Receta del día: Pechuga de Pollo con Salsa de Espinaca
Comida para Niños y Bebés

Receta del día: Pechuga de Pollo con Salsa de Espinaca

Por Kiwilimón - Enero 2012
Riquísimas pechugas de pollo con salsa de espinacas; ¿lo mejor? ¡estarán listas en 15 minutos! Para ver más detalles de la receta e imágenes, haz click aquí.

Ingredientes

  • 1 Cubo de Knorr Suiza Caldo de Pollo
  • 1 Cucharadita de Aceite vegetal
  • 4 Pechugas de pollo sin hueso
  • 2 Cucharaditas de Cebolla picada
  • 4 Tazas de Espinacas picadas
  • 3 Cucharadas de Crema
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En Perú me enamoré dos veces. La primera fue con las montañas, en el camino de seis meses que tracé de Cusco a Chiclayo. La segunda, más reciente, en una visita de diez días a Lima y Nazca. El motivo era casi contrario: en esta ocasión quería comerme la capital a mordidas. A la par extrañaba el acento, los huaynos, la cerveza Cusqueña, los chifles de la calle; en fin, extrañaba mi Perú. Pasadas las primeras veinticuatro horas de mi llegada no había duda: la cocina peruana me había reconquistado. En ese entonces su gastronomía ya había explotado como bomba ante la crítica mundial: por todos lados era reconocida como una de las más complejas y, claro, como una de las mejores. Después de recorrer prácticamente todo el país entre mi primera y segunda visita, lo que más añoro de la cocina peruana son los sabores del humo de la serranía. La pachamanca (manjar de carnes y verduras cocinadas bajo la tierra) me sabe a los Andes cuando sus picos inasequibles eran la cobija de mis noches. Lo relaciono con el recuerdo de las edificaciones monumentales incas, con su energía mística y abrumadora. Ahí, a más de 2400 m de altura, la cultura podía disfrutarse en un potaje denso donde no faltaba la papa, el ají, el huacatay. Jamás me he comido una palta (aguacate) más grande o una piña más dulce que las que probé allá en las alturas.Pero las regiones en Perú dividen los hallazgos. La accidentada geografía, los asentamientos y las migraciones terminaron por agrupar sus preparaciones: las hay marinas, las hay fusión –chifa y nikkei– andinas, criollas, africanas, amazónicas... Rico por donde se le vea. La más laureada quizá sea la cocina marina:es una ceremonia rendida al inmejorable producto de las corrientes frías de Humboldt en el Pacífico y adicionada casi siempre con toques orientales. Como en todos los países lo esencial se concentra en la capital. Hay que esquivar puestos y personas en las banquetas para llegar al ceviche o la leche de tigre más fresca en el Mercado no. 1 de Surquillo. Para un buen comilón de cocina china se toma camino al centro y se llega a San Joy Lao –imperdible el arroz chaufa de charqui y chanchito–. En barrios como Miraflores y San Isidro están las joyas intelectualizadas de los grandes chefs locales como Virgilio Martínez de Central, Pía León de Kjolle o mi gran favorito, Mitsuharu Tsumura de Maido, que lleva a la cumbre los sabores nikkei (mitad peruanos, mitad japoneses). Imposible dejar de mencionar a Astrid y Gastón de Gastón Acurio, el gran caudillo de la gastronomía peruana por el mundo; los sitios relativamente nuevos como Osso o los de siempre como Fiesta.Atrás nunca se quedan los guisos de las picanterías, los picarones que se consiguen en las tiendas cuando es temporada, y los anticuchos de las esquinas que lo encuentran a uno cuando lleva puesta la madrugada. Su olor a carne especiada hecha al carbón llama lo mismo que un anuncio gigante de neones. En las picanterías convergen los saberes de la cocina popular. Me da nostalgia pensar en sus chicharrones, sus chupes (caldos)– y sus patitas de chancho. En estos pequeños locales generalmente resguardados por una matriarca se recoge el génesis de la gran gastronomía peruana y las técnicas transmitidas por generaciones. Son de tanto valor las picanterías que varios distritos las han declarado Patrimonio Cultural de la Nación. La cocina peruana no se salva de lo exótico, lo intrincado. ¿Alguna vez han probado carne de llama, alpaca o cuy? En algunas zonas de Perú son un manjar. Y es que la textura de la alpaca es inigualable, se deshace a penas se le hinca el tenedor. Para mí era todo lo que pedía –y uno o dos pisco sours– tan pronto volvía al Cusco cada viernes, después de una semana internada en las montañas. A la cuenta faltan mil guisos, decenas de bebidas, postres que hacen suspirar y las preparaciones de regiones como Chiclayo o Arequipa. Trataré de hablar de todo en otras cartas editoriales. Tal vez con palabras pueda expresar todo el amor que siento por esta cultura y su comida. Mientras tanto, les comparto con todo cariño y respeto, una receta originaria de la ciudad de Huancayo y un imperdible de los restaurantes de Lima: la papa a la huancaína. La preparación original lleva obviamente ají amarillo, aunque aquí la hicimos con pimiento amarillo para que las cocineras de casa pudieran encontrarlo fácilmente. ¿Les digo algo? ¡Quedó buenaza!
Morelia es una capital llena de cultura, pues no sólo año tras año se realiza un festival cinematográfico, también desde hace 10 años se celebra Morelia en Boca, un festival internacional de Gastronomía y Vino que este año se adapta a las circunstancias con un formato híbrido.Con el fin de salvaguardar la cultura gastronómica y apostar por una pronta recuperación económica de la cadena de valor, Morelia en Boca promueve visitas turísticas a restaurantes y cocinas, y así mostrar la fortaleza y la riqueza de este sector que se ha visto tan afectado.Este año, el festival reposiciona la plataforma digital como una herramienta para el cruce de ideas, de técnicas y del aprendizaje continuo, con un formato híbrido, que mezcla restaurantes con experiencias virtuales, con menús interactivos a través de video-explicaciones entre chefs, cocineras y productores locales. Esta plataforma híbrida permitirá que más de 20 restaurantes tengan un menú dedicado a Morelia en Boca con una cercana relación con los productos michoacanos, para tener un menú desarrollado por duplas de chefs quienes se unen con Cocineras Tradicionales de Michoacán.Como resultado, Morelia en Boca tendrá 12 menús en 24 sedes, y podrás consultar el programa en línea el 30 de octubre, a través de sus redes sociales, @meboficial en Instagram y en Facebook @moreliaenboca.No te pierdas de las tradiciones gastronómicas que este festival acerca a ti gracias a las plataformas digitales y disfruta de lo mejor de la gastronomía de Morelia.
En Perú me enamoré dos veces. La primera fue con las montañas, en el camino de seis meses que tracé de Cusco a Chiclayo. La segunda, más reciente, en una visita de diez días a Lima y Nazca. El motivo era casi contrario: en esta ocasión quería comerme la capital a mordidas. A la par extrañaba el acento, los huaynos, la cerveza Cusqueña, los chifles de la calle; en fin, extrañaba mi Perú. Pasadas las primeras veinticuatro horas de mi llegada no había duda: la cocina peruana me había reconquistado. En ese entonces su gastronomía ya había explotado como bomba ante la crítica mundial: por todos lados era reconocida como una de las más complejas y, claro, como una de las mejores. Después de recorrer prácticamente todo el país entre mi primera y segunda visita, lo que más añoro de la cocina peruana son los sabores del humo de la serranía. La pachamanca (manjar de carnes y verduras cocinadas bajo la tierra) me sabe a los Andes cuando sus picos inasequibles eran la cobija de mis noches. Lo relaciono con el recuerdo de las edificaciones monumentales incas, con su energía mística y abrumadora. Ahí, a más de 2400 m de altura, la cultura podía disfrutarse en un potaje denso donde no faltaba la papa, el ají, el huacatay. Jamás me he comido una palta (aguacate) más grande o una piña más dulce que las que probé allá en las alturas.Pero las regiones en Perú dividen los hallazgos. La accidentada geografía, los asentamientos y las migraciones terminaron por agrupar sus preparaciones: las hay marinas, las hay fusión –chifa y nikkei– andinas, criollas, africanas, amazónicas... Rico por donde se le vea. La más laureada quizá sea la cocina marina:es una ceremonia rendida al inmejorable producto de las corrientes frías de Humboldt en el Pacífico y adicionada casi siempre con toques orientales. Como en todos los países lo esencial se concentra en la capital. Hay que esquivar puestos y personas en las banquetas para llegar al ceviche o la leche de tigre más fresca en el Mercado no. 1 de Surquillo. Para un buen comilón de cocina china se toma camino al centro y se llega a San Joy Lao –imperdible el arroz chaufa de charqui y chanchito–. En barrios como Miraflores y San Isidro están las joyas intelectualizadas de los grandes chefs locales como Virgilio Martínez de Central, Pía León de Kjolle o mi gran favorito, Mitsuharu Tsumura de Maido, que lleva a la cumbre los sabores nikkei (mitad peruanos, mitad japoneses). Imposible dejar de mencionar a Astrid y Gastón de Gastón Acurio, el gran caudillo de la gastronomía peruana por el mundo; los sitios relativamente nuevos como Osso o los de siempre como Fiesta.Atrás nunca se quedan los guisos de las picanterías, los picarones que se consiguen en las tiendas cuando es temporada, y los anticuchos de las esquinas que lo encuentran a uno cuando lleva puesta la madrugada. Su olor a carne especiada hecha al carbón llama lo mismo que un anuncio gigante de neones. En las picanterías convergen los saberes de la cocina popular. Me da nostalgia pensar en sus chicharrones, sus chupes (caldos)– y sus patitas de chancho. En estos pequeños locales generalmente resguardados por una matriarca se recoge el génesis de la gran gastronomía peruana y las técnicas transmitidas por generaciones. Son de tanto valor las picanterías que varios distritos las han declarado Patrimonio Cultural de la Nación. La cocina peruana no se salva de lo exótico, lo intrincado. ¿Alguna vez han probado carne de llama, alpaca o cuy? En algunas zonas de Perú son un manjar. Y es que la textura de la alpaca es inigualable, se deshace a penas se le hinca el tenedor. Para mí era todo lo que pedía –y uno o dos pisco sours– tan pronto volvía al Cusco cada viernes, después de una semana internada en las montañas. A la cuenta faltan mil guisos, decenas de bebidas, postres que hacen suspirar y las preparaciones de regiones como Chiclayo o Arequipa. Trataré de hablar de todo en otras cartas editoriales. Tal vez con palabras pueda expresar todo el amor que siento por esta cultura y su comida. Mientras tanto, les comparto con todo cariño y respeto, una receta originaria de la ciudad de Huancayo y un imperdible de los restaurantes de Lima: la papa a la huancaína. La preparación original lleva obviamente ají amarillo, aunque aquí la hicimos con pimiento amarillo para que las cocineras de casa pudieran encontrarlo fácilmente. ¿Les digo algo? ¡Quedó buenaza!
A veces, la mejor forma de consentir tu cabello rizado es dándole un respiro de los productos comerciales, que suelen contener químicos, y mejor probar con una mascarilla o tratamiento casero con ingredientes naturales. Con un poco de paciencia, hidratación y cuidado regular de los rizos, puedes obtener un cabello chino voluminoso, brillante y de aspecto saludable de forma natural. Para conseguir unos rizos sanos y brillantes, existen varios remedios naturales disponibles y a continuación, te damos 6 de ellos.Remedios naturales para el cabello rizado Linaza. La linaza es un ingrediente natural muy importante para lograr el objetivo de tener rizos saludables y brillantes. La linaza para el cabello rizado se puede hervir y después de cierto tiempo, las semillas secretan un gel espeso e incoloro. Este gel es extremadamente eficaz para desarrollar rizos de forma natural y no se necesita ningún gel o suero adicional para controlar el frizz. Para usar este gel en el pelo puedes mezclarlo con lavanda u otros aceites esenciales, o simplemente puedes refrigerarlo para usarlo regularmente.Aceite de coco. El aceite de coco es eficaz para hidratar y nutrir los rizos, ya que el cabello rizado requiere más nutrición que el cabello lacio, debido a su naturaleza seca. Lo mejor es que utilices aceite de coco extra virgen, pues así aprovecharás todas las propiedades del aceite de coco en su forma más pura.Aloe Vera. El aloe vera es un buen acondicionador para el cabello y para usarlo, se pueden cortar las hojas y extraer el gel incoloro del interior. El gel del aloe vera no sólo hidrata el cabello rizado, sino que también ayuda a limpiar las impurezas y la acumulación de productos en el cabello.Aguacate. Otro ingrediente útil que ayuda a tener un cabello rizado saludable es el aguacate, con el cual puedes hacer una mascarilla para el cabello, o usar sus aceites para hidratar y nutrir el cabello chino.Huevo. Los huevos son un buen tratamiento proteico para el cabello rizado. Se pueden mezclar con aguacate en pasta o aceite de aguacate y aplicar sobre el cabello; luego se deja actuar durante unos 30 minutos o más (dependiendo de la longitud y el volumen del cabello), para finalmente lavar con un champú sin sulfatos ni silicona.Vinagre de manzana. Enjuagar el cabello rizado con vinagre de manzana no solo dará brillo al cabello, sino que también ayuda a limpiar el cuero cabelludo y eliminar la caspa. Sin embargo, es recomendable no aplicar el vinagre de manzana directamente en el cuero cabelludo, así que lo mejor es diluirlo con agua.
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