Las carnes de caza ya están reemplazando la carne de res y es espectacular

Por Kiwilimón - Febrero 2017
Usualmente, compramos la carne para preparar la comida en el supermercado o en la carnicería, pero ¿te atreverías a probar una opción menos industrial y un poco más “salvaje”? Durante mucho tiempo dependimos de la caza para obtener el sustento, sin embargo, poco a poco con el establecimiento de la ganadería, la caza se quedó atrás. En la actualidad, la cinegética – el arte de la caza – es considerada más un deporte y suele restringirse a ciertas temporadas del año. La carne obtenida a través de la caza es mucho menos grasosa, contiene un mayor porcentaje de proteínas y es rica en hierro y fósforo. Debido a su bajo contenido de grasa, esta carne se cocina más rápido y tiene una apariencia un poco más seca que la carne industrial. El entorno y la alimentación del animal en libertad afectan el color y el gusto de la carne. Por ejemplo, la carne de caza es de un color rojo más intenso, el cual se va oscureciendo conforme el animal crece. Si el animal fue perseguido durante la cacería, esto también afectará la calidad de la carne. Cuando la presa corre o realiza grandes esfuerzos antes de ser cazada, los músculos se llenan de ácido láctico, el cual se convertirá en ácido úrico al ser ingerido. Asimismo, el sabor de la carne y el olor pueden intensificarse cuando el animal ha sido acosado. Una característica que debe tomarse en cuenta al elegir la carne de caza es su origen natural, ya que esto la hace libre de hormonas, antibióticos o cualquier otro químico que suelen administrar a los animales de corral. Finalmente, debes saber que, aunque la carne de caza puede ser más saludable en ciertos aspectos, los niveles de colesterol son muy parecidos al del resto de las carnes. La cocina de caza ha llegado para quedarse, y muchos restaurantes ya la han adoptado como su elemento distintivo. A continuación te presentamos algunos platillos hechos con carne de caza: El rincón de Esteban (Madrid)

Una foto publicada por @elainexw el

Goizeko Kabi (Madrid)
La Hacienda del jabalí (Chile)

Tenedor libre 😣 (lasaña, carne de jabali, ciervo, papas, pollo,postres y carne humana)

Una foto publicada por Cristian Arce Fuenzalida 🌙 (@cristian.veneno) el

Edelwiiss (México)

Es momento de comernos a Bambi #venado #restaurantesuizo #bambi #comida #edelwiiss

Una foto publicada por Juan Pablo Castillo (@hardcoreking.jp.castillo) el

¿Se te antoja probar la carne de caza? Te recomendamos estas deliciosas recetas:

 
Califica este artículo
Calificaciones (0)
Sé el primero en dar una calificación
PUBLICIDAD
Lo mas leído
Las almendras no sólo son un fruto seco perfecto para comerse como colación, sino que también será un aliado perfecto para cuando busques hornear, pues puedes hacer harina de almendras en casa.La harina de almendras es una gran alternativa para la harina de trigo tradicional, porque es baja en carbohidratos, tiene muchos nutrientes y un sabor ligeramente más dulce.También puede proporcionar más beneficios para la salud que la harina de trigo tradicional, pues ayuda en la reducción del colesterol LDL, o “malo” y la resistencia a la insulina, no contiene gluten, es baja en carbohidratos, y contiene fibra y magnesio.A pesar de sus muchos beneficios, la harina de almendras no es tan popular en las cocinas quizá porque es un producto más caro; sin embargo, puedes intentar hacer tu propia harina de almendras en casa.Cómo hacer harina de almendrasLa harina de almendras se hace con almendras molidas. El proceso consiste en blanquear las almendras en agua hirviendo para eliminar la piel, luego se muelen y se cierne en una harina fina.Algunas veces se hace una distinción entre harina de almendras y polvo de almendras. La diferencia es que el polvo se hace moliendo almendras con la piel, lo que da como resultado una harina más gruesa. Esto es importante en recetas con harina de almendras donde la textura hace una gran diferencia.Para hacer harina de almendras casera, necesitas molerlas, así que puedes usar un procesador de alimentos o un molino para café. Tú decides si las mueles con o sin la piel. Una vez molidas, cierne la harina con un colador y guárdala en el refrigerador.Las mejores recetas con harina de almendrasSi no sabes qué se puede preparar con este tipo de harina, sólo tienes que pensar en que puedes reemplazar cualquier otra harina con harina de almendras la mayoría de las veces.Sin embargo, existen algunas recetas en las que deberás tener en cuenta la consistencia del producto con el que trabajes. Por ejemplo, los macarons requieren de una harina de almendras fina, generalmente blanqueada, (es decir, molida sin piel) para obtener los terminados más lisos. Por otra parte, si usas harina de almendras para empanizar, quizá prefieras una consistencia más gruesa para un poco más de textura.No te pierdas los beneficios de la harina de almendras y úsala en tus recetas para hacer panqués, galletas, o prueba con alguna de estas recetas con harina de almendras que tenemos para ti:Cheesecake de zebra sabor fresaPan de almendraBolitas de nuezMacarrones napolitanosMacarrones rellenos de chocolate
¿Existe un postre más perfecto que las galletas? No lo creo. Y aun así recuerdo con más cariño el olor a galletas haciéndose en el horno que el momento de hincarles el diente junto a un vaso con leche. No le digan a mi mamá, pero casi siempre sus galletas quedaban más duras que una palanqueta vieja. Y cuando eres pequeña, que a tu mamá le haya tomado horas hornearlas, que se haya gastado pesos de más y que haya añadido ingredientes secretos como «amorcito», puede pasar desapercibido. Tras uno o dos intentos de morder sin éxito un trozo de galleta, la dejaba olvidada sobre el mantel floreado, a reserva de que otra cosa –un objeto azucarado con la textura ideal– entretuviera mi antojo. De verdad no le digan, pero a pesar de que mi mamá es una gran cocinera, no lograba hornear las galletas perfectas. Por años guardé el recuerdo de sus galletas duras o secas en el cajón de las sensaciones truncas y cuando en el diplomado de gastronomía tuve que hacer mi primer lote, inmediatamente se reabrió ese cajón. Las mías, unas redondísimas galletas de mantequilla eran terribles. ¿Qué tanto? Si las hubiera lanzado contra una ventana hubieran dejado un hoyo de bala. Sí, en aquel entonces no había superado la prueba, ni tampoco en las ocasiones siguientes. Tomé varios cursos bajo el ojo inquisidor de distintos profesores. En todo experimento sólo había variaciones de dureza: de galletas con textura de piedra pómez a galletas con textura de mármol. Se imaginarán que el tema me frustró de más, y es que las amo sobre los demás postres. Pero hace poco el milagro sucedió. Quiero compartirles lo que he aprendido sobre las galletas para lograr que queden –por fin– perfectas.Es mucho lo que puede salir mal en su confección. Sólo un correcto uso de los ingredientes, las formas, los tiempos y las temperaturas pueden conseguir unas galletas de consistencia suave pero crocante –no hay que olvidar que ese es su don, su bien, su encanto–. Lo primero es la elección de los ingredientes, mejor que sean de calidad, que la mantequilla sea de leche y no de grasa vegetal. Una buena harina hará la diferencia, el tema con ellas es el gluten. Entre menos gluten, más suaves quedarán. Antes de ponerse el mandil favorito, apenas las ganas de hornear invadan al cuerpo, hay que sacar la mantequilla del refrigerador para que se vaya aclimatando a la temperatura del ambiente. Algo a no dar por sentado es la taza medidora. Mejor que no sea la taza del café (en cada taza de café hay un mundo y las del recuerdo de Acapulco no tienen la misma proporción que la taza heredada de porcelana). Los ingredientes hay que medirlos como científico, en especial la harina. Nada de copetear. Ese poquito de más podría ser el culpable de que todos los esfuerzos se estropeen. La mantequilla: que también sea exacta. A mí alguna vez se me ocurrió quitarle un cuartito de taza y en otra ocasión usé una reducida en grasa para restarle calorías al pecado. En ambos casos me enfrenté a un triste y duro final. ¿Valió la pena? No. Ahorré calorías porque resultaron incomibles.¿Los ingredientes ya están medidos, peinados y listos para ir al baile? Ahora hay que asegurarse de ponerlos en el orden correcto dentro de la batidora. (Si no se cuenta con batidora, no pasa nada, sólo no hay que sustituirla con el poder sónico del brazo. Si la masa se manipula demasiado, se despertará a la bestia del gluten y con él, las rocas del horno). Tan sólo hay que mezclar (no batir) para obtener unas galletas perfectas. El orden es así: mantequilla a temperatura ambiente, azúcar (una mezcla de 60% blanca, 40% mascabado será genial), harina y royal cernidos como manda la tradición, la pizca de sal –que es como el alma: nadie puede vivir sin ella– y sólo hasta el final, cada uno de los huevos. Una vez integrada la masa hay que convertirla en una bola y envolverla en papel film. Lo mejor es refrigerarla toda la noche o al menos un par de horas.En el momento de la verdad el horno debe estar precalentado a 180 ºC –aunque por la altura, esta medida puede variar–. Con 10 a 12 minutos bastará. No hay que dejarse engañar por su apariencia: aunque parezca que les falta, si sus orillas están doradas, hay que sacarlas; las galletas adquieren ese look de galletas sólo hasta que se enfrían. Para ello hay que colocarlas sobre una rejilla y ser positivo mientras tanto. Seguramente los dioses de la alquimia, el amor y el horno ya se encuentran en nuestra cocina. Y para que no queden dudas sobre cómo lograr la galleta perfecta, las chefs de Kiwilimón también te comparten sus mejores tips. Tómalos en cuenta siempre que hagas cualquiera de tus recetas favoritas de galletas. La galletoterapia no se va a ir a ningún lado. Esta tendencia para hacer en familia llegó para quedarse.“Enfría las galletas unos minutos antes de hornear. Además, recuerda que la masa de galletas no se debe de manipular demasiado.”Brenda Villagómez“No sobrebatas la masa ni hornees demasiado tiempo. Sácalas cuando aún estén un poco suaves, sobre todo si las quieres tipo chunkies.”Marielle Henanine“La clave está en cómo las hornees, tanto la forma como el tiempo. Si se hacen ‘bolitas’ de 1 cucharada y media (1 scoop pequeño de helado) y le das horneado sólo hasta que dore la orilla, te quedarán suaves. Si las aplanas un poco más –aunque sea la misma cantidad– y las dejas a dorar un poco más, te quedarán crispy.”Mayte Rueda“Al momento de estirar la masa ejerce la presión suficiente para no pasar muchas veces el rodillo. Esto evitará que se caliente. Para mayor suavidad, utiliza más mantequilla que azúcar. Si ocupas una harina con menor cantidad de proteína, quedarán más suaves.”Yamilette González
Convivir con un niño significa pasar horas de actividad sin descanso. Los pequeños siempre suelen estar llenos de energía, hasta que notas que un día se despierta y no es el mismo. Como mamá, muchas veces notas que algo sucede e intuyes que podría enfermarse, pero aún no del todo, así que conocer las señales que manda el sistema inmunológico podrían ser útiles para saberlo con certeza.Así como podemos saber que algo va mal si los pequeños amanecen decaídos, también podemos fijarnos en otros indicios que nos alerten sobre el estado de su sistema inmune, pues los niños menores de tres años tienen una respuesta inmune menor, lo cual los hace más susceptibles a virus y bacterias.Pero no te preocupes, porque con cada respuesta inmune que tus hijos tienen a los gérmenes, fortalecen su sistema inmunológico y su cuerpo podrá reaccionar para combatir con éxito una enfermedad. Presta atención a estas alertas si notas que está un poco decaído o no quiere comer y prevé si su sistema inmunitario está comprometido.1. Está somnolientoUn niño cansado no es necesariamente una señal de alerta, pero si tu hijo sólo quiere estar en el sofá y no hacer nada más, y no es por haberse quedado despierto hasta tarde la noche anterior, esto podría ser una señal de que su sistema inmunológico está luchando contra algo.2. Está apagadoComo mamá, conoces bien a tu hijo y sabes cuánta pila tiene durante el día, es por eso que cuando está apático, irritable o simplemente inquieto y molesto, es posible que esté enfermándose.3. Parece que tiene fiebreLa fiebre es una respuesta a las infecciones que indica que el cuerpo está haciendo algo para combatirlas. Muchas veces, no son para preocuparse, pero si tu hijo tiene menos de 2 años y tiene fiebre de 38° o más, acude con el médico lo antes posible.4. No tiene hambreUn sistema inmunitario comprometido podría afectar el apetito de un niño, según la Facultad de Medicina de la Universidad de Indiana. Pero no te asustes si se salta una o dos comidas, lo importante es que tu hijo tome muchos líquidos. Finalmente, su apetito volverá.5. Tiene una erupción en la pielUna erupción cutánea que no es atribuible a una alergia podría ser un signo de una infección viral, de acuerdo con Medical News Today. La forma en que se trata la erupción dependerá de la causa, pero si dura más de una semana, se propaga rápidamente y está lastimando a su hijo, lo mejor es buscar atención médica.6. Tiene problemas estomacalesUn problema del sistema inmunológico puede afectar el estómago de un niño y podría presentar síntomas como cólicos o diarrea si su sistema inmunológico tiene alguna deficiencia. Si has notado esto, asegúrate de mantener a tu hijo hidratado y consulta a su doctor.Si bien es casi inevitable que los niños enfermen, hay formas de ayudarlos a fortalecer su sistema inmunológico. Una dieta constante y saludable que incluya nutrientes como vitaminas, minerales, proteínas y carbohidratos buenos es básica para el crecimiento de un niño y un sistema inmune fuerte.Y por irónico que parezca, la exposición adecuada a los gérmenes también puede ayudar a que tu hijo se mantenga más saludable. Entonces, sólo recuerda que con cada resfriado, el sistema de tu pequeño se volverá más fuerte y saludable.Come muchas frutas y verduras que contengan los nutrientes que necesitas con estas recetas:Sopa de papa con rajasTortitas de brócoli con queso panelaEnsalada de garbanzos3 bowls de frutas
NEWSLETTER
Suscribirme al Newsletter
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD