¿Por qué es tan caro el azafrán?
Recomendaciones de Cocina

¿Por qué es tan caro el azafrán?

Por Kiwilimón - Marzo 2015
El azafrán es muy apreciado por su sabor y aroma. El color rojo intenso que lo caracteriza es producto del clima extremoso; su cultivo producción lo hace ser uno de los condimentos más caros y escasos del planeta. El origen etimológico de la palabra azafrán se deriva del latín safranum que significa amarillo. El azafrán es un condimento de origen vegetal utilizado para sazonar que se deriva de los estigmas o pistilos de una flor de otoño, muy linda, de tonos lila y morados llamada Crocus sativus, comúnmente llamada “rosa del azafrán”. Los estigmas son largos y rojos y a veces sobresalen de la flor. Irán es el país donde más se produce y exporta azafrán, sin embargo países como España, Marruecos, India o Grecia son también muy importantes distribuidores del preciado ingrediente. Su sabor, su aroma amargo y su tinte amarillo, que pinta los platillos en tonos dorados, es quizá lo más característico del azafrán. Su complejo cultivo es sin duda una de las razones por las cuales esta especia es comercializada a tan altos precios en todo el mundo. Empezando por el clima, se cultiva a temperaturas extremas, tanto calientes y áridas en los veranos, como en los inviernos helados. Es una planta estéril por lo que nunca la podríamos encontrar de manera silvestre, sino únicamente en lugares donde alguien se haya encargado de sembrar sus bulbos. Se recolecta a mano, flor por flor, y se arrancan los tres pistilos que tiene cada una para entrar en un proceso de secado y deshidratación. Para obtener un kilogramo de azafrán seco se necesitará cosechar 120 mil flores. Por ello no sorprende que sea uno de los únicos condimentos en el planeta que se venda por gramo, con un precio tan elevado. ¿Y cuánto cuesta un kilo de azafrán? 50 mil pesos y sí, hay personas que pagan esta suma por tal cantidad. Suele suceder, como en muchos de los productos de gran calidad y, de alguna manera difícilmente inalcanzables, que crezca alrededor de su comercio un mercado falso o adulterado del producto. Suele haber hilos teñidos o pelos de cola de caballo pintados que venden simulando este preciado ingrediente. Otra manera común de adulterar el azafrán es agregando aceite, agua  o incluso minerales para que se pese. Vale la pena mencionar que una técnica casera eficaz para saber si el azafrán contiene plomo es ponerlo en un vaso con agua y si lentamente se bajan los pistilos hasta el fondo, es que efectivamente está adulterado. El azafrán puro flota. Hay quienes agregan pistilos o pétalos de otras flores para aumentar su peso o colorantes para aumentar su color. Historias de consumo del llamado “oro rojo” hay desde los tiempos del Antiguo Egipto hasta la fecha. Cuenta la historia que en Mesopotamia, Egipto y Grecia antigua se utilizaba como tinte de ropa, de pelo y para aromatizar las fiestas. Se utilizaba también entre faraones como afrodisíaco en grandes cantidades; sin embargo su efecto adormecedor incluso causaba la muerte de quienes abusaban del ingrediente. En Roma lo rociaban por la ciudad en días festivos. Es durante la Edad Media que se empieza a comercializar de manera importante y es introducido a la península ibérica por los árabes. En la cocina es muy valorado y evidentemente genera resultados maravillosos. Es el mágico toque amarillo que tiñe curris, arroces, carnes, mariscos, quesos, postres y la famosa paella, un clásico español. Ver artíoculo original.    
Califica este artículo
Calificaciones (0)
Sé el primero en dar una calificación
PUBLICIDAD
Lo mas leído
¡Estrenamos recetario exclusivo en KiwiPro con el restaurante El Mural de los Poblanos! Conoce la historia de este restaurante icónico de Puebla.Desde hace más de 40 años una casona construida en el siglo XVII y ubicada en la Calle 16 de Septiembre en el corazón de la Angelópolis, albergó restaurantes con distintas propuestas gastronómicas. Fue en 1994 cuando el poblano Juan Cué Moran comenzó a escribir la historia de El Mural de los Poblanos, cuando abrió sus puertas como El Mural y ofreció a sus comensales una cocina de sabores españoles y poblanos. Estos 25 años le han valido consolidarse como uno de los recintos gastronómicos más reconocidos por su cocina 100% poblana. Desde entonces y hasta hoy su misión ha sido compartir y enaltecer la cocina poblana tradicional y de vanguardia haciendo un arduo y constante trabajo de investigación gastronómica, además de darle valor a Puebla y sus personas, por lo que utilizan productos mexicanos, en su mayoría locales. A lo largo del año El Mural de los Poblanos desarrolla diversos festivales gastronómicos. Entre los principales se encuentra el Festival Gastronómico del Pulque, en enero, en el que cocinan platillos con pulque; su temporada de Cuaresma; el Festival de Bichos con Los Danzantes, en el mes de junio; la temporada de Chiles en Nogada, entre la primera y segunda semana de julio; y la Temporada de Huaxmole (Mole de Caderas), a mediados de octubre aproximadamente, cuando comienza la matanza de chivos en Tehuacán. Ya sea que lo visites en esta temporada o en cualquier otro momento, encontrarás una carta con 100 etiquetas de mezcales artesanales, 130 de vinos mexicanos y una variada oferta de cervezas artesanales para hacer tu experiencia memorable.¡Por toda esta rica tradición culinaria, El Mural de Los Poblanos es nuestro nuevo recetario exclusivo para suscriptores de KiwiPro! Suscríbete ya. Dirección: Calle 16 de Septiembre, número 506. Centro Histórico. CP.72000. Puebla, Puebla.www.elmuraldelospoblanos.com
Sería injusto reducir como dieta a lo macrobiótico. Tal como fue concebida, esta filosofía parte de un principio: la conciencia de que lo que nos alimenta puede prolongar la vida, pues según George Ohsawa, el teórico fundador, los alimentos influyen en la salud física, mental, emocional y espiritual.La filosofía macrobiótica camina de la mano con las leyes de vida. “Está basada en lo cero tóxico: tanto en alimentos como en productos de uso personal y del hogar”, apunta Gina Rangel. La médula teórica pasa por reconocer el todo en los alimentos: el ying (energía fría) y el yang (energía caliente) presentes en cada ingrediente. Para lo macrobiótico la armonía se localiza justo al centro de ambas energías. Que no te sorprenda, entonces, que el plato macrobiótico sea campo minado. La base de la alimentación son los cereales, las leguminosas, las frutas y las verduras, pero la lista de restricciones es larga.Para ellos, todo alimento alejado de la constitución de la sangre tardará más tiempo en digerirse. Lo vital es que la proporción alimenticia tenga cinco ying por un yang. De ahí que haya demasiados alimentos que se queden fuera al considerarlos demasiado ying o demasiado yang. Por ejemplo, “están prohibidos los tubérculos, los pimientos, el jitomate, el café, el alcohol, los alimentos procesados y empacados (como cereales, galletas, panes blancos, los refrescos, los productos endulzados, la vainilla, las frutas tropicales como el mango, la piña, la papaya y la sandía, los sazonadores y los picantes”, confirma Gina Rangel.El ying y el yang no sólo está en los ingredientes, sino también en las preparaciones. Por un lado, está la fermentación y maceración que elimina yang, mientras que salar y cocer los alimentos elimina el exceso de ying. Los preceptos generales de esta dieta pasan por comer y beber sólo cuando se tiene hambre, haciéndolo en plena conciencia. Los alimentos deben provenir de un radio lo más próximo posible y deben ser de temporada para asegurar máxima calidad. Asimismo, deben estar mínimamente manipulados y procesados, y deben masticarse lo suficiente para que el proceso de digestión sea afable con el organismo. El pescado y los lácteos se pueden consumir una vez por mes o cuando el cuerpo así lo requiera; el huevo, una vez cada diez días. Se debe moderar el consumo de moras y frutos secos, semillas y nueces, pepino, apio y lechugas. Adicionalmente, “los utensilios que se utilizan para la preparación de alimentos deben estar libres de teflón; deben ser de maderas naturales, de cerámica o de acero inoxidable; eliminar plásticos y sustituirlos por vidrio o acero inoxidable”, complementa Gina.Te preguntarás qué es lo que queda en el plato macrobiótico. Las proporciones van del cincuenta porciento de granos integrales, treinta por ciento de frutas y vegetales y veinte por ciento de leguminosas y algas. Como esta filosofía alimentaria comenzó en Japón, las algas están incluidas. Las algas marinas son un alimento altísimo en vitaminas y minerales, por lo que si estás pensando en llevar una dieta macrobiótica, lo recomendable es no saltártelas. El resultado es una dieta compuesta mayormente por proteína vegetal formulada a través de la interacción de granos y leguminosas. “Es una dieta tan limpia y basada en ingredientes tan naturales que vas a gozar de buena salud. Con ella, dejas las toxinas prácticamente fuera de tu vida. La desventaja de la dieta macrobiótica es que puedes llegar a tener ciertas deficiencias en el cuerpo al no tener casi proteínas de origen animal. Cuida tu índice de masa muscular, el consumo de vitamina B12 y la vitamina D”, concluye Gina.Como en todo, lo recomendable es confiarle tu salud a un experto y comprobar si esta dieta es la óptima para ti. Si te dieron ganas de comenzar con un probadita de la dieta macrobiótica, aquí te incluyo una de mis recetas favoritas.Tortitas de garbanzo y verduras 2 tazas de zanahorias ralladas2 tazas de calabacitas ralladas y escurridas2 tazas de harina de garbanzo2 huevosSal marinaRalladura de limónRalladura de jengibre4 cucharaditas de aceite de aguacateEn un bowl incorpora todos los ingredientes hasta lograr una masa. Forma con ella unas tortitas de unos 8 centímetros y lleva a congelar por al menos 1 hora. Calienta el aceite de aguacate y dora las tortitas por ambos lados. Acompaña con arroz integral y sopa miso.
¿Otra vez arroz? Las cifras lo confirman: la gramínea salvaje favorita de todos se siembra en treinta y cuatro países; sus campos cubren más del 10% de las tierras fértiles del mundo y de él se alimenta más de la mitad de la población mundial, según la FAO, por arriba del trigo o el maíz. Es rico, es práctico y con un par de ingredientes se convierte en una elegía. Literalmente, todo el mundo come arroz. El pobre, el rico, el pequeño burgués, el asiático, el centroamericano, el africano. En Europa, los españoles le han dedicado algunos de sus mejores platos. En México, hasta canciones. Él es nuestro termómetro para saber si una mujer –y un hombre converso a la igualdad– puede casarse. Se avienta en las bodas a modo de confeti como símbolo de abundancia. Está presente en los altares del mundo para atraer la prosperidad. Su cultivo en Japón forma parte de una tradición ancestral que trasciende los temas culturales: actualmente existe una guerra de precios que favorece al mercado local a través de un alza arancelaria a los importadores. Su cultivo en el sudeste asiático es oficio heredado y un bello espectáculo en sus montañas trazadas en terrazas.De arroces, no hay uno. Está el blanco, el integral, el glutinoso que es corto y dulce, el aromático como el basmati o jazmín, el moteado como el salvaje, que sabe mejor cuando se adiciona con frutos secos, menta y aceite de oliva. Su propia anatomía y su geolocalización culinaria harán más o menos común que se sirva al vapor como el gohan, frito como el yangzhou al estilo cantonés o enriquecido con mantequilla, aceite o caldos como el risotto italiano: caldo, vino blanco, queso parmesano y hongos salteados en mantequilla son el camino al cielo del umami.El arroz pasa lista a todas horas en las mesas del mundo. Al desayuno, en varios países de Asia, especialmente en China, desfila el congee: un amasijo dulce o salado de arroz con más de dos mil años de antigüedad. En México lo infusionamos con azúcar para hacer arrocenas, lo servimos en tazones de cereal inflado con su respectivo chorrito de leche. Los deportistas lo convierten en su snack predilecto pues no contiene gluten: a una galleta de arroz le dan un embarradita de hummus, otra de aguacate, cherries y aceite de olivo. A la hora de la comida, la mejor expresión del arroz se alcanza en su versión caldosa o melosa. Ahí está el que se hace con mariscos, conejo y embutidos al estilo paella valenciana, o el negro, cuyo color y sabor se lo debe a la tintura del calamar. Habría que comerlo en una terraza de la costa catalana para sentir que no hay mejor platillo. Si va caldoso, no hay que perderse el arroz a la tumbada típico de Veracruz que quema la boca como pocos, o con pollo y judías como en la cocina española del levante.En Cuba se mezcla con frijoles para representar unos moros con cristianos; en Perú el tacu-tacu se prepara con la menestra del día anterior, leguminosas como frijoles o lentejas y un sofrito de ají amarillo. En un menú chifa –como le llaman los peruanos a la gastronomía china– no faltará el arroz chaufa, frito con verduras cortadas en brunoise y salteado al wok con huevo para que amalgame. Sabe mejor con soya y con una buena dosis de grasita. En República Dominicana, otro gran productor de nuestro amado cereal, lo preparan con mariscos, con gandules o en un sofrito de verduras y tocino para la Navidad. Cargado en los barcos procedentes de España y Portugal, el arroz desembarcó en el continente. Hoy la gastronomía del Caribe no se entendería sin él. En cada país se le añade especias endémicas y embutidos populares para que tome sabor a platillo local. En Colombia está presente en su plato de desayuno por excelencia, la bandeja paisa; va también en el arroz atollado con pollo, cebolla, papa y pimientos, o con coco para acompañar un pargo frito y patacones. En Corea es un verdadero k-pop el bibimbap, un cuenco de arroz que siempre venden en las tiendas, y sirven con proteínas y vegetales mezcladas con aceite de sésamo y gochujang. En México, a nuestro arroz le damos gentilicios: “a la mexicana”, “poblano”.  El arroz es el plato infaltable de las fonditas. Que lleve huevo estrellado, que lleve plátano frito. Crema, por supuesto. No hay mejor inversión que esos $15 extra al precio del menú.El de Maxweel Food Centre en Singapur es un agasajo: sobre un plato de plástico va una montaña de arroz y encima un pollo pochado con jengibre y hecho en sus jugos. Jugos y más jugos. En bebida alcohólica, no hay que perdérselo. El sake japonés hace gritar a todos ¡kampai! no importa la técnica de preparación y sus muy intrincadas acepciones.Si alguien prefiere lo dulce, el arroz no lo decepcionará. En Japón no hay postre más socorrido que los mochis, un pastelito elaborado de arroz glutinoso que puede ir relleno de una pasta de soya, frijoles rojos o helado. Los nacionales lo hacemos en atole, o con leche y hervido con canela y azúcar. En Kiwilimón lo hemos hecho hasta en tarta con base de galleta. Lo hemos hecho de todas formas porque como con el arroz con leche, nos queremos casar… con él. ¿Crees que nos falta alguno? Por favor, dinos cuál te gustaría.
NEWSLETTER
Suscribirme al Newsletter
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD