¿Qué alimentos contienen mayor cantidad de proteínas?
Dietas y Nutrición

¿Qué alimentos contienen mayor cantidad de proteínas?

Por Kiwilimón - Abril 2020
Las proteínas, junto con los carbohidratos y las grasas, forman parte de los nutrientes que necesitamos para el desarrollo de nuestro ser.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, las proteínas son fundamentales para para la salud, ya que contribuyen a fortalecer los huesos y músculos, refuerzan el sistema inmunológico, aportan energía, regulan la actividad y función de las células, mantienen y reparan tejidos y son las responsables de la formación de los jugos digestivos, las hormonas, la hemoglobina, las enzimas y las vitaminas, nada mal, ¿cierto?

Pese a que se cree que las proteínas sólo están presentes en los alimentos de origen animal, como en la carne de res, pavo, el pollo, pescado, y en los derivados también animales, como la leche o en los huevos, lo cierto es que también se encuentran en alimentos vegetales como las legumbres, los cereales y los frutos secos.

Los mejores alimentos con proteína natural

Huevos. Los huevos son uno de los alimentos con más proteínas de la naturaleza (13 gramos por unidad). La parte en la que más cantidad de proteínas hay es en la yema, pero en ésta también se concentra el mayor nivel de colesterol y grasas, es por eso que en una dieta para perder peso se recomienda comer sólo la clara.



Atún. El contenido en proteínas del atún dependen de su forma de cocinado y consumo. El atún en lata, en aceite o al natural, suele contener más proteínas que el atún fresco: una lata puede llegar a aportar 12 gramos de proteínas. Sin embargo, las latas también contienen mayor concentración de sodio, por lo que no hay que abusar de ellas.

Pollo. La pechuga de pollo es la carne blanca que mayor aporte de proteínas tiene (22 gramos por 100 gramos de producto). Además, cocinada a la plancha es más baja en calorías y grasas que el resto de carnes.

Salmón. El salmón es una excelente fuente de proteína de alta calidad, con unos 20 gramos cada porción de 100 gramos. También es un pescado rico en grasas saludables, como el omega 3, por lo que constituye un alimento muy recomendable en cualquier dieta.



Soya. La soja es el alimento de origen vegetal con mayor aporte de proteínas (36 gramos por 100 gramos de alimento). Esto la hace perfecta para vegetarianos o veganos, que no consumen carne.

Pistaches. Los cacahuates y los pistaches son los frutos secos más ricos en proteínas, con 24g y 19g por cada 100 gramos, respectivamente. Esto los convierte en un snack perfecto.

Queso. El queso parmesano es uno de los quesos que más proteínas contiene, con una cantidad que ronda los 28g por 100 gramos de producto. Una ración te aportará una cantidad importante de proteínas, pero debes tener cuidado con su contenido en grasa y sus calorías.

Camarones. Los camarones son una excelente fuente de proteínas, con 24 gramos por cada 100 gramos de este marisco. Sus nutrientes son mejor aprovechados por el organismo cuando estos se consumen hervidos o al vapor.

Yogurt griego. El yogurt griego puede aportar hasta el doble de proteínas que un yogurt normal, ya que es un producto mucho más concentrado y en su elaboración no pierde caseína, una proteína de digestión lenta.

Gelatina. La gelatina es un postre que hemos comido desde la infancia. Aunque no lo parezca, tiene una gran concentración de proteína: por cada 100 gramos estamos ingiriendo 84 gramos de esta sustancia.



Es recomendable que en cada una de las comidas que realices, consumas una porción de proteínas para que todo tu organismo funcione de forma óptima. Consulta nuestra sección para saber cómo cocinar y preparar deliciosas recetas.
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Clarisa Quant
15/04/2021 19:56:32
gracias por este articulo pero me gustaria saber si pueden ayudarme con algunas recetas de la dieta mediterranea ya que mis hijos y esposo tienen problemas con su higado y me es dificil poder ayudarlos por que son cambios drasticos para nosotros . MUCHISIMAS GRACIAS POR TODO AMO SUS RECETAS !SALUDOS DE UNA NICARAGUENSE EN DENVER CO
Doris Rodríguez
15/09/2020 20:17:21
Buena información
Federico Escobar
08/09/2020 22:32:39
Muy bunas consultas que tienen
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La historia del pan en San Cristóbal de las Casas inicia con las alforjas cargadas de trigo que viajaban, junto a rebaños y otros productos comestibles, con los castellanos que se asentaron en el Valle de Hueyzacatlán. Al asentamiento le siguieron consecuencias. Algunas evidentes, como la hegemonía del trigo en San Cristobal, indisputable hasta el siglo XIX y en relativa competencia con los tuxtlecos, que entraron en la escena en el XVII. Para entonces, las cartas estaban sobre la mesa: San Cristobal tenía ya una vocación panadera, una vocación imborrable, imperecedera.   Aunque de los molinos de la época quedan poco más que recuerdos —y una ruta que se puede hacer por la montañas en bicicleta—, en este destino chiapaneco la identidad sigue ligada al pan: al tradicional y al moderno, al coleto y al europeo. Así, el pan se asoma a la mesa del desayuno, se ofrece como colación a medio día o como cierre de la merienda. El pan está en las casas, en las cafeterías —que tampoco son pocas— y en los restaurantes. Mi primer encuentro con la panadería de la región fue fortuito —poco antes de enterarme que iba a escribir este artículo—. Fue en Sibactel y Aldama, dos de las 60 comunidades que producen café en Chiapas. Fue después de recorrer los cafetales, cerca del medio día. Fue en el patio de secado del beneficio comunitario de Sibactel, con una taza de pozol. Fue en casa del caficultor Pedro Vázquez, donde sus hijas disponen café de olla, horchata y una canasta copada de pan dulce como un gesto de hospitalidad. En esa primera ronda se me quedó impregnada la consistencia firme de los panes —muy distinta a la de los europeos con aire, suaves, esponjosos— y una nota de humo, siempre presente en las cocinas y los hornos de leña que, en este lado del mundo, todavía son comunes.  A mi vuelta al centro de San Cristóbal, y gracias a las recomendaciones de los chefs de Tierra y Cielo, llegué con más intención a la puerta de la panadería Fátima, un local de fachada bicolor —morado con blanco, reconocible a leguas— en la calle Benito Juárez, que tiene más de 30 años en operación.Los anaqueles de Fátima son una librería del amplio repertorio del pan coleto que además de lo ya dicho, es diverso en forma y fondo. Aquí verán montañas trigueñas de panes planos, enroscados o trenzados —mis favoritos—, con cortezas cubiertas de azúcar o ajonjolí, con migajones oscuros o amarillentos, preparados con piloncillo, canela y muchas veces con manteca. Los reconocerán también por su nombre de pila: cazuelejas —quizás las más famosas—, rosquillas, marquesotes, pan de yema o pan de manteca. Los amarán un poquito más porque son una ganga. A riesgo de parecer disco rayado —o la burra al trigo, en una analogía más pertinente—, quiero hacer hincapié en la textura de estos panes: esa que es firme, porosa, a veces arenosa, a veces crujiente. Si me preguntan, esa textura es pretexto, una provocación, un estado ideal que pide a gritos el ahogo de una bebida caliente —café, chocolate, atole, ustedes digan—.  Estudiosos del tema, como Edgar Zulca Báez, atribuyen esta característica a cuestiones más prácticas como la conservación, a que “su estructura compacta garantiza su integridad en el transporte y es resistente a la descomposición”, escribe el académico.Kievf y Marta —que en sus exploraciones panaderas preparan, entre otras cosas, panes de tascalate para el desayuno— me recomendaron complementar la expedición con las panaderías que siguen los pasos de la herencia danesa y francesa. Obediente, me dirigí a los hornos —de lugares como La Casa del Pan, Oh la lá y el Horno Mágico— que complementan, con bollería, croissants, empanadas de hojaldre, chocolatines y mantequilla, la escena panadera. Una historia que, por ahora, es harina de otro costal.
La arepa para los colombianos es como el pan de los europeos o la tortilla de los mexicanos. El maíz, un ingrediente prehispánico, recorre todo el continente americano como un conjuro que se transforma en cientos de formas y sabores. Empanadas, envueltos, tamales, tortillas, arepas, arepitas y hasta bebidas fermentadas tienen como columna vertebral a este humilde alimento de colores variados, que se alza altivo en los sembríos. En Colombia hay registro de más de 70 tipos de arepas que dependerán del tipo de maíz, del amasado, del tamaño, la cocción, lo que llevan por dentro y, por supuesto, de la región donde se elaboran. Las arepas son legado indígena y cada cocina regional colombiana tiene un estilo distinto. En la Guajira las hacen de maíz morado y le insertan pedacitos de queso fresco, y entre Cartagena y Barranquilla las hay fritas y rellenas de huevo, o las delicadas dulces de anís. Unas de las más conocidas y arraigadas en todo el territorio nacional son las del Eje Cafetero o paisas, las cuales están hechas de maíz blanco. También les dicen arepas de tela por su fino grosor, el cual logra que cuando se asan en la parrilla, el horno o la sartén, queden crocantes y doradas. Se les suele untar mantequilla, espolvorear sal y acompañarse con algún queso blanco. En Antioquia, usan el quesito, uno fresco que se desmorona con generosidad sobre la masa redonda. El desayuno es la comida del día en la que la demanda por arepas es grande, pero mucha gente también las consume a mitad de la tarde o como una cena ligera. Sin embargo, en Antioquia y más que en cualquier otra región, la arepa es venerada y vital. Es el producto alimenticio más importante de la cocina antioqueña omnipresente en todos los caseríos, corregimientos, valles y montañas, y sirve como acompañamiento para cualquier comida, para recoger la salsa de los frijoles o para acompañar una sopa de plátano. Si bien la arepa puede ser una comida callejera que venden en esquinas en la ciudad o producto de un fogón de leña inventado al borde de la carretera, son las estufas domésticas las asiduas de esta sencilla y deliciosa receta. Los cronistas españoles ya daban cuenta de esta preparación reconfortante que conecta inmediatamente con la tierra, la familia, la madre, la cocina de la crianza y los recuerdos. Esa redonda masa, en apariencia insípida, asada sobre las brasas o un fogón de leña, se convierte en un perfecto manjar. Algunos tipos de arepasArepa de chocolo o choclo Está hecha con maíz dulce tierno, leche y un poco de azúcar que le confiere un sabor dulce y un color amarillo marcado. Se suele rellenar o cubrir con queso blanco que derrite. Populares en toda la región antioqueña.Arepa de huevo Se elabora con masa de maíz frita y se les vierte un huevo. Son típicas de la región del Caribe colombiano cuyo origen remonta a Luruaco, Atlántico, donde casi toda la población vive de las arepas.  Arepa santandereana Están hechas con maíz amarillo pelado cocinado con cenizas disueltas en agua. Algunas masas también se entreveran con trocitos de chicharrón. ¿Dónde comerlas?En Bogotá, son famosas las arepas de chócolo de Andrés Carne de Res; el restaurante Abasto ofrece variedades de arepas en sus desayunos. En Luruaco Atlántico, cada año se celebra el festival de la arepa de huevo. Arepas Doña Eliza en Medellín, tiene envíos a todo el país. Si estás en un supermercado, te recomendamos la marca Doña Paisa.
Conocido como té de mariposa azul, té de flores de guisante de mariposa, té azul o por su nombre en inglés, Butterfly pea flower tea, este té no sólo llama la atención por su cambio de color de azul a lila, sino también por sus beneficios y propiedades.Elaborado con las flores de la planta Clitoria ternatea (conchita azul), un arbusto medicinal y autóctono del sudeste asiático, la infusión de flores de guisante de mariposa se ha vuelto popular en los últimos tiempos gracias a los maravillosos beneficios que confiere para la salud humana, como promover la pérdida de peso, pacificar la mente, enriquecer la textura de la piel y mejorar el crecimiento del cabello.Para qué sirve el té de mariposaEl impresionante perfil nutricional del té azul lo convierte en una maravillosa bebida para bajar de peso, así como una bebida refrescante para enfriar el cuerpo cuando se sirve frío. Al ser naturalmente libre de cafeína y una mezcla completamente a base de hierbas, el té azul, al igual que el té verde, también es una fuente inagotable de antioxidantes. También contiene cantidades significativas de catequina EGCG - galato de epigalocatequina, así como una serie de componentes antiinflamatorios y estimulantes del sistema inmunológico como flavonoides, taninos y polifenoles.Facilita la digestiónYa que es rico en antioxidantes, estos ayudan a proteger el cuerpo contra la acción de los radicales libres. Beber una taza de té azul una o dos veces por semana con el estómago vacío elimina las toxinas acumuladas en el sistema y mejora enormemente la salud digestiva.Mejora la salud de la pielLos flavonoides presentes en el té de mariposa ayudan a estimular la producción de colágeno, los cuales a la vez ayudan a desarrollar y mantener la elasticidad de la piel. Estimula el crecimiento del cabelloLa flor del guisante de mariposa también es excelente para el cabello, ya que contiene antocianina, un compuesto conocido por aumentar la circulación sanguínea en la cabeza y, por lo tanto, mantener un cuero cabelludo saludable. También ayuda a fortalecer los folículos pilosos desde adentro.¿El té de mariposa sirve para relajarte?Se dice que el sabor terroso del té de flor de guisante azul mejora el estado de ánimo y que tiene efectos antiestrés que también pueden ayudar a reducir los síntomas de ansiedad. También se sabe que refresca el cerebro, refuerza los niveles de energía y la resistencia, influye en las emociones positivas y, por lo tanto, aumenta la productividad en el trabajo. El té azul también elimina el estrés y alivia los síntomas de ansiedad y depresión, así que es perfecto para relajarte.Ya sea frío o caliente, disfruta de esta maravillosa bebida y de sus beneficios.
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