¿Qué es mejor? ¿Fruta fresca o jugo?
Dietas y Nutrición

¿Qué es mejor? ¿Fruta fresca o jugo?

Por Kiwilimón - Marzo 2016
Hay muchas maneras de comer fruta y aunque parezca que da lo mismo consumirla en forma líquida o sólida la realidad es otra. Las propiedades del ingrediente pueden cambiar bastante si lo tomas en forma de jugo, muchos de los nutrientes que encuentras en la mayoría de las frutas son más valiosos si la comes natural, en crudo, que en jugo que es cuando puede perder mucha fibra y por lo tanto contener más azúcar. Hoy te dejamos cinco datos que debes saber al respecto para escoger entre tu fruta o jugo matutino. Siempre pulpa Cuando comes una fruta como naranja, mandarina o toronja también estás ingiriendo su pulpa, que es donde se encuentran flavonoides importantes que ayudan a tu sistema inmunológico. Es por eso que, de preferencia, habría que comer la fruta en crudo, pero si prefieres jugo, asegúrate que contenga la pulpa de la fruta para que no haya perdido importantes nutrientes en el proceso. Ensalada con frutas Fibra Mucho de lo que se encuentra dentro de la fruta que no es la pulpa o la carnita en sí es fibra. Esas uniones blancas que ves dentro de limones y naranjas es excelente para tu sistema gastrointestinal. Lo que pase al sólo usar el jugo de las frutas es que dejas a tras una cantidad importante de fibra que muy bien podría ayudarte a tener una regularidad estomacal mucho más sana. Ensalada de frutas frescas Jugos de caja El problema con jugos que no tienen pulpa o fibra es que en realidad son centro de azúcar concentrada. La fruta da energía porque siempre contiene un poco de azúcar, pero se balancea con sus demás nutrientes. Si se toma sólo el jugo, y peor aún, procesado, no se está ingiriendo un producto sano como se podría creer, al contrario, se está metiendo al cuerpo glucosa y pocas vitaminas. Frutas con queso cottage La cáscara Esta parte de la fruta muchas veces es menospreciada pero la cáscara de la manzana, las cerezas, el durazno y otras frutas cuyo exterior es comestible son muy beneficiosas. Estudios han indicado que la piel de las uvas y otras frutas incluso ayudan a prevenir enfermedades como el cáncer ya que tienen nutrientes importantes que se crean a partir del contacto del exterior de la fruta con el sol. Ensalada de frutas con cous cous Juguera en casa La mejor manera de retener los nutrientes dentro de un jugo es hacerlo en casa. Muchos jugos comerciales tienen un porcentaje bajo de fruta y no son exactamente sanos. Por otro lado si tu haces tu jugo en casa con una máquina te aseguras retener el máximo de características positivas. Y es más, cuando se hace jugo mezclando fruta con verdura se retiene de mucho mejor manera la fibra del ingrediente haciéndolo así más beneficioso. Jugo verde saludable  
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Las cáscaras de plátano contienen nutrientes que son esenciales para la salud de las plantas en macetas. Por ejemplo, a medida que se descomponen, las cáscaras de plátano agregan potasio, así como pequeñas cantidades de nitrógeno, fósforo y magnesio al suelo, de manera similar a un fertilizante de liberación lenta. Es así como las cáscaras de plátano puede ser fertilizantes completos para tus plantas.Así, los plátanos, que son bien conocidos por su contenido de potasio con muchos beneficios para el cuerpo humano, también lo contienen en las cáscaras, que proporcionan nutrientes esenciales a las plantas cuando las cáscaras comienzan a descomponerse. Existen varias formas de usar cáscaras de plátano para las plantas en macetas. La forma más fácil es simplemente colocar las cáscaras sobre la tierra a unos 5 centímetros del tallo de la planta. Pero también puedes iniciar la fertilización con nuevas plantas colocando cáscaras de plátano en el fondo de la maceta, a medida que agrega la planta a la maceta.Además, cortar las cáscaras en trozos de 1 pulgada facilita la mezcla con la tierra de la maceta. Si ya haces abono, añade cáscaras de plátano a la mezcla para aumentar el contenido de potasio. Por otro lado, hacer puré de las cáscaras con agua es un excelente fertilizante líquido para verter en las macetas.Beneficios de las cáscaras de plátano en las plantasYa que la cáscara de plátano es rica en potasio, este mineral ayuda a promover el vigor general de la planta, desarrollar resistencia a plagas y enfermedades, desarrollar frutos, regular alrededor de 50 enzimas en una planta, crear turgencia, es decir, la fuerza de la planta (o la verticalidad de los tallos y el grosor de las paredes celulares).Todo esto es extremadamente importante para plantas como los helechos cuernos de ciervo o de alce, que literalmente cuelgan de los troncos de los árboles en la naturaleza, y vegetales verticales como cebolletas, puerros y cultivos frutales.Por su parte, también aportan fósforo, el cual influye fuertemente en la fructificación y la floración, es esencial para un buen crecimiento de raíces y brotes, ayuda con la polinización y es muy importante en la germinación y viabilidad de las semillas.Por último, las cáscaras de plátano también incluyen calcio, el mineral más importante del suelo, es el ingrediente de las paredes celulares que se ocupa del desarrollo de las raíces y de los puntos del tallo en crecimiento, además de que ayuda a “abrir” el suelo para permitir más oxígeno.Con papeles tan importantes que desempeñar, estos macronutrientes son vitales para la salud y el bienestar de las plantas. Sin embargo, las plantas también necesitan muchos otros nutrientes, que puedes conseguir en un fertilizante orgánico equilibrado de liberación lenta con oligoelementos vitales en forma de polvo fino o gránulos que se disuelven rápidamente y se vuelven disponibles para las plantas. Eso significa que pueden ser absorbidos por microbios en el suelo y pelos finos de las raíces de las plantas.Estos fertilizantes orgánicos pueden rociarse directamente sobre el suelo, excavarse ligeramente o rociarse en la cuenca del follaje en medio de plantas como los helechos.
Esa mañana callejoneamos por las áridas calles de la capital de Veracruz. El ambiente ya no olía a mar, o sí, pero de lejos. Erik Guerrero y yo esperamos en la mesita de lámina que por mantel llevaba el logo de una cerveza. La promesa eran los mariscos que, según uno de los chefs más importante del puerto y fundador de Nuestra Pesca, no tenían competencia. “Aquí viene hasta Enrique Olvera”, me aseguró. A los quince minutos, salió de la cocina de Ay Apá un tazón de barro grueso y humeante con arroz a la tumbada. A cada meneada de la cuchara salían las papas y los mariscos suspendidos en esa suerte de océano rojo con aromas a epazote. Recuerdo que, tras la quemada de lengua, el caldo me dio información sobre el sabor del mar, sobre la justicia que le hace a sus frutos una buena preparación. Esa no fue la única vez. Esa sensación vino con los cocteles de pulpo que me presentó Jonatán Gómez Luna en Tulum, o las almejas chinas que el chef Nico Mejía nos dio a probar en la laguna de Cuyutlán, Colima. Años antes también lo sentí frente a la Quebrada en Acapulco. No tenía ni cuatro años cuando supe que los mariscos de México son para hacerles un poema en endecasílabas. Los 1,592.77 km2 que mide el litoral mexicano son espacio suficiente para hacer una fiesta interminable de platos regionales que combinan los frutos del mar de formas únicas. El norteño, el costeño o el chilango sabe que una copa bombacha desbordada en camarones o una mesa de plástico con salcitas vinagrosas al centro, son la antesala de un placer reservado para los no novatos, para los que conocen la gastronomía nacional desde sus profundidades.Hay que sentirse plenamente mexicano y en confianza para jugarse la vida en un puesto de mariscos frente al metro en la Ciudad de México –y aún así es probable el hallazgo sea exitoso–. Y si eso sucede en el centro del país, a kilómetros del mar, el viaje por los dos flancos de las costas mexicanas amerita abrocharse los cinturones para luego desabrocharlos.La primera parada sería en Mazatlán, donde hay que pedirse un burrito de marlín tupido en frijoles frente a un chiringuito playero. En Tampico el viaje se hace corto cuando de por medio hay unas jaibas rellenas de Los Curricanes, que pueden llevarse de souvenir en su versión congelada y debidamente guardada en hielerita.Los aguachiles verdes del norte despiertan el sudor y las ganas de apagarlo a fuerza de cheves tan frías como las corrientes de Humboldt mientras que los negros de Yucatán nos cautivan con los sabores cenizos de su recado. ¿Ceviches, alguien? Hay tanta variedad como cocinas tradicionales. Ya saben, no es lo mismo el ceviche de Nayarit que uno de Jalisco o de Guerrero. ¿Un mole rojo con camarones? Hay que tocar base en el istmo oaxaqueño.De ostiones los de Sonora y mejor que tengan queso Parmesano. A Rosarito hay que llegar por las langostas al vapor que luego van fritas y arropadas en tortillas de harina recién hechas. Frijolitos, salcita y mantequilla, ¡pum! Directo al mar, y también al cielo. De ahí por almejas chocolatas a La Paz o por todo tipo de conchas a la Baja: sobre unas suculentas tostadas, a la Guerrerense; sobre platos con toques Baja-Med y técnicas pulcras a Fauna, Deckman’s o Villa Torél. Erik Guerrero dice que lo más rico del Golfo es su pescado, y del Pacífico, mariscos como el camarón, las conchas, el pulpo, el caracol, los calamares y las langostas. Nos invita a aventuramos fuera del puerto para ir por una recompensa única: los mariscos de Doña Tella en Alvarado. Sospecho que le haré caso. Después de su recomendación de Ay apá le creería que la luna es de Veracruz.Si no puedes viajar este año, no importa. La Cuaresma ya inició, y con ella una temporada gastronómica en la que no deben faltar las preparaciones frescas, las recetas picositas ni los mariscos que te van a llevar a las playas mexicanas en un par de ingredientes. ¿Listo para el tour?
Entrar a la tienda. Enfrentarse a un tótem de anaqueles. Las botellas apiladas, una sobre otra, producen vértigo. Las hay rosas, blancas, negras, verdes… ¿en serio, verdes? Las hay paradas, las hay acostadas. Las etiquetas que las nombran son aburridas, la mayoría. No importa. Con castillos o con diseños hípster: ninguna parece develar el sabor que resguardan. “¿Por qué, nadie me viene a ayudar?”, te preguntas. “No, mejor que nadie venga”, te respondes.Sí, todos hemos estado ahí, en ese momento incómodo en el que debemos escoger un vino que nos va a costar y que, o puede ser un chasco o la proeza más grande de la cena. La moneda gira en el aire. Tenemos miedo o nos sentimos avergonzados como si saber de vinos fuera nuestra obligación.No diré que escoger una botella, aun para alguien letrado en el tema, sea algo sencillo. A veces simplemente uno no puede escaparse de San Google antes de tomar a un vino por los cuernos. Pero no todo está perdido. Hay algunos indicadores que te pueden guiar razonablemente en esa rara decisión de compra. 1. El precio. Cierto, no siempre es un indicador de calidad. Apuntaría, sin embargo, que aquí hay una cuestión numérica. Considera los impuestos, los gastos del viaje, los kilómetros: si viene de lejos y cuesta barato, no me fiaría. En vinos mexicanos la cosa cambia porque mayormente las bodegas que ofrecen vinos baratos son empresas de buen volumen que se toman la hechura con respeto. Por aquí puede haber buenas opciones: Monte Xanic, Santo Tomás, L.A. Cetto.2. La región. Aprender las minucias de las regiones vitivinícolas te tomaría varios años de estudio, sin embargo, existen denominaciones de origen que son bastante estrictas en sus regulaciones de calidad. Tal es el caso de Ribera del Duero, el Friuli, Montepulciano d’Abruzzo, Rueda, Albariño, los vinhos verdes de Portugal, Sonoma, por mencionar algunas. A mí personalmente me encanta lo que se hace en Parras, Coahuila. Pocas veces he fallado. 3. La uva. Un sabio dijo: “hay de todo en la viña del Señor”. En las viñas del mundo sucede lo mismo. La opción de bajo riesgo es que, cuando pruebes un vino que te guste, anotes el nombre de la uva (y de la etiqueta, claro). Así en la tienda tendrás un punto de partida. Si te inclinas por explorar opciones de tu cepa favorita, recuerda que cada varietal se desarrolla mejor en una región que en otra. ¿Ejemplos? La pinot noir en Burdeos o Sonoma. La tempranillo, en Ribera del Duero; la syrah, en Australia (mejor si es del valle de Barossa); la malbec, de Mendoza en Argentina; la riesling, en Austria y Alemania; la pinot gris, en el Friuli; la nebbiolo, en el Valle de Guadalupe, y la semillón, en Aguascalientes. Todo con sus excepciones y reservas.4. Los premios.Odio decir que los premios importan porque, cuántas veces nos hemos decepcionado en los Óscar. En los vinos sucede igual, sin embargo, puede ser un punto de partida interesante. Allá fuera existe una serie de listas hechas por conocedores que catan a ciegas. Diría que a las que hay que prestar atención son el Concours Mondial de Bruxelles, Decanter World Wine Awards, la Guía Peñín, las puntuaciones Parker y Wine Spectator. En el caso de México, a mí me gusta la selección que hace Rodolfo Gerschman en su guía Catadores del vino mexicano. Que cómo te vas a enterar que un vino tiene premios, generalmente las botellas cuentan con un distintivo o calcomanía de la medalla que ganaron. 5. Sigue nuestras recomendaciones mensuales. En Kiwilimón te damos a conocer sobre nuestras cepas favoritas, sobre los vinos que ya hemos probado y que nos encantan. Un rosado sutil y de buena acidez es el Izadi Larrosa de la Rioja; si te quieres inclinar por algo nuevo de Parras, Coahuila, vete por el cabernet-shiraz de Hacienda Florida con sus notas a frutos negros. El malbec mendocino y especiado de Trumpeter nunca falla y, si lo que buscas es un Ribera del Duero de perfil fresco, Flores de Callejo y sus notas a confitería te gustarán.6. Experimenta.Nada como el hermoso aprendizaje Montessori vinícola de probar y fallar, de probar y acertar. ¿La viste y te vibró? Inténtalo. De un mal sorbo nadie pasará y al final, si la comida fue buena, tu experiencia también lo será. 
República Dominicana es un país que destaca como destino turístico gracias a sus playas, clima y montañas, sin embargo, cada vez más personas se acercan a esta isla del caribe gracias a su irresistible comida. Así que si quieres darte un paseo por la gastronomía dominicana, no te pierdas estos 5 deliciosos platillos tradicionales. Sancocho De ascendencia indígena y española, con algunos toques africanos, la gastronomía de República Dominicana nos obsequia uno de sus platillos más emblemáticos: el sancocho. El sancocho es un rico caldo cocinado con diferentes carnes como pollo y cerdo, acompañado con verduras y tubérculos.Mangú Ideal para la hora de desayunar, el mangú es un platillo dominicano hecho de puré de plátano verde, que va acompañado con huevo, salami, queso y un toque de cebolla roja cocinada en una salsa de vinagre. Su nombre proviene de la expresión “Man, good”, que dijeron 2 soldados estadounidenses cuando fueron invitados a casa de un campesino dominicano a desayunar. Bandera dominicana La bandera dominicana es un guiso tradicional que incluye varios platos. Está compuesta por arroz blanco, habichuelas guisadas (también conocidas como frijoles), ensalada verde, pollo guisado dominicano, res o cerdo, y los típicos tostones, unas tortitas hechas de plátano verde. Pasteles en hoja Otro platillo típico de República Dominicana que se prepara especialmente a fin de año es el pastel en hoja. Este se elabora con una masa hecha a partifrutas con plátanos verdes o maduros, yautía blanca y amarilla, ñame y auyama; va envuelto en hoja de plátano y papel parafinado. Habichuelas con dulce Un postre típico de República Dominicana que no te puedes perder son las habichuelas con dulce. Este se consume más comúnmente durante la época de Cuaresma y se trata de un tipo de puré dulce hecho con habichuelas, camote, leche de coco y diferentes especias como canela, clavo, nuez moscada, jengibre, anís estrellado y hasta cardamomo. ¿Qué platillo típico de República Dominicana se te antoja más?
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