Cuando comes pizza estás conectando con personas de todo el mundo

Por Kiwilimón - June 2016
Resulta que la pizza es mucho más que sólo “comfort food” y es que podría ser uno de los platillos más multiculturales de la historia. Su mezcla única de ingredientes le hacen una especialidad cosmopolita y extremadamente diversa. Cada uno de sus componentes proviene de un lugar del mundo distinto y así, cuando te comes una rebanada, estás siendo parte de un grupo de millones que disfrutan esta compleja delicia. Hoy te platicamos de los diversos ingredientes que existen en una pizza y cómo cada uno tiene un origen completamente diferente:

Trigo

El componente principal para crear la masa es el cultivo más antiguo de la humanidad pues el hombre lo ha cosechado desde hace más de 10,000 años. Los mayores productores de este ingrediente son China, India, Estados Unidos, Rusia y Francia.

Tomates

Es difícil imaginar una pizza sin la salsa dulce y acidita cuyo mayor componente es el tomate. Supuestamente provienen de los Andes originalmente, pero es interesante saber que Hernán Cortés encontró cultivos de este ingrediente cuando llegó a México para luego llevarlo a España, así tomó fama en todo el continente.

Albahaca

Si quieres la pizza tradicional napolitana la albahaca es esencial, pero no sólo crece en Italia, se esparce por todo el Mediterráneo e incluso alcanza a la India donde es fundamental en la creación de platillos tradicionales como el curry.

Orégano

Cuando uno se sienta a comer pizza siempre hay orégano seco a un lado para agregárselo al gusto. Pues este rico condimento que también crece en el Mediterráneo es en realidad aún más importante para la industria de Turquía, ya que ese país es el mayor exportador en el mundo.

Queso

Cuando levantas tu rebanada de pizza debe colgar un hilo de queso, delicioso y calientito, es casi una regla. No se sabe bien cómo se creo el mozzarella, se dice que pudo haber sido cuando un poco de queso cuajado cayó en agua hirviendo, pero más allá de su creación, su lugar de concepción parece ser Asia Occidental.

Ajo

Así como la salsa necesita tomate y albahaca, también precisa de ese toque inconfundible del ajo. A algunos les gusta más y a otros menos pero la realidad es que se usa en todas las cocinas del mundo y debe saber que se originó en la parte central de África de dónde fue exportado al resto del mundo hace cientos de años.

Aceitunas

Aunque no vienen en todas las pizzas, son un toque lujoso y saladito que le puedes agregar para obtener el verdadero sabor italiano. Este antiguo ingrediente fue incluso recomendado por el mismo Mahoma, que invitaba sus seguidores comerlo para conservar la salud. No tenemos duda que a estas alturas ya se te abrió el apetito y la buena noticia es que no tienes que salir ni ordenar una pizza, puedes crear una deliciosa versión casera con las recetas que aquí te dejamos:
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Los retiros de silencio son una experiencia curiosa. A la hora de la comida no hay lugar para los “qué rica sopa”, los “me pasas la sal” o los “ay, esa salsa pica mucho”. Aunque parezca una obviedad no queda otra que ponerle atención al alimento. Recuerdo que mi primera vez tenía al frente una sopa de espinacas con trocitos de papa y una diminuta brunoise de zanahorias. Las instrucciones de mi guía de meditación eran claras, había que observarlo todo: la forma de cada verdura, la caprichosa distribución en la que los ingredientes se acomodaban en el plato. Los olores no se salvaban. Había que concentrarse en las notas de la espinaca cocinada, el aroma del tiempo. Y por supuesto, ya en la boca, sentir cada ingrediente, cada combinación lograda en el asar de una cucharada. La experiencia fue iniciática. Hace unos días pude repetir la emoción. Esta vez fue en un centro de medicina ancestral en el que había que comer en conciencia. Ana, la chef, lleva años confeccionando combinaciones de recetas que luego prepara de forma consciente y sirve para placer de los visitantes. Eva Solís, la Abuela, es la fundadora de este espacio y la creadora del libro ‘Comida que cura’. Y es que ya lo dice una cita bíblica en Proverbios, “las palabras amables son como la miel: dulces al alma, saludables para el cuerpo”. Para la Abuela, las plantas, las frutas, y todo lo que procede del reino vegetal tiene el poder de reaccionar frente a las energías que les ponemos a través de la intención.Quizás parezca la formulación de un pase mágico –es más, probablemente lo sea– pero hay un arte en eso de convertir los ingredientes más sencillos en manjares para el alma. Explicado de otra forma, el ritual es similar al que hacemos cuando le cantamos o le hablamos bonito a una planta: crece más y crece mejor. La Abuela explica que las palabras y la intención transforman un platillo en una medicina poderosa. ¿Salsa para estimular la felicidad? ¿Sopa de chícharo para lograr la quietud? Así, tal cual. El rezo comienza al cocinar: se agradece a cada integrante de la receta, así como a las personas que tuvieron que ver con ellos –agricultores, distribuidores, vendedores– desde el campo hasta el momento de cocinarlos. Al final, “la importancia de ofrecer una comida que cura es que podemos elevar la vibración energética y el estado de ánimo de nuestras familias”. Eso sí. Hay que ser sabios ante nuestro marchante de confianza. “La selección de los ingredientes en un platillo que lleva la intención de sanar comienza con la compra de alimentos vivos y productos no procesados como materias primas”. Luego es importante lograr las combinaciones correctas. Aquí no aplica eso de que todo cabe en un jarrito sabiéndolo acomodar. Para la Abuela –tal como también lo dicta la tradición Ayurvédica– hay que aprender sobre la química que se despierta en los alimentos al unirlos. “Combinar los alimentos de manera adecuada permite una mejor digestión, una adecuada evacuación y una desintoxicación continua. Lo contrario produce enfermedad”, afirma la Abuela en su libro.Laura Esquivel en ‘Como agua para chocolate’ hace uso de hipérboles para explicar cómo los sentimientos de la cocinera –de la entrañable Tita– se trasladan al platillo y a los comensales: desde a unas codornices con pétalos de rosas hasta a una rosca de reyes. Para la Abuela no es una exageración: “Quienes cocinamos debemos tomar consciencia de cómo estamos al momento de estar frente al fogón. Si estoy triste, enojada o con prisa, eso mismo daré de comer a mi familia”. Para ella, la vibración que tenemos le confiere al plato una emoción, así que más vale estar conscientes al momento de cocinar. Luego viene la degustación consciente. La Abuela recomienda estar en silencio y con los ojos vendados. Retomar el uso de las manos para ponernos en contacto directo con los ingredientes; percibir sus texturas, formas, tamaños y temperaturas. Así, en total atención investigar con la nariz y la boca los insumos que tenemos frente a nosotros. Probar, disfrutar, detenerse en ese dulce momento. El ejercicio meditativo tendrá una ventaja adicional: “Al degustar conscientemente, la orden de saciedad llega más pronto al cerebro y, por tanto, requeriremos comer menos. Lo contrario sucede cuando comemos leyendo, chateando o pensando en lo que tengo que hacer”. Por último, para que tu comida se convierta en un medio para curarte, purificarte y renovarte, la Abuela recomienda bendecir y agradecer por eso que terminó en un plato precisamente para ti. Esas acciones que parecen insignificantes “son los pilares que sustentan la abundancia, el flujo equilibrado entre el dar y el recibir”. Comer así, en total conexión, nutrirá más que solo tu cuerpo físico.
Agradecer nos conecta de forma única con la realidad: nos aleja 180° del drama y nos invita a ser observadores activos frente a lo que sucede en nuestras narices. Con un ‘gracias’ materializamos lo que somos, lo que tenemos, lo que es y no es de gratis. Y si algo hemos aprendido este año es que no todo está dado. Hay que agradecer por ocupar un lugar en el espacio; estar, aún estar.La celebración de Thanksgiving es quizá lo más envidiable de la cultura norteamericana. El tercer jueves de cada noviembre se festeja la primera cosecha de los colonos ingleses en tierras estadounidenses. El agradecer se convierte en una fiesta, en un símbolo, en una intención universal. Para los que profesan la fe presbiteriana es probablemente más importante que la Navidad. Los que profesemos cualquier otra cosa lo hacemos para elevar vibraciones, para amistarnos con el universo o hasta solo por comer rico. (Comer rico siempre de los siempre es una fiesta.)Además de sacar la vajilla heredada de la abuela, los mantelitos de bordado fino y las copas de vidrio cortado, hay que planear el menú. Sin importar que seas un iniciado en el Thanksgiving o no, que en tu mesa no falte un pavo delicadamente rostizado, un gravy sedoso hecho con los jugos del pavo, ingredientes de temporada como la calabaza de Castilla –en puré, en pay, en lo que sea–, una buena ensalada con betabel y arándanos y, claro, los vinos para acompañar todo. No te preocupes. Te dejo aquí una guía general de maridajes para el Thanksgiving. Te aseguro que si la sigues no te faltará armonización entre comida y bebida, ni la armonía. Los básicos: - Al Thanksgiving no lleves la botella más vieja de la cava ni la más tánica. Yo te recomiendo enfriar tus vinos de cepas con buena acidez y estructura media. - Si quieres hacer un brindis, lo mejor es sacar tus copas tipo flauta y rellenarlas con burbujas. El vino chileno espumoso Montes Sparkling Angel está elaborado bajo el método de champenoise, por lo que será ideal para chocar las copas y si guardas un poquito, maridará con la tarta de calabaza del postre. - En blancos, dile sí a uvas como la chardonnay con barrica o la gewurztraminer de Alsacia o Alemania. Si te inclinas por algo californiano vete por un Wente Riva Ranch Chardonnay, cuyas notas avainilladas van bien con el puré de camote o de papa. - Si prefieres los vinos tintos te recomiendo uno recién salido de la bodega como el Beaujolais Nouveau –apenas unos días antes del Thanksgiving hace su salida triunfal al mercado–. La frutalidad y acidez de la uva gamay que da origen a este vino francés le va bien a un pavo mantequilloso y jugoso.- Otro vino que hay que destapar en Thanksgiving es un pinot noir californiano. Mis favoritos para esta celebración son los de Anderson Valley, pero si no los consigues fácilmente, un Louis Jadot Bourgogne Tinto le irá perfecto a la noche. Disfrútalo especialmente junto al relleno del pavo.
Los beneficios de la avena y la miel no sólo se pueden aprovechar en recetas de cocina, pues estos dos ingredientes que seguramente tienes en la alacena también tienen propiedades que ayudan a la piel de tu rostro.Mientras que la avena tiene propiedades exfoliantes y saponinas para limpiar la piel, la miel la hidrata, abre los poros de forma natural, balancea el pH y ayuda a lograr un brillo mientras combate el acné y nutre la piel envejecida. Así que además de que no tiene químicos, los beneficios de la avena y la miel en la cara son muchos y para que los pongas ya en práctica, esta mascarilla de avena y miel es muy sencilla de hacer y necesitarás:3 cucharadas de avena3 cucharaditas de mielColoca los ingredientes en un tazón y mezcla hasta que se integren bien. Entonces aplica la mezcla sobre tu rostro limpio con movimientos circulares suaves y deja actuar unos minutos hasta que se seque. Finalmente, sólo limpia la mascarilla con agua fría.Puedes usar esta mascarilla una o dos veces a la semana, antes de dormir y complementarla con tu astringente para tener mejores resultados si tienes acné. Si consigues miel cruda u orgánica, mucho mejor, pues esta miel te ayudará a equilibrar las bacterias de la piel, lo que la convierte en un excelente producto para el acné, pues acelera los procesos de curación de las células de la piel, así que será un gran aliado si tienes imperfecciones o un brote de eczema, y te ayudará a curar y reducir la inflamación. Por su parte, la avena se ha usado para el cuidado de la piel desde la antigüedad romana y en la actualidad se utilizan formulaciones especiales de avena en una variedad de productos para el cuidado de la piel, desde lociones hasta jabones de baño, así que no hay duda de sus beneficios, gracias a sus propiedades antiinflamatorias y que retienen la humedad. Prueba esta mascarilla o también puedes hacer una mezcla de arroz y avena para iluminar tu rostro, y cuéntanos cómo te funcionaron.
Pocos personajes aman la comida tanto como Homero Simpson. ¿Quién como él estaría dispuesto a arriesgar su vida por un bocado de Fugu o por un emparedado gigante? Probablemente sólo él, porque “chocolate, mmm… cola invisible, la rosca prohibida, mmm… lo que sea” es bien recibido para este comelón profesional. Por eso recopilamos algunos de los momentos más emblemáticos de Homero y la comida. Homero y el chile Para el concurso anual de chile con carne de Springfield, Homero hace su entrada triunfal a la feria. Aquí es reconocido como el maestro de maestros, con un estómago a prueba de fuego. Incluso se rumora que su cuchara de degustación la talló él mismo. Tras humillar a Ned Flanders, cuya salsa solo tiene dos alarmas en lugar de las cinco prometidas, llega con el jefe Gorgori quien le tiene preparados los inmisericordes chiles de Quetzalzatenango. En su primer intento, su lengua estalla del picor y es ridiculizado. En su segundo combate, recubre su lengua con cera para comer los chiles más picantes del mundo y alucinar toda una aventura mística guiada por su nahual, el coyote, en busca de su alma gemela. Tenazas, la langostaHomero compra una langosta de ocho dólares con la intención de engordarla y darse un gran festín. Cada día le prepara el desayuno y la consiente con bocadillos. Ya cuando está fuerte y jugosa, lista para ser cocinada, Homero se enternece del nuevo integrante de la familia y decide no comerla. Así disfrutan la vida, entre caminatas en el mar y juegos en el jardín, hasta que Homero al darle un baño caliente la cocina por error. Entre llantos y exclamaciones de placer por su excelente sabor, Homero se come solo a su querida y dulce tenazas.El buffet El Holandés Cocinante promete un buffet de todo lo que puedas comer. Homero emocionado, en lugar de servirse en su plato, se lleva las charolas completas (con todo y baño María). Se come todos los camarones, dos langostas de plástico y sigue engullendo comida hasta el cierre del restaurante. El capitán McCallister, propietario del restaurante, asegura con gran asombro que Homero no es un hombre, sino una auténtica máquina de devorar. Homero desilusionado demanda al lugar y acepta la oferta del capitán de convertirse en la animación del lugar: ¡Pasen a ver el pozo sin fondo, un error de la naturaleza! Amor y amistad, viajes astrales y comidas sin fin son parte de la rutina de este aventurero gastronómico, dispuesto a todo por su amor a la comida.
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