Guía básica para elegir un vino de mesa
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Guía básica para elegir un vino de mesa

Por Kiwilimón - Septiembre 2017
  El maridaje entre un delicioso platillo y un bien vino es uno de los mayores placeres de un sibarita, pero para disfrutar esta exquisita experiencia no necesitas una gran inversión, sino una elección inteligente. En Kiwilimón nos dimos a la tarea de resumir en una sencilla guía los pasos que debes seguir para elegir un vino de mesa. ¿Lista para lucirte en la próxima reunión con tus amigos? Sigue estos consejos para escoger el mejor vino para que tu comida sea un éxito:

1. Conoce el tipo de reunión al que irás

Obviamente no es lo mismo una fiesta de aniversario que la reunión semanal en casa de una de tus amigas. Es importante que consideres esto ya que si no lo tomas en cuenta podrías hacer una elección un poco fuera de lugar. (¿Te imaginas llegar con jeans a una boda o con vestido largo a un picnic? Esto sería su equivalente). Mientras que un joven Cabernet puede sacarte de casi cualquier apuro, un Chianti del 98 puede reservarse para una ocasión más especial.

2. Identifica los alimentos del menú

No se necesita ser un sommelier experimentado para poder disfrutar los sabores de un vino. Solamente debes saber elegir el indicado para cada tipo de alimento. Aunque las combinaciones que se hagan dependen mucho del gusto de cada uno, te compartimos los maridajes más comunes:
  • Carnes frías: para abrir el apetito con una tabla de charcutería, queda muy bien un tinto ligero para no tapar los sabores de la carne.
  • Quesos: lo mejor para los quesos azules son los tintos afrutados, mientras que para los quesos curados los tintos maduros son los mejores.
  • Mariscos: los vinos blancos, como el Riesling o el Albariño, combinan muy bien con los sabores de los mariscos.
  • Pescados blancos: a diferencia de los mariscos, los pescados blancos saben mejor con vinos blancos ácidos.
  • Pescados grasos: para un platillo con salmón o atún, la mejor elección es un tinto ligero o medio, como un Rioja.
  • Carnes de ave: como regla general, se considera que los vinos blancos (a excepción de las variedades más ácidas) van bien con las aves.
  • Carnes rojas: los sabores más fuertes de la carne combinan perfectamente con la potencia de un Cabernet Sauvignon, Syrah o Malbec.
  • Postres: las tonalidades dulces del postre deben combinar pero no esconderse con el aroma del vino. Elige un Oporto joven o un Moscatel para cerrar la comida.

3. Cuida la temperatura del vino

No solo hay que considerar los alimentos, sino también la temperatura del vino. Aunque un par de grados pueden parecer irrelevantes, un vino demasiado frío o demasiado caliente puede afectar el sabor y los aromas. Lo ideal es que un vino tinto de reserva se sirva a 17°, un vino tinto crianza a 15°, un vino rosado a 12°, un vino blanco joven seco a 10°, un vino blanco dulce a 8° y un vino espumoso a 7°.

4. Si nada te convence, elige un rosado

Cuando tengas duda sobre el menú o el tipo de reunión, lo más sencillo es que elijas un vino rosado. Esta variedad tiene la característica de ser lo suficientemente refrescante y ácida para combinar con una gran cantidad de platillos. ¿Quieres darle más caché a tu comida? Escoge un vino rosado espumoso. Ahora que ya conoces los pasos más básicos para elegir un vino de mesa, ¿qué esperas para planear tu propio maridaje? Prepara estas recetas y cuéntanos con qué tipo de vino te gustaría acompañarlas:  
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Ser pionera en la cocina no es fácil. Corrijo. Ser pionero en cualquier ámbito es una rareza. Chepina Peralta fue de aquellas señaladas para abrir brechas y lo hizo prendada de las recetas: en los años sesenta fue la primera conductora mujer en liderar un programa culinario en América Latina. En los noventa años que Lucía Josefina Sánchez Quintanar vivió, nos hizo soñar con los sabores de aquello que la mirábamos hacer del otro lado del televisor. La semana pasada partió, pero está claro: Chepina Peralta es cultura popular mexicana. Su legado no se va a ningún lado.Chepina fue la conductora de programas inolvidables como La Cocina de Chepina, Chepina en tu cocina y por supuesto, Sal y Pimienta, entre muchos otros. En cada uno, siempre la enmarcaban la barra de una cocina y unos anaqueles de set, mientras parada o sentada, pelaba ingredientes, agregaba especias y salpicaba sin reparos. En ella no había poses ni rituales histriónicos. Al contrario. En sus programas nos hacía creer que la comida rica estaba al alcance de todas las manos y que lo máximo sería probar algo que viniera de las de ella. A mí personalmente me inspiró a los siete años a fantasear con mi propio programa culinario. Muy a pesar de la cocina de mis padres, yo no agregaba espinacas ni acelgas en la licuadora cuando veía Sal y Pimienta. Lo que ella evocaba en mí era crear, divertirme: “Amigos, el día de hoy prepararemos unos deliciosos bombones con papitas… y pimienta… y cátsup… y galletas… en la tostadora. ¡Van a quedar buenísimos!”. Chepina no sólo inspiró a niños y sus madres, sino a generaciones de familias que comenzaron a comer con los ojos. Gracias a ella –la señora del mandil floreado– muchas mujeres decidieron darle descanso al microondas, comer menos guisos de congelador. La cocina y la salud de las generaciones abre-fácil conocimos la esperanza de lo hecho en casa. Pero que a nadie engañe esa dulzura de tía entrañable, de abuela consentidora. Chepina Peralta supo construir su propio emporio alrededor de las recetas. Ella no estudió para cocinera. Según su descripción era una “maestra en el arte de la palabra”, por lo que la conducción de un programa televisivo parecía irle como guante de seda.  Su facilidad de palabra y carisma le valió un espacio fijo en distintas televisoras en las que grabó casi ocho mil programas. De los libros de su autoría se cuentan trece. Hay programas de radio, entrevistas, publicaciones escritas. Todo. Chepina, antes de que la cocina mexicana fuera el orgullo nacional que es ahora, la divulgó, la reincorporó al menú diario con preparaciones fáciles y accesibles para las amas de casa. La cocina de los años setenta y ochenta estuvo marcada por sus cremas de verduras, por sus mixiotes, sus atoles, sus tortitas de papa, sus pasteles salados y sus gelatinas. Sin más, definió la cocina de todos los días en el devenir de los años. En el marco del Festival Morelia en Boca de 2017, Chepina Peralta recibió un reconocimiento por el mérito de sus cuarenta años de carrera. Aún tengo el recuerdo de la chef contando emocionada que había sido a través de la cocina que había conocido México, el mundo y, sobre todo lo demás, a sí misma. Chepina seguirá siendo la inspiración de quienes pensamos que cocinar es alegría, terapia y autoconocimiento, y que un plato a la vez se puede cambiar a otros, a uno mismo.
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