Cómo planear tus desayunos diarios
Cocina Fácil

Cómo planear tus desayunos diarios

Por Kiwilimón - Noviembre 2018
Si parte de tu rutina diaria es correr todas las mañanas y comer media barrita de cereal mientras llegas al trabajo, es momento de hacer un cambio. Responde estas fáciles preguntas para descubrir cómo puedes planear tus desayunos diarios:
  1. ¿Qué te gusta desayunar?

Esto es lo primero que debes tomar en cuenta. Hay personas que prefieren empezar el día con algo dulce, como una french toast, mientras que a otras les gustan los desayunos salados e incluso picantes, como los tradicionales chilaquiles en salsa verde. Ten claro cuáles son tus gustos para que puedas buscar opciones acordes.
  1. ¿Cuánto tiempo tienes?

¿Eres de las personas que se levanta a las 5 de la mañana para tener tiempo de arreglarse con calma, o tienes que poner 5 alarmas para poder levantarte? Esto es importante para saber de cuánto tiempo dispones para preparar y comer tu desayuno.
  1. ¿Prefieres las mañanas o las tardes?

Esto no tiene tanto que ver con lo que puedes desayunar, sino con el momento ideal para prepararlo. Las personas que se levantan llenas de energía pueden tomarse unos minutos para hacer su desayuno, mientras que las personas que suelen desvelarse pueden adelantar la preparación de la comida una noche antes.
  1. ¿Qué tanto apetito tienes por las mañanas?

¿Te levantas con hambre o sueles tener el estómago cerrado? Considera esto para que el desayuno que elijas sea el más adecuado para ti. Una vez que sepas bien cuáles son tus preferencias te será más fácil planear tus desayunos. Aquí te compartimos algunas ideas para cada tipo de gusto: Para las personas que se levantan sin hambre   Para las personas que siempre están corriendo   Para las personas que les gusta arrancar el día con algo dulce   Para las personas que prefieren platillos picantes   Para las personas que se levantan con mucha hambre
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La papaya es una de las frutas favoritas para el desayuno gracias a su delicioso sabor y múltiples beneficios para la salud, pero si de verdad quieres sacarle provecho, debes aprender cómo hacer que se conserve. Así que no te pierdas estos sencillos consejos para mantener la papaya fresca por más tiempo. ¿Cómo escoger la papaya más fresca? Uno de los secretos clave a la hora de mantener la papaya fresca por más tiempo es prestar atención a su cáscara para saber si podrás consumirla ese mismo día o si te servirá para después en la semana. Si notas que la cáscara de la papaya es de tono naranja uniforme, libre de manchas y tonos cafés, además de tener textura firme y suave pero no demasiado blanda, entonces está lista para ser consumida. En caso de tener tonalidades verdes o manchas amarillas, será mejor que esperes entre 4 y 5 días antes de comerla. Recuerda limpiarla totalmente y guardarla en un lugar fresco, seco y alejada de la humedad y la luz. ¿Cómo conservar la papaya fresca por más tiempo? Una vez que hayas cortado la papaya y desees almacenarla para después, envuélvela en papel film y colócala boca debajo de donde la cortaste dentro del refrigerador. También puedes cubrirla con un trapo de cocina limpio o papel con cera de abeja y guardarla dentro de un tupper con tapa hermética. Recuerda colocar la papaya en el lugar donde haga menos frío dentro del refrigerador. Cada que cortes un pedazo de papaya, deberás repetir este proceso para que se conserve fresca más tiempo. Si lo haces correctamente, podría durarte hasta una semana. ¿Conoces algún otro consejo para mantener fresca la papaya?
Como parte de las actividades de #KiwiTeCuida, quincenalmente se desarrollarán conversatorios sobre los beneficios de seguir distintos retos alimenticios, ejemplificados en la cocina de Colibrí Jiménez. Las pláticas son dirigidas por Shadia Asencio, directora editorial de Kiwilimón, y el equipo de nutriólogas profesionales que avalan la nueva sección, en la que encontrarás todas las recetas -con conteos calóricos y nutricionales avalados por la USDA-, tips y consejos para que puedas llevar un estilo de vida balanceado, en armonía y saludable, sin sacrificar el sabor o restringir tu alimentación.Para el primer reto presentamos dieta baja en grasa, que es una de las categorías de Te Cuida. En la plática se resaltó la importancia de seguir este tipo de alimentación, debido a que “un balance de grasa correcto en nuestra alimentación nos ayuda a estar en un peso saludable, evitar enfermedades cardiovasculares y mantener el correcto funcionamiento de vitaminas liposolubles como la A, E y K”, aseguró la nutrióloga Mayte Martín del Campo.Una alimentación sin grasa es imposible y no es recomendable. La recomendación de una alimentación equilibrada implica consumir de 25 a 30% de grasa. Sin embargo, esta grasa debe provenir de grasas mono y poliinsaturada, como las contenidas en las almendras o las nueces, o en pescados como el atún, el huachinango o el salmón. En este sentido, Mayte recomienda consumir pocas grasas no saturadas como las contenidas en la crema, el tocino, los embutidos y los quesos fuertes. Recuerda que la grasa es el nutrimento que mayor energía nos aporta, con una conversión en la que 1 g de grasa tiene 9 calorías aproximadamente. ¡Encuentra aquí la plática completa: #KiwiTeCuida, dieta baja en grasa, y sigue nuestras transmisiones en el Instagram oficial de Kiwilimón, todos los lunes a las 18 horas!
¿Otra vez arroz? Las cifras lo confirman: la gramínea salvaje favorita de todos se siembra en treinta y cuatro países; sus campos cubren más del 10% de las tierras fértiles del mundo y de él se alimenta más de la mitad de la población mundial, según la FAO, por arriba del trigo o el maíz. Es rico, es práctico y con un par de ingredientes se convierte en una elegía. Literalmente, todo el mundo come arroz. El pobre, el rico, el pequeño burgués, el asiático, el centroamericano, el africano. En Europa, los españoles le han dedicado algunos de sus mejores platos. En México, hasta canciones. Él es nuestro termómetro para saber si una mujer –y un hombre converso a la igualdad– puede casarse. Se avienta en las bodas a modo de confeti como símbolo de abundancia. Está presente en los altares del mundo para atraer la prosperidad. Su cultivo en Japón forma parte de una tradición ancestral que trasciende los temas culturales: actualmente existe una guerra de precios que favorece al mercado local a través de un alza arancelaria a los importadores. Su cultivo en el sudeste asiático es oficio heredado y un bello espectáculo en sus montañas trazadas en terrazas.De arroces, no hay uno. Está el blanco, el integral, el glutinoso que es corto y dulce, el aromático como el basmati o jazmín, el moteado como el salvaje, que sabe mejor cuando se adiciona con frutos secos, menta y aceite de oliva. Su propia anatomía y su geolocalización culinaria harán más o menos común que se sirva al vapor como el gohan, frito como el yangzhou al estilo cantonés o enriquecido con mantequilla, aceite o caldos como el risotto italiano: caldo, vino blanco, queso parmesano y hongos salteados en mantequilla son el camino al cielo del umami.El arroz pasa lista a todas horas en las mesas del mundo. Al desayuno, en varios países de Asia, especialmente en China, desfila el congee: un amasijo dulce o salado de arroz con más de dos mil años de antigüedad. En México lo infusionamos con azúcar para hacer arrocenas, lo servimos en tazones de cereal inflado con su respectivo chorrito de leche. Los deportistas lo convierten en su snack predilecto pues no contiene gluten: a una galleta de arroz le dan un embarradita de hummus, otra de aguacate, cherries y aceite de olivo. A la hora de la comida, la mejor expresión del arroz se alcanza en su versión caldosa o melosa. Ahí está el que se hace con mariscos, conejo y embutidos al estilo paella valenciana, o el negro, cuyo color y sabor se lo debe a la tintura del calamar. Habría que comerlo en una terraza de la costa catalana para sentir que no hay mejor platillo. Si va caldoso, no hay que perderse el arroz a la tumbada típico de Veracruz que quema la boca como pocos, o con pollo y judías como en la cocina española del levante.En Cuba se mezcla con frijoles para representar unos moros con cristianos; en Perú el tacu-tacu se prepara con la menestra del día anterior, leguminosas como frijoles o lentejas y un sofrito de ají amarillo. En un menú chifa –como le llaman los peruanos a la gastronomía china– no faltará el arroz chaufa, frito con verduras cortadas en brunoise y salteado al wok con huevo para que amalgame. Sabe mejor con soya y con una buena dosis de grasita. En República Dominicana, otro gran productor de nuestro amado cereal, lo preparan con mariscos, con gandules o en un sofrito de verduras y tocino para la Navidad. Cargado en los barcos procedentes de España y Portugal, el arroz desembarcó en el continente. Hoy la gastronomía del Caribe no se entendería sin él. En cada país se le añade especias endémicas y embutidos populares para que tome sabor a platillo local. En Colombia está presente en su plato de desayuno por excelencia, la bandeja paisa; va también en el arroz atollado con pollo, cebolla, papa y pimientos, o con coco para acompañar un pargo frito y patacones. En Corea es un verdadero k-pop el bibimbap, un cuenco de arroz que siempre venden en las tiendas, y sirven con proteínas y vegetales mezcladas con aceite de sésamo y gochujang. En México, a nuestro arroz le damos gentilicios: “a la mexicana”, “poblano”.  El arroz es el plato infaltable de las fonditas. Que lleve huevo estrellado, que lleve plátano frito. Crema, por supuesto. No hay mejor inversión que esos $15 extra al precio del menú.El de Maxweel Food Centre en Singapur es un agasajo: sobre un plato de plástico va una montaña de arroz y encima un pollo pochado con jengibre y hecho en sus jugos. Jugos y más jugos. En bebida alcohólica, no hay que perdérselo. El sake japonés hace gritar a todos ¡kampai! no importa la técnica de preparación y sus muy intrincadas acepciones.Si alguien prefiere lo dulce, el arroz no lo decepcionará. En Japón no hay postre más socorrido que los mochis, un pastelito elaborado de arroz glutinoso que puede ir relleno de una pasta de soya, frijoles rojos o helado. Los nacionales lo hacemos en atole, o con leche y hervido con canela y azúcar. En Kiwilimón lo hemos hecho hasta en tarta con base de galleta. Lo hemos hecho de todas formas porque como con el arroz con leche, nos queremos casar… con él. ¿Crees que nos falta alguno? Por favor, dinos cuál te gustaría.
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