Aprende a Preparar Malteadas de Sabores
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Aprende a Preparar Malteadas de Sabores

Por Kiwilimón - Marzo 2012
  Una rica bebida que te refrescará con su dulce sabor. Elaborada con leche, hielo y los sabores que tu elijas.

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Ingredientes

  • 125 Ml de Leche evaporada
  • 1 Taza de Hielo picado tipo frappe
  • 1 Bola de Helado de vainilla
  • 1 Cucharada de Chocolate en polvo
  • 1 Cucharada de Azúcar
Para ver el método de preparación, haz click aquí.
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En Matías Romero 98, en el corazón de la colonia Del Valle en la Ciudad de México, se encuentra Alay Alay Taquera de Medio Oriente, una taquería que rompe estereotipos y convenciones. Alay Alay no es la típica taquería chilanga y sus tacos no son como los clásicos tacos árabes de Puebla. En Alay Alay, la chef Andrea Sayeg es quien rebana el shawarma para preparar deliciosos tacos que fusionan sabores mexicanos con la tradición culinaria de Medio Oriente.El concepto de Alay Alay se puede definir como un viaje a través de los sabores de Medio Oriente, pues el menú retoma técnicas y sabores tradicionales de países tan diversos como Líbano, Yemen, Israel, Egipto y Siria dándoles un toque mexicano. “Decidimos no cerrarnos a que el concepto de Alay Alay fuera comida auténtica de Medio Oriente”, explica la chef. “Intentamos adaptar esos sabores al paladar mexicano a través del uso de chiles y salsas o de la presencia de platillos mexicanos como costras o quesadillas con toques y sabores de Medio Oriente”.En Alay Alay encontrarás entradas muy tradicionales como eftoyers, jocoque y hummus, al menos ocho opciones diferentes de tacos—shawarma de cerdo con especias yemenitas, shawarma estilo libanés, kebab kafta, yala yala, hayito, falafel, bistec de res y pechuga de pollo—con sus respectivas variantes chilangas en quesadilla y costra de pan árabe, postres típicos como cigarros marroquíes, dulce de pasta árabe y knafe, y cinco bebidas con sabores típicos de Medio Oriente—lemon khiar, haram haram, Beirut, alloz de chabacano y la taquera.Cada miércoles, Alay Alay organiza las Industry Nights, una noche dedicada a crear comunidad dentro de la industria gastronómica en la que puedes disfrutar del menú de Alay Alay a un precio más accesible y degustar novedosos cócteles de bartenders reconocidos—próximamente participarán Izzy Ortega y Mica Rosseau—, mientras que los fines de semana puedes apreciar el icónico trompo de shawarma en todo su esplendor. Además del menú fijo, Alay Alay ocasionalmente ofrece un menú temporal en colaboración con chefs distinguidos—la última colaboración fue con la chef Somsri Raksamran de los restaurantes Galanga Thai House, Kiin Thai-Eatery y Pin-Tó Thai to Go.Aventúrate a probar el refrescante alloz de chabacano, una bebida tradicional libanesa hecha a base de almendra, chabacano y pistache, el inigualable taco yala yala, un delicioso taco de pollo frito bañado en muhammara—una espectacular salsa siria hecha a base de frutos secos, granada y pimientos—y coronado con ensalada de lechuga y granada, y el irresistible knafe, un pequeño pastelillo de pasta kataifi relleno de queso mascarpone, frutos secos y jarabe de chabacano acompañado de helado de pistache.La taquera, rompiendo estereotipos y convenciones un taco a la vez“Siempre me ha gustado estar en la cocina. Es mi lugar favorito” confiesa la chef Andrea Sayeg y agrega que su abuela materna la inspiró a dedicarse profesionalmente a la cocina: “Siempre veía cocinar a mi abuela y a mí me gustaba estar en la cocina. Entonces, la gastronomía siempre ha estado muy marcada en mi vida”.Por si fuera poco, los sabores de Medio Oriente han estado presentes en la vida de la chef desde que era pequeña, pues sus bisabuelos maternos y paternos llegaron a Valladolid, Yucatán, provenientes de diferentes ciudades de Líbano—Maryayún, Trípoli y Beirut—durante las grandes migraciones de principios del siglo XX. “El pan árabe, el jocoque, son elementos de la dieta diaria. Si hay una ocasión especial, hacemos comida árabe”, menciona Andrea.“Siempre quise tener una taquería; desde niña fue mi sueño, uno que comparto con mi papá”, señala la joven chef y taquera quien, tras seis años de trabajo dentro del grupo Bull & Tank del chef Daniel Ovadía y perfeccionar su conocimiento de la culinaria de Medio Oriente en las cocinas de Nudo Negro y Merkavá, decide emprender un proyecto independiente junto con Andrés Muro y honrar su herencia libanesa: Alay Alay, Taquera de Medio Oriente.Con Alay Alay la chef Andrea se une a las filas de mujeres taqueras, un gremio que, asegura la chef, continuará creciendo durante los siguientes años. Coincidentemente, el nombre de Alay Alay, Taquera de Medio Oriente, antes Yala Yala Taquera de Medio Oriente, viene de un juego de palabras en árabe que se traduce como “¡Vamos, vamos!” en español, mientras que el logo de la taquería es Andrea, la taquera de Medio Oriente, dos guiños hacia ese gremio de mujeres taqueras que rompe estereotipos y convenciones un taco a la vez.
Tlaxcala se ubica en un lugar estratégico, justo al centro de la megalópolis mexicana. Su geolocalización, cercana a la capital y a otros estados, históricamente le ha valido bendiciones y una serie de vuelcos a su destino que se tradujeron en el enriquecimiento de la cultura y un sinfín de delicias culinarias que no pasan desapercibidas.El origen de la cocina tlaxcalteca data de más de setecientos años, con el asentamiento de los primeros grupos que conformaron esta gran civilización. “Al estar cerca del eje neo volcánico Tlaxcala recibe muchas aguas de los deshielos que luego se van al subsuelo y que hacen rica y bondadosa a la tierra”, comenta Irad Santacruz, catedrático de la cocina de su entidad por la Culinary Art School. De ahí que la gastronomía emerge entre insumos inmejorables donde la tortilla es reina. No por nada, Tlaxcala significa lugar de tortillas. Para Francisco Molina, uno de los cocineros más emblemáticos del estado y cuyo restaurante Evoka es una parada imperdible en la visita, los ingredientes primordiales de la región son el maíz y el maguey. Este último es el ingrediente que más orgullo le genera: “De él se ocupa todo. Trato de utilizar la filosofía del maguey en mi restaurante”. Del agave se extrae el agua miel y la miel de agave con sus sabores herbáceos; al fermentarlo se produce el pulque; sus pencas se utilizan para cocciones como la barbacoa; hasta con la plaga del maguey, que es el gusano, se elaboran platillos de buena complejidad. Las milpas crecen por las planicies y ofrecen un puñado de ingredientes que terminarán en una buena sopa. Adicionalmente existe el llamado metepantle, un concepto proveniente de la agricultura prehispánica en el que el ecosistema se crea en torno al maguey. “Cada árbol le otorga ciertas características y ciertos nutrientes al piso, dándole una especie de equilibrio a la tierra. Para mí este es básicamente el origen de la cocina tlaxcalteca”, comenta el chef Francisco. No es un secreto que antes de la llegada de los españoles los tlaxcaltecas estaban sometidos a los aztecas. A forma de castigo por querer deslindarse de pagar impuestos a los habitantes de la región se les prohibió la compra de sal y otros insumos. De ahí que los guisos regionales ocupen pocos ingredientes, pero que aunados a la creatividad y las técnicas han hecho posible una buena variedad.“Aproximadamente se obtienen treinta y cinco ingredientes que forman parte de la culinaria tlaxcalteca, de la cocina tradicional” afirma Irad, en los que los más emblemáticos son el mole de ladrillo, el mole prieto y el atole agrio. “El mole prieto es un mole más ceremonial, un mole más líquido que espeso y que se hace con puerco. El mole de ladrillo es un mole también ceremonial de origen otomí”. Por su parte el atole agrio se elabora a partir de especies de maíz rojo y se sirve con un frijol o ayocote en el fondo.El mole que puede encontrarlo a uno en casi todo el estado es el mole de fiesta, pero claro, con ciertas sazones que van mutando en cada comunidad. Junto al estado de México e Hidalgo, comparte la tradición de la mejor barbacoa del país y la técnica del mixiote. De sopas están las tlatlapas, una sopa espesa que se preparara con frijol amarillo, el chileatole verde y la sopa de milpa común en temporada. El insumo predilecto de la época de lluvias es el hongo comestible que es proteína vegetal en guisos y moles típicos. Pero nada de eso terminaría de amalgamar sin el rey de las bebidas milenarias: el pulque. El pulque es cultura, es ingrediente en copiosos platillos, es la predilección de Quetzalcóatl y por lo que tuvo que redimirse en el exilio. En el lado dulce, Tlaxcala es un paraíso por descubrir. “Están los muéganos tradicionales de Humantla, de Santa Ana, de Santa Cruz y de la capital”; pero también están los tlaxcales –tortitas elaboradas con masa de maíz y azúcar–, los dulces de pepita, las conservas de guayaba, de camote, o de cualquier fruta de temporada. No hay que perderse tampoco los burritos –y olvida el gran envoltorio hecho con tortilla de harina–. En Tlaxcala están hechos de maíz a punto de reventar y van cubiertos por aguamiel, piloncillo o azúcar. Otros postres tradicionales son el chacualole, un postre elaborado a partir de calabaza u otras frutas y aromatizado con canela, piel de naranja y clavo, o los buñelos de rodilla y de viento. Por supuesto, en las fiestas patronales, hay que dejarse conducir hasta el aroma de unos panes de feria. Si de gastronomía callejera hay que hablar, el chef Francisco recomienda las tortas de la 2 de abril. “Son unas tortas que vienen con milanesa de cerdo, chalupa, quesadilla de huitlacoche o de queso, todo va frito. Viene con su ensalada, su jitomate y su pan”. Si se prefiere la tortilla por sobre el bolillo, hay que detenerse en una esquina por tacos de canasta, supuestamente originarios de la entidad. Irad recomienda asistir los viernes el mercado alternativo de productores agroecológicos que se instala en el parque de San Nicolás, el tianguis sabatino de Tlaxcala y el de los miércoles de la Loma: “Ahí no solamente encuentras el producto y a las personas, sino que también seguramente vas a comer delicioso en alguno de sus múltiples puestos”. Y es que sí, dar un paseo por este pequeño estado es probar tradiciones bien conservadas en un contexto de haciendas, de leyendas vivas y cruces de camino.
Difícilmente olvidaré ese día. A lo largo y ancho de la hacienda de la familia Maza, los tambores y los acordeones marcaban el paso de los danzantes tradicionales. Alrededor, cocineras de toda la región mostraban su oficio a través de moles de todos los colores, adobos espesos y caldos picantes. El mezcal se abría paso entre las mesas. Tal escenario sólo podría significar una cosa: celebración. Unos minutos antes se había realizado el sacrificio de chivos en La Tradicional Matanza, Huajuapan de León, en el marco del festival Cofradía Mixteca. Con esta primera verbena se dio también por inaugurada la temporada de mole de caderas, tradición de las regiones mixtecas de Oaxaca, Puebla y Guerrero. Los organizadores –Alejandro Ruiz (chef de Casa Oaxaca y presidente de la CANIRAC en Oaxaca), Rodolfo Castellanos (chef de Origen), José Manuel Baños (chef de Pitiona) e Israel Loyola (chef de Restaurante Sin Nombre)–, por segundo año consecutivo, dieron cita en Oaxaca a cocineras tradicionales y a chefs de los restaurantes más emblemáticos de México. Durante los cuatro días que duró el festival fuimos invitados a un desfile de saberes y cultura volcada al plato con el fin de probar una de las siete gastronomías oaxaqueñas más relevantes: la mixteca. En el restaurante de Doña Chonita recibimos el sol con una taza de atole blanco en la mano y su desayuno mixteco. En el restaurante Obispo nos paseamos por un menú degustación con paradas de barbacoa, maíz quebrado y menudencias. Una de las noches brindamos con los mezcales de trazabilidad de Archivo Maguey y comimos tetelas rellenas de amarillito en Maguey y Maíz. Pero quizás la cumbre sucedió en el cierre, el domingo. Los treinta y cinco cocineros invitados hicieron uso de los ingredientes, las técnicas y los guisos de la región para inspirar sus propias sazones. Comimos toda suerte de delicias oaxaqueñas y otras más con toques del mundo: mole con curry (de Oscar Torres), estofado de chivo no nato (de Chuy Villarreal), el mole de luto (de Celia Florián), jocoque con setas (de Alfredo Villanueva), pepián de hoja Santa y coliflor (de Daniel Nates).Y es que se necesitan muchos días y decenas de manos para exhibir la gastronomía mixteca como se merece. La región resalta por la pobreza de sus suelos sobre las que crecen pocos ingredientes; en cambio, la creatividad de las comunidades es la que ha dado múltiples frutos. (Si cada familia tiene una forma de cocinar cierto guiso, la variable de platillos es infinita.) En la lista de tradiciones gastronómicas locales se encuentra la crianza del chivo –actividad relevante desde la llegada de los españoles–, el uso del guaje y el chile costeño, así como el cultivo de diversas especies de maíz.El mole de caderasLa chef Olga Cabrera Oropeza es mixteca. Ella aprendió todo lo que sabe de cocina de su abuela –Doña Chonita–, de su madre y su suegra. En el restaurante Tierra del Sol, instalado en la capital oaxaqueña, recupera los sabores de su comunidad en un contexto idílico.Para ella, “el mole de caderas es uno de los platillos con más identidad puesto que está preparado con ingredientes locales, como el chile costeño, que le da picor a toda nuestra cocina mixteca. Y luego también tiene guaje. Es tan importante que, de hecho, Huajuapan significa ‘guajes junto al río’”. Las cabras además son cebadas de manera natural con hierbas, como la pepicha, que crecen únicamente en la región. Esto le otorga un sabor único y penetrante al mole de caderas. Cuando la temporada termina, la fiesta continúa. Los locales preparan un mole de barbacoa, de sabor similiar, que se realiza a partir de los huesos del chivo.Los otros guisos mixtecosOlga me explicó que la cocina mixteca tiene cinco estandartes culinarios: el chileajo, el pozole mixteco, el huachimole, el mole de fiesta y los otros moles hechos con semilla de guaje. De chileajos los más comunes son el rojo y el amarillo. Y como su nombre lo indica, se prepara con ajos asados, clavos de olor, chiles costeños amarillos y ajonjolí.Confieso que nunca había probado el pozole mixteco. Bajo el cuidado de Doña Chonita y de Olga, difícilmente lo olvidaré. A diferencia de otros, se prepara con un maíz nativo, más duro que el pozolero, por lo que hay que estar atizando el fuego de la leña durante toda la noche. El caldo, hecho con hoja Santa, tiene un color neutro. Cuando se le añade un mole especiado, con fuerte sabor a clavos, es que adquiere ese color rojizo particular. Además del mixteco, en la temporada de pozole en el mes de septiembre se prepara un pozole verde y el pozole de la costa.El mole de fiesta mixteco es considerado negro, aunque su color apunta más hacia el colorado. Es ligeramente dulce. Picante, sólo lo suficiente. “El mole de fiesta mixteco es un mole espesado con muchas semillas: mucha almendra, ajonjolí; las semillas del chile no las quemamos. Solamente pasan por un tostado. Los chiles deben de quedar crujientes, pero no deben de quemarse porque este no es un mole amargo”, confirma Olga.En la cocina mixteca se pueden encontrar panes con fermentación de pulque que generalmente se cuecen a nivel de piso en hornos de piedra. “Tenemos dulces de calabaza, panes rellenos de calabaza, encaladas o regañadas”. Las encaladas son unas tortillas dulces, elaboradas a partir de harina de trigo, y cubiertas por una capa blanquecina que se asemeja al betún. Lo adornan salpicones de color rosa. Por su parte las regañadas son una suerte de galletas con el sabor de la manteca de cerdo y revolcadas con azúcar y canela.Hay mucho más. En cinco días probé todo cuanto pude pero las recetas se me escapaban entre los dedos. Faltaría sentarse a la mesa de cada casa y descubrir preparaciones únicas como la que la cocinera tradicional y dueña de Obispo, Uveira Cruz me dio a probar el primer día: un estofado hecho con aceitunas y pollo que me aseguró, no probaría en otro lugar. No se me va de la cabeza. Así es la mixteca. Cada familia es un libro de historias y herencias y, cada guiso, un lenguaje tan único como la propia sazón. 
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