Las mejores botanas para ver el Mundial
Recomendaciones de Cocina

Las mejores botanas para ver el Mundial

Por Kiwilimón - Junio 2014
El mundial está por empezar, por eso, aprende cómo preparar deliciosas entradas para sorprender a todos tus familiares y amigos con las Mejores Botanas para ver el mundial.

Chicharrón de queso

Nachos con Queso

Guacamole cancha

Tostadas de Atún

Rosca de jícama, pepino y zanahoria

Alitas Búfalo

Rollitos de jamón y nuez

Dedos de Queso

Bolitas de Fútbol

 

Encuentra otras deliciosas recetas en la sección especial del mundial de Kiwilimón

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Aunque los Reyes Magos no son una tradición extendida en todo México, quizá comer rosca este día sí lo sea, pues hay ya muchas versiones extraordinarias de este delicioso pan dulce.La Rosca de Reyes tiene su origen en tradiciones paganas, retomadas después por la iglesia católica, la cual la liga al nacimiento de Jesús y la adoración de los Reyes de oriente. Así, el niño escondido, que antes era una haba, representa la persecución de Herodes para evitar que Jesús naciera; las partes con azúcar, los puntos cardinales, y los dulces, las joyas de la corona de los reyes.Como muchas otras costumbres culinarias, la Rosca de Reyes ha visto varias modificaciones en la actualidad y así tenemos como resultado la muy polémica Rosca de Baby Yoda, y otras menos agitadoras, pero igual de extraordinarias, como la rosca de unicornio. A continuación, te dejamos algunas de ellas y dónde encontrarlas.El Roscón ArcoírisCon un sabor sutil a guayaba rosa, ate de guayaba, higos cristalizados cerezas al mezcal y almendras tostadas, esta rosca tiene mucho color y un sabor delicioso e invernal. Encuéntrala en Rainbow Bagels o pídela a domicilio.Foto tomada del Instagram de Rainbow Bagels.La (infame) Rosca de Baby YodaCriticada por la iglesia católica porque estas roscas traen un bebé Yoda (Grogu) en lugar de un niño dios, probablemente esta sea la más popular este año. Algunas tienen las partes con azúcar de color verde, pero la forma de prepararlas es muy similar a la tradicional, claro que la sensación es encontrarte con un Grogu y no el clásico muñequito.Hay varios lugares que ofrecen estas roscas a domicilio, como Kraneo Food o Trooper Gourmet, por ejemplo.Foto tomada del Instagram de Kraneo Food.Concha roscaDeliciosa y en versión individual por si vives solo, estas conchas rosca son lo que todos deseamos de la rosca tradicional: el pan dulce con el pedacito de azúcar y un poquitito de ate y dulces al lado. Encuéntralas y pídelas en Matutina este 6, 7 y 8 enero. Foto tomada del Instagram de Matutina.Rosca de tacosPara los que no aman el pan dulce pero sí los taquitos, esta es la rosca indicada. Con bistec, pastor o suadero, esta versión de rosca incluso trae muñequitos o puede ser con Yodas bebé también, si la pides en Taquitos Las Cebollas.Foto tomada del Facebook de taquería Las Cebollitas.Rosca de sushiQuizá esta sea la más exótica y extraordinaria, pero igual de deliciosa que las anteriores, la rosca de sushi puede ir preparada con Surimi, con cangrejo o personalizada. Este tipo de roscas las puedes conseguir en Cien grados o Tuna Tuna, por ejemplo.Foto tomada del Instagram de Cien Grados.
“¿Qué hacer de comer hoy?” es una de las dudas existenciales que acechan a todos los adultos funcionales. Pero, en realidad, responderla no tiene porqué convertirse en un tormento, especialmente con estas deliciosas recetas de comida mexicana. ¡Disfruta de las siguientes opciones, arma tu menú semanal y cuéntanos cómo te quedaron! Entradas La comida mexicana tiene entre sus mejores platillos un sinfín de sopas y caldos que podemos preparar fácilmente en casa. Por eso, a continuación te presentamos una pequeña lista de sopas mexicanas de sencilla preparación pero delicioso sabor, ¡y qué decir de sus nutrimentos!Sopa Azteca Fácil Arroz Rojo a la Mexicana Sopa de Calabacitas con Chile Poblano Sopa de Letras con Verduras Sopa de Pollo con Nopales Guarniciones Antes de presentarte el plato principal, te mostramos unas cuantas guarniciones fáciles de hacer que puedes acompañar perfectamente con cualquier platillo mexicano. Son tan ricas, que es común encontrarlas en cualquier menú de comida corrida en las fonditas en la calle. Ensalada de Nopales Tatemados Ensalada Alta en Vitamina C Frijoles Charros con Chorizo Ensalada de Lentejas con Betabel y Queso de Cabra Plato fuerte Estos platillos son muy conocidos dentro de la cocina mexicana y es que además de tener un sabor maravilloso, son fáciles de preparar y rinden para toda la familia. ¡Atréveta a preparar cualquiera de estas deliciosas recetas mexicanas y olvídate del "¿qué hacer de comer hoy?"Tinga de Pollo Picadillo a la Mexicana Pescado a la Veracruzana con Chiles GüerosPastel Azteca Vegetariano Chile Relleno No olvides compartir con quien más quieras estas sabrosas y fáciles recetas de comida mexicana.
Hasta mi casa se colaba el aroma de unos bollos cociéndose en el horno. Inexorablemente, mi olfato se encendía como radar náutico e identificaba el origen del estímulo tan placentero. El hilo de fragancia, además de pan, susurraba especias –zaatar, para ser precisos– lo suficientemente remojadas en aceite de oliva como para que la receta completa se dibujara en mi cabeza. En menos de cinco minutos ya estaba escalando la pequeña reja verde que dividía la terraza de mis papás de la de los vecinos. Había que llegar a tiempo a la repartición de los talami zaatar mientras estaban humeantes. Desconozco las causas, pero mi calle era el hogar de una pequeña comunidad árabe que me acercó a temprana edad a la gloria de la gastronomía de Medio Oriente. Mis padrinos –además de vecinos– eran libaneses y, como la mitad de mi infancia la pasé imaginando que las escaleras de su casa eran el Monte Everest y su sala, el jardín de mis aventuras paleontológicas, la comida árabe me sabe a infancia. Entender esta cultura es más fácil si se parte de dos de sus pilares: la hospitalidad y la comunidad. Ya saben, no hay hospitalidad sin una letanía gastronómica y, sin embargo, los libaneses nos dicen hold my beer cuando hay que desvivirse por los invitados. “Visitas” para la comunidad es el sinónimo de “vacía tu alacena, compra todo el súper y cocina cuanto puedas”. ¿Quién es capaz de negarse a tal muestra de amor? Yo tampoco.De pequeña pensé que el hábito de súper alimentar a las visitas era propiedad de mis padrinos –a quienes llamaba tíos– y de sus hijos –a quienes llamo hermanos–. Cuando pisé algunos países de Medio Oriente y cuando la añoranza me llevó a restaurantes como Al Andalús o al Adonis, me di cuenta de que esa práctica es regla y que el mezze –variedad de aperitivos de la cocina árabe– define la hora de comer. El mezze es el resumen máximo de la cultura: al centro se estila poner hasta treinta platillos pequeños para la comunidad. Compartir lo que está dispuesto en la mesa es ley. Acá hay un platito con jocoque, el hummus está servido por allá. El kofte (carne picada y especiada) se pasa de mano a mano en una bandeja decorada con lechugas y rábano por si alguien quiere hacerse un taquito. Al extremo de la mesa alguien intenta pescar una bolita de kibbeh (carne molida especiada y frita) con el tenedor, y si no lo logra no importa: al centro gravita un refractario con kibbeh charola. Todos nos servimos tabbouleh (abajo la receta) o fattoush (ensalada verde con trozos de pan) y un par hojas de parra para ponerle verde al plato y para que la casualidad lo embarre con los restos del baba ganush (puré de berenjenas). Uno se podría perder en la bienvenida –de hecho, requiere mucha voluntad no hacerlo– pero, hay que esquivar esta trampa para primerizos. El plato fuerte, que casi siempre tiene que ver con cordero o alguna otra proteína cocinada en especias, aguarda. Habrá arroz o lentejas. Y sí o sí, hay que llegar al postre. Detengámonos un poco en este punto. Son pocas las culturas –como la francesa o la americana– fértiles en la elaboración de buenos postres. La árabe, influida por la cocina francesa y la del mediterráneo, hace maravillas con el dulce. Generalmente sus postres vienen en porciones pequeñas para que el acto de escoger no sea un problema. La reina es la miel, el azahar, la esencia de jazmín y los pistaches, como en una noche que huele a Sherezade. La pasta filo es el ángel que lo custodia todo. Los kanafeh (pastel de semolina con queso), los dedos de novia, los baklava (pastel con pasta de pistaches) completan el sueño. Como era de esperarse, mi hermano del alma heredó la sazón de mi madrina. Cuando lo visito, la tradición de sus ancestros continúa: saca todo su refri para atendernos. Su tabbouleh en especial tiene el poder de agasajar al más incrédulo. Mejor cuando se combina con un hummus recién hecho y lentejas como de relato bíblico. No los dejo con el antojo. Le pude sacar la receta y aquí la comparto. Aunque no les sepa a recuerdo, espero la disfruten con esa intensidad.Tabbouleh de Amir Balut (Kitchen Noob):4 jitomates bola, grandes1 cebolla blanca, grande3 manojos de perejil½ manojo de hierbabuena¾ de taza de trigo quebrado fino (bulgur)8 limones jugosos (yo le pongo dos limones menos, pero a Amir le gusta más cítrico)½ taza de aceite de oliva extra virgen1 ½ cucharadas de sal1 cucharada de pimientaEn una olla mediana pon suficiente agua y remoja el trigo bulgur durante 20 minutos hasta que se ablande. Luego, pica finamente todos los ingredientes. Aquí no hay atajos, todo debe quedar muy pequeño. Mezcla en un bowl lo suficientemente grande. Agrega la pimienta y la sal. Añade el jugo de limón y el aceite de oliva. Revuelve todo y rectifica sazón si requiere. Tapa con plástico y deja refrigerar durante media hora. ¡Disfruta!
Hasta mi casa se colaba el aroma de unos bollos cociéndose en el horno. Inexorablemente, mi olfato se encendía como radar náutico e identificaba el origen del estímulo tan placentero. El hilo de fragancia, además de pan, susurraba especias –zaatar, para ser precisos– lo suficientemente remojadas en aceite de oliva como para que la receta completa se dibujara en mi cabeza. En menos de cinco minutos ya estaba escalando la pequeña reja verde que dividía la terraza de mis papás de la de los vecinos. Había que llegar a tiempo a la repartición de los talami zaatar mientras estaban humeantes. Desconozco las causas, pero mi calle era el hogar de una pequeña comunidad árabe que me acercó a temprana edad a la gloria de la gastronomía de Medio Oriente. Mis padrinos –además de vecinos– eran libaneses y, como la mitad de mi infancia la pasé imaginando que las escaleras de su casa eran el Monte Everest y su sala, el jardín de mis aventuras paleontológicas, la comida árabe me sabe a infancia. Entender esta cultura es más fácil si se parte de dos de sus pilares: la hospitalidad y la comunidad. Ya saben, no hay hospitalidad sin una letanía gastronómica y, sin embargo, los libaneses nos dicen hold my beer cuando hay que desvivirse por los invitados. “Visitas” para la comunidad es el sinónimo de “vacía tu alacena, compra todo el súper y cocina cuanto puedas”. ¿Quién es capaz de negarse a tal muestra de amor? Yo tampoco.De pequeña pensé que el hábito de súper alimentar a las visitas era propiedad de mis padrinos –a quienes llamaba tíos– y de sus hijos –a quienes llamo hermanos–. Cuando pisé algunos países de Medio Oriente y cuando la añoranza me llevó a restaurantes como Al Andalús o al Adonis, me di cuenta de que esa práctica es regla y que el mezze –variedad de aperitivos de la cocina árabe– define la hora de comer. El mezze es el resumen máximo de la cultura: al centro se estila poner hasta treinta platillos pequeños para la comunidad. Compartir lo que está dispuesto en la mesa es ley. Acá hay un platito con jocoque, el hummus está servido por allá. El kofte (carne picada y especiada) se pasa de mano a mano en una bandeja decorada con lechugas y rábano por si alguien quiere hacerse un taquito. Al extremo de la mesa alguien intenta pescar una bolita de kibbeh (carne molida especiada y frita) con el tenedor, y si no lo logra no importa: al centro gravita un refractario con kibbeh charola. Todos nos servimos tabbouleh (abajo la receta) o fattoush (ensalada verde con trozos de pan) y un par hojas de parra para ponerle verde al plato y para que la casualidad lo embarre con los restos del baba ganush (puré de berenjenas). Uno se podría perder en la bienvenida –de hecho, requiere mucha voluntad no hacerlo– pero, hay que esquivar esta trampa para primerizos. El plato fuerte, que casi siempre tiene que ver con cordero o alguna otra proteína cocinada en especias, aguarda. Habrá arroz o lentejas. Y sí o sí, hay que llegar al postre. Detengámonos un poco en este punto. Son pocas las culturas –como la francesa o la americana– fértiles en la elaboración de buenos postres. La árabe, influida por la cocina francesa y la del mediterráneo, hace maravillas con el dulce. Generalmente sus postres vienen en porciones pequeñas para que el acto de escoger no sea un problema. La reina es la miel, el azahar, la esencia de jazmín y los pistaches, como en una noche que huele a Sherezade. La pasta filo es el ángel que lo custodia todo. Los kanafeh (pastel de semolina con queso), los dedos de novia, los baklava (pastel con pasta de pistaches) completan el sueño. Como era de esperarse, mi hermano del alma heredó la sazón de mi madrina. Cuando lo visito, la tradición de sus ancestros continúa: saca todo su refri para atendernos. Su tabbouleh en especial tiene el poder de agasajar al más incrédulo. Mejor cuando se combina con un hummus recién hecho y lentejas como de relato bíblico. No los dejo con el antojo. Le pude sacar la receta y aquí la comparto. Aunque no les sepa a recuerdo, espero la disfruten con esa intensidad.Tabbouleh de Amir Balut (Kitchen Noob):4 jitomates bola, grandes1 cebolla blanca, grande3 manojos de perejil½ manojo de hierbabuena¾ de taza de trigo quebrado fino (bulgur)8 limones jugosos (yo le pongo dos limones menos, pero a Amir le gusta más cítrico)½ taza de aceite de oliva extra virgen1 ½ cucharadas de sal1 cucharada de pimientaEn una olla mediana pon suficiente agua y remoja el trigo bulgur durante 20 minutos hasta que se ablande. Luego, pica finamente todos los ingredientes. Aquí no hay atajos, todo debe quedar muy pequeño. Mezcla en un bowl lo suficientemente grande. Agrega la pimienta y la sal. Añade el jugo de limón y el aceite de oliva. Revuelve todo y rectifica sazón si requiere. Tapa con plástico y deja refrigerar durante media hora. ¡Disfruta!
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