5 usos para el pan duro, ¡te sorprenderán!
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5 usos para el pan duro, ¡te sorprenderán!

Por Kiwilimón - Marzo 2015
Fuente de la nota: http://bit.ly/1GO1qBS El pan es uno de los alimentos fundamentales de nuestra dieta. Y es que sólo con recordar su importancia en los textos sagrados y antiguos, podemos imaginar hasta qué punto ha sido un pilar en la alimentación desde tiempos ancestrales. Junto con el vino y el aceite, es quizá uno de los alimentos procesados más antiguos de la historia de la humanidad, ya que proviene del uso de los cereales. Así como la tortilla, la mayoría de mexicanos difícilmente podemos concebir una comida que no cuente con su compañía. Pero, ¿qué podemos hacer cuando se endurece? No lo tires a la basura, sigue leyendo y seguramente encontrarás múltiples usos que seguramente te sorprenderán.
  • Refréscalo. ¿Cuántas veces has hecho una comida y te queda pan suficiente para varias semanas? Lo malo de esta situación, es que seguramente no tendrás tiempo de consumirlo antes de que se te eche a perder o endurezca. La solución es muy simple: humedécelo con un poco de agua, después caliéntalo en el horno durante tres minutos. El resultado: pan fresco y listo para comer.
  • Añade textura. Sí, leíste bien. El pan duro puede hacer que una sopa, por ejemplo, se vuelva más espesa, además de que enaltece sus sabores. Sólo tienes que añadir una rebanada a tu preparación. Además gozaras de todos los beneficios nutricionales que puede aportarte, en un platillo que de otra forma sería convencional.
  • Haz crutones. Esos cuadritos tan deliciosos que solemos añadir a la ensalada césar o a una sopa de tomate, por ejemplo, son fáciles de preparar. Los crutones o croûton, en francés, provienen del pan duro. Lo primero que tienes que hacer es cortarlo en cuadritos y ponerlos en una taza. Después añade los ingredientes, desde queso parmesano, aceite de oliva o mantequilla, hasta especies como pimienta, perejil y otras hiervas de tu agrado. Mézclalos bien. Colócalos en una bandeja y hornéalos a 16ºC hasta que estén crujientes. Déjalos enfriar.
  • Prepara pan molido. Es muy sencillo y se puede utilizar en múltiples recetas para empanizar. Primero córtalo en rebanadas y ponlas a tostar en el horno. Después utiliza una trituradora (si no tienes una, la licuadora puede funcionar igual de bien)… y listo. Lo mejor de todo es que puede llegar a durar hasta seis meses si lo guardas en un tarro hermético.
  • Utilízalo como abono. Aunque no lo creas, el pan puede aportar diversos nutrientes a tus plantas y convertirse en un excelente aliado en la jardinería. De hecho, contiene vitaminas B (especialmente la B1, B6) folatos y niacina, muy benéficos también para la salud. El proceso es sencillo, sólo caliéntalo en el horno hasta que se reseque por completo. Con las manos, despedázalo para lograr pequeñas migas y mézclalas con la tierra. Tus plantas gozarán de los beneficios de un sustrato rico en nutrientes.
Estas son tan sólo algunas ideas para utilizar el pan viejo. A qué nunca pensaste en convertirlo en un premio para algunas mascotas, también puede ayudar a mantener frescas tus frutas y verduras, además de que muchas recetas tienen como base el pan viejo, por ejemplo, un delicioso budín. En próximas entradas ahondaremos más sobre estos usos. ¿Se te ocurre alguna recomendación? Ideas para reutilizar el pan duro (La idea es poner una rebanada de pan de la que salgan flechas con sus distintos usos. Ilustrando como si fuera una lupa en lo que se convierte).
  • Refréscalo
  • Añade textura a tus recetas
  • Haz crutones
  • Prepara pan molido
  • Utilízalo como abono
(En otro cuadro dentro de la infografía)

Sabías que…

  • El pan apenas contiene grasa
  • Proporciona energía
  • Aporta vitaminas y minerales
  • (En otro cuadro destacado)
  • México es reconocido como uno de los países con mayor cantidad de variedades de pan
   
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Los retiros de silencio son una experiencia curiosa. A la hora de la comida no hay lugar para los “qué rica sopa”, los “me pasas la sal” o los “ay, esa salsa pica mucho”. Aunque parezca una obviedad no queda otra que ponerle atención al alimento. Recuerdo que mi primera vez tenía al frente una sopa de espinacas con trocitos de papa y una diminuta brunoise de zanahorias. Las instrucciones de mi guía de meditación eran claras, había que observarlo todo: la forma de cada verdura, la caprichosa distribución en la que los ingredientes se acomodaban en el plato. Los olores no se salvaban. Había que concentrarse en las notas de la espinaca cocinada, el aroma del tiempo. Y por supuesto, ya en la boca, sentir cada ingrediente, cada combinación lograda en el asar de una cucharada. La experiencia fue iniciática. Hace unos días pude repetir la emoción. Esta vez fue en un centro de medicina ancestral en el que había que comer en conciencia. Ana, la chef, lleva años confeccionando combinaciones de recetas que luego prepara de forma consciente y sirve para placer de los visitantes. Eva Solís, la Abuela, es la fundadora de este espacio y la creadora del libro ‘Comida que cura’. Y es que ya lo dice una cita bíblica en Proverbios, “las palabras amables son como la miel: dulces al alma, saludables para el cuerpo”. Para la Abuela, las plantas, las frutas, y todo lo que procede del reino vegetal tiene el poder de reaccionar frente a las energías que les ponemos a través de la intención.Quizás parezca la formulación de un pase mágico –es más, probablemente lo sea– pero hay un arte en eso de convertir los ingredientes más sencillos en manjares para el alma. Explicado de otra forma, el ritual es similar al que hacemos cuando le cantamos o le hablamos bonito a una planta: crece más y crece mejor. La Abuela explica que las palabras y la intención transforman un platillo en una medicina poderosa. ¿Salsa para estimular la felicidad? ¿Sopa de chícharo para lograr la quietud? Así, tal cual. El rezo comienza al cocinar: se agradece a cada integrante de la receta, así como a las personas que tuvieron que ver con ellos –agricultores, distribuidores, vendedores– desde el campo hasta el momento de cocinarlos. Al final, “la importancia de ofrecer una comida que cura es que podemos elevar la vibración energética y el estado de ánimo de nuestras familias”. Eso sí. Hay que ser sabios ante nuestro marchante de confianza. “La selección de los ingredientes en un platillo que lleva la intención de sanar comienza con la compra de alimentos vivos y productos no procesados como materias primas”. Luego es importante lograr las combinaciones correctas. Aquí no aplica eso de que todo cabe en un jarrito sabiéndolo acomodar. Para la Abuela –tal como también lo dicta la tradición Ayurvédica– hay que aprender sobre la química que se despierta en los alimentos al unirlos. “Combinar los alimentos de manera adecuada permite una mejor digestión, una adecuada evacuación y una desintoxicación continua. Lo contrario produce enfermedad”, afirma la Abuela en su libro.Laura Esquivel en ‘Como agua para chocolate’ hace uso de hipérboles para explicar cómo los sentimientos de la cocinera –de la entrañable Tita– se trasladan al platillo y a los comensales: desde a unas codornices con pétalos de rosas hasta a una rosca de reyes. Para la Abuela no es una exageración: “Quienes cocinamos debemos tomar consciencia de cómo estamos al momento de estar frente al fogón. Si estoy triste, enojada o con prisa, eso mismo daré de comer a mi familia”. Para ella, la vibración que tenemos le confiere al plato una emoción, así que más vale estar conscientes al momento de cocinar. Luego viene la degustación consciente. La Abuela recomienda estar en silencio y con los ojos vendados. Retomar el uso de las manos para ponernos en contacto directo con los ingredientes; percibir sus texturas, formas, tamaños y temperaturas. Así, en total atención investigar con la nariz y la boca los insumos que tenemos frente a nosotros. Probar, disfrutar, detenerse en ese dulce momento. El ejercicio meditativo tendrá una ventaja adicional: “Al degustar conscientemente, la orden de saciedad llega más pronto al cerebro y, por tanto, requeriremos comer menos. Lo contrario sucede cuando comemos leyendo, chateando o pensando en lo que tengo que hacer”. Por último, para que tu comida se convierta en un medio para curarte, purificarte y renovarte, la Abuela recomienda bendecir y agradecer por eso que terminó en un plato precisamente para ti. Esas acciones que parecen insignificantes “son los pilares que sustentan la abundancia, el flujo equilibrado entre el dar y el recibir”. Comer así, en total conexión, nutrirá más que solo tu cuerpo físico.
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