El platillo de moda que debes probar
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El platillo de moda que debes probar

Por Kiwilimón - Junio 2019
Al día de hoy, existen montones de fotografías en Instagram que muestran el hashtag #AvocadoToast. Y es que, admitámoslo, esta receta fascina a cualquiera por ser indulgente y nutritivo. Prepararla es sumamente sencillo, únicamente se necesita pan tostado, Aguacates de México y sal.

Lo fascinante de este platillo es que no existe una sola manera de prepararlo y disfrutarlo. Básicamente todo depende de nuestra creatividad (o de las ideas que encontremos en Instagram). Es justo en esta red social donde podemos hallar combinaciones osadas, ya sea con langosta, queso, rábano, Sriracha, fresas o hasta chapulines.

¿Por qué sigue en boca de todos?

Que un platillo como este siga de moda, no solo se debe a su sencillez y antojable apariencia, sino también a lo nutritivo que son los aguacates para nosotros, con casi 20 vitaminas y minerales. Es por eso que la gran ventaja de los avocado toasts es que, sin importar cómo decidas prepararlos, puedes estar seguro de que incorporarlos a tu dieta será un cambio saludable.

Los aguacates pueden actuar como un “elevador de nutrientes” porque contienen grasas buenas, las insaturadas, y pueden ayudar a aumentar la absorción de nutrientes solubles en grasa de otros alimentos consumidos con la fruta, tales como las vitaminas A, D, K y E.
Por un lado, el aguacate contiene 8 g de grasa por cada porción de 50 g, de los cuales más del 75% son grasas buenas. De hecho, el aguacate es prácticamente la única fruta con grasas buenas. Por eso, el consumo de platillos hechos a base de aguacate, como los avocado toasts, puede ser una decisión saludable y muy nutritiva.

Es muy probable que las cifras en Instagram que tienen que ver con avocado toast sigan creciendo; es un platillo que llegó para quedarse en los corazones de gastrónomos y nutriólogos. ¿Quién podría decirle que no?

Consigue algunos Aguacates de México y anímate a inventar tus propias versiones. Quién sabe, tal vez algún día tu invención marcará una nueva tendencia.
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Calificaciones (3)
Nenita Herrera
25/06/2019 17:23:46
riquísimos... el aguacate como el ingrediente principal. lo amó es riquísimo y obvio con todo los demás ingredientes un platillo genial
850773955292720
25/06/2019 15:55:38
Bravo!!! Mmmm....🐾🐾💗
Roman Verdugo
24/06/2019 19:39:11
Son riquísimas las recetas
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El cuerpo es el carruaje que nos fue dado para transitar la vida. Una vez que se agota, no existe un nuevo modelo, ni la posibilidad de comprarse otro al 2x1. Se dice mucho sobre su cuidado. La tendencia son las vitaminas y los alimentos que las contienen. El tema es ubicarse en el enjambre de posibilidades que se ofrecen allá afuera para mejorar su salud; observar si nuestra elección nos lleva a obsesionarnos con él o, por el contrario, a restarle valor.Para mí, cuidar el cuerpo es escucharlo. Sentarse un momento a sentirlo; conectarse con sus sensaciones: el dolor, el ardor, el placer, la armonía, la quietud. Él no miente. Anteriormente nos habían dicho que prestarle demasiada atención era un acto frívolo, que nuestra forma de filtrar el mundo debía ser a través de la razón o, si acaso, de los sentimientos, nunca a través del cuerpo o de las vísceras. Para la medicina oriental, el cuerpo habla y su estado de salud es el reflejo de las creencias de la mente y el discurso de las emociones. El cuerpo es el gran conector de todo. Gabriel Bello, comunicador certificado por el HeartMath Institute de Estados Unidos, afirma que “el cuerpo habla su propio idioma y si no lo entendemos es porque claramente no le dedicamos tiempo”. Basta observar que, si la mente está enfrascada en un dilema, el cuerpo apoyará la causa con un dolor terrible en los omóplatos. Si experimentamos ira, el cuerpo participará en el diálogo regalándonos una buena gastritis o un colón irritado, cuanto menos. Hay mucha literatura al respecto. Louis Hay, la famosa precursora del Nuevo Pensamiento, afirmaba que las enfermedades son el resultado de una emoción negativa y que para sanarla hay que intercambiarla por una positiva. Para Gabriel Bello, “las enfermedades son desequilibrios energéticos causados por distintas emociones. Entonces, si generamos emociones negativas, destructivas y estrés, ese desequilibrio llega a nivel celular. El cuerpo dará avisos de que algo no bueno está sucediendo. Si no hacemos caso, surge la enfermedad”.Ello no significa que los buenos pensamientos justifican la alimentación desequilibrada o la falta de ejercicio. Pero todo comienza desde dentro. De ahí la importancia de la meditación como técnica para mantenernos conscientes. Una vez que se escucha e interpreta la guía del cuerpo, podemos poner atención al resto: a sus amigos los pensamientos y las emociones. Cuando lo de adentro es atendido de la forma correcta, lo de afuera –las decisiones de alimentación, por ejemplo– adquieren otra perspectiva. Y hasta entonces, y no al revés, veremos cada ingrediente, cada rutina de ejercicio, el menú que ofrecemos a la familia, como potenciales de sanación. Hasta los antojos se verán diferentes.Los antojos son una de las formas que tiene el cuerpo para expresarse. A algunas mujeres embarazadas les da por comer ladrillos, gises, paredes. La razón: el organismo requiere calcio y, en ese estado tan claridoso, se potencia el antojo. Y así pasa siempre. Cuando los antojos vienen desde el lugar correcto –no de las emociones no resueltas, o de las carencias de la mente– expresan lo que el cuerpo necesita para su mejor funcionamiento. Cuidar el cuerpo es tomarse el tiempo para sentirlo, vivirlo, agradecerlo. Este 2021 la invitación es volvernos íntimos con él, convertirnos en su mejor amigo, entablar conversaciones de ida y vuelta y aprender a leer su lenguaje. Gabriel Bello incluso habla de “darle estímulos positivos, constructivos y amorosos” para mantenerlo sano. Este bien podría ser el mejor propósito del año: el cuerpo como guía para alcanzar un mejor yo.Si necesitas ayuda extra te presentamos nuestra nueva sección: Kiwilimón Te ciuda. En ella te compartimos las herramientas para lograr un cuerpo gozoso y feliz. Encontrarás recetas para diferentes tipos de alimentación, consejos y el reto Keto, una dieta de quince días avalada por nuestro equipo de nutriólogas en la que removimos los carbohidratos simples, los procesados y los azúcares para darle un reboost al organismo. Antes de comenzarla, recuerda consultar a un médico y a la par, escuchar a ese sabio que vive en ti. ¿Nos acompañas?
Las roscas de reyes son un pan mexicano que se parte el 6 de enero para compartir en familia. Usualmente las roscas se decoran con costra de vainilla, higos, fruta cristalizada, ate y hasta hace poco, acitrón. Sin embargo, esto ya no es posible así que a continuación te explicamos por qué ya no podemos ponerle acitrón a las roscas de reyes. ¿Qué es el acitrón? Antes de poder explicarte acerca de esta prohibición, es necesario que conozcas qué es el acitrón y de dónde proviene. Este dulce mexicano se prepara con pulpa de biznaga, un tipo de cactus que crece en zonas áridas como Sonora y Chihuahua. La pulpa de biznaga se pela y se unta con un jarabe hasta alcanzar 70% de azúcar, se sustituye por el jugo de la planta y posteriormente se corta en pequeños pedazos para poder ser distribuida en el mercado. El problema es que las biznagas tardan entre 14 y 40 años en crecer, así que producirlas no es tan fácil como parece. ¿Por qué ya no podemos comer acitrón en las roscas de reyes? Debido a esta precisa razón, en 2005 la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (ahora SADER), clasificó a las biznagas como especie protegida, limitando así la explotación de estas plantas comestibles, aunque muchos las siguen cortando de manera ilegal. Es por eso que debemos evitar comprar roscas que contengan acitrón, lo cual no es nada complicado, ya que actualmente existen decenas de opciones diferentes para probar una rosca deliciosa y que no vulnere la existencia de otros seres vivos. Si no sabes dónde comprar tu rosca de reyes, AQUÍ te dejamos algunas opciones de roscas extraordinarias que no te puedes perder.
El martes México perdió algo: un fogón irreemplazable se nos apagó para siempre. Yuri de Gortari, uno de los grandes investigadores y divulgadores de la gastronomía mexicana, dejó el plano terrenal. Algunos tuvieron la fortuna de llamarlo maestro. Yo no la tuve. Cada año pensaba que ahora sí tomaría el Diplomado de Cultura y Gastronomía Mexicanas y no sucedió. De él me queda al menos el recuerdo de su voz pausada y sus comentarios agudos cuando pude entrevistarlo. Yuri de Gortari fue un letradísimo personaje de la cultura mexicana que desenvainó la espada por la cocina que a muchos avergonzaba antes de la declaratoria de la UNESCO y del boom mediático: antes de los World’s 50 Best Restaurants, de los Enrique Olvera, de los Jorge Vallejo. A él le tocó confrontar a personajes que llamaron ‘poca cosa’ a la cocina mexicana y a quienes se referían a un taco como un gesto culinario vulgar. A Yuri le apasionaron las minucias del paso a paso, los ingredientes endémicos, las personalidades que resguardaban el saber culinario, las recetas que se transmiten como ADN sagrado. Bajo el grito de guerra #hagamospaís, él y su pareja Edmundo Escamilla, reclutaron en sus filas a alumnos, amas de casa y cocineros que como ellos tuvieron la convicción de salvar la cocina mexicana del desuso, del ‘mexican curious’. En la institución que fundaron, la Escuela de Gastronomía Mexicana (ESGAMEX), enseñaron sobre aquello a lo que había que ponerle una lupa grande en la cocina nacional: desmenuzaron sus técnicas, sus regiones y preparaciones, sus periodos históricos. Claudio Poblete, periodista, director y fundador de Culinaria Mexicana, apunta que “Yuri y Edmundo, al fundar ESGAMEX, pusieron la primera piedra en los planes de estudios formales de la cocina mexicana”. ¿Qué más trascendente que eso? Claudio comenta además que la mejor forma preservar su legado sería que, “se instituya la cátedra Yuri de Gortari en todas las universidades gastronómicas de México y que haya por lo menos un año de clases de cocina mexicana con su método de enseñanza”. Hay quienes el martes perdieron una fuente de sabores entrañables. Su amigo Alejandro Cabral afirma que de la mano de Yuri no sólo probó la mejor cochinita de su vida, sino que tuvo un instante de revelación: “Hizo las tortillas y luego les puso un poco de manteca. Las tortillas estaban apiladas para mantener su calor y así la manteca iba derritiéndose. Las comí con frijoles refritos –unos que hacía en manteca hasta que se iban secando–. El sabor de los frijoles combinados con el maíz y la manteca me hicieron llorar”. La gente que conoció a Yuri afirma que nadie defendía la cocina mexicana de las muletillas y las modas pasajeras como él. Hablan de su coherencia en la forma de mirar, decir y hacer cocina, siempre en función de preservar las tradiciones. Sus ideas firmes le significaron partidarios y detractores. “Yuri y Edmundo eran fieles a sus principios y no comprometían su visión de la cocina nacional ante ninguna visión comercial”, comenta Claudio Poblete.Desde el martes, los que tomaron clases con él y los que no recordaremos a Yuri por sus programas interesantísimos en el Canal Once, por su saber en libros como El maíz de boca en boca, Recuerdos de chocolate y Guisos y golosos del barroco, por ser el gran estudioso de la gastronomía mexicana y por dignificar lo nuestro. Lo recordaremos porque cuando éramos libres y salíamos de viaje había alguien que ya sabía que México no sólo vivía de nachos y chimichangas. Divulgadores como él nos hacen llevar con orgullo la camiseta, el mandil y el huipil.Fotos: Bertha Herrera
Hasta mi casa se colaba el aroma de unos bollos cociéndose en el horno. Inexorablemente, mi olfato se encendía como radar náutico e identificaba el origen del estímulo tan placentero. El hilo de fragancia, además de pan, susurraba especias –zaatar, para ser precisos– lo suficientemente remojadas en aceite de oliva como para que la receta completa se dibujara en mi cabeza. En menos de cinco minutos ya estaba escalando la pequeña reja verde que dividía la terraza de mis papás de la de los vecinos. Había que llegar a tiempo a la repartición de los talami zaatar mientras estaban humeantes. Desconozco las causas, pero mi calle era el hogar de una pequeña comunidad árabe que me acercó a temprana edad a la gloria de la gastronomía de Medio Oriente. Mis padrinos –además de vecinos– eran libaneses y, como la mitad de mi infancia la pasé imaginando que las escaleras de su casa eran el Monte Everest y su sala, el jardín de mis aventuras paleontológicas, la comida árabe me sabe a infancia. Entender esta cultura es más fácil si se parte de dos de sus pilares: la hospitalidad y la comunidad. Ya saben, no hay hospitalidad sin una letanía gastronómica y, sin embargo, los libaneses nos dicen hold my beer cuando hay que desvivirse por los invitados. “Visitas” para la comunidad es el sinónimo de “vacía tu alacena, compra todo el súper y cocina cuanto puedas”. ¿Quién es capaz de negarse a tal muestra de amor? Yo tampoco.De pequeña pensé que el hábito de súper alimentar a las visitas era propiedad de mis padrinos –a quienes llamaba tíos– y de sus hijos –a quienes llamo hermanos–. Cuando pisé algunos países de Medio Oriente y cuando la añoranza me llevó a restaurantes como Al Andalús o al Adonis, me di cuenta de que esa práctica es regla y que el mezze –variedad de aperitivos de la cocina árabe– define la hora de comer. El mezze es el resumen máximo de la cultura: al centro se estila poner hasta treinta platillos pequeños para la comunidad. Compartir lo que está dispuesto en la mesa es ley. Acá hay un platito con jocoque, el hummus está servido por allá. El kofte (carne picada y especiada) se pasa de mano a mano en una bandeja decorada con lechugas y rábano por si alguien quiere hacerse un taquito. Al extremo de la mesa alguien intenta pescar una bolita de kibbeh (carne molida especiada y frita) con el tenedor, y si no lo logra no importa: al centro gravita un refractario con kibbeh charola. Todos nos servimos tabbouleh (abajo la receta) o fattoush (ensalada verde con trozos de pan) y un par hojas de parra para ponerle verde al plato y para que la casualidad lo embarre con los restos del baba ganush (puré de berenjenas). Uno se podría perder en la bienvenida –de hecho, requiere mucha voluntad no hacerlo– pero, hay que esquivar esta trampa para primerizos. El plato fuerte, que casi siempre tiene que ver con cordero o alguna otra proteína cocinada en especias, aguarda. Habrá arroz o lentejas. Y sí o sí, hay que llegar al postre. Detengámonos un poco en este punto. Son pocas las culturas –como la francesa o la americana– fértiles en la elaboración de buenos postres. La árabe, influida por la cocina francesa y la del mediterráneo, hace maravillas con el dulce. Generalmente sus postres vienen en porciones pequeñas para que el acto de escoger no sea un problema. La reina es la miel, el azahar, la esencia de jazmín y los pistaches, como en una noche que huele a Sherezade. La pasta filo es el ángel que lo custodia todo. Los kanafeh (pastel de semolina con queso), los dedos de novia, los baklava (pastel con pasta de pistaches) completan el sueño. Como era de esperarse, mi hermano del alma heredó la sazón de mi madrina. Cuando lo visito, la tradición de sus ancestros continúa: saca todo su refri para atendernos. Su tabbouleh en especial tiene el poder de agasajar al más incrédulo. Mejor cuando se combina con un hummus recién hecho y lentejas como de relato bíblico. No los dejo con el antojo. Le pude sacar la receta y aquí la comparto. Aunque no les sepa a recuerdo, espero la disfruten con esa intensidad.Tabbouleh de Amir Balut (Kitchen Noob):4 jitomates bola, grandes1 cebolla blanca, grande3 manojos de perejil½ manojo de hierbabuena¾ de taza de trigo quebrado fino (bulgur)8 limones jugosos (yo le pongo dos limones menos, pero a Amir le gusta más cítrico)½ taza de aceite de oliva extra virgen1 ½ cucharadas de sal1 cucharada de pimientaEn una olla mediana pon suficiente agua y remoja el trigo bulgur durante 20 minutos hasta que se ablande. Luego, pica finamente todos los ingredientes. Aquí no hay atajos, todo debe quedar muy pequeño. Mezcla en un bowl lo suficientemente grande. Agrega la pimienta y la sal. Añade el jugo de limón y el aceite de oliva. Revuelve todo y rectifica sazón si requiere. Tapa con plástico y deja refrigerar durante media hora. ¡Disfruta!
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