Paso a paso: cómo cocinar la pasta perfecta
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Paso a paso: cómo cocinar la pasta perfecta

Por Kiwilimón - Enero 2020
La pasta es uno de los alimentos más ricos, versátiles y variados: espagueti, macarrones, tallarines, fusilli y otras formas de pasta son parte de la dieta cotidiana de muchos hogares alrededor del mundo. Este producto básico de la dieta mediterránea se puede combinar con una gran cantidad de salsas, así como también suele ser gran acompañante de ensaladas y carnes. Se trata de un alimento que se ha incorporado a la dieta de la mayoría de países del mundo.

Debido a sus numerosas variables, existen varios trucos, así como también varios mitos para prepararla, y aunque no existe una manera incorrecta de cocinar la pasta, aquí te vamos a dar unos excelentes tips para que te quede perfecta.

Cantidad de agua

La pasta se debe cocer en abundante agua, la relación debe ser el peso de la pasta multiplicado por 10. Por ejemplo: si vas a cocer 100 g de pasta, entonces lo ideal será usar un litro de agua como mínimo. El agua es primordil porque durante su cocción, la pasta pierde almidón y el que esté bien hidratada evitará que se se pegue.

Aceite, ¿sí o no?

Uno de los errores más comunes es echarle aceite o mantequilla, sin embargo hacerlo es algo que debes evitar, pues no añade sabor y el aceite provocará que la pasta adquiera una capa que la hará escurridiza. Si no quieres que se pegue, lo único que hay que hacer es calcular bien la cantidad de agua a utilizar para la cocción.

Sal, ¿en qué momento se le añade?

La sal la debes echar después que el agua haya empezado a hervir, porque si lo haces antes retrasarías la ebullición. Para saber cuánta sal es la correcta, ten en cuenta esta regla: la proporción de sal y agua debe ser de aproximadamente una cucharada sopera de sal por litro de agua, puede sonar demasiado pero la mayoría de la sal se quedará en el agua cuando la escurras. Otro de los consejos que te podemos dar es que uses sal de grano en lugar de sal fina, ya que la sal de grano es más fácil de dosificar.

Pasta

La pasta se debe agregar al agua una vez que haya hervido y después de la sal; manten el fuego lo suficientemente alto como para garantizar que el agua no deje de hervir en ningún momento. No es necesario tapar la olla ni tampoco remover más de una vez la pasta, pues si pusiste agua abundante, el movimiento de las burbujas será suficiente para mantener la pasta en movimiento sin necesidad de remover.

Tiempo de cocción

El tiempo de cocción depende del tipo de pasta, la temperatura del agua, el tipo de pasta, pero de manera general se recomienda de 5 a 7 minutos. Si vas a mezclarla con salsa y cocinarla un poco más, basta con 5 minutos. Si en el paquete de la pasta se recomienda cocer por 10 minutos, de 5 a 7 ya estará al dente. En caso de usar la pasta para una ensalada, lo recomendable es cocerla de 6 a 7 minutos y enfriarla para cortar la cocción.

Salsa

Un par de minutos antes que finalice la cocción, calienta la salsa en una olla o sartén. Si tú preparaste la salsa, puede ser en el mismo recipiente de la preparación, en caso de salsas calientes.

Pasos finales

Escurre la pasta en un colador y viértela en la sartén o la olla con la salsa previamente calentada. Saltea la pasta a fuego vivo durante unos 30 segundos, removiendo continuamente para garantizar una distribución uniforme de salsa. Si notas que la pasta está un poco seca, puedes agregar unas cucharadas de agua. Quita del fuego la sartén pasados los 30 segundos para evitar que la pasta se pase.

Si sigues estos consejos, te garantizamos que tendrás una pasta perfecta, aunque a la hora de cocinar en gustos se rompen géneros y la creatividad será tu mejor aliada.
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Yussef Conde
14/06/2020 19:27:48
Hermoso, muchas gracias
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¿Imaginas un método agrícola presente desde la época prehispánica? Las chinampas son un sistema agrícola presente en México desde esta época y, desde 1987, fueron declaradas Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO.La zona chinampera comprende 2,215 hectáreas localizadas en las alcaldías de Xochimilco, Tláhuac y Milpa Alta, en la Ciudad de México, donde se localizan 12 poblados rurales con una rica tradición agrícola, cultural y, por supuesto, gastronómica.El sistema chinampero contiene 20 mil 922 chinampas, de las cuales tan sólo el 17% se encuentran activas, produciendo hortalizas o flores, y el 83% son potenciales, esto es no están cultivadas, pero podrían reactivarse.Estos números hacen que proyectos como Arca Tierra cobren una relevancia trascendental para el patrimonio agrícola mexicano, pues desde 2011 promueve la recuperación de la zona chinampera en Xochimilco, aplicando los principios de la agricultura regenerativa y el comercio justo con los agricultores. La importancia de las chinampas en México es reconocida también por la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), que las incluye en la categoría de SIPAM (Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial), pues las chinampas promueven la preservación de: los sistemas biodiversos;  la agricultura diversificada para consumo local y regional; la conservación del hábitat de especies locales y migratorias, acuáticas y terrestres, así como el paisaje cultural, natural, productivo y estético de la zona chinampera.La zona chinampera en México enfrenta problemáticas graves como el que la mayoría de los agricultores hayan olvidado las técnicas agrícolas tradicionales y en su lugar adopten una agricultura basada en agroquímicos y monocultivos, que pone en riesgo la salud de los productores y los consumidores, a la par que contaminan el suelo y el agua. La falta de acceso de mercado a los productores hace que las generaciones jóvenes no quieran trabajar la tierra y, en general, la zona chinampera se encuentre en un 59% de abandono. Otro gran problema es la contaminación en la zona por aguas negras, agroquímicos y basura, así como la falta de normativas para controlar el respeto a la zona chinampera por parte de los visitantes y turistas. Arca Tierra, proyecto dirigido por Lucio Usobiaga, busca recuperar la zona chinampera por medio del trabajo con familias chinamperas en agroecología y comercio justo. Este proyecto, desde su fundación, ha estado respaldado por instituciones como la Universidad de Chapingo, el Instituto de Biología de la UNAM y el Instituto Politécnico Nacional.  Desde su fundación ha destacado la importancia de la conservación de las chinampas en la Ciudad de México. Una de ellas es que el 30%  del agua que utiliza la CDMX viene del acuífero de Xochimilco y las chinampas constituyen un vaso regulador y de limpieza de agua; otras son que los miles de árboles en la zona chinampera producen oxígeno, que ayudan a reducir la contaminación en CDMX; regulan los microclimas y ayudan a la fijación del carbono, además de que son refugio de especies endémicas y migratorias.Si las chinampas se reactivan, se puede cubrir la necesidad de hortalizas de toda la CDMX. Además promueven la conservación de los valores culturales y agrícolas que nos fueron heredados desde el México prehispánico. Es por ello que en Kiwilimón realizamos una clase de cocina con el chef Mau Eggleton de antojitos chinamperos desde Arca Tierra, para que mires, sientas y saborees el gran legado de las chinampas. ¡Disfruta esta clase aquí! 
Una mesa oaxaqueña se caracteriza por sus aromas, texturas y sabores. Hay moles y estofados, chapulines y chicatanas, tlayudas, mezcal y tejate. Oaxaca es también tierra de barro negro, de textiles, de alebrijes y mucha fiesta.La comida es parte de sus celebraciones típicas, incluso hay fiestas dedicadas a los alimentos como lo son el festival de los 7 moles, las ferias del mezcal y del tejate, así como fiestas patronales que siempre clausuran con una buena comida. Porque Oaxaca es la Tierra del sol (y del sabor), como asegura la Canción Mixteca. Visitar Oaxaca es construir recuerdos memorables en cada bocado, es apreciar la generosidad de su tierra y sus anfitriones, quienes conservan y comparten con amor un legado gastronómico heredado por generaciones. Por eso, ir a Oaxaca implica celebrar cada día en la mesa. La cocina de Oaxaca es tan variada como sus ocho regiones, en las que hay una increíble oferta gastronómica que incluye productos derivados del maíz, frutos del mar, chiles, hierbas, plantas e insectos endémicos. Te presentamos algunos de los platillos típicos oaxaqueños que tienes que probar en este estado: Chocolate de agua y tejate Son bebidas fáciles de encontrar en sus mercados, como el 20 de noviembre. Es una combinación memorable el chocolate de agua en compañía de un pan de yema, originario de los Valles Centrales, que elaboran sin líquidos más que las yemas y el huevo entero. Otra bebida obligada es el tejate, bebida de origen prehispánico que se prepara a base de maíz y cacao. Tlayudas y taquitos de lechón Nada te faltará si inicias el día con una tlayuda. Se trata de una tortilla de maíz de aproximadamente 30 centímetros, dorada sobre comal, típica de Oaxaca. Suelen prepararla con manteca, quesillo, frijoles, tasajo, aguacate y salsa. Para las noches de mezcal, unos tacos de lechón debes probar, puedes encontrarlo en puestitos emblemáticos como el Lechoncito de Oro, donde los preparan con chicharrón.Insectos Un clásico de los mercados son los chapulines naturales o con limón y chile, que son una delicia. Los encontrarás sueltos en mercados, donde te los venden a granel, o en restaurantes para botanear con un buen guacamole. La chicatana es otro insecto endémico de Oaxaca, es una hormiga que se prepara en salsas e incluso en moles y tamales. Sin embargo, la chicatana es difícil de conseguir y se recomienda sólo consumirla en temporada, que corresponde al periodo de lluvias. Moles oaxaqueños Los siete moles emblemáticos de Oaxaca son el  negro, el rojo, el coloradito, el amarillito, el verde, de chichilo y el manchamanteles. Todos son deliciosos y se elaboran con ingredientes y técnicas particulares que les dan una personalidad única. Emplean diferentes chiles, especias y proteínas, dependiendo la región en la que te encuentres. Mis favoritos son el amarillito, elaborado con chile ancho y costeño amarillo, jitomate, cebolla, ajo, comino, hierba santa, clavo, pimienta y tortilla, el cual sirven con chochoyotes (bolitas de masa de maíz), y el mole negro oaxaqueño, cuyo ingrediente principal es el chile chilhuacle. ¡No esperes más y prepara este rico plato oaxaqueño!  
Sería injusto reducir como dieta a lo macrobiótico. Tal como fue concebida, esta filosofía parte de un principio: la conciencia de que lo que nos alimenta puede prolongar la vida, pues según George Ohsawa, el teórico fundador, los alimentos influyen en la salud física, mental, emocional y espiritual.La filosofía macrobiótica camina de la mano con las leyes de vida. “Está basada en lo cero tóxico: tanto en alimentos como en productos de uso personal y del hogar”, apunta Gina Rangel. La médula teórica pasa por reconocer el todo en los alimentos: el ying (energía fría) y el yang (energía caliente) presentes en cada ingrediente. Para lo macrobiótico la armonía se localiza justo al centro de ambas energías. Que no te sorprenda, entonces, que el plato macrobiótico sea campo minado. La base de la alimentación son los cereales, las leguminosas, las frutas y las verduras, pero la lista de restricciones es larga.Para ellos, todo alimento alejado de la constitución de la sangre tardará más tiempo en digerirse. Lo vital es que la proporción alimenticia tenga cinco ying por un yang. De ahí que haya demasiados alimentos que se queden fuera al considerarlos demasiado ying o demasiado yang. Por ejemplo, “están prohibidos los tubérculos, los pimientos, el jitomate, el café, el alcohol, los alimentos procesados y empacados (como cereales, galletas, panes blancos, los refrescos, los productos endulzados, la vainilla, las frutas tropicales como el mango, la piña, la papaya y la sandía, los sazonadores y los picantes”, confirma Gina Rangel.El ying y el yang no sólo está en los ingredientes, sino también en las preparaciones. Por un lado, está la fermentación y maceración que elimina yang, mientras que salar y cocer los alimentos elimina el exceso de ying. Los preceptos generales de esta dieta pasan por comer y beber sólo cuando se tiene hambre, haciéndolo en plena conciencia. Los alimentos deben provenir de un radio lo más próximo posible y deben ser de temporada para asegurar máxima calidad. Asimismo, deben estar mínimamente manipulados y procesados, y deben masticarse lo suficiente para que el proceso de digestión sea afable con el organismo. El pescado y los lácteos se pueden consumir una vez por mes o cuando el cuerpo así lo requiera; el huevo, una vez cada diez días. Se debe moderar el consumo de moras y frutos secos, semillas y nueces, pepino, apio y lechugas. Adicionalmente, “los utensilios que se utilizan para la preparación de alimentos deben estar libres de teflón; deben ser de maderas naturales, de cerámica o de acero inoxidable; eliminar plásticos y sustituirlos por vidrio o acero inoxidable”, complementa Gina.Te preguntarás qué es lo que queda en el plato macrobiótico. Las proporciones van del cincuenta porciento de granos integrales, treinta por ciento de frutas y vegetales y veinte por ciento de leguminosas y algas. Como esta filosofía alimentaria comenzó en Japón, las algas están incluidas. Las algas marinas son un alimento altísimo en vitaminas y minerales, por lo que si estás pensando en llevar una dieta macrobiótica, lo recomendable es no saltártelas. El resultado es una dieta compuesta mayormente por proteína vegetal formulada a través de la interacción de granos y leguminosas. “Es una dieta tan limpia y basada en ingredientes tan naturales que vas a gozar de buena salud. Con ella, dejas las toxinas prácticamente fuera de tu vida. La desventaja de la dieta macrobiótica es que puedes llegar a tener ciertas deficiencias en el cuerpo al no tener casi proteínas de origen animal. Cuida tu índice de masa muscular, el consumo de vitamina B12 y la vitamina D”, concluye Gina.Como en todo, lo recomendable es confiarle tu salud a un experto y comprobar si esta dieta es la óptima para ti. Si te dieron ganas de comenzar con un probadita de la dieta macrobiótica, aquí te incluyo una de mis recetas favoritas.Tortitas de garbanzo y verduras 2 tazas de zanahorias ralladas2 tazas de calabacitas ralladas y escurridas2 tazas de harina de garbanzo2 huevosSal marinaRalladura de limónRalladura de jengibre4 cucharaditas de aceite de aguacateEn un bowl incorpora todos los ingredientes hasta lograr una masa. Forma con ella unas tortitas de unos 8 centímetros y lleva a congelar por al menos 1 hora. Calienta el aceite de aguacate y dora las tortitas por ambos lados. Acompaña con arroz integral y sopa miso.
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