Guayaba, caña y naranja: rellena tu piñata saludable
Ideas para Fiestas

Guayaba, caña y naranja: rellena tu piñata saludable

Por Kiwilimón - Noviembre 2013
Con esta época de frío y festividades llegan las piñatas. Te recomendamos volver a los orígenes y rellenarlas de frutas deliciosas que además le hacen bien a tus hijos. Ya es noviembre y empieza el frío. Eso significa que se acerca la Navidad y muchos otros festejos como las posadas. En estas acostumbramos hacer piñatas para que, tanto grandes como chicos, se diviertan y vivan una experiencia memorable. Ahora, en los últimos años las piñatas se han llenado de dulces sintéticos y chicles que aunque poder más llamativos, no tienen el valor cultural, nutrimental ni histórico que el relleno clásico de las piñatas: las frutas.   En una piñata clásica, lo que cae cuando al fin se logra romperla, son mandarinas, tejocotes, naranjas, cañas de azúcar, guayaba e incluso cacahuates. Si pensamos en todos estos ingredientes podemos darnos cuenta de que todos son súper alimentos con incontables beneficios para la salud. No hay ninguno de esta lista que no ofrezca algún plus para el cuerpo y que además no sea apetitoso. Tomemos la naranja, la mandarina y la guayaba por ejemplo. En los tres casos estamos hablando de suministros potentes de vitamina C que es tan buena en esta época del año para reducir las posibilidades de contraer enfermedades respiratorias. La caña de azúcar por su lado provee al cuerpo de energía natural sin tener que añadirle ningún conservador o agente químico. Los cacahuates por su parte son un ingrediente primario para quien quiera bajar el colesterol y hasta limpiar las arterias gracias a sus grasas buenas. De hecho muchos estudios promueven su uso durante dietas para bajar de peso pues los frutos secos regularizan el metabolismo y lo hacen más productivo a la hora de quemar calorías. Recordemos que la piñata, hoy tan trivializada con dulces de bolsita y  bocadillos chatarra ha sido siempre una sorpresa llena de salud para compartir en estas épocas tan bonitas de fin de año. Justamente hace poco les escribimos sobre el ponche navideño y cómo es una mezcla de estas frutas y un complemento perfecto para las noches de frío. Si tú gustas hacer de tus posadas y pastorelas un día redondo entonces puedes perfectamente recoger los frutos de la piñata junto a tu familia y posteriormente hacer ponche para todos con esos mismos ingredientes. Es una actividad que incluye a todos y que personas de toda edad pueden disfrutar.  

"Encuentra las recetas que Kiwilimón tiene para tí para tus posadas haciendo click aquí."

 
 
Califica este artículo
Calificaciones (0)
Sé el primero en dar una calificación
PUBLICIDAD
Lo mas leído
Uno de los grandes atractivos de la famosa dieta keto es que no tienes que limitar tu consumo de grasas, pero hay de grasas a grasas y buscar las buenas y las más adecuadas para esta dieta será lo óptimo para llevarla a cabo con éxito. Sí, aunque parece fácil sólo comer queso, mantequilla o poder usar cualquier aceite, es un poco más complejo que eso, porque lo ideal es elegir las grasas buenas que le servirán más a tu cuerpo. Por ejemplo, las grasas saturadas (como la mantequilla y el aceite de coco) están bien con moderación, pero también pueden elevar tus niveles de colesterol LDL (también conocido como el colesterol malo), además de los buenos niveles de colesterol HDL. Por su parte, las grasas trans (las que se encuentran en cosas fritas) nunca son una buena idea; en realidad, elevan los niveles de colesterol LDL (el tipo malo), al mismo tiempo que reducen los del colesterol HDL. Es por eso que lo mejor es aferrarte con todo a las grasas buenas, también conocidas como poli o insaturadas (mezclando grasas saturadas ocasionalmente), para mantener los  niveles de colesterol bajo control y aun así perder peso siguiendo la dieta keto.  A continuación, te mencionamos algunas de las mejores fuentes de grasas para consumir en la dieta cetogénica. Aceite de aguacate El aceite de aguacate (o incluso los aguacates en general) está repleto de ácidos grasos saludables para el corazón. El aceite de aguacate también tiene un alto punto de humo, lo que lo convierte en una excelente opción para cocinar y freír a fuego alto. Aceite de coco En los últimos años, el aceite de coco se ha vuelto muy popular para todo, desde para cocinar hasta para problemas de la piel. En la cocina, el aceite de coco proporciona una dosis sólida de ácido láurico, un nutriente que estimula el sistema inmunológico y es un excelente sustituto de la mantequilla, pero sigue siendo una grasa saturada, así que trata de no comerla en absolutamente todo. Aceite de oliva Es muy probable que el aceite de oliva o aceite de oliva virgen extra haya estado en tu despensa incluso antes de la dieta keto, porque es fácil de usar para cocinar o saltear, pero también como aderezo para ensaladas o sobre verduras recién asadas. Otro beneficio de esto es que combinar el aceite de oliva con verduras ayuda al cuerpo a absorber más fácilmente ciertas vitaminas, como A, D, E y K. Aceite de canola El aceite de canola es un alimento básico de la cocina y hay una buena razón para tenerlo a la mano si sigues la dieta cetogénica: su ligero sabor no sólo lo convierte en una gran opción para freír o saltear, sino que también contiene una dosis moderada de omega-3, por lo que es beneficioso para todos. Mantequilla Con esta opción que hace de la dieta keto más atractiva sólo tienes que asegurarte de elegir una mantequilla de alta calidad, que sea más rica en ácidos grasos omega-3. Sin embargo, la mantequilla sigue siendo una grasa saturada, por lo que es importante usarla con menos frecuencia que otras grasas insaturadas. 
La forma que tiene el cuerpo de comunicarse físicamente con nosotros es a través del dolor, de la incomodidad, de la sed, del hambre. El apetito es una sensación que llega en varios momentos del día y por la cual tenemos la necesidad de ingerir alimentos; malo cuando llega sin previo aviso, cuando comemos sin sentirla, cuando aun después de comer no cesa. A través del apetito es que nuestro cuerpo expresa una insatisfacción que no siempre es corporal. En un estado de consciencia plena –en conexión al presente, en sincronía con el cuerpo y sus sensaciones- podemos identificar plenamente desde dónde se produce el apetito. Para ello hay que hacer una observación interna: en el dentro se resguardan más que órganos; en el dentro se expresan un sinfín de sensaciones que siempre tienen algo que contarnos sobre nosotros mismos.  Tener una buena comunicación con el cuerpo es elemental para la conservación de la salud y por supuesto, para dejar de pelear con la comida, para dejar de saltar de una dieta a otra, para dejar de enemistarnos con el afuera cuando en realidad lo que sucede es que hay una desconexión con el dentro. La comunicación con el cuerpo no es una locura del new age. La comunicación corporal significa aguzar los sentidos hacia lo más tangible que tenemos; tomarse el tiempo y el espacio para escuchar al cuerpo. Basta con respirar un par minutos tomando conciencia de la inhalación y la exhalación e ir escaneando cada una de las partes del organismo –sí, como si fuéramos una máquina de rayos x–. “Esta es mi nariz. Esta es mi boca, mis vísceras, mis músculos, mi sangre, mi piel…” A partir de unos instantes notaremos cómo se encuentra mi dentro: qué duele, qué se siente bien, qué le hace falta. La meditación, entonces, se convierte en un diálogo corporal en el que el sabio más sabio nos revela su estado anímico, físico y emocional.  A partir de esta práctica diaria comenzaremos a tomar mejores decisiones alimenticias y, por supuesto, identificaremos desde dónde viene el hambre que experimentamos. Según Jane Chozen Bays, una escritora y teórica del mindful eating, existen siete tipos de hambre. Hambre visual: surge, por ejemplo, cuando vemos un pastel siendo cortado y de cuyo esponjoso interior emerge una lava de chocolate derretido. Es el llamado food porn: estímulos hechos a través de la comida que despiertan la sensación de quererlo ¡ya! Hambre olfativa: ¿existe algo más seductor que el aroma que arroja una olla de tamales? ¿Las notas de un café? ¿Unas galletas en el horno? No lo creo. Todo eso es una cubetada de agua a esa hambre que se despierta a través de la nariz. Hambre bucal: muchos de nosotros la vivimos en la pandemia; llega con el impulso de querer masticar algo, roerlo, porque sentimos angustia, porque experimentamos ansiedad. Ésta no encontrará saciedad hasta que la crisis ceda o la conciencia del momento y de lo que estamos sintiendo, aterrice en nosotros. Hambre estomacal: esta es producto de la vacuidad, o al menos de tener espacio en el órgano al que algunos médicos orientales llaman el segundo cerebro. Es normal tener hambre estomacal después de algunas horas de ayuno. Hambre celular: el hambre que las embarazadas expresan en antojos. Se basa en los requerimientos del cuerpo pues según sus cálculos perfectos y sabios, existe un déficit de nutrientes o una conversión desbalanceada entre energía y fuentes de poder. Este tipo de apetito suele aparecer tras el ejercicio intenso. Hambre mental: llega a nosotros cuando un estímulo enciende un recuerdo de la infancia, de lo que consideramos relevante culturalmente o de lo que aprendimos que era delicioso. Esta hambre nos salta en la cabeza cuando estamos a dieta o restringidos de alimentos; cuando extrañamos eso que nos cocinaban en casa o que evoca algún momento feliz. Hambre del corazón: cuántas veces nos hemos comido la falta de dulzura, de alegría, de amor, el abandono o el rechazo. Esta es el hambre que busca desesperada –y también inasequiblemente– cerrar una grieta emocional a través de kilos y litros de comida y bebida. Intentamos llenar un vacío emocional con algo físico en el que más pronto llega la culpa y el castigo que la alegría. Por esta razón es que los psicólogos recomiendan no convertir la comida en castigo ni en recompensa al educar a los hijos.La meditación o la práctica de mindfulness (tomar conciencia del aquí y el ahora durante varios minutos al día), nos hace contactar claramente con los pensamientos, las emociones y, por supuesto, con el organismo. Si nos tomamos el tiempo para conocerlo iremos aprendiendo sobre sus carencias, sobre cómo manifiesta las faltas emocionales y sobre sus necesidades fisiológicas. Al final, escuchando al sabio, tomarás mejores decisiones alimenticias. Mejores decisiones en general, pues.
Cómo bajar la panza rápido es uno de los consejos más buscados por las personas, especialmente cuando se acerca el verano y todos quieren lucir un espectacular cuerpo de playa. Antes que nada, queremos recordarte que cualquier tipo de cuerpo es un cuerpo apto para presumirse en traje de baño, pero si aún así te sientes un poco inseguro, sin duda te serán de ayuda estos 5 trucos infalibles para bajar la pancita. 1. Reduce el consumo de azúcares añadidas Quizás este sea uno de los trucos más difíciles para bajar la panza, pero de acuerdo a Harvard Health Publications, explican que el exceso de azúcar puede provocar acumulación de grasa en el abdomen y por ello es mejor alimentos que contengan azúcar añadido, también conocido como fructuosa. Recuerda que la fructuosa se encuentra principalmente en refrescos, jugos envasados y aunque nos duela admitirlo, pan. 2. Aumenta el consumo de proteínas Las proteínas son un alimento clave tanto en la pérdida de peso como en el proceso de conseguir un abdomen plano, ya que ayudan a controlar el apetito y la saciedad, evitando que caigas en antojitos poco saludables. De igual forma te ayudan a acelerar el metabolismo, así que no dudes en aumentar tu ingesta de pollo, pescado, leguminosas y semillas. 3. Haz ejercicio Lamentamos informarte que no hay fórmula mágica para bajar la pancita sin involucrar un poco de ejercicio en la rutina diaria. El cardio de intensidad moderada es una gran forma de empezar a moverte, ya que favorece la pérdida de grasa visceral y conforme te vayas sintiendo listo, puedes agregar ejercicios de fuerza como funcional, cargar peso o lo que más te motive a seguir trabajando por esa pancita plana. 4. Toma agua Un consejo común de los nutriólogos a sus pacientes es que tomen al menos 2 litros de agua el día, esto ayuda a reducir la retención de líquidos que muchas veces inflaman el abdomen y nos hacen lucir más rellenitos de esa parte del cuerpo. También es importante que reduzcas tu consumo de sal, tanto el que le añades a tu comida como el que ingieres de algunos alimentos procesados que ya lo incluyen. 5. Aumenta el consumo de fibra La fibra es un poderoso aliado para quienes buscan bajar la panza porque como explica un estudio de la Universidad de Medicina de Wake Forest, comer 10 gramos de fibra al día reduce en 3.7% la posibilidad de ganar grasa visceral. ¡Con 10 gramos de manzana, frijoles, avena, chía o nueces podrás hacer una gran diferencia en tu cintura! ¿Conoces algunos otros consejos efectivos para bajar la panza?
Para lograr los objetivos físicos que deseas, ya sea bajar de peso o ganar músculo, la alimentación es la parte más importante en tu vida fitness, por lo que deberías planificar tus comidas para afrontar la rutina deportiva que realices, así como la recuperación óptima del desgaste realizado.Ante esto, deberás conocer qué alimentos podrás consumir antes y después de cada entrenamiento, además del tiempo recomendable para realizar tu práctica deportiva después de ingerir tus alimentos. Este último punto nos lleva a la interrogante ¿puedo comer antes de entrenar?, respuesta que aquí te daremos.El proceso digestivo sí puede influir en tu entrenamiento, por lo que deberás esperar un tiempo considerable en el que la comida y la bebida se transformen en los nutrientes que absorberá nuestro organismo, para proporcionarnos la energía suficiente y así tener un mejor desempeño en la actividad física que se llevará a cabo.Durante este proceso se acumula una gran cantidad de sangre en el aparato digestivo, por lo que hacer ejercicio durante este momento compromete el flujo sanguíneo a los músculos, los cuales no se desarrollarán de forma efectiva, pues no llenarás la demanda que exigen los dos procesos.¿Cuánto tiempo hay que esperar?La recomendación estándar que todos los entrenadores y nutriólogos brindan a los atletas es la de esperar dos horas para entrenar después de comer, sin embargo, todo dependerá del tipo y la cantidad de comida que ingieras antes de realizar tu práctica deportiva.Si es un plato balanceado con proteína, verduras verdes, carbohidratos, agua simple o de sabor, tendrás que esperar como mínimo los 120 minutos recomendables, pero en caso de que tu alimentación sea pesada en grasas, azúcares, carbohidratos, sales e irritantes, aumentaría el tiempo de espera a cuatro horas, pues el proceso digestivo será más largo y lento. "Básicamente, cuanto más comas, más tiempo debes esperar para hacer ejercicio", así lo indica la nutrióloga Amie Rowe en Business Insider.Estas recomendaciones son para no arriesgar tu organismo, pues al realizar un entrenamiento de alto rendimiento tu cuerpo deberá estar en óptimas condiciones, ya que de estar con el estómago lleno podrías tener problemas gastrointestinales como “náuseas, gases, diarrea, vómito e incluso desmayos, debido a la competición por la sangre que se da entre los músculos y tu sistema digestivo", puntualiza Rowe.En caso de que por tus horarios sea complicado esperar las dos horas para hacer ejercicio después de comer, se recomienda practicar una actividad física de baja intensidad con descansos prolongados que permitan continuar con el proceso digestivo de una forma correcta.Luego de estas recomendaciones, tú tienes la última palabra sobre tu alimentación y desempeño físico. ¡Aliméntate en serio con Santander!
NEWSLETTER
Suscribirme al Newsletter
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD