Consejos para alimentar de forma segura a tu bebé
Comida para Niños y Bebés

Consejos para alimentar de forma segura a tu bebé

Por Kiwilimón - August 2012
Un niño de 9 meses puede comer galletas tipo crackers y cereal de avena, así como vegetales cocidos (como lo son chícharos, papas cocidas y zanahorias) y purés de frutas (como manzanas y plátanos). Aunque éstas no son las únicas opcion es sanas para tu bebé, mismas que tambiém spn fáciles de transportar para aquellos días de picnic, salidas a restaurantes o paseos al parque. Comidas a evitar Muchas veces algunos alimentos que son aparentemente seguros para nuestro bebé, en realidad no lo son, ya que pueden representar un peligro de asfixia. su tu bebé tiene sólo sus dientes delanteros, con los cuales es capaz de morder un trozo de comida, debes tener en cuenta que esto no significa que puede masticar, y se corre el riesgo de que se ahoge o atragante. Para evitar estas situaciones complicadas te dejamos una lista de los alimentos que debes evitar darle a tu bebé que tiene sólo dientes delanteros que le sirven únicamente para morder trozos de comida, no masticar:
  • - Vegetales crudos, como zanahorias y apio
  •  - Uvas, cerezas y bayas
  •  - Pasas
  •  - Hotdogs u otros trozos de carne
  •  - Todos los frutos secos como cacahuates, almendras y anacardos
  •  - Palomitas de maíz
  •  - Caramelos duros
Consejos para mantener seguro a tu bebé Cuando tu bebé comience a chupar los dedos de sus pies, deberás estar segura de seguir los siguientes consejos.
  1. Siempre estar allí. Mantente siempre cerca cuando el bebé está comiendo bocadillos. Algunos alimentos le pueden todavía causar dificultades y podría suponer un peligro de asfixia. Es una buena idea aprender cómo intervenir adecuadamente si tu bebé se ahoga, consulta a su médico para que te enseñe qé hacer. También puede ser recomendable que te inscribas a un curso de primeros auxilios.
  2.  Deberás tener en cuenta que el bebé no muerde más de lo que debe masticar, por ello será necesario que cortes la comida en pedazos pequeños.
  3.  El tamaño cuenta. Evita darle alimentos que podrían se tragados enteros por tu bebé, omo los que mencionamis anteriormente.
  4.  No comer en el auto. Trata del todo darle de comer a tu bebé en el coche.

Recetas de cocina

Te dejamos estas recetas de cocina recomendables para tu bebé, y así le prepares purés y platillos seguros y saludables. (recomentamos hagas click en el título de la receta para ver más detalles de la misma) Papilla de Pollo. La papilla hecha en casa es mucho más saludable para los bebes gracias a que es natural y se pueden utilizar ingredientes 100% orgánicos.  Esta receta es muy fácil y muy nutritiva para tu bebé. Papilla de Zanahoria. Papilla para bebe de zanahoria.  Esta receta se puede replicar con otras verduras. Papilla de Frambuesa. Papilla para bebe hecha con calabacin y frambuesa, un sabor delicioso.  Esta receta se recomienda para bebes mayores a 1 año y 6 meses. Papilla de Zanahorias. Esta papilla de zanahoria es rápida y sencilla de preparar. Es ideal para un bebe entre 6 y 9 meses que esta listo para comidas con un poco mas de textura y variedad.
Papilla de Chícharos. Esta papilla es ideal para bebés entre 4 y 6 meses que están empezando a comer papillas. Los chicharos puede ser una buena elección de verdura ya que tienen un sabor mas dulce.
Chutney de Mango. El chutney de mango es un acompañamiento muy popular en la cocina india que se prepara con frutas y especies dulces y picantes. Este chutney de mango es delicioso con un platillo de curry.
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De entre los derivados del maíz, las tostadas cumplen un papel fundamental en la antojería mexicana, y hay estados que le tienen un especial cariño a esta tortilla transformada en una crujiente opción que puede soportar cualquier embate de proteínas, verduras y bastante salsas. En Jalisco hay una vocación por la versión raspada sobre el comal con el metlapil o mano de metate, y aquí te comparto tres destinos donde seguro comerás “unas de verdad”.Tostadería Doña Pachis Como dicen por ahí, “empecemos por el principio”, con la Tostadería Doña Pachis, en Santa Cruz de Bárcena, una localidad a una hora de Guadalajara y muy cerca del Centro Arqueológico Guachimontones. Ahí la cocinera tradicional Francisca Flores Chocoteco, “Pachita” o “Pachis”, elabora personalmente tostadas al estilo sur de Jalisco, pues es originaria de Tuxpan, donde hay una gran tradición tostadera. Justo hace un año esta jalisciense de 72 años pudo emprender por primera vez haciendo lo que domina: tostadas que prepara “arregladitas” con frijoles, carne o cueritos, y bastante verdura, salsa y queso seco. También vende para llevar tostadas empaquetadas, junto a su tejuino que no tiene comparación.Dirección: Calle Lázaro Cárdenas 6, en Santa Cruz de Bárcena, municipio de Ahualulco de Mercado, Jalisco.Horarios: Sábados y domingos, de 10:00 a 17:00 horas. Por la pandemia sugiero buscarlas en el FB de Mujeres del Maíz, grupo al que pertenece.Cocina Doña Lupita López-Granero Como su nombre lo indica, la que manda en la cocina es Lupita, quien heredó a su familia el oficio de la gastronomía en este local enclavado en Sayula, famoso por su cuchillería y sus cajetas. De boca en boca este lugar que abrió en 1972 no pasa desapercibido por locales y forasteros, quienes escuchamos bastante hablar de sus tostadas de salchichón, embutido famoso en la zona, como de las opciones con pierna, pata y lomo. Quiero compartirles que éste es un municipio lleno de grandes cocineras, recuerdo a Felicitas Mercado “La Güera”, quien a sus 91 años seguía cocinando sus famosos sopitos estilo Sayula, o Micaela, quien comenzó con esta preparación en los años 40. Recetas que llegaron para quedarse y que también vende Lupita.Dirección: Calle Daniel Larios 70, Centro Histórico, Sayula, Jalisco.Horarios: Por la pandemia llama al (342)422-0517 para saber sus días y horas de servicio.Tostadas El Pinche ViejoZapotlán El Grande, o para muchos aún Ciudad Guzmán, es otro punto cercano a Guadalajara que se enorgullece por sus famosos personajes, ahí nació por ejemplo Juan José Arreola, José Clemente Orozco y Consuelito Velázquez y, por supuesto, grandes tostaderos como Don Rubén Campos, padre de María del Carmen Campos Montes de Oca, a quien por una anécdota familiar le apodaron “El Pinche Viejo”. Desde hace 17 años su hija Lulú se inspiró en este mote para bautizar su negocio, donde prepara tostadas llenadoras que pueden ir sólo con pata, lomo, cueritos, oreja, panela o combinadas, servidas frente a un plato con picosas salsas que hacen honores al tradicional chile de uña, llamado así pues se elaboraba sin el uso de un cuchillo, es decir, pellizcando los ingredientes que lleva.Dirección: Calle Carlos Villaseñor 127, Constituyentes, Zapotlán El Grande, Jalisco.Horarios: Por la pandemia llama (341)413-7354 para saber sus días y horas de servicio.Por Wendy Pérez, editora gastronómica y fundadora de Mezcal Aguas Mansas.
Esta temporada está cayendo como cubetada de agua fría, sobre todo con el retorno al semáforo rojo. Las interrogantes son demasiadas: ¿Tendremos Navidad? ¿Cuántos seremos? ¿Cocinamos o pedimos? ¿Cuánto gastaremos? Y mientras dudamos de todo y de todos, hay algo que no podemos perder. Puede que seamos dos en la mesa, pero ¿por qué privarnos también de nuestro pavo con gravy, de nuestros tamales, de aquello que ansiamos probar? Aun con todo, es Navidad. La celebración es la fecha misma como también la comida que se sirve a la mesa y el amor que nos damos. Habremos de convivir con el núcleo más cercano por las próximas semanas sin siquiera sacar la mano por la ventana. La celebración –ésta y la de vivir– no tiene que ver con lo que pasa afuera como con el acto de agradecer y bendecir. Las Navidades son extrañas, no lo niego. Casi siempre tienen algo agridulce –excepto cuando eres niño y todo es jugar con los primos y descubrir qué regalo se esconde bajo la envoltura–. Por ellos, por nosotros: merecemos una Navidad como ninguna otra. Esta vez seremos los elementales y bastará.La comida nos salvará más que nunca. Para ello habremos de cocinar con alegría y ponerle intención a la comida; llenarla de eso que nos deseamos a nosotros y a la familia. Nos reuniremos alrededor de un pavo horneado con amor, de esa pasta por la que esperamos un año entero y que nos sabe a paz. Nos tomaremos un momento para agradecer lo que sí tenemos: la abuelita que aún sonríe en un extremo de la mesa, la ensalada de manzana que este año quedó más rica, la hermosa llegada de Ana a la familia, el olor a pay de manzana que llena la casa.Dicen que la comida no hace milagros –o sí, aunque nadie lo ha documentado– pero es el vínculo más inmediato con la vida. Cenar rico puede hacernos olvidar el miedo. Además, como en las películas, puede ser el inicio de nuestro propio cuento navideño al que probablemente le falten los villancicos, la nieve o la gente, pero le sobre emoción.Y si todavía no están convencidos de que la comida salva les quiero compartir mi propia historia de Navidad, una en la que un plato de bacalao me devolvió la esperanza. Y sí, ya les conté el final.**************El aroma del bacalao siempre me lleva a ese veintidós de diciembre en el que mi mamá y mi tía cocinaban varios platillos a la vez. Mi abuelita llevaba dos semanas grave. Ellas, tan expertas en la cocina, flaqueaban casi imperceptiblemente: a veces se les caían cosas al piso, se les olvidaba poner ingredientes, los intercambiaban. La tristeza no le impediría a la familia Molina celebrar la Noche Vieja.En esa cocina las ollas sobre el fuego eran la única señal de vida. La de barro llevaba horas borboteando. Como cada año, era tan grande que le cabía bacalao para alimentar a más de quince durante la cena y el recalentado y rellenar un bote de yogurt para que cada familia se llevara. De la cazuela emanaba el olor a los ajos fritos en el aceite, el sofrito de jitomate con las cebollas y las aceitunas, al pescado previamente desalado. En otras palabras, olía a Navidad. Mi abuelita mientras tanto estaba en su cuarto. No lo sabíamos, pero le restaban unas pocas horas de vida. Recuerdo que entre la pelada de papas y manzanas me escabullí de mis labores de cortadora oficial para ir a verla. Apenas entré, la vi enderezada. Algo la tenía en alerta y mi corazón lo sintió. Mi abuelita inspiró profundamente y con voz grave desde su cama me dijo: –“Dile a tu mamá que a ese bacalao le hace falta sal”. Confieso que me quise reír. Nunca vi venir esa afirmación y menos en el contexto. Para mí, no hay un momento de más lucidez.Corrí hasta la cocina, llegué al bacalao. Tomé una cucharada y ¡rayos!, efectivamente le hacía falta sabor. Tomé un par de puñitos de sal y los fui integrando hasta sentir que estaba en su punto. Noté que el olor cambió. Ella lo sabía: conocía a la perfección a qué debe oler un bacalao hecho para sacar suspiros.Esa tarde mi abuela se devoró una torta de bacalao. Fue lo último que pidió. El veinticuatro pasamos la Navidad como pudimos, ya sin ella. A penas en el recalentado me entraron ganas de volver a probar el guiso. A la primera mordida conecté con la esperanza, con el legado de mi abuelita, con eso que resultó ser mi última experiencia con ella. En ese momento tuve una revelación: quería que la cocina y la comida se convirtieran en mi vínculo con la vida y con mis ancestras. A los pocos meses dejé mi trabajo y diez años después, me dedico plenamente a la comida. La comida del corazón salva, cura, da esperanza. Y eso es justo lo que deseo para ustedes: que haga su magia en sus mesas, en su noche, en sus días. ¡Feliz Navidad!
El martes México perdió algo: un fogón irreemplazable se nos apagó para siempre. Yuri de Gortari, uno de los grandes investigadores y divulgadores de la gastronomía mexicana, dejó el plano terrenal. Algunos tuvieron la fortuna de llamarlo maestro. Yo no la tuve. Cada año pensaba que ahora sí tomaría el Diplomado de Cultura y Gastronomía Mexicanas y no sucedió. De él me queda al menos el recuerdo de su voz pausada y sus comentarios agudos cuando pude entrevistarlo. Yuri de Gortari fue un letradísimo personaje de la cultura mexicana que desenvainó la espada por la cocina que a muchos avergonzaba antes de la declaratoria de la UNESCO y del boom mediático: antes de los World’s 50 Best Restaurants, de los Enrique Olvera, de los Jorge Vallejo. A él le tocó confrontar a personajes que llamaron ‘poca cosa’ a la cocina mexicana y a quienes se referían a un taco como un gesto culinario vulgar. A Yuri le apasionaron las minucias del paso a paso, los ingredientes endémicos, las personalidades que resguardaban el saber culinario, las recetas que se transmiten como ADN sagrado. Bajo el grito de guerra #hagamospaís, él y su pareja Edmundo Escamilla, reclutaron en sus filas a alumnos, amas de casa y cocineros que como ellos tuvieron la convicción de salvar la cocina mexicana del desuso, del ‘mexican curious’. En la institución que fundaron, la Escuela de Gastronomía Mexicana (ESGAMEX), enseñaron sobre aquello a lo que había que ponerle una lupa grande en la cocina nacional: desmenuzaron sus técnicas, sus regiones y preparaciones, sus periodos históricos. Claudio Poblete, periodista, director y fundador de Culinaria Mexicana, apunta que “Yuri y Edmundo, al fundar ESGAMEX, pusieron la primera piedra en los planes de estudios formales de la cocina mexicana”. ¿Qué más trascendente que eso? Claudio comenta además que la mejor forma preservar su legado sería que, “se instituya la cátedra Yuri de Gortari en todas las universidades gastronómicas de México y que haya por lo menos un año de clases de cocina mexicana con su método de enseñanza”. Hay quienes el martes perdieron una fuente de sabores entrañables. Su amigo Alejandro Cabral afirma que de la mano de Yuri no sólo probó la mejor cochinita de su vida, sino que tuvo un instante de revelación: “Hizo las tortillas y luego les puso un poco de manteca. Las tortillas estaban apiladas para mantener su calor y así la manteca iba derritiéndose. Las comí con frijoles refritos –unos que hacía en manteca hasta que se iban secando–. El sabor de los frijoles combinados con el maíz y la manteca me hicieron llorar”. La gente que conoció a Yuri afirma que nadie defendía la cocina mexicana de las muletillas y las modas pasajeras como él. Hablan de su coherencia en la forma de mirar, decir y hacer cocina, siempre en función de preservar las tradiciones. Sus ideas firmes le significaron partidarios y detractores. “Yuri y Edmundo eran fieles a sus principios y no comprometían su visión de la cocina nacional ante ninguna visión comercial”, comenta Claudio Poblete.Desde el martes, los que tomaron clases con él y los que no recordaremos a Yuri por sus programas interesantísimos en el Canal Once, por su saber en libros como El maíz de boca en boca, Recuerdos de chocolate y Guisos y golosos del barroco, por ser el gran estudioso de la gastronomía mexicana y por dignificar lo nuestro. Lo recordaremos porque cuando éramos libres y salíamos de viaje había alguien que ya sabía que México no sólo vivía de nachos y chimichangas. Divulgadores como él nos hacen llevar con orgullo la camiseta, el mandil y el huipil.Fotos: Bertha Herrera
Esta temporada está cayendo como cubetada de agua fría, sobre todo con el retorno al semáforo rojo. Las interrogantes son demasiadas: ¿Tendremos Navidad? ¿Cuántos seremos? ¿Cocinamos o pedimos? ¿Cuánto gastaremos? Y mientras dudamos de todo y de todos, hay algo que no podemos perder. Puede que seamos dos en la mesa, pero ¿por qué privarnos también de nuestro pavo con gravy, de nuestros tamales, de aquello que ansiamos probar? Aun con todo, es Navidad. La celebración es la fecha misma como también la comida que se sirve a la mesa y el amor que nos damos. Habremos de convivir con el núcleo más cercano por las próximas semanas sin siquiera sacar la mano por la ventana. La celebración –ésta y la de vivir– no tiene que ver con lo que pasa afuera como con el acto de agradecer y bendecir. Las Navidades son extrañas, no lo niego. Casi siempre tienen algo agridulce –excepto cuando eres niño y todo es jugar con los primos y descubrir qué regalo se esconde bajo la envoltura–. Por ellos, por nosotros: merecemos una Navidad como ninguna otra. Esta vez seremos los elementales y bastará.La comida nos salvará más que nunca. Para ello habremos de cocinar con alegría y ponerle intención a la comida; llenarla de eso que nos deseamos a nosotros y a la familia. Nos reuniremos alrededor de un pavo horneado con amor, de esa pasta por la que esperamos un año entero y que nos sabe a paz. Nos tomaremos un momento para agradecer lo que sí tenemos: la abuelita que aún sonríe en un extremo de la mesa, la ensalada de manzana que este año quedó más rica, la hermosa llegada de Ana a la familia, el olor a pay de manzana que llena la casa.Dicen que la comida no hace milagros –o sí, aunque nadie lo ha documentado– pero es el vínculo más inmediato con la vida. Cenar rico puede hacernos olvidar el miedo. Además, como en las películas, puede ser el inicio de nuestro propio cuento navideño al que probablemente le falten los villancicos, la nieve o la gente, pero le sobre emoción.Y si todavía no están convencidos de que la comida salva les quiero compartir mi propia historia de Navidad, una en la que un plato de bacalao me devolvió la esperanza. Y sí, ya les conté el final.**************El aroma del bacalao siempre me lleva a ese veintidós de diciembre en el que mi mamá y mi tía cocinaban varios platillos a la vez. Mi abuelita llevaba dos semanas grave. Ellas, tan expertas en la cocina, flaqueaban casi imperceptiblemente: a veces se les caían cosas al piso, se les olvidaba poner ingredientes, los intercambiaban. La tristeza no le impediría a la familia Molina celebrar la Noche Vieja.En esa cocina las ollas sobre el fuego eran la única señal de vida. La de barro llevaba horas borboteando. Como cada año, era tan grande que le cabía bacalao para alimentar a más de quince durante la cena y el recalentado y rellenar un bote de yogurt para que cada familia se llevara. De la cazuela emanaba el olor a los ajos fritos en el aceite, el sofrito de jitomate con las cebollas y las aceitunas, al pescado previamente desalado. En otras palabras, olía a Navidad. Mi abuelita mientras tanto estaba en su cuarto. No lo sabíamos, pero le restaban unas pocas horas de vida. Recuerdo que entre la pelada de papas y manzanas me escabullí de mis labores de cortadora oficial para ir a verla. Apenas entré, la vi enderezada. Algo la tenía en alerta y mi corazón lo sintió. Mi abuelita inspiró profundamente y con voz grave desde su cama me dijo: –“Dile a tu mamá que a ese bacalao le hace falta sal”. Confieso que me quise reír. Nunca vi venir esa afirmación y menos en el contexto. Para mí, no hay un momento de más lucidez.Corrí hasta la cocina, llegué al bacalao. Tomé una cucharada y ¡rayos!, efectivamente le hacía falta sabor. Tomé un par de puñitos de sal y los fui integrando hasta sentir que estaba en su punto. Noté que el olor cambió. Ella lo sabía: conocía a la perfección a qué debe oler un bacalao hecho para sacar suspiros.Esa tarde mi abuela se devoró una torta de bacalao. Fue lo último que pidió. El veinticuatro pasamos la Navidad como pudimos, ya sin ella. A penas en el recalentado me entraron ganas de volver a probar el guiso. A la primera mordida conecté con la esperanza, con el legado de mi abuelita, con eso que resultó ser mi última experiencia con ella. En ese momento tuve una revelación: quería que la cocina y la comida se convirtieran en mi vínculo con la vida y con mis ancestras. A los pocos meses dejé mi trabajo y diez años después, me dedico plenamente a la comida. La comida del corazón salva, cura, da esperanza. Y eso es justo lo que deseo para ustedes: que haga su magia en sus mesas, en su noche, en sus días. ¡Feliz Navidad!
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