¿Sabías que a mayor azúcar, mayor hipertensión?
Dietas y Nutrición

¿Sabías que a mayor azúcar, mayor hipertensión?

Por Kiwilimón - Enero 2015
Las enfermedades cardiovasculares encabezan la lista de las muertes prematuras en los países desarrollados, y la presión arterial alta o hipertensión es el factor de riesgo más importante que aumenta las probabilidades de padecerlas. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos, alrededor de 67 millones de estadounidenses padecen de hipertensión y aproximadamente la mitad de estas personas no la tienen controlada. Algunos síntomas de la presión alta incluyen: dolores de cabeza, mareos y sangrado nasal, pero suelen presentarse sólo cuando el problema está avanzado. Recomendamos: Sopa de Pasta con Albóndigas de Pollo En la mayoría de los casos, la hipertensión suele desarrollarse por años sin dar síntomas. Aun así, puede dañar los vasos sanguíneos y el corazón mientras no se detecta. De ahí la importancia de chequearla periódicamente y tomar medidas para controlarla cuando está alta. Hasta ahora, en lo que se refiere a la dieta, los dietistas recomendaban reducir o suprimir la sal, como medida preventiva para controlar la presión alta. Sin embargo, un estudio nuevo ha mostrado que los beneficios de reducir la sal son pequeños, mientras que suprimirla del todo o reducirla demasiado no es bueno para el organismo. El estudio, que examinó los datos de más de 100,000 pacientes, indica que el consumo de sodio de 3 a 6 gramos al día está asociado con un riesgo menor de muertes y de accidentes cardiovasculares, en comparación con un consumo más alto o más bajo. Más aun: un consumo por debajo de 3 gramos al día puede ser perjudicial. Recomendamos: Ensalada con Pollo y Queso Azul El estudio se publicó en la edición online de la revista Open Heart, e indica que el azúcar que se añade a los alimentos está más relacionado con la presión arterial y los accidentes cardiovasculares que el sodio. Los realmente responsables de la hipertensión parecen ser los alimentos procesados, que proporcionan no sólo sodio, sino especialmente carbohidratos altamente refinados. Estos últimos comprenden varios tipos de azúcar y almidones simples. Según los autores del estudio, la evidencia de la ciencia, de los estudios sobre la población y de las pruebas clínicas, señalan directamente hacia el azúcar en general, y en especial a la fructosa, que tiene un papel principal en el desarrollo de la hipertensión. Recomendamos: Sopa de Chícharo y Menta La sacarosa, o el azúcar de mesa (compuesta de glucosa y fructosa) es un ingrediente común en los alimentos procesados industrialmente. Y todavía más común que la sacarosa es el jarabe de maíz, rico en fructosa, el edulcorante más utilizado en los alimentos procesados, sobre todo en refrescos o sodas y en bebidas de frutas. Medical News Today reportó que beber regularmente soda con altos niveles de azúcar puede dar lugar al envejecimiento prematuro de las células inmunes y deja al cuerpo vulnerable a enfermedades crónicas, un efecto similar al que produce fumar. En pruebas realizadas durante ocho semanas o más, se mostró que un consumo más alto de azúcar añadida a los alimentos aumenta significativamente la presión sistólica (6.9 mm Hg) y la diastólica (5.6 mm Hg). Recomendamos: Pure de Coliflor que Parece Papa El consumo excesivo de fructosa aumenta la frecuencia cardíaca, el gasto cardíaco, la retención renal de sodio y la resistencia vascular. Todos estos factores interactúan para elevar la presión arterial y aumentar la demanda de oxígeno del miocardio (que es el tejido muscular del corazón). Las personas que consumen un 25% de las calorías de azúcar añadida a los alimentos o más tienen un riesgo de muerte debido a enfermedades cardiovasculares casi tres veces mayor. Incluso dosis moderadas de azúcar que se añade a los alimentos y que se consume por períodos cortos de tiempo, pueden hacerle daño al organismo. Pero consumir azúcar (incluyendo fructosa) en su forma natural, como la que se encuentra en las frutas, no perjudica al organismo, sino más bien lo beneficia. Entonces, como la hipertensión pocas veces da síntomas en sus primeras etapas, ¿qué puedes hacer aparte de chequearte la presión regularmente para detectar si está elevada y llevar una alimentación sana como mencionamos? Para empezar, sigue el consejo del Dr. James DiNicolantonio, de Saint Luke’s Mid American Heart Institute, y coautor del estudio: “Es una excelente medida que, en primer lugar, reduzcas el consumo de azúcar añadida. Sólo tienes que limitar los alimentos procesados que la contienen”.
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La historia del pan en San Cristóbal de las Casas inicia con las alforjas cargadas de trigo que viajaban, junto a rebaños y otros productos comestibles, con los castellanos que se asentaron en el Valle de Hueyzacatlán. Al asentamiento le siguieron consecuencias. Algunas evidentes, como la hegemonía del trigo en San Cristobal, indisputable hasta el siglo XIX y en relativa competencia con los tuxtlecos, que entraron en la escena en el XVII. Para entonces, las cartas estaban sobre la mesa: San Cristobal tenía ya una vocación panadera, una vocación imborrable, imperecedera.   Aunque de los molinos de la época quedan poco más que recuerdos —y una ruta que se puede hacer por la montañas en bicicleta—, en este destino chiapaneco la identidad sigue ligada al pan: al tradicional y al moderno, al coleto y al europeo. Así, el pan se asoma a la mesa del desayuno, se ofrece como colación a medio día o como cierre de la merienda. El pan está en las casas, en las cafeterías —que tampoco son pocas— y en los restaurantes. Mi primer encuentro con la panadería de la región fue fortuito —poco antes de enterarme que iba a escribir este artículo—. Fue en Sibactel y Aldama, dos de las 60 comunidades que producen café en Chiapas. Fue después de recorrer los cafetales, cerca del medio día. Fue en el patio de secado del beneficio comunitario de Sibactel, con una taza de pozol. Fue en casa del caficultor Pedro Vázquez, donde sus hijas disponen café de olla, horchata y una canasta copada de pan dulce como un gesto de hospitalidad. En esa primera ronda se me quedó impregnada la consistencia firme de los panes —muy distinta a la de los europeos con aire, suaves, esponjosos— y una nota de humo, siempre presente en las cocinas y los hornos de leña que, en este lado del mundo, todavía son comunes.  A mi vuelta al centro de San Cristóbal, y gracias a las recomendaciones de los chefs de Tierra y Cielo, llegué con más intención a la puerta de la panadería Fátima, un local de fachada bicolor —morado con blanco, reconocible a leguas— en la calle Benito Juárez, que tiene más de 30 años en operación.Los anaqueles de Fátima son una librería del amplio repertorio del pan coleto que además de lo ya dicho, es diverso en forma y fondo. Aquí verán montañas trigueñas de panes planos, enroscados o trenzados —mis favoritos—, con cortezas cubiertas de azúcar o ajonjolí, con migajones oscuros o amarillentos, preparados con piloncillo, canela y muchas veces con manteca. Los reconocerán también por su nombre de pila: cazuelejas —quizás las más famosas—, rosquillas, marquesotes, pan de yema o pan de manteca. Los amarán un poquito más porque son una ganga. A riesgo de parecer disco rayado —o la burra al trigo, en una analogía más pertinente—, quiero hacer hincapié en la textura de estos panes: esa que es firme, porosa, a veces arenosa, a veces crujiente. Si me preguntan, esa textura es pretexto, una provocación, un estado ideal que pide a gritos el ahogo de una bebida caliente —café, chocolate, atole, ustedes digan—.  Estudiosos del tema, como Edgar Zulca Báez, atribuyen esta característica a cuestiones más prácticas como la conservación, a que “su estructura compacta garantiza su integridad en el transporte y es resistente a la descomposición”, escribe el académico.Kievf y Marta —que en sus exploraciones panaderas preparan, entre otras cosas, panes de tascalate para el desayuno— me recomendaron complementar la expedición con las panaderías que siguen los pasos de la herencia danesa y francesa. Obediente, me dirigí a los hornos —de lugares como La Casa del Pan, Oh la lá y el Horno Mágico— que complementan, con bollería, croissants, empanadas de hojaldre, chocolatines y mantequilla, la escena panadera. Una historia que, por ahora, es harina de otro costal.
Ser pionera en la cocina no es fácil. Corrijo. Ser pionero en cualquier ámbito es una rareza. Chepina Peralta fue de aquellas señaladas para abrir brechas y lo hizo prendada de las recetas: en los años sesenta fue la primera conductora mujer en liderar un programa culinario en América Latina. En los noventa años que Lucía Josefina Sánchez Quintanar vivió, nos hizo soñar con los sabores de aquello que la mirábamos hacer del otro lado del televisor. La semana pasada partió, pero está claro: Chepina Peralta es cultura popular mexicana. Su legado no se va a ningún lado.Chepina fue la conductora de programas inolvidables como La Cocina de Chepina, Chepina en tu cocina y por supuesto, Sal y Pimienta, entre muchos otros. En cada uno, siempre la enmarcaban la barra de una cocina y unos anaqueles de set, mientras parada o sentada, pelaba ingredientes, agregaba especias y salpicaba sin reparos. En ella no había poses ni rituales histriónicos. Al contrario. En sus programas nos hacía creer que la comida rica estaba al alcance de todas las manos y que lo máximo sería probar algo que viniera de las de ella. A mí personalmente me inspiró a los siete años a fantasear con mi propio programa culinario. Muy a pesar de la cocina de mis padres, yo no agregaba espinacas ni acelgas en la licuadora cuando veía Sal y Pimienta. Lo que ella evocaba en mí era crear, divertirme: “Amigos, el día de hoy prepararemos unos deliciosos bombones con papitas… y pimienta… y cátsup… y galletas… en la tostadora. ¡Van a quedar buenísimos!”. Chepina no sólo inspiró a niños y sus madres, sino a generaciones de familias que comenzaron a comer con los ojos. Gracias a ella –la señora del mandil floreado– muchas mujeres decidieron darle descanso al microondas, comer menos guisos de congelador. La cocina y la salud de las generaciones abre-fácil conocimos la esperanza de lo hecho en casa. Pero que a nadie engañe esa dulzura de tía entrañable, de abuela consentidora. Chepina Peralta supo construir su propio emporio alrededor de las recetas. Ella no estudió para cocinera. Según su descripción era una “maestra en el arte de la palabra”, por lo que la conducción de un programa televisivo parecía irle como guante de seda.  Su facilidad de palabra y carisma le valió un espacio fijo en distintas televisoras en las que grabó casi ocho mil programas. De los libros de su autoría se cuentan trece. Hay programas de radio, entrevistas, publicaciones escritas. Todo. Chepina, antes de que la cocina mexicana fuera el orgullo nacional que es ahora, la divulgó, la reincorporó al menú diario con preparaciones fáciles y accesibles para las amas de casa. La cocina de los años setenta y ochenta estuvo marcada por sus cremas de verduras, por sus mixiotes, sus atoles, sus tortitas de papa, sus pasteles salados y sus gelatinas. Sin más, definió la cocina de todos los días en el devenir de los años. En el marco del Festival Morelia en Boca de 2017, Chepina Peralta recibió un reconocimiento por el mérito de sus cuarenta años de carrera. Aún tengo el recuerdo de la chef contando emocionada que había sido a través de la cocina que había conocido México, el mundo y, sobre todo lo demás, a sí misma. Chepina seguirá siendo la inspiración de quienes pensamos que cocinar es alegría, terapia y autoconocimiento, y que un plato a la vez se puede cambiar a otros, a uno mismo.
Los champiñones, setas, portobellos y shitakes son algunos de nuestros hongos favoritos, ya que podemos disfrutar de su sabor en sopas, pizzas, ensaladas y demás guisos que nos dejan relamiéndonos los bigotes, pero resulta que éstos y especialmente los champiñones, tienen muchas propiedades que le hacen bien a nuestra salud. Así que para disfrutarlos más, ¡conoce todos los beneficios de comer champiñones! Propiedades de los champiñones Los champiñones son alimentos altos en nutrientes como selenio, vitamina D, potasio, sodio y fibra, sin mencionar que también funcionan perfectamente como antioxidantes. Es por eso que tienen múltiples beneficios para la salud, como te mostramos a continuación. Beneficios de comer champiñones Fortalecen el sistema inmunológico Gracias a su alto contenido en selenio, los champiñones favorecen la producción de células T asesinas, un tipo de glóbulo blanco que se encargan de atacar cierto tipo de virus en el cuerpo. Así que si quieres un buen ejército que resguarde tu salud, no dejes de consumir champiñones. Estimulan el funcionamiento del sistema digestivo Los champiñones son una gran fuente de fibra, gracias a lo cual favorecen el funcionamiento del sistema digestivo y provocan una gran sensación de saciedad, por lo que si estás a dieta, ahora tienes una gran excusa para comerlos. Son antioxidantes El selenio de los champiñones es lo que los convierte en fuertes antioxidantes, gracias a lo cual combaten los radicales libres que dañan las células, ayudando a combatir las infecciones y proteger la piel del envejecimiento prematuro. Mejoran el funcionamiento del sistema nervioso De igual manera, los champiñones contienen vitamina B3, también conocida como niacina, la cual estimula las funciones enzimáticas del cuerpo que producen estrógeno y testosterona, hormonas que ayudan a mejorar el funcionamiento del sistema nervioso. Después de conocer todos los beneficios de los champiñones, ¿estás listo para añadirlos a tu dieta y cuidar de tu organismo?
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