5 postres clásicos en MENOS de 20 minutos
Recomendaciones de Cocina

5 postres clásicos en MENOS de 20 minutos

Por Kiwilimón - Noviembre 2016
¿Cuántas veces te ha pasado que tienes antojo de algo dulce, pero el solo hecho de pensar en meterte a la cocina te quita las ganas de comer postre? Con estas recetas de postres tradicionales podrás disfrutar de un capricho dulce en menos de 20 minutos.

¿Te animas a entrar a la cocina?

Cheesecake de queso y fresa

Tan fácil como meter en la licuadora fresas, galletas y queso crema. Lo mejor de todo: no necesitas prender el horno. Admítelo: ya no tienes pretextos. Tienes que preparar esta delicia.

Pan de elote sin harina

Lo más delicioso de este postre es su facilidad y practicidad. Mete en la licuadora sus 4 ingredientes (que seguramente ya tienes en tu cocina), vacía la mezcla en un molde y llévalo al horno. ¡Así de sencillo y delicioso!  

Flan napolitano

El secreto para que un flan tenga una textura suave y cremosa es licuar los ingredientes de manera homogénea.  En tu nueva T-fal InfinyForce licúa en modo puré y verás cómo el flan se deshace en tu boca.

Carlota de limón

Un postre fácil, fresco y delicioso. Licúa la leche condensada, la leche evaporada y el jugo de limón hasta obtener una crema. Un tip: para evitar que queden grumos, licúa en modo salsa en tu T-fal InfinyForce. https://www.instagram.com/p/BI2mUmKDKBi/?tagged=carlotadelimon Crédito: isaacstyled

Pastel frío de café y dulce de leche

Si te da flojera cocinar porque después tienes que lavar miles de trastes, con este postre no tendrás ese problema. Solo tienes que licuar todos los ingredientes y vaciarlos sobre una cama de galletas. Y no te preocupes después por la limpieza: con la licuadora T-fal InfinyForce es mucho más sencillo retirar los residuos ya que es 100% desmontable.

¡Disfruta la nueva forma de licuar!

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De la vista nace el amor y en el gusto se confirma. Para el Día de San Valentín no hay mejor manera de celebrar que con una buena copa de burbujas y nuestros seres amados. Por eso te presentamos, los consejos básicos para maridar el amor con vinos espumosos. ¿Cómo se elaboran los vinos espumosos? A diferencia de lo que podría creerse, todos los espumosos parten de un vino regular, conocido como tranquilo, al que se le somete a una segunda fermentación para que guarde el gas y desarrolle sus características burbujas. Hay dos métodos principales para elaborarlos. El método tradicional (usado en el Champagne y el Cava) tiene su segunda fermentación en la botella, a ésta se le añade una mezcla de vino base, con azúcar y levadura para que vuelva a fermentar. Este proceso lo hacen botella por botella con botella cerrada, así el gas de las levaduras, al no tener salida, se incorpora en el líquido y se obtiene una burbuja fina inconfundible. Por su parte, en el método charmat la segunda fermentación se hace en tanques de acero inoxidable. En éstos la burbuja tiene más espacio para expandirse y por eso resulta más gorda. Bajo este método se elaboran vinos espumosos como el Prosecco y el Lambrusco. ¿Cómo seleccionar tu vino espumoso? Recuerda que en los vinos espumosos, puede haber blancos, rosados y tintos. También podrás encontrarlos desde secos (Brut Nature) hasta extra dulces, que van de 0 a 60 gramos de azúcar residual. Así que lo más importante al elegir tu espumoso o espumante favorito es considerar su color, sabor y tipo de burbuja para elegir el que más se acomode a tu paladar. Nuestros favoritosTe recomendamos tres vinos espumosos para maridar el amor: Mionetto Prosecco, Italia Tere Delgado, sommelier de vinos y fundadora de Vinos y Maz Club, recomienda este espumoso elaborado bajo el método charmat por su versatilidad para acompañar las reuniones con amigos y todo tipo de comida, desde postres como cupcakes y tartas horneadas dulces, hasta botanas, mariscos y platos fuertes. “Es fresco, armónico y elegante, por eso es mi favorito”.Chandon Délice, ArgentinaMi vino espumoso favorito es Chandon Délice. Es de los primeros vinos espumosos que  puede tomarse con hielo y con un twist de sabor que potencie sus aromas, como un garnish de fresas, frambuesas, naranja, toronja o pepino e incluso hojas frescas como hierbabuena. Es ideal para cualquier momento del día: para un aperitivo o trago fresco durante el día. Brut Nature Gran Reserva, MéxicoElaborado con las uvas Macabeo, Chardonnay y Chenin Blanc por Freixenet México, este vino espumoso se elabora bajo el método tradicional por lo que tiene una burbuja fina, es seco en boca y con una acidez fresca. Es el aperitivo perfecto para acompañar botanas ligeras, pastas, pescados y todo tipo de mariscos.
Esa mañana callejoneamos por las áridas calles de la capital de Veracruz. El ambiente ya no olía a mar, o sí, pero de lejos. Erik Guerrero y yo esperamos en la mesita de lámina que por mantel llevaba el logo de una cerveza. La promesa eran los mariscos que, según uno de los chefs más importante del puerto y fundador de Nuestra Pesca, no tenían competencia. “Aquí viene hasta Enrique Olvera”, me aseguró. A los quince minutos, salió de la cocina de Ay Apá un tazón de barro grueso y humeante con arroz a la tumbada. A cada meneada de la cuchara salían las papas y los mariscos suspendidos en esa suerte de océano rojo con aromas a epazote. Recuerdo que, tras la quemada de lengua, el caldo me dio información sobre el sabor del mar, sobre la justicia que le hace a sus frutos una buena preparación. Esa no fue la única vez. Esa sensación vino con los cocteles de pulpo que me presentó Jonatán Gómez Luna en Tulum, o las almejas chinas que el chef Nico Mejía nos dio a probar en la laguna de Cuyutlán, Colima. Años antes también lo sentí frente a la Quebrada en Acapulco. No tenía ni cuatro años cuando supe que los mariscos de México son para hacerles un poema en endecasílabas. Los 1,592.77 km2 que mide el litoral mexicano son espacio suficiente para hacer una fiesta interminable de platos regionales que combinan los frutos del mar de formas únicas. El norteño, el costeño o el chilango sabe que una copa bombacha desbordada en camarones o una mesa de plástico con salcitas vinagrosas al centro, son la antesala de un placer reservado para los no novatos, para los que conocen la gastronomía nacional desde sus profundidades.Hay que sentirse plenamente mexicano y en confianza para jugarse la vida en un puesto de mariscos frente al metro en la Ciudad de México –y aún así es probable el hallazgo sea exitoso–. Y si eso sucede en el centro del país, a kilómetros del mar, el viaje por los dos flancos de las costas mexicanas amerita abrocharse los cinturones para luego desabrocharlos.La primera parada sería en Mazatlán, donde hay que pedirse un burrito de marlín tupido en frijoles frente a un chiringuito playero. En Tampico el viaje se hace corto cuando de por medio hay unas jaibas rellenas de Los Curricanes, que pueden llevarse de souvenir en su versión congelada y debidamente guardada en hielerita.Los aguachiles verdes del norte despiertan el sudor y las ganas de apagarlo a fuerza de cheves tan frías como las corrientes de Humboldt mientras que los negros de Yucatán nos cautivan con los sabores cenizos de su recado. ¿Ceviches, alguien? Hay tanta variedad como cocinas tradicionales. Ya saben, no es lo mismo el ceviche de Nayarit que uno de Jalisco o de Guerrero. ¿Un mole rojo con camarones? Hay que tocar base en el istmo oaxaqueño.De ostiones los de Sonora y mejor que tengan queso Parmesano. A Rosarito hay que llegar por las langostas al vapor que luego van fritas y arropadas en tortillas de harina recién hechas. Frijolitos, salcita y mantequilla, ¡pum! Directo al mar, y también al cielo. De ahí por almejas chocolatas a La Paz o por todo tipo de conchas a la Baja: sobre unas suculentas tostadas, a la Guerrerense; sobre platos con toques Baja-Med y técnicas pulcras a Fauna, Deckman’s o Villa Torél. Erik Guerrero dice que lo más rico del Golfo es su pescado, y del Pacífico, mariscos como el camarón, las conchas, el pulpo, el caracol, los calamares y las langostas. Nos invita a aventuramos fuera del puerto para ir por una recompensa única: los mariscos de Doña Tella en Alvarado. Sospecho que le haré caso. Después de su recomendación de Ay apá le creería que la luna es de Veracruz.Si no puedes viajar este año, no importa. La Cuaresma ya inició, y con ella una temporada gastronómica en la que no deben faltar las preparaciones frescas, las recetas picositas ni los mariscos que te van a llevar a las playas mexicanas en un par de ingredientes. ¿Listo para el tour?
En México tenemos una gran diversidad de pescados y mariscos. Sin embargo, es de vital importancia conocer los productos y, sobre todo, respetar sus ciclos y temporadas para mantener las poblaciones de las especies y tener pesquerías a un nivel saludable.La veda consiste en la prohibición de la pesca de una especie en un periodo o en una zona específica. Existen tres tipos de vedas: Permanente: No se puede aprovechar el recurso en ningún momento del año de forma indefinida como la vaquita marina, la totoaba, las ballenas, los caracoles, el delfín, la mantaraya, el pepino de mar, el tiburón blanco y las tortugas de agua dulce y marinas. Temporal fija: Se establece por un periodo definido, el cual se repite anualmente. En este tipo de veda se encuentran el abulón,  el atún, el cangrejo, el erizo, la langosta, el langostino, el ostión, el pulpo, el róbalo y la tilapia. Temporal Variable. Se establece por un periodo definido el cual se actualiza anualmente como el caso del camarón del Golfo de México y mar Caribe, así como el del Pacífico. En esta temporada de Cuaresma te invitamos a consumir pescados y mariscos de temporada. Elige las especies frescas, con escamas brillantes, carne con consistencia, ojos firmes y transparentes y con olor fresco. En caso de percibir un olor desagradable, no lo compres, pues es probable que se encuentre en descomposición. Procura consumirlo el mismo día que lo compres y aventúrate a crear diferentes recetas, como las que recopilamos aquí en nuestra sección de Cuaresma.
Mi papá dejó de comer carne hace treinta y ocho años. Según como lo cuenta mi mamá, un domingo en una comida familiar, y después de devorarse media vaca, mi papá se secó el sudor de la frente y dijo algo como: “Última vez que como carne”. Todos se rieron del comentario que consideraron un chiste; algo como el “no lo vuelvo a hacer” que suele acompañar la resaca. Para él fue una promesa. Hoy en su lista de razones por las que se volvió vegetariano resuenan palabras como “compromiso”, “karma”, “respeto por la naturaleza”. Ser vegetariano no es algo que aparece por generación espontánea; la decisión tiene que ver con las convicciones, con la filosofía personal. ¿Y qué más personal que la forma de comer? La alimentación casi siempre está ligada a la cultura, a la leche materna, a la comida de casa. En la mía –la de ustedes, pues–, el menú era un subibaja incluyente y casi siempre quesocéntrico: flautas de papa con queso y de pollo, pozole de hongos y de carne, mole con y sin carne. Pero para la mayoría, el vegetarianismo sigue siendo un tabú. ¿Una vida sin carne? ¿Ni pollito, ni huevito, ni pescadito? Una de las nutriólogas de casa, Mayte Martín del Campo, nos dice que existen distintos niveles de restricción en las dietas sin carne: “Los vegetarianos normalmente sí consumen ciertos productos de origen animal como leche, yogurt, huevo, pescado (si comen estos dos últimos se les denomina ovo o pescetarianos). Lo que generalmente suprimen son las carnes rojas y las aves. Por otro lado, los veganos no consumen productos de origen animal”. La cuestión es, ¿por qué alguien quisiera vivir sin carne? Existen cocineros como el máster Dan Barber del restaurante Blue Hill at Stone Barns que afirman que disminuir la porción de la carne en nuestro plato semanal es la única forma sustentable de enfrentar el cambio climático, de disminuir la contaminación de nitrógeno en la tierra y de frenar el deterioro de los suelos. En algunas vertientes del budismo, el vegetarianismo está indicado como precepto del ahimsa, que quiere decir “la no violencia”, pues afirman que comer carne animal, además de dañar directamente a los seres vivos, constituye una fuente de karma que vendrá por ti en la siguiente vida –para los que creen en las reencarnaciones–. Otros optan por una dieta vegetariana simplemente por un sincero amor a la naturaleza o como un acto incendiario contra la crueldad animal. Hay un punto medio. Autores como Mike Bittman optan por este estilo de vida sin labrarlo sobre piedra: el afamado escritor gastronómico del New York Times acuñó el término flexitarianismo para la dieta que deambula entre la vegetariana (o vegana) y la carnívora alternándola a distintas horas del día o de la semana. Dos comidas sin carne, una con.Personalmente creo que lo que entra al cuerpo es un diálogo que le corresponde a cada corazón y mente. Una decisión propia como llevar el pelo de cierta forma, creer en Santa Claus o elegir la maternidad. Lo cierto es que un trozo de carne tiene una gran cantidad de ácido úrico, fosfórico y sulfúrico; así como colesterol, antibióticos y hormonas, en el caso de la carne que no es orgánica.La tendencia ecológica y saludable del momento es comer carne tan solo una vez por semana. Si se opta por dejarla para siempre, nuestra nutrióloga de casa, Gina Rangel, recomienda suplementarse con vitamina B12, comer hojas verdes y vegetales todos los días, intentar no consumir carbohidratos simples y consumir fuentes de proteína vegetal: quinoa, frijoles, tofu, semillas, nueces, además de huevo y queso.Nuestra nutrióloga Jennifer Asencio afirma que los beneficios que puede aportar una dieta vegetariana son “un bajo aporte de grasas saturadas, bajo aporte de colesterol y, si se sabe combinar los cereales con las leguminosas, se obtendrá una proteína de muy buena calidad sin necesidad de recurrir a los suplementos”. Eso sí, ella afirma que entre más restrictiva sea una dieta sin carne, mayor será el riesgo de quedarse sin micronutrientes, Omega3, vitamina B12, calcio, hierro y vitamina D, por lo que hay que estar atentos al cuerpo y consultar a un especialista. Lo importante, como siempre, es aprender a combinar adecuadamente los alimentos y recordar que no por llevar una dieta vegetariana o vegana se es más saludable. Hay que evitar llenarnos los vacíos con kilos de pasta, comida grasosa o chatarra y consumir ingredientes de buena calidad nutricional.Si quieres algunas ideas que te ayuden a seguir una dieta vegetariana aquí hay una sección completa con recetas que te van a encantar.
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