Postre recomendado: Gelatina de Refresco
Comida para Niños y Bebés

Postre recomendado: Gelatina de Refresco

Por Kiwilimón - Enero 2012
Es una gelatina diferente, muy fácil de hacer. Se prepara con refresco, que puede ser de cualquier sabor, y queda realmente rica. Para ver más detalles de la receta e imágenes, haz click aquí.

Ingredientes

  • 1 Sobresito de Gelatina
  • 1 Pieza de Refresco (del sabor de la gelatina)
  • 1/4 Taza de Crema
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En las películas, una mascarilla siempre va acompañada de rodajas de pepinos en los ojos, por sus beneficios desinflamatorios, pero además de aplicarlo así, hay muchos otros usos del pepino en la piel.El pepino es una gran fuente de agua, pues la contiene en un 96 por ciento de su composición, así que es un gran ingrediente hidratante en las mascarillas caseras para la piel y, en general, es seguro para las pieles sensibles debido a su falta de compuestos agresivos o irritantes.Entre los beneficios del pepino para la piel, podemos encontrar los siguientes:propiedades antioxidantesnutrición de la piel (como jugo)efectos calmantes y refrescantesreducir la hinchazónaliviar las quemaduras solares3 usos del pepino para la piel¿Te has puesto las famosas rodajas de pepino en los ojos para reducir lo hinchado? Si aún no lo has hecho, tienes que probarlo, pues no solo puede reducir la hinchazón en el área de los ojos, también puede aliviar la piel dañada y hacer que los ojos se vean y se sientan frescos. Esto se debe al contenido de vitamina C y ácido fólico del pepino, claro, no olvides ponerte un poco de crema para ojos después y prueba estos otros remedios caseros fáciles de hacer.Haz un tóner para la piel quemada o dañadaPara hacer este remedio casero para la piel con pepino, tienes que lavar, pelar y cortar en rodajas un pepino y calentarlo con suficiente agua para cubrirlos a fuego lento durante aproximadamente 5 a 7 minutos; después licúa todo hasta que quede suave.Cuela la mezcla y transfiere el líquido restante a una botella rociadora u otro recipiente esterilizado y listo. También puedes agregar una cucharadita de agua de rosas o hamamelis para amplificar la mezcla hidratante y curativa. Usa toda la mezcla en los 3 a 4 días que sigan después de hacerla.Lávate la cara con agua de pepinoPara un simple lavado matutino, mezcla agua de pepino con otros ingredientes como aloe vera, té verde o jabón de Castilla. También puedes salpicarte la cara con agua de pepino para sentirte fresco y despierto a cualquier hora del día.Prepara una mascarilla de pepinoEl pepino también es extremadamente beneficioso para las personas con piel irritada y propensa al acné y esta mascarilla es ideal para este propósito. Sólo tienes que hacer una infusión con el tóner de agua de pepino y un poco de arcilla de bentonita para crear una mascarilla y así proteger la piel contra la irritación y la hinchazón.Para la piel propensa al acné, el jugo de pepino puede ayudar a diluir aceites esenciales potentes, como el aceite de árbol de té. De esta manera, puedes usarlos juntos y combatir los brotes sin resecar la piel. El pepino también se puede frotar directamente sobre la piel, sobre las manchas de acné.También te dejamos otras 5 mascarillas con ingredientes naturales fáaciles de hacer y unos tips para saber qué alimentos tienen beneficios para tu piel.
La arepa para los colombianos es como el pan de los europeos o la tortilla de los mexicanos. El maíz, un ingrediente prehispánico, recorre todo el continente americano como un conjuro que se transforma en cientos de formas y sabores. Empanadas, envueltos, tamales, tortillas, arepas, arepitas y hasta bebidas fermentadas tienen como columna vertebral a este humilde alimento de colores variados, que se alza altivo en los sembríos. En Colombia hay registro de más de 70 tipos de arepas que dependerán del tipo de maíz, del amasado, del tamaño, la cocción, lo que llevan por dentro y, por supuesto, de la región donde se elaboran. Las arepas son legado indígena y cada cocina regional colombiana tiene un estilo distinto. En la Guajira las hacen de maíz morado y le insertan pedacitos de queso fresco, y entre Cartagena y Barranquilla las hay fritas y rellenas de huevo, o las delicadas dulces de anís. Unas de las más conocidas y arraigadas en todo el territorio nacional son las del Eje Cafetero o paisas, las cuales están hechas de maíz blanco. También les dicen arepas de tela por su fino grosor, el cual logra que cuando se asan en la parrilla, el horno o la sartén, queden crocantes y doradas. Se les suele untar mantequilla, espolvorear sal y acompañarse con algún queso blanco. En Antioquia, usan el quesito, uno fresco que se desmorona con generosidad sobre la masa redonda. El desayuno es la comida del día en la que la demanda por arepas es grande, pero mucha gente también las consume a mitad de la tarde o como una cena ligera. Sin embargo, en Antioquia y más que en cualquier otra región, la arepa es venerada y vital. Es el producto alimenticio más importante de la cocina antioqueña omnipresente en todos los caseríos, corregimientos, valles y montañas, y sirve como acompañamiento para cualquier comida, para recoger la salsa de los frijoles o para acompañar una sopa de plátano. Si bien la arepa puede ser una comida callejera que venden en esquinas en la ciudad o producto de un fogón de leña inventado al borde de la carretera, son las estufas domésticas las asiduas de esta sencilla y deliciosa receta. Los cronistas españoles ya daban cuenta de esta preparación reconfortante que conecta inmediatamente con la tierra, la familia, la madre, la cocina de la crianza y los recuerdos. Esa redonda masa, en apariencia insípida, asada sobre las brasas o un fogón de leña, se convierte en un perfecto manjar. Algunos tipos de arepasArepa de chocolo o choclo Está hecha con maíz dulce tierno, leche y un poco de azúcar que le confiere un sabor dulce y un color amarillo marcado. Se suele rellenar o cubrir con queso blanco que derrite. Populares en toda la región antioqueña.Arepa de huevo Se elabora con masa de maíz frita y se les vierte un huevo. Son típicas de la región del Caribe colombiano cuyo origen remonta a Luruaco, Atlántico, donde casi toda la población vive de las arepas.  Arepa santandereana Están hechas con maíz amarillo pelado cocinado con cenizas disueltas en agua. Algunas masas también se entreveran con trocitos de chicharrón. ¿Dónde comerlas?En Bogotá, son famosas las arepas de chócolo de Andrés Carne de Res; el restaurante Abasto ofrece variedades de arepas en sus desayunos. En Luruaco Atlántico, cada año se celebra el festival de la arepa de huevo. Arepas Doña Eliza en Medellín, tiene envíos a todo el país. Si estás en un supermercado, te recomendamos la marca Doña Paisa.
La historia del pan en San Cristóbal de las Casas inicia con las alforjas cargadas de trigo que viajaban, junto a rebaños y otros productos comestibles, con los castellanos que se asentaron en el Valle de Hueyzacatlán. Al asentamiento le siguieron consecuencias. Algunas evidentes, como la hegemonía del trigo en San Cristobal, indisputable hasta el siglo XIX y en relativa competencia con los tuxtlecos, que entraron en la escena en el XVII. Para entonces, las cartas estaban sobre la mesa: San Cristobal tenía ya una vocación panadera, una vocación imborrable, imperecedera.   Aunque de los molinos de la época quedan poco más que recuerdos —y una ruta que se puede hacer por la montañas en bicicleta—, en este destino chiapaneco la identidad sigue ligada al pan: al tradicional y al moderno, al coleto y al europeo. Así, el pan se asoma a la mesa del desayuno, se ofrece como colación a medio día o como cierre de la merienda. El pan está en las casas, en las cafeterías —que tampoco son pocas— y en los restaurantes. Mi primer encuentro con la panadería de la región fue fortuito —poco antes de enterarme que iba a escribir este artículo—. Fue en Sibactel y Aldama, dos de las 60 comunidades que producen café en Chiapas. Fue después de recorrer los cafetales, cerca del medio día. Fue en el patio de secado del beneficio comunitario de Sibactel, con una taza de pozol. Fue en casa del caficultor Pedro Vázquez, donde sus hijas disponen café de olla, horchata y una canasta copada de pan dulce como un gesto de hospitalidad. En esa primera ronda se me quedó impregnada la consistencia firme de los panes —muy distinta a la de los europeos con aire, suaves, esponjosos— y una nota de humo, siempre presente en las cocinas y los hornos de leña que, en este lado del mundo, todavía son comunes.  A mi vuelta al centro de San Cristóbal, y gracias a las recomendaciones de los chefs de Tierra y Cielo, llegué con más intención a la puerta de la panadería Fátima, un local de fachada bicolor —morado con blanco, reconocible a leguas— en la calle Benito Juárez, que tiene más de 30 años en operación.Los anaqueles de Fátima son una librería del amplio repertorio del pan coleto que además de lo ya dicho, es diverso en forma y fondo. Aquí verán montañas trigueñas de panes planos, enroscados o trenzados —mis favoritos—, con cortezas cubiertas de azúcar o ajonjolí, con migajones oscuros o amarillentos, preparados con piloncillo, canela y muchas veces con manteca. Los reconocerán también por su nombre de pila: cazuelejas —quizás las más famosas—, rosquillas, marquesotes, pan de yema o pan de manteca. Los amarán un poquito más porque son una ganga. A riesgo de parecer disco rayado —o la burra al trigo, en una analogía más pertinente—, quiero hacer hincapié en la textura de estos panes: esa que es firme, porosa, a veces arenosa, a veces crujiente. Si me preguntan, esa textura es pretexto, una provocación, un estado ideal que pide a gritos el ahogo de una bebida caliente —café, chocolate, atole, ustedes digan—.  Estudiosos del tema, como Edgar Zulca Báez, atribuyen esta característica a cuestiones más prácticas como la conservación, a que “su estructura compacta garantiza su integridad en el transporte y es resistente a la descomposición”, escribe el académico.Kievf y Marta —que en sus exploraciones panaderas preparan, entre otras cosas, panes de tascalate para el desayuno— me recomendaron complementar la expedición con las panaderías que siguen los pasos de la herencia danesa y francesa. Obediente, me dirigí a los hornos —de lugares como La Casa del Pan, Oh la lá y el Horno Mágico— que complementan, con bollería, croissants, empanadas de hojaldre, chocolatines y mantequilla, la escena panadera. Una historia que, por ahora, es harina de otro costal.
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