La cocina en rosa, entrevista a Martha Ortiz Chapa
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La cocina en rosa, entrevista a Martha Ortiz Chapa

Por Kiwilimón - January 2014
Dentro de todos los chefs mexicanos hay una en específico que se proclama como la líder del movimiento de la mujer en la cocina. La chef Martha Ortiz Chapa del restaurante Dulce Patria promueve la cultura de la mujer mexicana como un pilar inamovible de la gastronomía nacional.  

¿Cuál es la relación de la mujer con la gastronomía? Es total, la gastronomía mexicana es femenina. Siempre ha habido un asunto de pasión en la comida, estoy segura que aún las monjas que preparaban de cenar en los conventos tenían que expulsar sus pasiones por algún lado y lo hacían a través de los alimentos.   ¿Cuál es tu platillo favorito de todos los que preparas? Me encantan todos, el mole rosa con el pollo es delicioso y especiado pero probablemente, por el nombre, tenga una debilidad por ¡Ya Basta!… Concepción. Es una concha con glaseado rosa acompañada de crema y un atole de nuez y vainilla que preparo en cada octubre rosa como apoyo a la lucha contra el cáncer de mama.   Le das una gran importancia a la estética de tus platillos. ¿Por qué? Yo pienso que cuando comes belleza alimentas el alma. Es casi como alimentarse de arte y al aceptar físicamente algo que para los ojos fue hermoso debe nutrir mucho más que el cuerpo. El espíritu también debe de comer.   Danos un tip para comer más sano. Hay que comer estacional y local. Si te alimentas de ingredientes que crecen en esta tierra entonces tendrán más nutrientes y si logras conseguirlos en su mejor momento del año entonces tanto el sabor como su aportación nutrimental estará en su máxima expresión.   ¿Qué mensaje tienes para las mujeres que desean estar sanas y tener control de su cocina? Que sean parte de esta hermosa tradición que tiene México. A través de la comida es como nutrimos a nuestras familias y es como mostramos nuestro cariño. Por si fuera poco no sólo nutrimos el cuerpo y nos mantenemos fuertes sino que también la imaginación y el alma.   Dulce Patria Anatole France 100 Polanco, 3300 3999  

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La pasta es uno de los platillos favoritos de muchos porque es sencilla y tiene muchas combinaciones. Su preparación puede tomarte sólo 30 minutos, aunque si se trata de una pasta clásica, como de la que hoy te vamos a contar, tal vez necesites buscar cómo se hace el espagueti a la boloñesa.El espagueti a la boloñesa es en realidad un derivado del ragù, una salsa italiana a base de carne, y la característica del ragù a la boloñesa es que lleva tomate y se prepara con pastas gruesas, como tallarines, tortellini o ñoquis, y nunca con espaguetis, pues las pastas gruesas sostienen mejor la carne.El ragù alla bolognese, o salsa boloñesa, es solo una de las muchas formas en que se puede preparar una salsa de carne, llamada ragù, en Italia, es decir, este es un término general que se utiliza para indicar cualquier salsa de carne cocinada a fuego lento durante muchas horas. Cada ragù se compone de numerosos ingredientes, que varían según cada región, de ahí que “alla Bolognese” signifique que pertenece al estilo de la ciudad de Bolonia.Historia, ingredientes y receta italianaSegún Livio Cerini, uno de los más grandes escritores de libros de cocina italianos del siglo XX, la base de este apetitoso estilo de preparar salsas con carne se la debemos a los romanos, sin embargo, el término ragù viene de la palabra francesa ragôuter, un verbo que puede traducirse en como “agregar sabor a algo”. El ragú deriva del periodo de la invasión romana, pues los galos reelaboraron la receta romana, transformándola en el ragú, muy similar a las salsas que conocemos hoy.Inicialmente, las salsas ragú eran una especie de guiso que se comía como plato principal, pero luego comenzaron a comerse untadas sobre pan tostado, y todos estos primeros platos de ragú se hicieron sin tomates, ya que los tomates no llegaron a Europa hasta el siglo XVI, por supuesto, desde el Nuevo Mundo y gracias a Hernán Cortés y los conquistadores.Se cree que el nacimiento de la receta original de Ragù alla Bolognese se remonta a finales del siglo XVIII, cuando Alberto Alvisi, el chef del Cardial de Imola, cocinó la primera auténtica salsa de carne a base de tomate, que se sirvió con un plato de pasta de macarrones.A principios del siglo XIX, las recetas de ragú a base de tomate comienzan a aparecer en algunos libros de cocina de la región de Emilia-Romagna. En esta época era un plato que, por lo general, estaba reservado para fiestas u ocasiones especiales.Fue hasta 1982 que la receta oficial fue registrada por Academia Italiana de Cocina en la Cámara de Comercio de Bolonia. En ella se encuentran el tocino y la leche entre los ingredientes habituales. Pero ya sea que ahora le pongas leche a tu boloñesa o no, sin tomates, nos referiríamos a estas salsas simplemente como ragú. Así que los tomates son uno de los ingredientes característicos del espagueti a la boloñesa.En la actualidad, existen muchas formas de hacer espagueti a la boloñesa, por ejemplo, vegano o en presentación de lasaña, ¿cuál es tu favorito?
¿Otra vez arroz? Las cifras lo confirman: la gramínea salvaje favorita de todos se siembra en treinta y cuatro países; sus campos cubren más del 10% de las tierras fértiles del mundo y de él se alimenta más de la mitad de la población mundial, según la FAO, por arriba del trigo o el maíz. Es rico, es práctico y con un par de ingredientes se convierte en una elegía. Literalmente, todo el mundo come arroz. El pobre, el rico, el pequeño burgués, el asiático, el centroamericano, el africano. En Europa, los españoles le han dedicado algunos de sus mejores platos. En México, hasta canciones. Él es nuestro termómetro para saber si una mujer –y un hombre converso a la igualdad– puede casarse. Se avienta en las bodas a modo de confeti como símbolo de abundancia. Está presente en los altares del mundo para atraer la prosperidad. Su cultivo en Japón forma parte de una tradición ancestral que trasciende los temas culturales: actualmente existe una guerra de precios que favorece al mercado local a través de un alza arancelaria a los importadores. Su cultivo en el sudeste asiático es oficio heredado y un bello espectáculo en sus montañas trazadas en terrazas.De arroces, no hay uno. Está el blanco, el integral, el glutinoso que es corto y dulce, el aromático como el basmati o jazmín, el moteado como el salvaje, que sabe mejor cuando se adiciona con frutos secos, menta y aceite de oliva. Su propia anatomía y su geolocalización culinaria harán más o menos común que se sirva al vapor como el gohan, frito como el yangzhou al estilo cantonés o enriquecido con mantequilla, aceite o caldos como el risotto italiano: caldo, vino blanco, queso parmesano y hongos salteados en mantequilla son el camino al cielo del umami.El arroz pasa lista a todas horas en las mesas del mundo. Al desayuno, en varios países de Asia, especialmente en China, desfila el congee: un amasijo dulce o salado de arroz con más de dos mil años de antigüedad. En México lo infusionamos con azúcar para hacer arrocenas, lo servimos en tazones de cereal inflado con su respectivo chorrito de leche. Los deportistas lo convierten en su snack predilecto pues no contiene gluten: a una galleta de arroz le dan un embarradita de hummus, otra de aguacate, cherries y aceite de olivo. A la hora de la comida, la mejor expresión del arroz se alcanza en su versión caldosa o melosa. Ahí está el que se hace con mariscos, conejo y embutidos al estilo paella valenciana, o el negro, cuyo color y sabor se lo debe a la tintura del calamar. Habría que comerlo en una terraza de la costa catalana para sentir que no hay mejor platillo. Si va caldoso, no hay que perderse el arroz a la tumbada típico de Veracruz que quema la boca como pocos, o con pollo y judías como en la cocina española del levante.En Cuba se mezcla con frijoles para representar unos moros con cristianos; en Perú el tacu-tacu se prepara con la menestra del día anterior, leguminosas como frijoles o lentejas y un sofrito de ají amarillo. En un menú chifa –como le llaman los peruanos a la gastronomía china– no faltará el arroz chaufa, frito con verduras cortadas en brunoise y salteado al wok con huevo para que amalgame. Sabe mejor con soya y con una buena dosis de grasita. En República Dominicana, otro gran productor de nuestro amado cereal, lo preparan con mariscos, con gandules o en un sofrito de verduras y tocino para la Navidad. Cargado en los barcos procedentes de España y Portugal, el arroz desembarcó en el continente. Hoy la gastronomía del Caribe no se entendería sin él. En cada país se le añade especias endémicas y embutidos populares para que tome sabor a platillo local. En Colombia está presente en su plato de desayuno por excelencia, la bandeja paisa; va también en el arroz atollado con pollo, cebolla, papa y pimientos, o con coco para acompañar un pargo frito y patacones. En Corea es un verdadero k-pop el bibimbap, un cuenco de arroz que siempre venden en las tiendas, y sirven con proteínas y vegetales mezcladas con aceite de sésamo y gochujang. En México, a nuestro arroz le damos gentilicios: “a la mexicana”, “poblano”.  El arroz es el plato infaltable de las fonditas. Que lleve huevo estrellado, que lleve plátano frito. Crema, por supuesto. No hay mejor inversión que esos $15 extra al precio del menú.El de Maxweel Food Centre en Singapur es un agasajo: sobre un plato de plástico va una montaña de arroz y encima un pollo pochado con jengibre y hecho en sus jugos. Jugos y más jugos. En bebida alcohólica, no hay que perdérselo. El sake japonés hace gritar a todos ¡kampai! no importa la técnica de preparación y sus muy intrincadas acepciones.Si alguien prefiere lo dulce, el arroz no lo decepcionará. En Japón no hay postre más socorrido que los mochis, un pastelito elaborado de arroz glutinoso que puede ir relleno de una pasta de soya, frijoles rojos o helado. Los nacionales lo hacemos en atole, o con leche y hervido con canela y azúcar. En Kiwilimón lo hemos hecho hasta en tarta con base de galleta. Lo hemos hecho de todas formas porque como con el arroz con leche, nos queremos casar… con él. ¿Crees que nos falta alguno? Por favor, dinos cuál te gustaría.
Probar la gastronomía de Honduras es transportarse a ese país centroamericano lleno de sabor, música y cultura. De hecho, la comida tradicional de Honduras fusiona lo mejor de la gastronomía indígena, española y un toque de la caribeña con tintes de comida africana, así que si quieres descubrir los secretos detrás de sus delicias, aquí te presentamos algunos de los mejores platillos de comida típica de Honduras. Baleada La baleada es esa garnachita hondureña ideal para desayunar en las mañanas. Se trata de una tortilla de trigo doblada y rellena de frijoles, queso rallado, jamón o crema agria. En ocasiones también puede llevar carne molida, huevo cocido y col. Catrachas Similares a los sopecitos mexicanos, las catrachas de Honduras son pequeñas tortillas fritas con frijoles rojos, queso rallado y cebollita. Este platillo típico de honduras es muy económico y fácil de preparar.Tapado olanchano Este plato fuerte es una delicia de la gastronomía hondureña, pues se trata de diferentes tipos de carne asada, hervida en leche de coco que se acompaña con verduras fritas, plátano y yuca, un tubérculo parecido al camote. Candinga También conocida como chanfaína o revoltijo de hígado, la candinga es un platillo típico del norte de Honduras, donde marinan el hígado de cerdo en jugo de naranja, se cocina con verduras y se acompaña con arroz. Ticucos Los ticucos son una comida típica de Honduras que se asemeja a los tamales mexicanos, pero en su versión la masa se prepara con caldo de pollo y chile y se bañan con salsa de tomate. ¿Se te antojas estas comidas típicas de Honduras?
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