Esta idea para disfraces de Halloween 2016 es PERFECTA para hombres guapos
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Esta idea para disfraces de Halloween 2016 es PERFECTA para hombres guapos

Por Kiwilimón - Octubre 2016
Si te faltan razones para ver la Fórmula 1 en la Ciudad de México este Octubre 2016, creemos que esta es suficiente. Daniel Ricciardo y Max Verstappen, pilotos de la F1, se animaron a celebrar una de nuestras GRANDES TRADICIONES MEXICANAS y se disfrazaron de "catrinos", dándole culto al Día de Muertos que se celebra cada año en esta temporada. El resultado es increíble y nos sorprendió a todos, definitivamente este es un gran disfraz para hombres guapos. ¿A cuál escogerías para que te acompañe a tu fiesta de disfraces este año?

@redbullracing

https://twitter.com/Jaimefmacias/status/791784047131389952?lang=es https://twitter.com/danielricciardo/status/791639851695239168?lang=es   https://twitter.com/redbullracing/status/791774928144138240?lang=es Aprende a maquillarte así: https://twitter.com/redbullracing/status/791767272415039488?lang=es Y ponte esta linda corona de flores de cempasúchil fácil para acompañar tu disfraz.   Y no te quedes sin ver la F1 este fin de semana. Si esto no fue suficiente, no te pierdas estas DELICIOSAS botanas para que te animes. ¡Invita a tus amigos! Fácil Rosca de Hojaldre con Atún Bola de Queso con Tocino: Dip de Pizza:
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Ensenada es una meca gastronómica en México. Comer es una experiencia memorable, ya sea en sus carretas con mariscos frescos o en sus restaurantes que integran lo mejor de sus entornos naturales con la mirada de talentosos arquitectos y diseñadores locales. Desde el 2018 que abrió sus puertas, en el Valle de Guadalupe, Fauna ha estado en la mira de expertos en México y el mundo, por su propuesta gastronómica y por el concepto que representa. Da vida, junto con una vinícola (Bruma) y un hotel (Casa 8), a un espacio fuera de serie diseñado por Alejandro D’Acosta. Su menú se basa en ingredientes locales y de temporada que orquestan un maravilloso juego de colores, texturas, aromas y sabores en cada platillo (salado y dulce). Es comida que te enamora con el mismo amor de la pareja de chefs que está al frente del restaurante: David Castro Hussong y Maribel Aldaco Silva. Este 2020, Fauna fue reconocido como uno de los mejores restaurantes emergentes con el premio “Miele One To Watch Award” por Latin America’s 50 Best Restaurants, uno de los rankings gastronómicos más importantes de Latinoamérica. Este galardón es un reconocimiento mundial, creado en 2013, que otorga el equipo de 50 Best a partir de la votación de un grupo de 250 líderes en la industria de los restaurantes en América Latina. Además, Miele One To Watch Award, los destaca por ser proyectos desafiantes, tener un menú consistente, ser auténticos en ingredientes y experiencia. De esta forma en su octava edición, reconoce la trayectoria y el talento de Fauna y sus jóvenes talentos gastronómicos, quienes serán premiados de forma virtual en la ceremonia de premiación el próximo 3 de diciembre, a través del canal de YouTube: 50 Best Restaurants TV.
Yo ya perdí la cuenta de las veces en que una galleta –de chispas de chocolate, de avena, de lo que sea– me ha devuelto la esperanza. En un año como este la comida ha sido combustible para el cuerpo tanto como para las emociones. O si no pregúntense, ¿cuántas veces un panecito remojado en café, un caldito de verduras o el guiso burbujeante de una olla les ha salvado el día? La necesidad de ponerse los platillos de cobija seguramente no nos pasará desapercibida este otoño. El tema es físico, es mental. Nuestra hibernación animal nos baja la energía y hay que contrarrestarlo con carbohidratos y pociones calientitas que nos templen el corazón cuando el frío de afuera –el de verdad, el de la metáfora– se cuela entre la rendija. Lo casero se convierte en la moneda de cambio. Una, por economía; otra, por necesidad.Si en otros otoños los potajes densos curaban al alma, ahora serán la medicina cuántica. Eso sí, que tengan mucho verde, que sus fitonutrientes hagan su trabajo al mismo tiempo que conforten. Con mucho ánimo hay que prender las hornillas y gozar con los ingredientes de temporada que les van bien a los procesos del cuerpo. Una de mis opciones favoritas es abrirme paso ante una calabaza de Castilla, rica en vitamina A y ácidos grasos, y con unas cuantas cucharadas de mantequilla, miel, sal y pimienta hacerla el puré más terso o el complemento de una ensalada. Si su familia, como la mía, disfruta de los platos de cuchara, hay que preparar con calma un molito de olla y convertirlo en una suerte de mantra comestible que renueve las fuerzas. Ya saben, ¡a darle que es mole de olla! El otoño también es pretexto para reusar esa cacerola refundida en la alacena y dejarle caer unos higos, vino y azúcar para caramelizar. Al final ponerlo todo en una rebanada de pan con queso mientras leemos algo que nos nutra el intelecto o nos haga viajar sin despegarnos de la sala.La época nos invita a prender el horno cuando se pueda. Hay que aprovechar las manzanas más dulces del año, agregarles vainilla, azúcar, mantequilla, pan molido y envolver todo en unas hojas de hojaldre. El premio serán los olores, el crunch que suena menos, pero sabe mejor cuando lo acompaña una bola de helado. Y si se prefiere salado, hay que rosear una coliflor con aceite, aventarle unas avellanas, pistaches o nueces y algunas especias mágicas. Me gusta servirla horneada, directo de la charola, junto a una cucharada de jocoque batido con limón o una cucharada de yogurt con curry.A las noches otoñales les van bien las tartas, sobre todo esas que van retacadas con verduras salteadas y todo tipo de quesos. Su milagro es rendir para todos sin importar lo hambrientos que estén. La otra es que en cada rebanada cabe el mundo. ¿Queso Chihuahua? ¿Pimientos? ¿Carnes frías? Lo que tengas en el refri servirá. Si nunca has preparado tartas de otoño no hay mejor momento que este: es la oda a la comida confortable. Te dejo una guía iniciática para que puedas prepararlas fácilmente. Las cuatro recetas las preparó el equipo de Kiwilimón y quedaron geniales. Será difícil elegir, pero ante la duda, prepara una cada fin de semana. Pruébalas con toda atención y disfruta el aquí y el ahora. Eso es el regalo de los buenos bocados: tienen el poder de recordarnos a qué sabe estar vivos, lo placentero que es el cuerpo, lo lindo que es caminar en la Tierra en otoño o cuando sea.Quiche de CerezaQuiche de 4 Quesos MexicanosQuiche de Tocino, Gruyere y EspinacasQuiche de Peras con Queso
Agradecer nos conecta de forma única con la realidad: nos aleja 180° del drama y nos invita a ser observadores activos frente a lo que sucede en nuestras narices. Con un ‘gracias’ materializamos lo que somos, lo que tenemos, lo que es y no es de gratis. Y si algo hemos aprendido este año es que no todo está dado. Hay que agradecer por ocupar un lugar en el espacio; estar, aún estar.La celebración de Thanksgiving es quizá lo más envidiable de la cultura norteamericana. El tercer jueves de cada noviembre se festeja la primera cosecha de los colonos ingleses en tierras estadounidenses. El agradecer se convierte en una fiesta, en un símbolo, en una intención universal. Para los que profesan la fe presbiteriana es probablemente más importante que la Navidad. Los que profesemos cualquier otra cosa lo hacemos para elevar vibraciones, para amistarnos con el universo o hasta solo por comer rico. (Comer rico siempre de los siempre es una fiesta.)Además de sacar la vajilla heredada de la abuela, los mantelitos de bordado fino y las copas de vidrio cortado, hay que planear el menú. Sin importar que seas un iniciado en el Thanksgiving o no, que en tu mesa no falte un pavo delicadamente rostizado, un gravy sedoso hecho con los jugos del pavo, ingredientes de temporada como la calabaza de Castilla –en puré, en pay, en lo que sea–, una buena ensalada con betabel y arándanos y, claro, los vinos para acompañar todo. No te preocupes. Te dejo aquí una guía general de maridajes para el Thanksgiving. Te aseguro que si la sigues no te faltará armonización entre comida y bebida, ni la armonía. Los básicos: - Al Thanksgiving no lleves la botella más vieja de la cava ni la más tánica. Yo te recomiendo enfriar tus vinos de cepas con buena acidez y estructura media. - Si quieres hacer un brindis, lo mejor es sacar tus copas tipo flauta y rellenarlas con burbujas. El vino chileno espumoso Montes Sparkling Angel está elaborado bajo el método de champenoise, por lo que será ideal para chocar las copas y si guardas un poquito, maridará con la tarta de calabaza del postre. - En blancos, dile sí a uvas como la chardonnay con barrica o la gewurztraminer de Alsacia o Alemania. Si te inclinas por algo californiano vete por un Wente Riva Ranch Chardonnay, cuyas notas avainilladas van bien con el puré de camote o de papa. - Si prefieres los vinos tintos te recomiendo uno recién salido de la bodega como el Beaujolais Nouveau –apenas unos días antes del Thanksgiving hace su salida triunfal al mercado–. La frutalidad y acidez de la uva gamay que da origen a este vino francés le va bien a un pavo mantequilloso y jugoso.- Otro vino que hay que destapar en Thanksgiving es un pinot noir californiano. Mis favoritos para esta celebración son los de Anderson Valley, pero si no los consigues fácilmente, un Louis Jadot Bourgogne Tinto le irá perfecto a la noche. Disfrútalo especialmente junto al relleno del pavo.
Los retiros de silencio son una experiencia curiosa. A la hora de la comida no hay lugar para los “qué rica sopa”, los “me pasas la sal” o los “ay, esa salsa pica mucho”. Aunque parezca una obviedad no queda otra que ponerle atención al alimento. Recuerdo que mi primera vez tenía al frente una sopa de espinacas con trocitos de papa y una diminuta brunoise de zanahorias. Las instrucciones de mi guía de meditación eran claras, había que observarlo todo: la forma de cada verdura, la caprichosa distribución en la que los ingredientes se acomodaban en el plato. Los olores no se salvaban. Había que concentrarse en las notas de la espinaca cocinada, el aroma del tiempo. Y por supuesto, ya en la boca, sentir cada ingrediente, cada combinación lograda en el asar de una cucharada. La experiencia fue iniciática. Hace unos días pude repetir la emoción. Esta vez fue en un centro de medicina ancestral en el que había que comer en conciencia. Ana, la chef, lleva años confeccionando combinaciones de recetas que luego prepara de forma consciente y sirve para placer de los visitantes. Eva Solís, la Abuela, es la fundadora de este espacio y la creadora del libro ‘Comida que cura’. Y es que ya lo dice una cita bíblica en Proverbios, “las palabras amables son como la miel: dulces al alma, saludables para el cuerpo”. Para la Abuela, las plantas, las frutas, y todo lo que procede del reino vegetal tiene el poder de reaccionar frente a las energías que les ponemos a través de la intención.Quizás parezca la formulación de un pase mágico –es más, probablemente lo sea– pero hay un arte en eso de convertir los ingredientes más sencillos en manjares para el alma. Explicado de otra forma, el ritual es similar al que hacemos cuando le cantamos o le hablamos bonito a una planta: crece más y crece mejor. La Abuela explica que las palabras y la intención transforman un platillo en una medicina poderosa. ¿Salsa para estimular la felicidad? ¿Sopa de chícharo para lograr la quietud? Así, tal cual. El rezo comienza al cocinar: se agradece a cada integrante de la receta, así como a las personas que tuvieron que ver con ellos –agricultores, distribuidores, vendedores– desde el campo hasta el momento de cocinarlos. Al final, “la importancia de ofrecer una comida que cura es que podemos elevar la vibración energética y el estado de ánimo de nuestras familias”. Eso sí. Hay que ser sabios ante nuestro marchante de confianza. “La selección de los ingredientes en un platillo que lleva la intención de sanar comienza con la compra de alimentos vivos y productos no procesados como materias primas”. Luego es importante lograr las combinaciones correctas. Aquí no aplica eso de que todo cabe en un jarrito sabiéndolo acomodar. Para la Abuela –tal como también lo dicta la tradición Ayurvédica– hay que aprender sobre la química que se despierta en los alimentos al unirlos. “Combinar los alimentos de manera adecuada permite una mejor digestión, una adecuada evacuación y una desintoxicación continua. Lo contrario produce enfermedad”, afirma la Abuela en su libro.Laura Esquivel en ‘Como agua para chocolate’ hace uso de hipérboles para explicar cómo los sentimientos de la cocinera –de la entrañable Tita– se trasladan al platillo y a los comensales: desde a unas codornices con pétalos de rosas hasta a una rosca de reyes. Para la Abuela no es una exageración: “Quienes cocinamos debemos tomar consciencia de cómo estamos al momento de estar frente al fogón. Si estoy triste, enojada o con prisa, eso mismo daré de comer a mi familia”. Para ella, la vibración que tenemos le confiere al plato una emoción, así que más vale estar conscientes al momento de cocinar. Luego viene la degustación consciente. La Abuela recomienda estar en silencio y con los ojos vendados. Retomar el uso de las manos para ponernos en contacto directo con los ingredientes; percibir sus texturas, formas, tamaños y temperaturas. Así, en total atención investigar con la nariz y la boca los insumos que tenemos frente a nosotros. Probar, disfrutar, detenerse en ese dulce momento. El ejercicio meditativo tendrá una ventaja adicional: “Al degustar conscientemente, la orden de saciedad llega más pronto al cerebro y, por tanto, requeriremos comer menos. Lo contrario sucede cuando comemos leyendo, chateando o pensando en lo que tengo que hacer”. Por último, para que tu comida se convierta en un medio para curarte, purificarte y renovarte, la Abuela recomienda bendecir y agradecer por eso que terminó en un plato precisamente para ti. Esas acciones que parecen insignificantes “son los pilares que sustentan la abundancia, el flujo equilibrado entre el dar y el recibir”. Comer así, en total conexión, nutrirá más que solo tu cuerpo físico.
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