Bajo en calorías: Helado de Té Verde
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Bajo en calorías: Helado de Té Verde

Por Kiwilimón - Enero 2012
Esta es una receta de helado a base de vainilla con té verde en polvo. Muy baja en calorías y deliciosa. Para ver más detalles e imágenes de la receta, haz click aquí.

Ingredientes

  • 2 Tazas de Crema
  • 1 Taza de Leche entera
  • 1 Cucharadita de Sal
  • 6 huevos
  • 2/3 Tazas de Azúcar
  • 2 Cucharaditas de Marcha (polvo para te verde japonés)
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El té de jengibre y limón en la noche no sólo te caerá muy bien si tienes frío, estás adolorido por el ejercicio o ayudarte a desinflamar el vientre, gracias a sus propiedades y sus beneficios para la salud.Aunque el uso principal del té de jengibre y limón suele ser para aliviar las náuseas —por ejemplo, es muy bueno para las personas embarazadas cuando tienen síntomas de náusea y vómito—, esta bebida también tiene poderosas propiedades antiinflamatorias, sobre todo gracias al jengibre. El jengibre contiene gingerol, un compuesto bioactivo con fuertes efectos antiinflamatorios, antioxidantes y anticancerígenos, el cual es responsable de muchas de las cualidades curativas del jengibre.Así, el té de jengibre puede ser la bebida ideal para después de una intensa sesión de entrenamiento, pues un estudio mostró que consumir 2 gramos de jengibre durante 11 días tenía como resultado una mejora significativa en el dolor muscular causado por el ejercicio. De hecho, el jengibre puede facilitar mucho el proceso de recuperación y se puede utilizar como un analgésico natural eficaz.Por si no fuera poco, esto también se aplica al dolor menstrual y otro análisis mostró que tomar 250 mg de cápsulas de polvo de rizoma de jengibre cuatro veces al día era tan efectivo como el ibuprofeno para tratar los dolores que se presentan con el periodo menstrual.Té de jengibre y limón para desinflamar el vientrePara las mujeres en particular, no es algo extraño luchar con el exceso de agua después de disfrutar de ciertos alimentos, es decir, muchas nos hinchamos por ‘retener líquidos’. Si este es tu caso, el té de jengibre y limón por la noche será lo que necesitas para desinflamar tu vientre y amanecer sin esa hinchazón.Hay muchas formas de incluir jengibre en tus bebidas, pero sin duda el té de jengibre es la más fácil. Agrégale limón para darle un toque más de sabor y tómalo por la noche, la mañana o la tarde, si tienes dolor, náuseas o necesitas de su efecto antiinflamatorio. ¿Cómo hacer té de jengibre y limón?La receta del té de jengibre y limón es muy sencilla. Sólo necesitas un pedacito de jengibre pelado, una taza de agua, medio limón y miel, si te gusta dulce. Corta el jengibre en rebanadas pequeñas y hierve a fuego lento en una olla pequeña con el agua y unas rodajas de limón. Una vez que hierva, apaga y deja reposar el té de 5 a 10 minutos. Cuélalo y sirve el té caliente con una rodajita de limón para decorar y miel para endulzar, si quieres.No dudes en hacer del té de jengibre y limón tu bebida para combatir de manera natural la inflamación del cuerpo, el dolor y las náuseas.
Los recuerdos son un montón de ladrillos que toman forma de edificación, de castillo de Disney, apenas se les pone unos kilómetros de distancia. En la comida este kilometraje se remonta a la niñez. Los platos que nos marcaron tienen como ambientación un momento de familia, una olla grande y un gesto de cariño dirigido a nosotros. Hay un narrador –mejor si tiene voz de Morgan Freeman–, y por supuesto, una abuela, una madre o alguien con quien pudimos establecer una conexión profunda. Que si aquella comida que recordamos con las vísceras y el corazón sabía rico sólo el universo lo sabe. Aquí es donde la distancia juega su truco. En los platillos entrañables hay algo de engaño que es al mismo tiempo un mantra sanador: sabe a un momento en el que nos sentimos queridos. Nos saben a amor. Nos saben a hogar. La nostalgia parece teñir de sepia y de rosa la memoria y con ello, los sabores y las vivencias pierden su nitidez. Por supuesto, esta emoción tiene la potencia de dejarnos tatuado el nombre de ese platillo que trataremos de replicar, buscar e interpretar en lo que cocinamos, comemos y compartimos. Yo no tengo una receta entrañable y especial. Tengo varias. Está el mole verde de mi abuelita y la sopa de tomate de mi mamá. Pero en el necio ejercicio que es recordar, he descubierto que en el amor a mis platillos favoritos no pesa tanto la complejidad de la receta como el tamaño del recuerdo. El mejor ejemplo que se me ocurre es el sencillo sándwich de frijoles refritos, queso Gouda y chipotle que mi papá asaba cada mañana en una sandwichera para que yo me lo llevara a la escuela. No sonaba la campana del recreo y yo ya me había comido dos de ellos –sí, dos–. El tema es que siempre he gozado de buen apetito y simplemente uno no le alcanzaba a mis ganas. A mi papá le dije una mentira piadosa. Le conté que a mis amigas les gustaba tanto mi sándwich que, mordida a mordida, me dejaban sin comer. La verdad es que yo prefería la culpa al hambre y sinceramente sus sándwiches me sabían a gloria. Él, un padre sumamente protector, comenzó a mandarme dos. Yo simplemente me los devoraba. Si alguien me pedía una mordida, me lo pensaba. Como mi historia, las recetas más especiales tienen la fuerza de hacernos sonreír y evocar cada sabor, cada sensación, como si estuviéramos ahí. Un sabor termina siendo una Polaroid, un puente al pasado y, al mismo tiempo, un gancho que nos conecta al aquí y al ahora. En Kiwilimón queríamos celebrar eso: el hermoso poder que tiene la comida para conectarnos con lo que más queremos. Por eso creamos un concurso, La Receta del Año. Con él queremos conocer las anécdotas detrás de las recetas que amas. Compártenos tu receta favorita y escribe junto a ella el relato de por qué es tan especial para ti. Al final premiaremos las mejores con una hermosa vajilla (con valor de más de 10 mil pesos), para que puedas perpetuar los recuerdos y vivencias. No sólo eso: serás parte de nuestro recetario del año y verás en video tu receta firmada con tu nombre.Para descubrir las bases de este concurso, checa esta nota o este video y si te quedan dudas, escríbenos por favor a chefkiwilimon@gmail.com. Anímate a compartir lo que más te gusta. Estoy segura de que la Receta del Año de Kiwilmón la tienes tú. Sube tu receta y su historia especial con el hashtag #Larecetadelaño desde tu cuenta en Kiwilimón y si aún no tienes, regístrate aquí.
La temporada de mandarina está llena de color, sabor y propiedades maravillosas para la salud, ya que estos deliciosos cítricos poseen grandes cantidades de agua, fibra, antioxidantes y es de las frutas con menos azúcar. ¡Conoce más y sácale todo el jugo a estos x beneficios de la mandarina! Mandarinas para reforzar el sistema inmunológico De acuerdo a información del San Francisco Gate, una de las grandes propiedades de la mandarina es su alto contenido en vitamina C y vitamina A, las cuales estimulan la formación de anticuerpos para reforzar el sistema inmunológico, ayudando a combatir gripes, catarros y otras enfermedades infecciosas. Fortalece el sistema digestivo y la flora intestinal con mandarinaComo mencionamos al principio, la mandarina tiene grandes cantidades de fibra, especialmente en la parte blanca que recubre los gajos. Gracias a ésta, se fortalece el sistema digestivo, ayuda a limpiar la flora intestinal y combate problemas de estreñimiento. Mandarinas para el envejecimiento Las mandarinas también contienen importantes antioxidantes como los flavonoides, los cuales combaten los radicales libres que dañan las moléculas y envejecen las células. Éstos también estimulan la regeneración de las células, cuidando la piel. Ayudan a controlar la presión arterial Otra de las propiedades de las mandarinas, es que destacan al tener minerales como el potasio, que es conocido por ayudar a disminuir la presión arterial. Gracias a este componente en las mandarinas, el flujo de sangre mantiene estable, ayudando a controlar la presión arterial. Ya sea en jugo, al natural, en ensaladas o postres, no olvides consumir, disfrutar y aprovechar todos los beneficios de las mandarinas.
Que me perdonen los oaxaqueños y los yucatecos pero la CDMX es el caldero de la comida popular del país. Nadie puede negar que los chilaquiles, las quesadillas con y sin queso, los tlacoyos y las tortas tienen su templo sagrado en Chilangolandia. Y aún así, a diferencia de otros estados con comida típica de alta estima, la capital no brilla por su cocina regional tanto como por la popular. O si no, ¿cuántas veces se han cruzado con unas míticas enchiladas defeñas, un tradicional mole tepitense o un adobo cuauhtemense? De ahí que el caldo tlalpeño sea de esos estandartes a los cuales haya que aferrarse como niño héroe. El caldo tlalpeño –de Tlalpan– es insignia estatal. En ese entonces, cuando se originó el caldo, Tlalpan no era parte del DF; formaba parte de los pueblos aledaños que orbitaban la gran capital como planetas heliocéntricos. Los fines de semana era común visitar aquellos rumbos para echarse una o dos copitas en una cantina o, si ya se venía de la fiesta y lo que se quería era salir de ella, había de todo para curarla. Una de las teorías del origen de este caldo tiene como nombre propio a Doña Pachita. Ella tenía su puesto de comida junto al tranvía que llegaba hasta el poblado. De entre los platillos que vendía para los usuarios del tren, ninguno como su caldo. Cucharada a cucharada el caldo de Tlalpan se fue haciendo famoso por su sabor y por sus efectos revigorizantes. El resto es historia. Esa infusión picosita y abundante resulta mejor que cualquier entramado de electrolitos: es un elixir para recuperar las fuerzas del alma y las del cuerpo deshidratado. De recetas de caldos tlalpeños no paramos. Ya saben: todo mundo le mete su cuchara y sus reglas. Titita, la queridísima chef detrás del restaurante El Bajío, recomienda prepararlo sin atajos para que quede mejor: “Hay que hacerlo todo el tiempo con el pollo, abundante agua, buenas verduras y mucha paciencia”. Zahie Téllez, la chef experta en los platos de cuchara mexicanos, revela que “el secreto es licuarle las hojas de hierbabuena y de cilantro una vez que rompe el hervor para aportarle una nota herbal al caldo”. Para Pepe Salinas, el chef a cargo del Balcón del Zócalo, “el caldo debe quedar con una claridad súper rica, potente en sabor y en picante, pero siempre claro. Para lograrlo hay que hidratar bien los chiles en vinagre y pasarlos por un ligero tostado”. Él los muele con suficiente agua; fríe en manteca esa base de chiles con especias, ajo y cebolla y los retira de la lumbre hasta que haga ojitos la grasa. Al final lo cuela todo. Al lado de él mi consejo carece de gran ciencia. Me gusta saltear la verdura cortada en trozos medianos en suficiente mantequilla infusionada con laurel –o ghee–. Sólo hasta que el pollo está casi listo las incorporo al caldo. Esto hace que las verduras no se sobrecuezan, se vean bonitas en el emplatado y conserven todas sus propiedades. Si les quedaron dudas, la chef Zahie Téllez nos comparte su receta de caldo tlalpeño. No sé ustedes, pero estos días de suéteres tejidos y calcetines de lana se antoja atravesarlos con un tazón de barro en la mano. Caldo Tlalpeño de Zahie2 pechugas de pollo cocidas y deshebradas1½ litros de caldo de pollo en el que se cocieron las pechugas1 taza de garbanzos cocidos250 g de zanahorias en cubos pequeños y cocidos½ cebolla picada para freír ½ cebolla picada para servir encima del caldo350 g de jitomate asado2 dientes de ajoAceite para freír1 rama de epazote¼ de taza de hojas de cilantro¼ de taza de hojas de hierbabuena2 chiles chipotles adobadosaguacate al gustoSal y pimientaEn una olla calienta un poquito del aceite e incorpora el ajo, la cebolla y el jitomate. Déjalo ahí unos 5 minutos. Cuando queden sofritos, licúalos con un poco del caldo y reserva. El caldo restante agrégalo a una olla y calienta a fuego medio. Una vez que rompa el hervor, agrega la rama de epazote. Toma un poquito de este caldo y licúa en él la hierbabuena y el cilantro y vuelve a agregarlo al caldo. Incorpora los garbanzos cocidos para que se empiecen a sazonar, y también los chiles chipotles. Incorpora las verduras ya cocidas, sólo unos minutos, para tomen el saborcito del chile. Para servir agrega el pollo deshebrado, la cebollita picada y el aguacate al gusto –que siempre nos gusta mucho–.
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