Estas delicias cuestan menos de 100 pesos prepararlas
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Estas delicias cuestan menos de 100 pesos prepararlas

Por Kiwilimón - Mayo 2016
Comer delicioso no necesariamente significa comer caro. No creerás que por menos de $100.00 pesos podrás disfrutar de estos manjares. ¡No te pierdas aquí todas las recetas!

Deliciosas croquetas con relleno suave de atún

                   

Flautas crujientes rellenas de PAPA con CHORIZO

Deliciosas tortitas de papa con pollo

El infalible chicharrón en salsa verde

Los MEJORES chilaquiles que probarás en tu vida

Estas IRRESISTIBLES enchiladas de mole

Y estos GLORIOSOS nachos de chipotle gratinados... ¡MMMM!

   
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A veces uno simplemente no sabe qué tomar, que si el alcohol a cierta edad deja de ser una buena opción, que un agua fresca ya no basta para saciar la sed o que un refresco contiene demasiado azúcar y es perjudicial para el organismo. Pues bien, Ginger Birra lo sabe y es por ello que el día de hoy te contamos acerca de su increíble producto: la ginger beer o cerveza de jengibre, aunque técnicamente no es una chela ni tampoco contiene alcohol.Víctor Manuel Quintero es un biólogo egresado de la Universidad de los Andes Venezuela que por razones circunstanciales bebió por primera vez una cerveza de jengibre gracias a un amigo en el año 2015. Su sabor quedó tan presente en él, que decidió crear su propia receta hasta mejorarla poco a poco. Después conoció a Mayra Gómez, diseñadora gráfica y su actual esposa, con quien finalmente creó Ginger Birra, que a casi 4 años de haberse creado, hoy distribuye en 10 ciudades diferentes.La cerveza de jengibre tiene más de 300 años, su origen se le atribuye a Inglaterra del siglo XVIII, fue una bebida que duró por muchos años en secreto hasta que el ejército comenzó a exportarlo.Siguiendo los procesos de cerveza artesanal perfecta, Ginger Birra ha logrado obtener un sabor espectacular, conservando la frescura y vida del jengibre (6.3%), limón y levaduras silvestres gracias a la utilización de productos 100% naturales y con un proceso de fermentado y gasificado tradicional.Beneficios de la cerveza de jengibreAl ser su base una infusión de raíz de jengibre es muy saludable, pues ayuda a la digestión e inflamación, alivia el dolor de garganta, es un gran aliado de la salud cardiovascular, probiótica y prebiótica y es 100% libre de gluten; por lo que es una bebida ideal no sólo para los celíacos, sino para los veganos y aquellas personas que procuran evitar el consumo de alcohol.Su sabor es picante pero pica lo justo, además que acompañado de lo cítrico del limón logra una combinación tropicalmente perfecta. Es una bebida versátil que suele utilizarse en la mixología o acompañarse con jugo de naranja o limón, nuez moscada o canela. Puedes maridar esta cerveza de jengibre con comida oriental, pastas, pizzas y ensaladas. Si estás en CDMX, puedes pedir Ginger Birra a domicilio a través de Almacén Hércules. ¡Atrévete a probar esta opción deliciosa y diferente!
En Kiwilimón tenemos el compromiso de brindarte todas las ideas y herramientas para poder cocinar y, además, cuidarte. Por ello desarrollamos #KiwiTeCuida en colaboración con un equipo de nutriólogas profesionales, en donde encontrarás todas las recetas —con conteos calóricos y nutricionales avalados por la USDA—, tips y consejos para que puedas llevar un estilo de vida balanceado, en armonía y saludable, sin sacrificar el sabor o restringir tu alimentación.A partir del próximo lunes 12 de abril, #KiwiTeCuida incorporará lives quincenales los lunes a las 18:00 horas en nuestra cuenta de Instagram oficial @kiwilimon con la chef Colibrí Jiménez, quien te enseñará recetas fáciles y deliciosas para seguir retos alimenticios de una semana, los cuales te brindarán múltiples beneficios, como el reto una semana sin grasa o el reto de una alimentación rica en Omega 3. Esta serie de lives se complementará con con los de nuestra directora editorial, Shadia Asencio, y una de las nutriólogas de #KiwiTeCuida para contarte todos los beneficios que obtendrás al seguir estos retos y poder responder todas tus dudas. Colibrí Jiménez es originaria de Tepoztlán, Morelos. Comenzó su gusto y amor por la cocina desde muy pequeña con las recetas y tradiciones culinarias de su abuela materna Guadalupe. Tras una larga formación académica y en cocinas de todo el mundo, Colibrí hoy trabaja con ingredientes mexicanos para resaltarlos y revalorarlos en una creación sensible y sustentable, como un regreso a lo más natural y al origen de esos ingredientes endémicos de México. Su filosofía es impulsar la agricultura ética, la preservación de la biodiversidad y honrar las tradiciones gastronómicas y culturales de nuestro país. ¡Sigan sus transmisiones de #KiwiTeCuida los lunes a las 18 horas! Foto: Roman Hatori Photo
He estado en Nayarit dos veces. Antes de ir, el ansia pasaba por presenciar parajes de película, atardeceres aflojadores de lágrimas, el color luminiscente del mar. Ya ahí, con el sombrero de exploradora puesto, mi foco cambiaba: cada vez que un plato con masa, con mariscos, con adobo, era puesto sobre mi mesa, signos de admiración y de interrogación emanaban de ellos como el humo. Esta semana, en el viaje de votantes de la guía México Gastronómico de Culinaria Mexicana, reviví la sensación. Entre sobremesas tuve la oportunidad de platicar con la chef de El Delfín, Betty Vázquez, para que me ayudara a ponerle adjetivos y comas a las interrogantes que la comida de su estado genera en mí. A primera vista, Nayarit comparte platillos con Jalisco, pues ambos fueron parte de la misma región –el Séptimo Cantón de Jalisco– hasta que en 1917 el estado se independizó. Pero su historia comienza mucho atrás: hay vestigios de caza, pesca y agricultura de 5000 a. de C. en esa inmensa fuente de ecosistemas y microclimas. Su oferta de productos fue poblándose por la Conquista, por el comercio con Oriente. La Nao de China –el Galeón de Manila– tocaba base en el puerto de San Blas trayendo especias, frutas, arroz, seda y madera desde la lejana Filipinas. Directa o indirectamente Nayarit tuvo influencia de todos los puntos del planeta: “Trajeron ingredientes, técnicas culinarias, tradiciones y formas de comer”, según me cuenta Betty. “La cocina nayarita entonces es una fusión, pero una fusión con identidad”.Imposible dejar en vista la costa que bordea el estado por el lado oeste, con ese Pacífico efectivamente aflojador de lágrimas. Pero él no es la única fuente de riqueza natural –ni de lágrimas de felicidad–. Según lo que me cuenta Betty, Nayarit tiene cuarenta y cuatro ecosistemas de los que se cosecha coco, maíz, trigo, frijol, arroz y tabaco de excelente calidad; el plátano y la caña del azúcar se dan con gracia y facilidad por su clima mayormente cálido. Hay una gran cantidad de quelites, leche de muy buena calidad y quesos que se producen con ella. Pero, un buen producto no es nada sin una buena preparación. La cosa se hace compleja –rica, pues– cuando a la olla cultural se suman cuatro tradiciones endémicas: la cora, la huichol, la tepehuana y la mexicanera, que han creado formas únicas de consumir el producto regional. “Tenemos veinte municipios, o sea que hay veinte formas diferente de cocinar. Son veinte municipios que generan una riqueza extraordinaria”, asegura Betty. El reto que lleva por delante esta gran embajadora de la culinaria mexicana es el de generar un acervo de recetas locales con la ayuda de las universidades.A nivel general, la cocina de humo tiene un lugar especial en la culinaria: es con esta técnica y la madera del mangle que el pescado zarandeado adquiere sabores que nos hacen querer roer los huesos del pargo. También está la cocina cruda que se da el lujo de la desnudez para exhibir su frescura. “La cocina cruda viene de Oriente, de este mestizaje con Occidente. Fue de allá que llegaron los limones, así que se puede decir que el ceviche no es peruano ni mexicano, sino una fusión de técnica asiática con productos locales”. Hablando de los platos regionales, según Betty Vázquez, de San Blas no hay que perderse el pescado ahumado, el pescado tatemado, las empanadas de camarón, las chimichangas de ostión, el pozole de camarón y el pozole de pescado. Hay que probar la nieve de garrafa de Ixtlán del Río; de Jala, sus maíces endémicos, las tostadas raspadas y de postre, los roscones. De Santiago está el paté de camarón y de la Isla de Mexcaltitán, el pescado zarandeado a la leña. Hacia el norte, el guiso es el puerquito echado de Acaponeta; el agua, de cebada.En la zona sur está la exquisita sopa de boda, preparada con una base de tortillas de maíz, pan frito y pan tostado que se acomoda alternadamente sobre un refractario. Lleva pollo, plátano, huevo cocido, almendras, garbanzos. De Tepic, la marisquiza y los cocteles cura-crudas. De ahí también es el ante, un postre de la época virreinal que no es como colimote. Este va cubierto con pasas, ajonjolí y canela en polvo y generalmente se sirve en un cuenquito de barro decorado con papel de china picado.Las bebidas no son pocas. Como en Jalisco y en Colima, se produce y consume el tejuino, que refresca y el tesguino, que traiciona. La última novedad es que el estado ingresa a la lista de productores de vino con nueve variedades de uvas. “La misma empresa que está haciendo este gran esfuerzo vinícola ya está trabajando con un chamán huichol y cora para rescatar una bebida ancestral de maguey llamada tuchi”. El café es una de las maravillas del clima y de la cercanía con el Trópico de Cáncer. “Tenemos un café maravilloso desde Compostela hasta el municipio de San Blas, pasando por el municipio de Tepic, con unos estándares de calidad importantísimos”. De hecho, según lo que me confirma Betty, de esta zona se exportaba un café que ni Obama, o más bien, incluso que Obama. De aquí era originario el café de la Casa Blanca durante su reinado.Cuando la confianza y el bolsillo nos permita viajar, Nayarit es un destino para desmenuzarse y comerse doblado en una tortilla, crudo o asado a la leña. Hay que probar los restaurantes de lujo de la zona de Punta Mita o de la Rivera Nayarit; detenerse en Bucerías o Tepic para probar platillos típicos; pueblear, como antes de la nueva normalidad, para probar los mangos chilosos de la esquina, los antojitos elaborados con ese maíz que sabe a la mineralidad de la tierra. “Hay que venir a ver los lujos de la Riviera Nayarit, y cuando digo lujos no hablo de hotelería de cinco o más estrellas. Hablo de lujo de la gente que es cálida, y de los lujos de la naturaleza, de los lujos de la gastronomía, de las costumbres y de las tradiciones”. Lujo es descubrir que el mundo sigue siendo bueno, con o sin nosotros. Mejor con nosotros.
El rosé combina bien con las madres. Explico: el vino de esta colorimetría es un goce hasta de ver, es conciliador, se lleva bien con casi todos en la mesa y nunca cae pesado. ¿Casualidad? Lo salomónico no se le escapa al gusto: el rosé generalmente no es tánico como un tinto y tiene más estructura que un blanco. Va bien con el pollo, con las pastas, con los postres, y saca lo mejor de la comida especiada, como la mexicana. Pescados, mariscos y arroces, todos le aguantan el paso.Hay rosés de todo tipo: existen los ligeramente abocados para los que prefieren los sorbos dulces y los hay secos, para quienes prefieren armonizar la comida salada. Los rosados son ligeritos, crujientes en acidez y perfectos para la temporada primavera-verano, como en la que nos encontramos.El proceso de vinificación también es una suerte intermedia. Su jugo nace del prensado de uvas tintas que se dejan macerar con los hollejos (pieles) el tiempo necesario para dotarle del característico color, que va del salmón al durazno, del rosa claro al frambuesa. Tras remover el hollejo, el caldo se vinifica como se haría normalmente en un vino blanco: se le da una sola fermentación sin envejecimiento y se traslada directo a la botella para conservar la frescura y las notas a fruta. A mí me gusta el rosado para las noches con amigas, para la comida asiática, para los atardeceres con terrazas. Me gusta el rosado para tomarlo con mi mamá a las seis de la tarde, la inconfundible rosé o’clock. Mejor que haya rosas de por medio y un postre –cursi, meloso– para demostrarle lo que me hace sentir. Si lo sirves en casa, no olvides enfriarlo a unos 11 o 12 grados y de preferencia, asirte con alguno de estos: Taittinger Prestige RoséSi vamos a hablar de celebración, destapemos unas burbujas. Esta champaña de color rosa intenso brilla por sus aromas a frutas salvajes, cereza y grosella. En boca es elegantísimo, fresco y frutal. Yo lo destaparía para acompañar una bruschetta con queso y frutas o para el postre, mientras recordamos con mamá aventuras de otro tiempo. MarellaEl color rosa con ribetes naranja de este vino proveniente de la grenache y la zinfandel es para admirarse. En la nariz se destacan notas a frutas frescas como fresa y hasta algo de chicle. Hay algo de mineralidad en cada sorbo y también, un poco flores que maridan bien con un arreglo de rosas y un risotto de hongos hecho desde cero. Ocho RoséDe una de las bodegas favoritas de Valle de Guadalupe, Vinícola Bruma, sale esta versión rosé proveniente de la uva sangiovese. Si vas a preparar algo con cerdo, este será tu vino. Encuentra en él notas a fresa verde, cáscara de toronja, jazmín, té de limón y un toque ligero de guayaba verde. ¿Qué tal un chamorro al pibil para celebrar a mamá con manteles largos?Ru Rosa de Uva de Bodegas del VientoYo no sé tu mamá, pero a la mía le encantan los mariscos. Si le vas a cocinar algo como camarones con coco o rebozados, te recomiendo este vino de la Sierra de Arteaga en Coahuila. A cada sorbo encontrarán notas a melón, durazno y cáscara de naranja que sacan lo mejor de tu receta marina.PolenLas notas a fresas, cítricos y sandía se destacan en este vino de la grenache y la syrah. Sus uvas crecen en el Valle de Guadalupe, específicamente en los campos orgánicos de Finca la Carrodilla. En boca el resultado es sutil y elegante y hasta un poco juguetón, perfecto para una de las recetas más emblemáticas de Kiwilimon: la pasta con pollo Alfredo. 
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