Cócteles Sin Alcohol Para Una Gran Velada
Babyshower

Cócteles Sin Alcohol Para Una Gran Velada

Por Kiwilimón - March 2012
La mejor forma de iniciar una velada, una cena muy especial o una reunión con los amigos puede ser con un cóctel. Su atractiva presentación, sus llamativos colores y su frescura son excelente idea para controlar los posibles excesos. Suaves, frescos y con un atractivo toque de glamour, la mayoría tienen como ingredientes básicos los jugos de frutas, por lo que resultan perfectos para toda la familia. Preparar nuestro estómago para la ingesta de comidas copiosas o ayudarnos a digerirlas son otra de sus virtudes, sin olvidar que son un perfecto aliado para el que tenga que conducir el auto después de la fiesta. Algunos cócteles sin gota de alcohol, muy sencillos de preparar y que, seguro, gustarán son: Martini de sandia y melón Bebida hidratante. Kiwi Rum Rum Bebida muy refrescante. Frappé de Mango Para estas fechas de primavera algo refrescante. Shirley Temple Shirley Temple sin alcohol. Margarita de Mango Margarita de Mango sin alcohol. Margarita Clásica Margarita Clásica sin alcohol. Coctel de Kiwi Esta deliciosa bebida de kiwi se puede preparar en la thermomix. Si no se tiene, se puede usar un procesador de alimentos y pulsar. Flamingo Este es otro delicioso cóctel sin alcohol. Se prepara con jugo de arándano, de pina y de limón mezclado con agua mineral. Margarita de Tamarindo sin alcohol La tradicional receta en su variación con tamarindo. Sex on the Beach Tradicional bebida de jugo de arándano, jugo de duraznos preparado con licor de durazno y granadina. Es conocida como Sex on the Beach. Piña Colada sin alcohol Bebida tradicional sin alcohol.  
Para más recetas de cócteles sin alcohol, haz click aquí.
Califica este artículo
Calificaciones (0)
Sé el primero en dar una calificación
PUBLICIDAD
Lo mas leído
Pensar en comer más vegetales es en realidad una tarea titánica, pues la variedad es tan amplia, que se expande hasta el jardín submarino. Sí, existen algas comestibles ricas en vitamina A, C y del grupo B, además de que algunas incluso aportan proteína y grandes dosis de minerales.Si comer algas marinas te parece lo más extraño, lo más probable es que ya las hayas probado al menos en el sushi o en una sopa miso, por ejemplo, pues sin duda son los japoneses quienes han sacado provecho a los vegetales acuáticos, pero estas algas están por todos lados, desde Asia, pasando por Europa, hasta Sudamérica.En Perú, el yuyo suele comerse fresco y acompañar al ceviche y al chilcano. De hecho, han sido consumidas desde la época prehispánica, pues hay registros del consumo de esta alga en regiones de Caral y el valle de Moche.Se trata de un alga roja que habita las costas frías de este país. Esta alga tiene un alto valor nutricional, además de que es económica y pueden ser comidas hervidas, deshidratadas o frescas, como ya mencionamos.Gracias a sus propiedades, el yuyo es en especial bueno para los niños y las mujeres embarazadas, pues su contenido de ácidos grasos esenciales, es decir, omega-3 y omega-6, es mayor que el de las plantas terrestres.También posee un alto contenido de fibra y es fuente de vitaminas A, C, D, E y algunas del grupo B, así como minerales, entre los cuales podemos mencionar sodio, calcio, potasio, cloro, fósforo, yodo, hierro, zinc, y son fuente principal de yodo.En Perú se consiguen sin problemas en el mercado, pero en otros países también existen, como cochayuyo en Chile. ¿Conocías estas algas? ¿Qué otras algas se comen en tu país?Con información de Voz Populi y Andina
Más allá de lo placentero que resultan los sabores de la comida, hay algunos alimentos que además te ayudan a mantenerte feliz, pues son nutritivos, ligeros, te ayudan a mantenerte activo todo el día y también a alejar la tristeza.A continuación, te mencionamos 7 ingredientes para mantenerte feliz y seguir la dieta de la felicidad todos los días.Chocolate oscuroLo que hace mágico al chocolate oscuro o amargo no sólo es su delicioso sabor, los antioxidantes del chocolate amargo pueden ser muy útiles para reducir los niveles de la hormona del estrés en el cuerpo, induciendo así una sensación de felicidad.Café Además de ser el combustible perfecto para las mañanas, el café, si se toma con moderación, puede tener una serie de beneficios para la salud además de mantenerte feliz, pues las investigaciones muestran que reduce el riesgo de depresión, tanto en hombres como en mujeres.BayasUna taza de bayas como las frambuesas, las zarzamoras, fresas o moras puede que no sea muy común en tu mesa, pero sí son el snack perfecto para la dieta de la felicidad. De acuerdo con las investigaciones, la antocianina en las bayas (un antioxidante) puede reducir la inflamación relacionada con la depresión.OstrasLas ostras tienen fama de aumentar la libido, pero también pueden ser beneficiosos para su bienestar emocional. Estos moluscos son una gran fuente de zinc y vitamina B12, los cuales mejoran el estado de ánimo y la memoria. Té verdeEl té verde es una de las bebidas más saludables del mundo, porque no sólo tiene beneficios para tu cuerpo, sino que también para tu salud mental. Las investigaciones realizadas sobre este ingrediente muestran que las personas que beben de tres a cinco tazas de té verde en un día probablemente tengan niveles de estrés más bajos en comparación con aquellas que no beben té verde con regularidad. Puedes incluir té verde de varias formas, por ejemplo, en tus smoothies o en tus bowls de fruta.
Las recetas con papas son siempre un platillo ganador para cualquier ocasión y es que el delicioso sabor de este tubérculo y su gran versatilidad para cocinarse, lo hacen un alimento muy popular. Tan es así, que recientemente una receta con papa se ha convertido en el éxito de TikTok y nosotros te explicamos el secreto para prepararla. ¡No te pierdas estas papas rostizadas y extra crujientes! Todo comenzó cuando el usuario de TikTok, Jeremy Scheck (@scheckeats), compartió el paso a paso para preparar las papas, el cual se inspira en la tradicional receta inglesa de la actriz Emily Blunt (El diablo viste a la moda), que compartió en el programa de cocina "Barefoot Contessa” y después se convirtió en un fenómeno viral. Como la receta de papas crujientes está en inglés, nosotros te la presentamos en español pero aquí puedes encontrar el video original de Jeremy, por si te quedan dudas. Ingredientes 1 o 2 kilos de papas1 puño de salsuficiente aceite de oliva o aceite de aguacateal gusto de romero fresco, para sazonaral gusto de sazonador sabroseador, para sazonaral gusto de sal de mar, para sazonaral gusto de pimienta negra, para sazonaruna pizca de chile en polvo, para sazonaruna pizca de paprika, para sazonaral gusto de ajo de polvo, para sazonaral gusto de perejil, para decorarPreparación Precalienta el horno a 232°C.Limpia y corta las papas en cubos medianos y colócalos en una olla con agua fría. Agrega el puño de sal y ponlas a hervir durante 15 minutos o hasta que se suavicen.Cuela las papas y con un tenedor, machaca ligeramente sus orillas. De acuerdo a Jeremy, esto incrementa el área de la papa y da mayor oportunidad a que se sientan extra-crujientes.Coloca las papas en una charola, agrega el aceite de oliva y los condimentos y sazonadores que desees. Asegúrate de que todas estén cubiertas uniformemente.Asa las papas durante 10 o 15 minutos a 232°C y sacude las papas de vez en cuando.Cuando las papas parezcan estar casi crujientes, apaga el horno y reposa durante otros 10 minutos. Jeremy explica que descubrió casi accidentalmente que ése es el secreto para volverlas extra-crujientes.Decora con perejil fresco o alguna otra hierba de tu preferencia.Recuerda que está receta de papas crujientes es tan deliciosa, que hasta Kylie Jenner le regaló un “like” al joven cocinero. ¿Tú estás listo para probarlas?
Esta temporada está cayendo como cubetada de agua fría, sobre todo con el retorno al semáforo rojo. Las interrogantes son demasiadas: ¿Tendremos Navidad? ¿Cuántos seremos? ¿Cocinamos o pedimos? ¿Cuánto gastaremos? Y mientras dudamos de todo y de todos, hay algo que no podemos perder. Puede que seamos dos en la mesa, pero ¿por qué privarnos también de nuestro pavo con gravy, de nuestros tamales, de aquello que ansiamos probar? Aun con todo, es Navidad. La celebración es la fecha misma como también la comida que se sirve a la mesa y el amor que nos damos. Habremos de convivir con el núcleo más cercano por las próximas semanas sin siquiera sacar la mano por la ventana. La celebración –ésta y la de vivir– no tiene que ver con lo que pasa afuera como con el acto de agradecer y bendecir. Las Navidades son extrañas, no lo niego. Casi siempre tienen algo agridulce –excepto cuando eres niño y todo es jugar con los primos y descubrir qué regalo se esconde bajo la envoltura–. Por ellos, por nosotros: merecemos una Navidad como ninguna otra. Esta vez seremos los elementales y bastará.La comida nos salvará más que nunca. Para ello habremos de cocinar con alegría y ponerle intención a la comida; llenarla de eso que nos deseamos a nosotros y a la familia. Nos reuniremos alrededor de un pavo horneado con amor, de esa pasta por la que esperamos un año entero y que nos sabe a paz. Nos tomaremos un momento para agradecer lo que sí tenemos: la abuelita que aún sonríe en un extremo de la mesa, la ensalada de manzana que este año quedó más rica, la hermosa llegada de Ana a la familia, el olor a pay de manzana que llena la casa.Dicen que la comida no hace milagros –o sí, aunque nadie lo ha documentado– pero es el vínculo más inmediato con la vida. Cenar rico puede hacernos olvidar el miedo. Además, como en las películas, puede ser el inicio de nuestro propio cuento navideño al que probablemente le falten los villancicos, la nieve o la gente, pero le sobre emoción.Y si todavía no están convencidos de que la comida salva les quiero compartir mi propia historia de Navidad, una en la que un plato de bacalao me devolvió la esperanza. Y sí, ya les conté el final.**************El aroma del bacalao siempre me lleva a ese veintidós de diciembre en el que mi mamá y mi tía cocinaban varios platillos a la vez. Mi abuelita llevaba dos semanas grave. Ellas, tan expertas en la cocina, flaqueaban casi imperceptiblemente: a veces se les caían cosas al piso, se les olvidaba poner ingredientes, los intercambiaban. La tristeza no le impediría a la familia Molina celebrar la Noche Vieja.En esa cocina las ollas sobre el fuego eran la única señal de vida. La de barro llevaba horas borboteando. Como cada año, era tan grande que le cabía bacalao para alimentar a más de quince durante la cena y el recalentado y rellenar un bote de yogurt para que cada familia se llevara. De la cazuela emanaba el olor a los ajos fritos en el aceite, el sofrito de jitomate con las cebollas y las aceitunas, al pescado previamente desalado. En otras palabras, olía a Navidad. Mi abuelita mientras tanto estaba en su cuarto. No lo sabíamos, pero le restaban unas pocas horas de vida. Recuerdo que entre la pelada de papas y manzanas me escabullí de mis labores de cortadora oficial para ir a verla. Apenas entré, la vi enderezada. Algo la tenía en alerta y mi corazón lo sintió. Mi abuelita inspiró profundamente y con voz grave desde su cama me dijo: –“Dile a tu mamá que a ese bacalao le hace falta sal”. Confieso que me quise reír. Nunca vi venir esa afirmación y menos en el contexto. Para mí, no hay un momento de más lucidez.Corrí hasta la cocina, llegué al bacalao. Tomé una cucharada y ¡rayos!, efectivamente le hacía falta sabor. Tomé un par de puñitos de sal y los fui integrando hasta sentir que estaba en su punto. Noté que el olor cambió. Ella lo sabía: conocía a la perfección a qué debe oler un bacalao hecho para sacar suspiros.Esa tarde mi abuela se devoró una torta de bacalao. Fue lo último que pidió. El veinticuatro pasamos la Navidad como pudimos, ya sin ella. A penas en el recalentado me entraron ganas de volver a probar el guiso. A la primera mordida conecté con la esperanza, con el legado de mi abuelita, con eso que resultó ser mi última experiencia con ella. En ese momento tuve una revelación: quería que la cocina y la comida se convirtieran en mi vínculo con la vida y con mis ancestras. A los pocos meses dejé mi trabajo y diez años después, me dedico plenamente a la comida. La comida del corazón salva, cura, da esperanza. Y eso es justo lo que deseo para ustedes: que haga su magia en sus mesas, en su noche, en sus días. ¡Feliz Navidad!
NEWSLETTER
Suscribirme al Newsletter
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD