Los libros que debe tener todo amante de la cocina
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Los libros que debe tener todo amante de la cocina

Por Kiwilimón - Diciembre 2018

La comida es un tema fascinante y hay cientos de libros que pueden llevarte a conocer más acerca de la magia gastronómica. Si te interesa descubrir todo sobre el arte de la cocina, estas lecturas son obligadas. Te aseguramos que te engancharán desde la primera página. 

La enciclopedia de los sabores de Niki Segnit

Este no es un recetario, sino una guía para conocer los sabores que combinan. Te recomendamos este libro si te interesa saber qué alimentos puedes mezclar para crear platillos deliciosos. Con ayuda de este manual, podrás cocinar recetas originales y llenas de mucho sabor.

Larousse gastronomique

El libro ya es todo un clásico y forma parte de las bibliotecas de todos los amantes de la cocina. Entre sus páginas encontrarás miles de artículos sobre diversas técnicas y herramientas, así como alimentos, variedades y temporadas. El Larousse gastronómico es un libro de referencia imprescindible.

The complete Bocuse de Paul Bocuse

Los amantes de la cocina saben que uno de los chefs más importantes del siglo pasado fue Paul Bocuse. Es por eso que este libro es tan importante. The complete Bocuse es el legado del famoso chef, y en él comparte cientos de recetas saladas y dulces. Sin duda, esta es la mejor manera de aprender a cocinar comida francesa.

El gourmet solitario de Jiro Taniguchi y Masayuki Kusumi 

Este no es un libro tradicional de cocina. Los autores decidieron describir las experiencias culinarias del protagonista a través de un cómic. Lo fascinante de esta obra es que te lleva a recorrer los barrios de Tokio mientras descubres sus sabores más tradicionales. Un libro que refleja a la perfección la riqueza gastronómica de Japón.

Papilas y moléculas de François Chartier

Uno de los mejores sommeliers del mundo escribió este libro para ayudar a las personas a descubrir los sabores y aromas ocultos en los alimentos y en los  vinos. Las personas que están interesadas en aprender más sobre el maridaje y la combinación del vino con los platillos, encontrarán en este libro verdaderos tesoros.

Sumérgete en el mundo de la cocina devorando las páginas de estos excelentes libros.

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Sabemos que en gastronomía de la vista nace el amor, y más si la comida se sirve en un plato hermoso. Desde las cocinas de las abuelas hasta sus exposiciones de piezas artísticas en Zona Maco, son pocos los mexicanos que no conozcan o hayan disfrutado un delicioso platillo en vajillas Anfora. Es una empresa de cerámica mexicana que ha sorteado mil batallas y sigue en pie, engalanando nuestras mesas ¡desde hace cien años!La herencia culinaria de México se ha reinventado a la par de sus vajillas, por eso te contamos algunos secretos de una empresa que ha conquistado el corazón de los mexicanos, en el marco de sus 100 años. Orgullo nacionalAnfora fue una de las tres primeras empresas que llevaron la producción cerámica a una escala masiva en México. Comenzaron en 1920 con una fábrica ubicada a espaldas de la Penitenciaría de Lecumberri, en la Ciudad de México. Durante sus primeras décadas, el gobierno alentaba a los ciudadanos a comer en sus vajillas, ya que destacaban por utilizar pastas nacionales de muy buena calidad, a la altura de cualquier producto de importación. Renombre internacionalPara los años 60, Anfora vestía las mesas no sólo de nuestros hogares, sino de los mejores hoteles y restaurantes de la capital, como el San Ángel Inn, el Centro Gallego, Sanborns y el Danubio. También los atletas de la Villa Olímpica probaron en sus piezas auténticos platillos mexicanos durante las Olimpiadas de 1968, e incluso Marilyn Monroe fue retratada frente un plato Anfora durante su visita a México. Nueva eraEn 1994 la empresa trasladó la fábrica a su ubicación actual en Pachuca, Hidalgo. Los nuevos tiempos requerían una gran celebración y a la inauguración de las nuevas instalaciones asistió el presidente Ernesto Zedillo. Un par de años después llegó un encargo peculiar desde Rosarito, Baja California. Se trataba de una réplica de vajillas antiguas para la taquillera película Titanic, del director James Cameron. A pesar de la entrada a gran escala de cerámica china, Anfora ha sabido adaptarse a los tiempos sin perder su calidad. Hoy nos sigue sorprendiendo con piezas duraderas y diseños que honran la creatividad de las nuevas generaciones. Visita aquí su catálogo, su tienda en línea o sus vajillas en Amazon para engalanar tu hogar.
Flores de cempasúchil en vasitos de vidrio. Dos panes de muerto junto a restos de azúcar desperdigada. Una ollita, la más pequeña de la alacena, llena de mole al que ya se le hizo una capa de nata. Papel picado descolorido por las gotas de un caballito de tequila que se derramó. Hasta arriba, la foto del pariente fallecido observándolo todo: la abundancia o la escasez de la ofrenda, el faltante de huesito en el pan. Esta escena se repite cada año en el altar de muertos. Esta es una escena de tradición mestiza.No sé si fue Coco, no sé si fue James Bond. Esta costumbre mitad prehispánica, mitad española, ha resurgido con fuerza en los rincones de las salas mexicanas. Fray Bernardino de Sahagún, en la Historia general de las cosas de la Nueva España, ya relataba que los aztecas eran dados a hacer festejos a los muertos. El altar recordaba el viaje de cuatro años que el difunto debía emprender, camino a Mictlán, el reino de los muertos. Como en casi todas las religiones y creencias, no había altar sin una ofrenda, y como en casi todo ofertorio, siempre había algo de comer.Según me cuenta el licenciado José N. Iturriaga, historiador y escritor, había un ingrediente infaltable en los altares prehispánicos: los tamales envueltos en hojas de totomoxtle. También había agua para ayudar al alma del muerto a sortear el camino lleno de peligros. Luego, con la evangelización, las costumbres católicas como el rito a los santos y la fermentación del trigo se fueron mezclando con las costumbres locales. El altar es mestizaje puro. Por ejemplo, están las flores endémicas como los cempasúchiles, los frijoles, el tequila –que, aunque tiene denominación de origen, no existiría sin la destilación, originaria de Asia–. El mole es un plato barroco, resultado del intercambio con África del Norte, España, el sudeste asiático... El pan de muerto es fruto del sincretismo del pan de ánimas que se hace en Segovia o de los huesos de santo, un postre de pasta de almendra español cuya presentación recuerda a los relicarios. Así como el origen del altar es diverso, también lo es la celebración: “El 1 de noviembre, día de Todos los Santos, fue un día para celebrar a los santos que no tenían fecha y se instauró en el siglo séptimo; el Día de Muertos lo estableció el Papa Bonifacio IV en la Abadía de Cluny Odilón”, explica Iturriaga. Esto sucedió en el siglo X –claramente, mucho antes de la Conquista– con el objetivo de que los fieles hicieran oración por los muertos. Para los que injurian contra el Halloween asumiendo que es una falsificación de nuestra fiesta, Iturriaga cuenta que la palabra viene de All hallow’s eve, que es otra forma de nombrar “todos los santos”. La celebración data de épocas medievales y fueron los irlandeses quienes la llevaron a América. Lo de los Frankenstein y los dráculas, eso sí ya es regalo de Estados Unidos –y, bueno, de Mary Shelly y de Bram Stoker–.La simbología del altar es naturalmente mexicana. Una ofrenda que se respete debe tener todos sus componentes: agua, tierra, calaveritas de azúcar, flores, alimentos, vela y copal para guiar al muerto hasta el altar. Para Iturriaga tampoco debe faltar el alimento raíz que nos conecta con nuestros ancestros: el tamal. Los tamales son piezas individuales que se preservan bien y aguantan bien la intemperie –recordemos que muchos altares viven en los cementerios– y lejos de un simbolismo específico, provienen de “El grano madre que moldea una cultura. El alimento más icónico”. Nuestra creencia es única: por un día en el año tenemos de regreso a casa a ese familiar que queremos tanto, a ese ser que admiramos mucho y que nos hace falta. Olvidamos el miedo que nos dan los fantasmas, en otros días menos festivos del año, para esperar que nuestro ser amado atraviese el cielo o el mundo paralelo para comer, beber y fumar. Eso sí, no cometan el error de olvidar los cerillos. Para honrarlos, aquí comparto la sección en la que pusimos toda esa comida que les puede gustar.
Sabemos que en gastronomía de la vista nace el amor, y más si la comida se sirve en un plato hermoso. Desde las cocinas de las abuelas hasta sus exposiciones de piezas artísticas en Zona Maco, son pocos los mexicanos que no conozcan o hayan disfrutado un delicioso platillo en vajillas Anfora. Es una empresa de cerámica mexicana que ha sorteado mil batallas y sigue en pie, engalanando nuestras mesas ¡desde hace cien años!La herencia culinaria de México se ha reinventado a la par de sus vajillas, por eso te contamos algunos secretos de una empresa que ha conquistado el corazón de los mexicanos, en el marco de sus 100 años. Orgullo nacionalAnfora fue una de las tres primeras empresas que llevaron la producción cerámica a una escala masiva en México. Comenzaron en 1920 con una fábrica ubicada a espaldas de la Penitenciaría de Lecumberri, en la Ciudad de México. Durante sus primeras décadas, el gobierno alentaba a los ciudadanos a comer en sus vajillas, ya que destacaban por utilizar pastas nacionales de muy buena calidad, a la altura de cualquier producto de importación. Renombre internacionalPara los años 60, Anfora vestía las mesas no sólo de nuestros hogares, sino de los mejores hoteles y restaurantes de la capital, como el San Ángel Inn, el Centro Gallego, Sanborns y el Danubio. También los atletas de la Villa Olímpica probaron en sus piezas auténticos platillos mexicanos durante las Olimpiadas de 1968, e incluso Marilyn Monroe fue retratada frente un plato Anfora durante su visita a México. Nueva eraEn 1994 la empresa trasladó la fábrica a su ubicación actual en Pachuca, Hidalgo. Los nuevos tiempos requerían una gran celebración y a la inauguración de las nuevas instalaciones asistió el presidente Ernesto Zedillo. Un par de años después llegó un encargo peculiar desde Rosarito, Baja California. Se trataba de una réplica de vajillas antiguas para la taquillera película Titanic, del director James Cameron. A pesar de la entrada a gran escala de cerámica china, Anfora ha sabido adaptarse a los tiempos sin perder su calidad. Hoy nos sigue sorprendiendo con piezas duraderas y diseños que honran la creatividad de las nuevas generaciones. Visita aquí su catálogo, su tienda en línea o sus vajillas en Amazon para engalanar tu hogar.
Chileatoles, chamorros y barbacha. En todo el país amamos comer bien y compartir nuestros favoritos. Por eso, en esta entrega de joyas de esquina, recorreremos tres paradas obligadas en Puebla, Querétaro y el Estado de México. Chileatole de El Carmen, Puebla El chileatole es un platillo a base de maíz, con chile y sazonado con epazote y limón. Se prepara por lo general al carbón y lo sirven en piezas de barro. Es un platillo simple y confortable para el clima fresco de Puebla. Para Luis Serdio, cocinero de origen poblano a cargo de Corazón de Pollo, en CDMX, el chileatole es su gran favorito. Al hablar de este platillo típico mexicano, piensa en su infancia y los días lluviosos de verano o fríos de invierno: “Recuerdo esas noches en las que estuve con mi atole picante y el olor a carbón que desprenden los comales de Chileatole El Carmen, esa pequeña vecindad en donde está el mejor chileatole poblano y que visitó desde que tengo uso de razón.” Aquí, además del chileatole, encontrarás molotes y unos sabrosos esquites. Av 16 de Septiembre 1305 colonia del Carmen.Tacos Don Chamorro, QuerétaroPara Mariano Torre, parrillero y cocinero a cargo de Pazcuala House, el imperdible queretano es los tacos Don Chamorro. Están ubicados dentro del mercado Josefa Ortiz de Domínguez "La Cruz", en el área de comida, y es un lugar al que tienes que llegar temprano porque los taquitos vuelan. Su demanda por lo general es alta, pero se distingue por un servicio impecable, rápido y atento. “¡El chamorro se deshace en tu boca y su sabor es impecable! Si los pediste en tacos, te sorprenderá lo bien servidos que te los dan. Acompáñalos con sus chilitos en vinagre y su guacamole, elaborado con aguacate, tomillo, epazote, manteca y sal”. Dirección: Garibaldi 73 Col. Centro Querétaro, Qro.La Plaza del Taco, Estado de MéxicoLa Plaza del taco, en el Estado de México, tiene muchos puestos que presumen tener la mejor barbacoa del condado. Tal vez todos tengan razón. Pero un puesto en especial fue el que le robó el corazón a la directora de contenidos gastronómicos Alina Hernández. “Al principio llamó mi atención que de todos los puestos era el único que tenía guacamole a manos llenas. Los elegí y ahora es mi favorito de los fines de semana. Su barbacoa es suave, recién sacada del hoyo. Los tacos están bien servidos sobre tortilla de maíz azul y acompañarlos con su guacamole -del que no pica mucho- es un lujo, porque con aguacate todo siempre sabe mejor.”Dirección: Avenida Juan Flores y Casas, Juchitepec de Mariano Rivapalacio, Estado de México.
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