5 trucos de cocina para llevar recetas típicas a un nivel gourmet
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5 trucos de cocina para llevar recetas típicas a un nivel gourmet

Por Kiwilimón - Enero 2017
El nivel gourmet no está tan lejos como te lo podrías imaginar, de hecho, se trata simplemente de usar excelentes productos y por supuesto, de siempre estar atenta a esos detalles extra que convierten un simple platillo en uno de alta cocina. Lo que nunca debes olvidar es que un cocinero sólo es tan bueno como los utensilios que utiliza, así que debes asegurarte de rodearte de las mejores herramientas para preparar platillos deliciosos. Aquí te van estos 5 trucos de cocina para llevar recetas típicas a un nivel gourmet. Parmesano y trufa Pocos platillos son tan confortantes como el puré de papa, es un clásico de la gastronomía casera, pero sin duda hay maneras de elevarlo a un nivel gourmet. Una manera muy sencilla es agregar queso parmesano y trufa negra rasurada. El queso le dará un sabor suntuoso y un color dorado, por su lado la trufa le dará ese sabor terrino y adictivo que le encanta usar a los chefs. Mientras más suave quede el puré, mejor, así que te recomendamos usar un machacador Tempo Allegro con el que también puedes servir.

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Jamón y pesto Otro platillo usual es una crema de jitomate, siempre es rica, calientita y acidita, le encanta a toda la familia. Lo que puedes hacer para elevarla es, como guarnición, poner unas tiras de jamón serrano tostado o deshidratado para agregar textura y después unos chorritos de pesto de albahaca, para darle un toque verde vibrante, otro perfil de sabor aromático y una consistencia diferente. Un cucharón Tempo Allegro de Vasconia es ideal para servir la crema sin derramar una sola gota.
Portobellos Usar champiñones como acompañamiento nos asegura un delicioso sabor terrino, pero también un elemento sano y rico dentro de nuestra comida. Hay mucho tipos de hongos y cambiar los típicos champiñones por unos portobellos o incluso morcella le dará un toque gourmet a tu comida. Cuando cocinas hongos sueltan mucho líquido pues están llenos de agua, así que asegúrate de servirlos con una cuchara ranurada Tempo Allegro de Vasconia para deshacerte de ese exceso de agua.
Nueces de la india y licor Nadie se le puede negar a unas deliciosas crepas de cajeta, son de por si un postre bastante elegante si te lo sirven flameado, pero sin duda se le pueden agregar un par de detalles. Cambia las nueces normales por nueces de la india, son más densas y crocantes, y además, usa un licor de naranja o café al flamear tu salsa de cajeta para agregarle un perfil adulto y lujoso a tu receta. Al servirlas asegúrate de no dejar rastros de la salsa en el camino, para este propósito una cuchara lisa Tempo Allegro de Vasconia te ayudará a tomar la ración que gustes sin derramar nada.
Especias y ricotta Cuando trates de elevar un postre recuerda que reemplazar ingredientes usuales con algunos que normalmente no usas puede hacer la diferencia. Por ejemplo, en tu próximo cheesecake intercambia la mitad del queso crema que vayas a usar por ricotta (si quieres un toque saladito) o incluso mascarpone (si prefieres algo más denso y dulce). Ya que estas en eso agrega ralladura de nuez moscada a tu base de galleta para perfumarla. Para evitar rayar tus refractarios de hornear y platos corta tu cheesecake con un volteador ranurado Tempo Allegro de Vasconia que no raya y te ayuda a servir.
Para encontrar más recetas que puedes elevar a un nivel gourmet de manera sencilla con estos tips y tu imaginación, te invitamos a nuestro sitio.
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Los recuerdos son un montón de ladrillos que toman forma de edificación, de castillo de Disney, apenas se les pone unos kilómetros de distancia. En la comida este kilometraje se remonta a la niñez. Los platos que nos marcaron tienen como ambientación un momento de familia, una olla grande y un gesto de cariño dirigido a nosotros. Hay un narrador –mejor si tiene voz de Morgan Freeman–, y por supuesto, una abuela, una madre o alguien con quien pudimos establecer una conexión profunda. Que si aquella comida que recordamos con las vísceras y el corazón sabía rico sólo el universo lo sabe. Aquí es donde la distancia juega su truco. En los platillos entrañables hay algo de engaño que es al mismo tiempo un mantra sanador: sabe a un momento en el que nos sentimos queridos. Nos saben a amor. Nos saben a hogar. La nostalgia parece teñir de sepia y de rosa la memoria y con ello, los sabores y las vivencias pierden su nitidez. Por supuesto, esta emoción tiene la potencia de dejarnos tatuado el nombre de ese platillo que trataremos de replicar, buscar e interpretar en lo que cocinamos, comemos y compartimos. Yo no tengo una receta entrañable y especial. Tengo varias. Está el mole verde de mi abuelita y la sopa de tomate de mi mamá. Pero en el necio ejercicio que es recordar, he descubierto que en el amor a mis platillos favoritos no pesa tanto la complejidad de la receta como el tamaño del recuerdo. El mejor ejemplo que se me ocurre es el sencillo sándwich de frijoles refritos, queso Gouda y chipotle que mi papá asaba cada mañana en una sandwichera para que yo me lo llevara a la escuela. No sonaba la campana del recreo y yo ya me había comido dos de ellos –sí, dos–. El tema es que siempre he gozado de buen apetito y simplemente uno no le alcanzaba a mis ganas. A mi papá le dije una mentira piadosa. Le conté que a mis amigas les gustaba tanto mi sándwich que, mordida a mordida, me dejaban sin comer. La verdad es que yo prefería la culpa al hambre y sinceramente sus sándwiches me sabían a gloria. Él, un padre sumamente protector, comenzó a mandarme dos. Yo simplemente me los devoraba. Si alguien me pedía una mordida, me lo pensaba. Como mi historia, las recetas más especiales tienen la fuerza de hacernos sonreír y evocar cada sabor, cada sensación, como si estuviéramos ahí. Un sabor termina siendo una Polaroid, un puente al pasado y, al mismo tiempo, un gancho que nos conecta al aquí y al ahora. En Kiwilimón queríamos celebrar eso: el hermoso poder que tiene la comida para conectarnos con lo que más queremos. Por eso creamos un concurso, La Receta del Año. Con él queremos conocer las anécdotas detrás de las recetas que amas. Compártenos tu receta favorita y escribe junto a ella el relato de por qué es tan especial para ti. Al final premiaremos las mejores con una hermosa vajilla (con valor de más de 10 mil pesos), para que puedas perpetuar los recuerdos y vivencias. No sólo eso: serás parte de nuestro recetario del año y verás en video tu receta firmada con tu nombre.Para descubrir las bases de este concurso, checa esta nota o este video y si te quedan dudas, escríbenos por favor a chefkiwilimon@gmail.com. Anímate a compartir lo que más te gusta. Estoy segura de que la Receta del Año de Kiwilmón la tienes tú. Sube tu receta y su historia especial con el hashtag #Larecetadelaño desde tu cuenta en Kiwilimón y si aún no tienes, regístrate aquí.
Los retiros de silencio son una experiencia curiosa. A la hora de la comida no hay lugar para los “qué rica sopa”, los “me pasas la sal” o los “ay, esa salsa pica mucho”. Aunque parezca una obviedad no queda otra que ponerle atención al alimento. Recuerdo que mi primera vez tenía al frente una sopa de espinacas con trocitos de papa y una diminuta brunoise de zanahorias. Las instrucciones de mi guía de meditación eran claras, había que observarlo todo: la forma de cada verdura, la caprichosa distribución en la que los ingredientes se acomodaban en el plato. Los olores no se salvaban. Había que concentrarse en las notas de la espinaca cocinada, el aroma del tiempo. Y por supuesto, ya en la boca, sentir cada ingrediente, cada combinación lograda en el asar de una cucharada. La experiencia fue iniciática. Hace unos días pude repetir la emoción. Esta vez fue en un centro de medicina ancestral en el que había que comer en conciencia. Ana, la chef, lleva años confeccionando combinaciones de recetas que luego prepara de forma consciente y sirve para placer de los visitantes. Eva Solís, la Abuela, es la fundadora de este espacio y la creadora del libro ‘Comida que cura’. Y es que ya lo dice una cita bíblica en Proverbios, “las palabras amables son como la miel: dulces al alma, saludables para el cuerpo”. Para la Abuela, las plantas, las frutas, y todo lo que procede del reino vegetal tiene el poder de reaccionar frente a las energías que les ponemos a través de la intención.Quizás parezca la formulación de un pase mágico –es más, probablemente lo sea– pero hay un arte en eso de convertir los ingredientes más sencillos en manjares para el alma. Explicado de otra forma, el ritual es similar al que hacemos cuando le cantamos o le hablamos bonito a una planta: crece más y crece mejor. La Abuela explica que las palabras y la intención transforman un platillo en una medicina poderosa. ¿Salsa para estimular la felicidad? ¿Sopa de chícharo para lograr la quietud? Así, tal cual. El rezo comienza al cocinar: se agradece a cada integrante de la receta, así como a las personas que tuvieron que ver con ellos –agricultores, distribuidores, vendedores– desde el campo hasta el momento de cocinarlos. Al final, “la importancia de ofrecer una comida que cura es que podemos elevar la vibración energética y el estado de ánimo de nuestras familias”. Eso sí. Hay que ser sabios ante nuestro marchante de confianza. “La selección de los ingredientes en un platillo que lleva la intención de sanar comienza con la compra de alimentos vivos y productos no procesados como materias primas”. Luego es importante lograr las combinaciones correctas. Aquí no aplica eso de que todo cabe en un jarrito sabiéndolo acomodar. Para la Abuela –tal como también lo dicta la tradición Ayurvédica– hay que aprender sobre la química que se despierta en los alimentos al unirlos. “Combinar los alimentos de manera adecuada permite una mejor digestión, una adecuada evacuación y una desintoxicación continua. Lo contrario produce enfermedad”, afirma la Abuela en su libro.Laura Esquivel en ‘Como agua para chocolate’ hace uso de hipérboles para explicar cómo los sentimientos de la cocinera –de la entrañable Tita– se trasladan al platillo y a los comensales: desde a unas codornices con pétalos de rosas hasta a una rosca de reyes. Para la Abuela no es una exageración: “Quienes cocinamos debemos tomar consciencia de cómo estamos al momento de estar frente al fogón. Si estoy triste, enojada o con prisa, eso mismo daré de comer a mi familia”. Para ella, la vibración que tenemos le confiere al plato una emoción, así que más vale estar conscientes al momento de cocinar. Luego viene la degustación consciente. La Abuela recomienda estar en silencio y con los ojos vendados. Retomar el uso de las manos para ponernos en contacto directo con los ingredientes; percibir sus texturas, formas, tamaños y temperaturas. Así, en total atención investigar con la nariz y la boca los insumos que tenemos frente a nosotros. Probar, disfrutar, detenerse en ese dulce momento. El ejercicio meditativo tendrá una ventaja adicional: “Al degustar conscientemente, la orden de saciedad llega más pronto al cerebro y, por tanto, requeriremos comer menos. Lo contrario sucede cuando comemos leyendo, chateando o pensando en lo que tengo que hacer”. Por último, para que tu comida se convierta en un medio para curarte, purificarte y renovarte, la Abuela recomienda bendecir y agradecer por eso que terminó en un plato precisamente para ti. Esas acciones que parecen insignificantes “son los pilares que sustentan la abundancia, el flujo equilibrado entre el dar y el recibir”. Comer así, en total conexión, nutrirá más que solo tu cuerpo físico.
Tener una buena licuadora en casa es la mejor decisión, pues este electrodoméstico se ha convertido en un básico para las cocinas ya que nos ayuda a acortar tiempos en las mañanas, para el desayuno; en las tardes, a la hora de la comida, o hasta cuando queremos hacer un postre.Por ejemplo, si lo tuyo es lo práctico y nutritivo, los smoothies serán tu mejor aliado por la mañana, solo necesitas una licuadora que sea efectiva para picar el hielo de manera óptima y rápida.Pero además de picar hielo, los beneficios de elegir una buena licuadora llegan hasta adecuarse a los ingredientes que estás licuando y mantener una velocidad ideal para que todo quede perfectamente bien mezclado.Así que si quisieras hacer un postre, como este cheesecake sencillo de yoghurt con mandarina en menos de una hora, una licuadora como la KitchenAid K150 sería muy útil, pues con su función Soft Start el motor arranca a una velocidad más lenta para llevar los gajos de mandarina hacia las cuchillas, sin salpicar la leche y el yoghurt mientras los mezcla.Por otra parte, su control de motor Intellispeed detecta en automático el contenido, para así mantener la velocidad adecuada y darte como resultado una mezcla para cheesecake tersa y homogénea que sólo necesitará de un rato en el refrigerador para cuajar y estar lista.Esta licuadora KitchenAid K150 tiene muchas cualidades que la distinguen del resto, como su jarra resistente de policarbonato que rinde para 1.4 litros, muy útil si estás preparando algo para toda la familia, o su vaso individual para que no tengas que lavar toda la jarra en las mañanas, después de solo hacerte un licuado o smoothie, además de que cuenta con una función de ajuste para triturar hielo en menos de 10 segundos.Ya sea que busques el frappé casero perfecto o quieras tener mezclas, para sopas, salsas o postres, perfectas, esta licuadora podría ser la mejor elección para ti, encuéntrala hoy en Liverpool.
En Perú, como en muchos otros lugares, la comida para la cena de Navidad es un banquete que incluye un pavo, pero también tenemos su lechón, su arroz navideño o arroz a la jardinera.Una búsqueda rápida en tu explorador de confianza te dejará saber que el pavo relleno al horno es el platillo que más se prepara en el país para cenar, pero en cada región del país se acompaña con diferentes ensaladas y guarniciones.Así, entre los 5 platillos navideños más comunes en las mesas de los peruanos encontramos:Pavo relleno. El pavo relleno y horneado al estilo peruano va macerado en jugo de naranja con un poco de chile seco en polvo y relleno de carne molida.Lechón al horno. Este platillo es más propio de Perú y va acompañado de moraya, que es papa deshidratada y después dejada en remojo para consumirse, además de tamales y pan. La pierna de lechón va macerada en ajo, cebolla, diversos chiles, vinagre y mostaza antes de llevarse al horno.Puré de manzana y de camote. El puré de manzana suele hacerse con manzanas verdes, por su sabor ácido y se cocinan con agua, azúcar, canela y mantequilla, para después formar el puré, mientras que el de camote va con azúcar rubia, jugo de naranja, canela, mantequilla y nuez moscada.Arroz navideño. También conocido como arroz árabe, esta guarnición se prepara con fideos finos o cabello de ángel, tocino, pasas, nueces, y algunos lo preparan con gaseosa negra, es decir, refresco de cola, pero también se prepara salado.Ensalada navideña. En Perú, esta ensalada se prepara una con lechuga de bola, también conocida como col blanca o repollo, manzanas, zanahorias, piña en almíbar, uvas, nueces, almendras y yogurt.Leyendo un poco más sobre la comida navideña en Perú, encontramos que en el sitio Matador Network hicieron el ejercicio de proponer una cena con platillos más típicos del país, basados en las costumbres gastronómicas de la costa, la sierra y la selva, y con la ayuda de la cocinera María Zúñiga. Así, ellos proponen que en la cena aparezcan tamales criollos de maíz pelado, achiote y ají colorado rellenos de carne de chancho (o sea, de cerdo), o de pollo, con un pan dulce de chancay o de postre, un budín de pan clásico, y de bebida, un ponche de leche con huevo, para Lima.Para la costa, sugieren el cambio del pavo por el pato, en la costa sur, las fuentes de rocoto relleno y el pastel de papa, y de bebida, el guiñapo para el brindis. Para la sierra, señalan que lo tradicional debería ser el caldo de gallina con papas y fideos, y los tamales o humitas de cada departamento.Finalmente, para la selva mencionan los juanes, un platillo parecido a los tamales de arroz, con relleno de gallina, además de su carne ahumada de cecina y las bolas de tacacho.¿Conocías estos platillos? ¿Cuál crees que debería ser la cena en tu país si se usara comida más regional?
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