

La vida laboral en la edad adulta trae consigo los efectos del estrés, que según se ha demostrado, ocasiona cambios en el apetito y los hábitos alimentarios en 80% de la población. Esos efectos pueden consistir tanto en despertar un apetito voraz, como en ocasionar una pérdida de este.

Quinto decenio, de los 40 a los 50 años

La Organización Mundial de la Salud destaca que el tabaquismo, la dieta poco saludable, la falta de actividad física y el problema de la bebida son los factores del estilo de vida que más repercuten en la salud y la mortalidad. Es en estos años cuando los adultos deben cambiar su comportamiento en función de las necesidades de salud, pero con frecuencia los síntomas de la enfermedad son invisibles.

Sexto decenio, de los 50 a los 60 años

En este periodo comienza la pérdida progresiva de masa muscular y continúa de manera constante a medida que avanzamos en edad. Este fenómeno se denomina sarcopenia.

Mantener una dieta saludable y variada, y practicar actividad física es fundamental para reducir los efectos del envejecimiento.

Séptimo decenio, de los 60 a los 70 años y más

La vejez conlleva la falta de apetito y de hambre, lo que da lugar a una pérdida de peso involuntaria y una mayor fragilidad. La disminución del apetito también puede ser consecuencia de una afección concreta, como, por ejemplo, la enfermedad de Alzheimer.

La alimentación es una experiencia social, por lo que factores como la pobreza, la pérdida de la pareja o un familiar, y el hecho de comer sin compañía, afectan la sensación de placer que se obtiene al comer.

Otros efectos de la vejez, como las dificultades para tragar, los problemas dentales y la pérdida de gusto y olfato también interfieren en el deseo de comer y en los beneficios que obtenemos de esa práctica.

Se dice que lo que no se conoce, no se puede mejorar, así que una vez que conoces las etapas del apetito y cómo van cambiando las situaciones y requerimientos de cada edad, puedes saber cómo llevar una vida más saludable y comer mejor.
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Rosa Angelica Osorio Lopez
25/01/2020 05:57:28
Hola fue excelente explicacion
Lupita Velázquez Pineda
24/01/2020 07:58:28
Muy interesante y si lo tomare en cuenta lo voy a compartir......Gracias por los consejos tan importante buenos días y que tengan un día maravilloso.
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La albahaca es una de las hierbas aromáticas más antiguas, que puede encontrarse ahora en jardines o huertos caseros, y que posee propiedades curativas y saludables tanto en la comida, como en remedios caseros, como este enjuague para fortalecer el cabello.Existen diferencias botánicas significativas en varios tipos de plantas de albahaca. Entre las muchas especies variadas de albahaca encontramos albahaca dulce, albahaca limón, albahaca italiana o rizada, albahaca santa, albahaca tailandesa y albahaca de hoja de lechuga.La albahaca suele usarse como un remedio casero para aliviar náuseas y picaduras de insectos, además de que en la medicina tradicional china, la medicina ayurvédica y otros sistemas de medicina holística es un elemento muy importante.La variedad llamada albahaca sagrada es rica en antioxidantes y ayuda a desintoxicar el cuerpo, por otra parte, estudios han mostrado que puede proteger el cuerpo contra químicos tóxicos, así que este enjuague de albahaca y hierbas funcionará muy bien en tu cabello.Este enjuague de cabello a base de hierbas nutritivas alimentará el cuero cabelludo para lograr un cabello más saludable y fuerte. El vinagre de manzana suaviza y limpia sin eliminar los aceites naturales del cuero cabelludo y con un uso regular, el cabello puede incluso crecer.Para prepararlo, usaremos hierbas como cola de caballo, la cual contiene altas cantidades de silicio para fortalecer el cabello; lavanda, que calma la inflamación en el cuero cabelludo y aumenta la circulación para un mejor crecimiento, al igual que el romero; ortiga, que hace que el cabello sea naturalmente más fuerte y vibrante.Finalmente, la albahaca juega un papel especial. Al igual que las otras hierbas, la albahaca alimenta el cuero cabelludo, pero también ayuda a eliminar toxinas y metales pesados, y promueve el crecimiento del cabello ya que se nutre con vitaminas A y C, flavonoides y ácidos polifenólicos.Para hacer el enjuague necesitarás:1/4 de taza de hoja de ortiga1/4 de taza de cola de caballo3 cucharadas de albahaca seca4 cucharadas de lavanda seca3 cucharadas de romero seco3 a 3 1/2 tazas de vinagre de manzanaEn un frasco de vidrio y con tapa, coloca y mezcla todas las hierbas secas. Llena el frasco con vinagre de sidra de manzana, pero deja un par de cm antes de que llegue al tope. Tápalo bien y agita vigorosamente. Deja la mezcla reposar en un lugar fresco y oscuro durante 2 a 4 semanas, agitándolo todos los días.Una vez transcurrido el tiempo, escurre y retira las hierbas con una gasa o una tela vieja y limpia de camiseta y pasa el líquido en un frasco de vidrio limpio. Para usarlo, después de lavarte el cabello como de costumbre, mezcla partes iguales del enjuague para el cabello a base de hierbas y agua en un frasco de vidrio vacío u otro recipiente. Si tienes el cabello corto, use un cuarto de taza de cada uno, media taza de cada uno para cabello largo hasta los hombros y 1 taza de cada uno para cabello largo. Puede usarlo una vez a la semana y dejarlo sin enjuagar o enjuagarlo brevemente con agua.
En Perú me enamoré dos veces. La primera fue con las montañas, en el camino de seis meses que tracé de Cusco a Chiclayo. La segunda, más reciente, en una visita de diez días a Lima y Nazca. El motivo era casi contrario: en esta ocasión quería comerme la capital a mordidas. A la par extrañaba el acento, los huaynos, la cerveza Cusqueña, los chifles de la calle; en fin, extrañaba mi Perú. Pasadas las primeras veinticuatro horas de mi llegada no había duda: la cocina peruana me había reconquistado. En ese entonces su gastronomía ya había explotado como bomba ante la crítica mundial: por todos lados era reconocida como una de las más complejas y, claro, como una de las mejores. Después de recorrer prácticamente todo el país entre mi primera y segunda visita, lo que más añoro de la cocina peruana son los sabores del humo de la serranía. La pachamanca (manjar de carnes y verduras cocinadas bajo la tierra) me sabe a los Andes cuando sus picos inasequibles eran la cobija de mis noches. Lo relaciono con el recuerdo de las edificaciones monumentales incas, con su energía mística y abrumadora. Ahí, a más de 2400 m de altura, la cultura podía disfrutarse en un potaje denso donde no faltaba la papa, el ají, el huacatay. Jamás me he comido una palta (aguacate) más grande o una piña más dulce que las que probé allá en las alturas.Pero las regiones en Perú dividen los hallazgos. La accidentada geografía, los asentamientos y las migraciones terminaron por agrupar sus preparaciones: las hay marinas, las hay fusión –chifa y nikkei– andinas, criollas, africanas, amazónicas... Rico por donde se le vea. La más laureada quizá sea la cocina marina:es una ceremonia rendida al inmejorable producto de las corrientes frías de Humboldt en el Pacífico y adicionada casi siempre con toques orientales. Como en todos los países lo esencial se concentra en la capital. Hay que esquivar puestos y personas en las banquetas para llegar al ceviche o la leche de tigre más fresca en el Mercado no. 1 de Surquillo. Para un buen comilón de cocina china se toma camino al centro y se llega a San Joy Lao –imperdible el arroz chaufa de charqui y chanchito–. En barrios como Miraflores y San Isidro están las joyas intelectualizadas de los grandes chefs locales como Virgilio Martínez de Central, Pía León de Kjolle o mi gran favorito, Mitsuharu Tsumura de Maido, que lleva a la cumbre los sabores nikkei (mitad peruanos, mitad japoneses). Imposible dejar de mencionar a Astrid y Gastón de Gastón Acurio, el gran caudillo de la gastronomía peruana por el mundo; los sitios relativamente nuevos como Osso o los de siempre como Fiesta.Atrás nunca se quedan los guisos de las picanterías, los picarones que se consiguen en las tiendas cuando es temporada, y los anticuchos de las esquinas que lo encuentran a uno cuando lleva puesta la madrugada. Su olor a carne especiada hecha al carbón llama lo mismo que un anuncio gigante de neones. En las picanterías convergen los saberes de la cocina popular. Me da nostalgia pensar en sus chicharrones, sus chupes (caldos)– y sus patitas de chancho. En estos pequeños locales generalmente resguardados por una matriarca se recoge el génesis de la gran gastronomía peruana y las técnicas transmitidas por generaciones. Son de tanto valor las picanterías que varios distritos las han declarado Patrimonio Cultural de la Nación. La cocina peruana no se salva de lo exótico, lo intrincado. ¿Alguna vez han probado carne de llama, alpaca o cuy? En algunas zonas de Perú son un manjar. Y es que la textura de la alpaca es inigualable, se deshace a penas se le hinca el tenedor. Para mí era todo lo que pedía –y uno o dos pisco sours– tan pronto volvía al Cusco cada viernes, después de una semana internada en las montañas. A la cuenta faltan mil guisos, decenas de bebidas, postres que hacen suspirar y las preparaciones de regiones como Chiclayo o Arequipa. Trataré de hablar de todo en otras cartas editoriales. Tal vez con palabras pueda expresar todo el amor que siento por esta cultura y su comida. Mientras tanto, les comparto con todo cariño y respeto, una receta originaria de la ciudad de Huancayo y un imperdible de los restaurantes de Lima: la papa a la huancaína. La preparación original lleva obviamente ají amarillo, aunque aquí la hicimos con pimiento amarillo para que las cocineras de casa pudieran encontrarlo fácilmente. ¿Les digo algo? ¡Quedó buenaza!
Sí, tomar mucha agua ayuda a bajar de peso, pero esto no es tan sencillo como parece, porque sólo por tomar unos vasos más de agua al día no despertarás con kilos menos. Sin embargo, la evidencia científica sí apunta a que hacerlo parte de tu día a día puede tener muchos beneficios.A grandes rasgos, esto funciona porque 60% del cuerpo está compuesto de agua, así que este líquido transparente y sin calorías está implicado en casi todas las funciones corporales, y lo que sugiere la investigación es que cuanto más hidratado estés, más eficientemente trabajará tu cuerpo en sus tareas diarias, y eso incluye quemar grasa corporal. Beneficios de agua tomar cuando quieres bajar de pesoLa ciencia ha mostrado que el agua puede ayudar con la pérdida de peso de diversas formas. Puede suprimir el apetito, estimular el metabolismo y hacer que el ejercicio sea más fácil y eficiente, lo cual podría traducirse en resultados en la báscula.Estos son algunos de los beneficios de tomar agua para bajar de peso:1. El agua puede ayudarte a disminuir de forma natural el apetitoSentir hambre no siempre tiene que ver con que tu cuerpo esté pidiendo comida, de hecho, muchas veces confundimos tener sed con tener hambre. Por esta razón si tomas agua en lugar de comer, podrías disminuir tu apetito.Por otra parte, beber agua puede promover la saciedad porque atraviesa el sistema rápidamente y estira el estómago, lo cual envía un mensaje de plenitud al cerebro. También se ha demostrado que, aunque los resultados son temporales, consumir agua poco antes de comer puede ayudar a disminuir la ingesta de alimentos.2. Beber agua podría ayudar a reducir la ingesta total de calorías líquidasDebido a que el agua no contiene calorías, preferirla en lugar de alternativas con más calorías como jugo, refrescos, té o café endulzados puede reducir tu ingesta total de calorías líquidas. Si eliges agua en lugar del refresco estándar y beberás 250 calorías menos.3. El agua ayuda con el ejercicioEl agua es esencial para el cuerpo durante el ejercicio porque disuelve los minerales que incluyen sodio, potasio y magnesio, llamados electrolitos y los distribuye en el cuerpo, con el fin de que su energía eléctrica desencadene las contracciones musculares necesarias para el movimiento.Además, estar adecuadamente hidratado puede mejorar tus entrenamientos al disminuir la fatiga, lo que puede permitirle hacer ejercicio por más tiempo y quemar más calorías.4. El agua ayuda a eliminar los desechos del cuerpoEl agua facilita la producción de orina, que está compuesta en gran parte por agua, y el movimiento de las heces, ya que el agua mantiene las heces blandas. En otras palabras, cuanto más hidratado estés, más fácil será para tu sistema mover las cosas y es menos probable que sufras de estreñimiento e hinchazón.Finalmente, una de las consultas más constantes de internet es cuántos litros de agua debemos tomar al día, para lo cual ya existe una Jarra del Buen Beber, en la que se indica que debemos tomar de 6 a 8 vasos de agua al día; no obstante, el agua también se encuentra en las frutas y verduras, por ejemplo, así que a menos que seas un deportista, un bebé o una persona con algún padecimiento, tu ingesta de agua debería dictarse por tu sed.En cuanto a bajar de peso, recuerda que en esto hay muchos otros factores implicados, como comportamientos y predisposiciones fisiológicas, pero si tu objetivo es una pérdida de peso moderada a largo plazo, estar hidratado puede ser un buen inicio.
La dieta alcalina: otra vereda de la nutrición que asegura ser el “mejor tipo de alimentación”. Su existencia se basa en la creencia de que las enfermedades aparecen en un cuerpo con acidez alta. Para prevenirlas, esta dieta propone alcalinizarnos –recordarán sus clases de química en la secundaria, sobre los ácidos y las bases– a través de alimentos que aumentan el pH en el organismo.Así, los adeptos a la dieta alcalina llenan sus refrigeradores con leguminosas, vegetales y hortalizas. En cambio, los alimentos de origen animal y los lácteos son enviados a la esquina de la vergüenza. ¿Cafecito en la mañana, chocolate en la tarde? Nunca más. Esto porque las dietas ricas en cloruro y sodio promueven la creación de un medio más ácido, mientras que las dietas ricas en potasio y bicarbonato alcalinizan mejor.El principio suena lógico, sin embargo, el Centro de Investigación en Alimento y Desarrollo dice que no hay evidencia científica que confirme la efectividad de la dieta alcalina. Y aquí algo maravilloso: el cuerpo humano ya viene equipado para logar un balance en el pH a través de mecanismos renales y hasta respiratorios. (Por eso la meditación ayuda no sólo a la mente, sino también al cuerpo.) Mientras que los partidarios de la dieta alcalina aseguran que puede vencer varias enfermedades como el cáncer, el Centro de Investigación en Alimento y Desarrollo afirma que ¡las células cancerígenas no pueden vivir en un ambiente alcalino como tampoco lo pueden hacer otras células del cuerpo!Para no quedarme con más dudas y explorar los pros y los contras de la dieta alcalina, hablé con una de nuestras nutriólogas de casa, experta en bioquímica, Jennifer Asencio. Esto fue lo que me dijo. Pros:• Efectivamente un pH alcalino puede reducir la inflamación por el alto consumo de vegetales –sí, también consumir demasiados vegetales puede ser contraproducente–.• La dieta acciona buenas prácticas como eliminar alimentos ultraprocesados, harinas refinadas y azúcares añadidos –responsables de la obesidad, diabetes y enfermedades cardiovasculares– mientras que impulsa el consumo de alimentos saludables como las legumbres, verduras y hortalizas. • Existen algunas evidencias de que la acidosis inducida por alimentos ácidos podría causar eventos moleculares asociados con la carcinogénesis (cáncer).Contras:• Hasta el momento no está probado que se pueda regular la acidez mediante el consumo de diferentes alimentos.• La dieta alcalina produce falsas expectativas pues a veces las personas esperan que los resultados sean como los de un détox –aunque Jennifer asegura que sí iremos al baño con mayor regularidad y evitaremos el estreñimiento–.• Esta no es una dieta “milagro”; si bajamos o no dependerá de la cantidad de calorías que consumamos.• El organismo es tan perfecto que ya cuenta con sistemas funcionales para mantener la acidez y la alcalinidad.• El pH en nuestro organismo varía de un área a otra, por ejemplo: necesitamos una mayor acidez en el estómago (pH de 1.35 a 3.5) para ayudar a una mejor digestión y a protegernos contra microorganismos oportunistas. Sin embargo, se requiere que la capa que cubre el epitelio sea alcalina para prevenir lesiones de la mucosa. Lo mismo sucede en la piel, en la orina, etcétera.Al final, nada como responsabilizarnos por nuestras elecciones de comida. No hay una dieta como llevar una alimentación balanceada que escuche las necesidades y deficiencias del cuerpo y nos conecte con él.
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