Tema de la Semana: Cocinando con Setas Para la Dieta
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Tema de la Semana: Cocinando con Setas Para la Dieta

Por Kiwilimón - Marzo 2012
Las setas u hongos un tesoro culinario que podemos degustar con todo su sabor y al mejor precio. Se les considera un manjar en la cocina y una delicia para el paladar, las setas son un extraordinario regalo de la naturaleza. Resultan perfectas para incluirlas en nuestra dieta tras los meses estivales donde los “excesos” gastronómicos pueden habernos hecho ganar algunos kilitos. Son muy ligeras, con un alto contenido en agua y capaces de aportar vitaminas, minerales y fibra. Muy apreciadas por grandes cocineros y gourmets, la gran variedad de setas que existe hace que sean un alimento versátil como pocos y con múltiples posibilidades. Antes de cocinarlas debes conocer algunos consejos generales: 1. La micología. el mundo de las setas, es tan extenso y complejo que si no eres una experta no intentes recolectarlas por tu cuenta. Hay miles de variedades y algunas son tóxicas e incluso mortales. Adquiérelas siempre en un establecimiento que reúna todas las garantías. 2. El precio varía según se presente la estación. Aprovecha los momentos en los que las encuentres asequibles porque unas semanas más tarde puede que te cuesten el doble. 3. Lavado. Sea cual sea la receta que piensas hacer, tendrás que lavar muy bien las setas, preferiblemente sin sumergirlas, simplemente raspando con ayuda de un cuchillo (con el que también cortarás la parte inferior del tallo) o con un paño húmedo que elimine cualquier resto de tierra. Si traen demasiada y es necesario remojarlas, hazlo sólo unos minutos para que no absorban demasiada agua. 4. Consumo. Pese a sus magníficas propiedades pueden resultar algo “pesadas” en la digestión, así que se recomienda un consumo moderado. Sugerencias gastronómicas Desde el m'as sencillo champiñón al codiciado Boletus la variedad de setas resulta impresionante al igual que sus múltiples posibilidades culinarias. Níscalos (buenísimos simplemente a la plancha con un poquito de aceite, ajo y perejil), amanitas, setas de cardo, trompetas de la muerte, rebozuelos, etc., son algunas de las setas más comunes en nuestra gastronomía con las que hacer magníficos platos. Filete en Salsa de Hongos y Chipotle Una buena receta para preparar el filete, puede ser picosito al gusto. Hongos con Tomillo Estos hongos con tomillo son muy ricos para acompañar una carne asada. Pollo Marsala con Champiñones Una nueva variación a la clásica receta de pollo Marsala, cocinada con un poco de queso mascarpone y mostaza dijon. Hamburguesas de Hongos Portabella Deliciosa receta vegetariana de las hamburguesas de hongos portabella con una mayonesa preparada. Mini quiche de champignón Una forma fácil de preparar un quiche de champignon sin tener que hacer la masa. En este caso se reemplaza con pan de molde. Hongos al Pesto Una muy rica receta para preparar unas setas.   Para conocer más recetas de setas u hongos, haz click aquí.
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En Perú me enamoré dos veces. La primera fue con las montañas, en el camino de seis meses que tracé de Cusco a Chiclayo. La segunda, más reciente, en una visita de diez días a Lima y Nazca. El motivo era casi contrario: en esta ocasión quería comerme la capital a mordidas. A la par extrañaba el acento, los huaynos, la cerveza Cusqueña, los chifles de la calle; en fin, extrañaba mi Perú. Pasadas las primeras veinticuatro horas de mi llegada no había duda: la cocina peruana me había reconquistado. En ese entonces su gastronomía ya había explotado como bomba ante la crítica mundial: por todos lados era reconocida como una de las más complejas y, claro, como una de las mejores. Después de recorrer prácticamente todo el país entre mi primera y segunda visita, lo que más añoro de la cocina peruana son los sabores del humo de la serranía. La pachamanca (manjar de carnes y verduras cocinadas bajo la tierra) me sabe a los Andes cuando sus picos inasequibles eran la cobija de mis noches. Lo relaciono con el recuerdo de las edificaciones monumentales incas, con su energía mística y abrumadora. Ahí, a más de 2400 m de altura, la cultura podía disfrutarse en un potaje denso donde no faltaba la papa, el ají, el huacatay. Jamás me he comido una palta (aguacate) más grande o una piña más dulce que las que probé allá en las alturas.Pero las regiones en Perú dividen los hallazgos. La accidentada geografía, los asentamientos y las migraciones terminaron por agrupar sus preparaciones: las hay marinas, las hay fusión –chifa y nikkei– andinas, criollas, africanas, amazónicas... Rico por donde se le vea. La más laureada quizá sea la cocina marina:es una ceremonia rendida al inmejorable producto de las corrientes frías de Humboldt en el Pacífico y adicionada casi siempre con toques orientales. Como en todos los países lo esencial se concentra en la capital. Hay que esquivar puestos y personas en las banquetas para llegar al ceviche o la leche de tigre más fresca en el Mercado no. 1 de Surquillo. Para un buen comilón de cocina china se toma camino al centro y se llega a San Joy Lao –imperdible el arroz chaufa de charqui y chanchito–. En barrios como Miraflores y San Isidro están las joyas intelectualizadas de los grandes chefs locales como Virgilio Martínez de Central, Pía León de Kjolle o mi gran favorito, Mitsuharu Tsumura de Maido, que lleva a la cumbre los sabores nikkei (mitad peruanos, mitad japoneses). Imposible dejar de mencionar a Astrid y Gastón de Gastón Acurio, el gran caudillo de la gastronomía peruana por el mundo; los sitios relativamente nuevos como Osso o los de siempre como Fiesta.Atrás nunca se quedan los guisos de las picanterías, los picarones que se consiguen en las tiendas cuando es temporada, y los anticuchos de las esquinas que lo encuentran a uno cuando lleva puesta la madrugada. Su olor a carne especiada hecha al carbón llama lo mismo que un anuncio gigante de neones. En las picanterías convergen los saberes de la cocina popular. Me da nostalgia pensar en sus chicharrones, sus chupes (caldos)– y sus patitas de chancho. En estos pequeños locales generalmente resguardados por una matriarca se recoge el génesis de la gran gastronomía peruana y las técnicas transmitidas por generaciones. Son de tanto valor las picanterías que varios distritos las han declarado Patrimonio Cultural de la Nación. La cocina peruana no se salva de lo exótico, lo intrincado. ¿Alguna vez han probado carne de llama, alpaca o cuy? En algunas zonas de Perú son un manjar. Y es que la textura de la alpaca es inigualable, se deshace a penas se le hinca el tenedor. Para mí era todo lo que pedía –y uno o dos pisco sours– tan pronto volvía al Cusco cada viernes, después de una semana internada en las montañas. A la cuenta faltan mil guisos, decenas de bebidas, postres que hacen suspirar y las preparaciones de regiones como Chiclayo o Arequipa. Trataré de hablar de todo en otras cartas editoriales. Tal vez con palabras pueda expresar todo el amor que siento por esta cultura y su comida. Mientras tanto, les comparto con todo cariño y respeto, una receta originaria de la ciudad de Huancayo y un imperdible de los restaurantes de Lima: la papa a la huancaína. La preparación original lleva obviamente ají amarillo, aunque aquí la hicimos con pimiento amarillo para que las cocineras de casa pudieran encontrarlo fácilmente. ¿Les digo algo? ¡Quedó buenaza!
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La gastritis es una de las enfermedades más comunes entre los padecimientos del sistema digestivo, pero ¿sabías que además aumenta en diciembre, debido a las comidas navideñas con mayor contenido calórico, irritante y condimentado?De acuerdo con información de la Secretaría de Salud, “las personas pueden subir hasta 5 kilos en temporada navideña y de fin de año”, y quienes ya padecen de enfermedades gastrointestinales, como la gastritis, pueden presentar síntomas más graves.El término gastritis se refiere a cualquier afección que implique inflamación del revestimiento del estómago. Comer ciertos alimentos y evitar otros puede ayudar a las personas a controlar sus síntomas de gastritis, como la indigestión, el dolor abdominal, las náuseas y la sensación de saciedad.Alimentos a evitar cuando tienes gastritisLa dieta es un factor muy importante en la salud digestiva y la salud en general. Llevar una dieta amigable con la gastritis puede ser de gran ayuda para aliviar los síntomas y ayudarlo a sentirse mejor. Así como ya te dijimos qué alimentos evitar cuando tienes colitis, se recomienda evitar los siguientes alimentos irritantes que puedan empeorar la gastritis:alcoholcafétomates y algunas frutas ácidasjugos de frutaalimentos grasoscomida fritabebidas carbonatadascomida picanteLos alimentos con alto contenido de grasa pueden empeorar la inflamación en el revestimiento del estómago. Por otra parte, algunas formas de gastritis son causadas por beber alcohol con demasiada frecuencia o beber demasiado en un periodo corto.Así, en Navidad lo mejor será medirte con las bebidas alcohólicas, con las grasas y con los refrescos; si ya tienes además identificadas ciertas comidas que te provocan o empeoran los síntomas, evítalas también.En cuanto a lo que sí debes comer cuando padeces gastritis, algunos alimentos pueden ayudar a controlarla y disminuir los síntomas, por ejemplo:alimentos ricos en fibra, como cereales integrales, frutas, verduras y frijolesalimentos bajos en grasa, como pescado, carnes magras y verdurasalimentos con baja acidez, incluidos vegetales y frijolesbebidas no carbonatadasbebidas sin cafeínaRecuerda que además de cuidar tu dieta, consultar con un doctor especialista siempre será lo mejor cuando padeces gastritis o cualquier otra enfermedad.
En Perú me enamoré dos veces. La primera fue con las montañas, en el camino de seis meses que tracé de Cusco a Chiclayo. La segunda, más reciente, en una visita de diez días a Lima y Nazca. El motivo era casi contrario: en esta ocasión quería comerme la capital a mordidas. A la par extrañaba el acento, los huaynos, la cerveza Cusqueña, los chifles de la calle; en fin, extrañaba mi Perú. Pasadas las primeras veinticuatro horas de mi llegada no había duda: la cocina peruana me había reconquistado. En ese entonces su gastronomía ya había explotado como bomba ante la crítica mundial: por todos lados era reconocida como una de las más complejas y, claro, como una de las mejores. Después de recorrer prácticamente todo el país entre mi primera y segunda visita, lo que más añoro de la cocina peruana son los sabores del humo de la serranía. La pachamanca (manjar de carnes y verduras cocinadas bajo la tierra) me sabe a los Andes cuando sus picos inasequibles eran la cobija de mis noches. Lo relaciono con el recuerdo de las edificaciones monumentales incas, con su energía mística y abrumadora. Ahí, a más de 2400 m de altura, la cultura podía disfrutarse en un potaje denso donde no faltaba la papa, el ají, el huacatay. Jamás me he comido una palta (aguacate) más grande o una piña más dulce que las que probé allá en las alturas.Pero las regiones en Perú dividen los hallazgos. La accidentada geografía, los asentamientos y las migraciones terminaron por agrupar sus preparaciones: las hay marinas, las hay fusión –chifa y nikkei– andinas, criollas, africanas, amazónicas... Rico por donde se le vea. La más laureada quizá sea la cocina marina:es una ceremonia rendida al inmejorable producto de las corrientes frías de Humboldt en el Pacífico y adicionada casi siempre con toques orientales. Como en todos los países lo esencial se concentra en la capital. Hay que esquivar puestos y personas en las banquetas para llegar al ceviche o la leche de tigre más fresca en el Mercado no. 1 de Surquillo. Para un buen comilón de cocina china se toma camino al centro y se llega a San Joy Lao –imperdible el arroz chaufa de charqui y chanchito–. En barrios como Miraflores y San Isidro están las joyas intelectualizadas de los grandes chefs locales como Virgilio Martínez de Central, Pía León de Kjolle o mi gran favorito, Mitsuharu Tsumura de Maido, que lleva a la cumbre los sabores nikkei (mitad peruanos, mitad japoneses). Imposible dejar de mencionar a Astrid y Gastón de Gastón Acurio, el gran caudillo de la gastronomía peruana por el mundo; los sitios relativamente nuevos como Osso o los de siempre como Fiesta.Atrás nunca se quedan los guisos de las picanterías, los picarones que se consiguen en las tiendas cuando es temporada, y los anticuchos de las esquinas que lo encuentran a uno cuando lleva puesta la madrugada. Su olor a carne especiada hecha al carbón llama lo mismo que un anuncio gigante de neones. En las picanterías convergen los saberes de la cocina popular. Me da nostalgia pensar en sus chicharrones, sus chupes (caldos)– y sus patitas de chancho. En estos pequeños locales generalmente resguardados por una matriarca se recoge el génesis de la gran gastronomía peruana y las técnicas transmitidas por generaciones. Son de tanto valor las picanterías que varios distritos las han declarado Patrimonio Cultural de la Nación. La cocina peruana no se salva de lo exótico, lo intrincado. ¿Alguna vez han probado carne de llama, alpaca o cuy? En algunas zonas de Perú son un manjar. Y es que la textura de la alpaca es inigualable, se deshace a penas se le hinca el tenedor. Para mí era todo lo que pedía –y uno o dos pisco sours– tan pronto volvía al Cusco cada viernes, después de una semana internada en las montañas. A la cuenta faltan mil guisos, decenas de bebidas, postres que hacen suspirar y las preparaciones de regiones como Chiclayo o Arequipa. Trataré de hablar de todo en otras cartas editoriales. Tal vez con palabras pueda expresar todo el amor que siento por esta cultura y su comida. Mientras tanto, les comparto con todo cariño y respeto, una receta originaria de la ciudad de Huancayo y un imperdible de los restaurantes de Lima: la papa a la huancaína. La preparación original lleva obviamente ají amarillo, aunque aquí la hicimos con pimiento amarillo para que las cocineras de casa pudieran encontrarlo fácilmente. ¿Les digo algo? ¡Quedó buenaza!
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