Arroz, valor nutricional y recetas
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Arroz, valor nutricional y recetas

Por Kiwilimón - February 2012
El arroz contiene una relativa pequeña cantidad de proteínas (comparado con otros cereales), pues el contenido de gluten ronda el 7% del peso, comparado con el 12% de los trigos de bajo contenido de proteína. No obstante, el arroz posee más lisina que el trigo, el maíz y el sorgo. El arroz contiene grandes cantidades de almidón en forma de amilosa (que le proporciona cohesión a los granos). El otro contenido de almidón en el arroz, tras la amilosa, es la amilopectina. El arroz limpio, ya desprovisto de su salvado, suele tener menos fibra dietética que otros cereales y por lo tanto es más digestivo.8 El arroz puede ser un alimento de sustento a pesar de su bajo contenido en riboflavina y tiamina. El arroz proporciona mayor contenido calórico y proteínas por hectárea que el trigo y el maíz. Es por esta razón por la que algunos investigadores han encontrado correlaciones entre el crecimiento de la población y la expansión de su cultivo. El arroz posee una elevada posición entre los cereales al considerar su aporte energético en calorías así como en proteínas. La biodiversidad lo coloca en un 66%, si bien posee pocas proteínas comparado con otros cereales. (Fuente: Wikipedia) Una vez que hemos aprendido un poco más de lo valores nutricionales del arroz a nuestra salud, les dejamos a continuación una lista de recetas para preparar arroz. Tomen nota. Arroz Frito con Camarones Este rico arroz esta frito y sazonado con salsa soya y vinagre de arroz. Tiene camarones, huevo, cebolla y chícharos. Arroz con Camarón y Kion Rico arroz con camarón con un toque especial de kion o jengibre, muy recomendable. Arroz al Cilantro Un rico arroz aromático con una salsa de cilantro fresco. Arroz con Toquecito de Coco Delicioso arroz para acompañar pollo o pescado o carne tailandesa, al curry o un rico molito. Arroz Negro El arroz negro es un platillo principal típico de España que se prepara con la tinta de los calamares y lleva camarones. Risotto con Calabacitas y Chícharos Sigue paso a paso esta receta y tendrás un delicioso risotto italiano. Risotto a la Milanesa Este risotto sabe delicioso, con el sabor del azafrán y el queso parmesano. Arroz con Fideos Árabe El arroz con fideos arabe es un arroz fácil de hacer que contiene arroz, fideos tipo vermicelli, aceite y sal. Arroz con verduras picadas Rico arroz rojo con verduras que lo hacen mas nutritivo y a los niños les encanta.
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Echando a perder se aprende. Pero ¿será que podemos aprender a ser sanos antes de echar a perder nuestro cuerpo o el de nuestros hijos? Como amar, aprender un idioma o usar picante hasta en la sopa, los hábitos que los niños observan en sus padres son reproducidos como espejo. De la misma forma, un niño que desde pequeño observa a sus papás comer vegetales, tarde o temprano hará de esa rutina una ley. La comida es, a todas luces, bendición. Mal usada es veneno. Su misión es cuidar cada parte del cuerpo y procurar su funcionamiento. Aún así es difícil no obsesionarse con el sonido de la fritanga cociéndose en el aceite, difícil que no nos provoque un panqué en el horno, difícil no quejarse de lo sano cuando no es un hábito. Pero aquí la buena noticia: ser un padre sano no cuesta trabajo cuando se hace por amor propio, por amor a los hijos. Además, visto por el lado goloso, comer saludablemente nos regala un comodín para ser usado sin culpa algún día de la semana. Ese es un buen balance. ¿Nos echamos ese panqué de plátano o esos antojitos el domingo? Como muchos de ustedes, también pertenezco a esa generación que creció viendo comerciales infantiles no regulados en la tele. Ya saben, los maguitos, los payasos y las panteras que nos decían que los dulces nos daban súper poderes. Recuerdo que siempre que iba a casa de mis amigas –ciertamente, con alacenas más coloridas y seductoras– me daban envidia sus postres y, sobre todo, sus padres. Los míos eran raritos. Eran sanos. Hoy sinceramente se los agradezco. No es casualidad que México sea el primer lugar en obesidad infantil y el segundo lugar en obesidad en adultos. Y no, los niños no tienen la culpa. En los años ochenta y noventa estaban de moda los añadidos, los conservadores y los colorantes artificiales. Entre más rápido se preparaba algo, mejor. A algunos alimentos reales incluso se los satanizó públicamente hasta que, con el paso de los años, nos enteramos de que el huevo no era esa máquina productora de colesterol y que los carbs y las grasas no eran del todo malos. Al contrario, según me cuenta la Nutrióloga Clínica especializada en diabetes, Jennifer Asencio, necesitamos los carbohidratos para funcionar y pensar. Claro, ella habla de los carbs complejos, no de los que vienen incluidos en la torta de tamal –que, si la amamos, será el motivo por el que valga la pena cuidarse previamente– . Balance, ¿recuerdan? La doctora Asencio afirma que “la glucosa aporta energía al cuerpo, es decir, es el “combustible “. El cerebro, hígado y nuestros músculos funcionan gracias a ella. La glucosa constituye la única fuente de energía del sistema nervioso y de las células sanguíneas, por lo que una persona sana debe ingerir carbohidratos complejos, como granos, arroz, panes integrales y cereales todos los días pero de forma consciente, en un plato balanceado”. No aplica igual en personas con diabetes.Según la American Academy of Pediatrics, antes de los dos años es cuando se forman los hábitos alimenticios de nuestros hijos así que, sobre todo en este tiempo, debe tomarse decisiones nutricionales inteligentes. Un padre sano evitaría para él mismo y para sus hijos azúcares simples como dulces, caramelos, gomitas o pan dulce y los consumiría sólo en ocasiones especiales, en un sábado por la mañana o un día de toda la semana, sin atracones. Elegiría mejores productos, con etiquetas más limpias –esas en las que pueda pronunciar la mayoría de los componentes–. Aprendería a leer la información nutrimental para distinguir en ella los otros nombres del azúcar (edulcorante, sorbitol, dextrosa, etcétera). Haría un consumo responsable.Sólo con mejores decisiones alimenticias podemos tener hijos con mejores posibilidades de vida. Dejar de ver lo “sano” como un estigma y mejor verlo como lo que es: nuestra mejor herencia, la única vía para vivir más y vivir mejor. ¿Me acompañan? Lo podemos hacer juntos.Ensalada de nopal con frijolesSalmón a la parrila con salsa de aguacateSalmón al pibil
Echando a perder se aprende. Pero ¿será que podemos aprender a ser sanos antes de echar a perder nuestro cuerpo o el de nuestros hijos? Como amar, aprender un idioma o usar picante hasta en la sopa, los hábitos que los niños observan en sus padres son reproducidos como espejo. De la misma forma, un niño que desde pequeño observa a sus papás comer vegetales, tarde o temprano hará de esa rutina una ley. La comida es, a todas luces, bendición. Mal usada es veneno. Su misión es cuidar cada parte del cuerpo y procurar su funcionamiento. Aún así es difícil no obsesionarse con el sonido de la fritanga cociéndose en el aceite, difícil que no nos provoque un panqué en el horno, difícil no quejarse de lo sano cuando no es un hábito. Pero aquí la buena noticia: ser un padre sano no cuesta trabajo cuando se hace por amor propio, por amor a los hijos. Además, visto por el lado goloso, comer saludablemente nos regala un comodín para ser usado sin culpa algún día de la semana. Ese es un buen balance. ¿Nos echamos ese panqué de plátano o esos antojitos el domingo? Como muchos de ustedes, también pertenezco a esa generación que creció viendo comerciales infantiles no regulados en la tele. Ya saben, los maguitos, los payasos y las panteras que nos decían que los dulces nos daban súper poderes. Recuerdo que siempre que iba a casa de mis amigas –ciertamente, con alacenas más coloridas y seductoras– me daban envidia sus postres y, sobre todo, sus padres. Los míos eran raritos. Eran sanos. Hoy sinceramente se los agradezco. No es casualidad que México sea el primer lugar en obesidad infantil y el segundo lugar en obesidad en adultos. Y no, los niños no tienen la culpa. En los años ochenta y noventa estaban de moda los añadidos, los conservadores y los colorantes artificiales. Entre más rápido se preparaba algo, mejor. A algunos alimentos reales incluso se los satanizó públicamente hasta que, con el paso de los años, nos enteramos de que el huevo no era esa máquina productora de colesterol y que los carbs y las grasas no eran del todo malos. Al contrario, según me cuenta la Nutrióloga Clínica especializada en diabetes, Jennifer Asencio, necesitamos los carbohidratos para funcionar y pensar. Claro, ella habla de los carbs complejos, no de los que vienen incluidos en la torta de tamal –que, si la amamos, será el motivo por el que valga la pena cuidarse previamente– . Balance, ¿recuerdan? La doctora Asencio afirma que “la glucosa aporta energía al cuerpo, es decir, es el “combustible “. El cerebro, hígado y nuestros músculos funcionan gracias a ella. La glucosa constituye la única fuente de energía del sistema nervioso y de las células sanguíneas, por lo que una persona sana debe ingerir carbohidratos complejos, como granos, arroz, panes integrales y cereales todos los días pero de forma consciente, en un plato balanceado”. No aplica igual en personas con diabetes.Según la American Academy of Pediatrics, antes de los dos años es cuando se forman los hábitos alimenticios de nuestros hijos así que, sobre todo en este tiempo, debe tomarse decisiones nutricionales inteligentes. Un padre sano evitaría para él mismo y para sus hijos azúcares simples como dulces, caramelos, gomitas o pan dulce y los consumiría sólo en ocasiones especiales, en un sábado por la mañana o un día de toda la semana, sin atracones. Elegiría mejores productos, con etiquetas más limpias –esas en las que pueda pronunciar la mayoría de los componentes–. Aprendería a leer la información nutrimental para distinguir en ella los otros nombres del azúcar (edulcorante, sorbitol, dextrosa, etcétera). Haría un consumo responsable.Sólo con mejores decisiones alimenticias podemos tener hijos con mejores posibilidades de vida. Dejar de ver lo “sano” como un estigma y mejor verlo como lo que es: nuestra mejor herencia, la única vía para vivir más y vivir mejor. ¿Me acompañan? Lo podemos hacer juntos.Ensalada de nopal con frijolesSalmón a la parrila con salsa de aguacateSalmón al pibil
La pregunta más común sobre el té de canela tiene que ver con bajar de peso, pero en realidad, esta especia en su versión bebible tiene muchísimos otros beneficios para tu organismo.Por ejemplo, las propiedades del té de canela pueden ayudar con la regulación de los niveles de azúcar en la sangre o abonar a la preservación de la función cerebral, además de funciones relajantes e incluso sedantes.El té de canela es una bebida que se prepara sólo con hervir un palito (una rajita) de canela en agua y dejándolo en infusión para crear una bebida con un sabor fuerte y muy aromática. Muchas personas realizan combinaciones con otros ingredientes, como jengibre, miel o leche.¿Para qué sirve el té de canela?Además de ser una bebida sin cafeína y relajante, este té tiene varios beneficios importantes. El primero y quizá más famoso es que puede contribuir con la pérdida de peso.Si tú también te preguntas si beber té de canela puede ayudar a perder peso, tenemos buenas noticias, pues varios estudios han demostrado resultados prometedores. Sin embargo, antes de contarte sobre ellos, debes tener claro que la investigación sobre los efectos del té de canela es limitada respecto a esto aún es limitada.¿Qué ha dicho la ciencia entones? Un estudio realizado en la India mostró que tomar tres gramos de canela al día como suplemento alimenticio durante 16 semanas resultó en una disminución significativa en la circunferencia de la cintura y el índice de masa corporal en comparación con un grupo de control. Otro estudio publicado en Scientific Reports encontró que el extracto de canela promueve un proceso que se cree que aumenta el metabolismo y protege contra la obesidad en las células grasas.Sin embargo, cantidades grandes de canela pueden contener cantidades peligrosamente altas de cumarina y cuando se consume en exceso, este compuesto natural puede aumentar el riesgo de sangrado y causar o empeorar la enfermedad hepática. Esto es especialmente cierto para la canela Cassia, que contiene hasta 63 veces más cumarina que la canela de Ceilán.Así que aún se necesita más investigación para confirmar si se producen beneficios de pérdida de peso en dosis más bajas, como las que se encuentran en el té de canela.Pero el beneficio que sí encontrarás en el té de canela es que contiene muchos antioxidantes, compuestos que combaten la oxidación causada por los radicales libres, que son moléculas que dañan las células y contribuyen a enfermedades como la diabetes, el cáncer y las enfermedades cardíacas.La canela es particularmente rica en antioxidantes polifenólicos. De hecho, es una de las especias con mayor actividad antioxidante, superada sólo por el clavo y el orégano.Además, la investigación muestra que el té de canela puede aumentar la capacidad antioxidante total, que es una medida de la cantidad de radicales libres que su cuerpo puede combatir.Otro de los grandes beneficios de la canela es que reduce la inflamación y puede mejorar la salud del corazón. La inflamación es la raíz de muchas enfermedades crónicas, incluidas las enfermedades del corazón, mientras que estudios también informan que la canela puede reducir la presión arterial, así como los niveles de triglicéridos y colesterol LDL (malo) en algunas personas.Y no sólo eso, la canela además puede aumentar los niveles de colesterol HDL (bueno), lo que ayuda a mejorar la salud del corazón al eliminar el exceso de colesterol de los vasos sanguíneos.A pesar de estas propiedades benéficas, hay que siempre tener en cuenta la contraindicación principal de la canela: el consumo excesivo de cumarinas, contenidas en la canela, puede reducir la función hepática y aumentar el riesgo de sangrado, así que debes consumir la canela con moderación.
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